En la hora del balance.
El primer año electoral del tercer milenio
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Ya es una tradición, en los 13 años de presencia del politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, aquí En Perspectiva el último espacio del año está dedicado al balance de los doce meses que terminan. Pero esta vez estamos ante el fin de un año, el fin de un quinquenio de gobierno y también el fin de un ciclo histórico en la política uruguaya. Para poder abarcar todo eso nos propone una serie de cinco espacios que irán hasta fines de enero con el título “En la hora del balance”. El primer capítulo, el de hoy: “El primer año electoral del tercer milenio”.

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Oscar, primero un tema que quedo pendiente de otros comentarios.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Es un comentario sobre algo que no es un hecho puntual. Cuando se anuncia el gabinete se dice: “La senadora Marina Arismendi se va a dedicar a políticas sociales, a coordinar las políticas sociales”, y ahora se está hablando de “la ministra Marina Arismendi”.

EC - Fue un cambio que se dio después de que se conociera la integración del Consejo de Ministros.

OAB - ¿Qué quiere decir esto? Primero quiere decir que ella no podía coordinar nada si era senadora, si iba a integrar el Poder Ejecutivo siendo senadora, si no era de ministra o subsecretaria, tenía que renunciar a la banca. Un senador o un diputado sólo pueden ser ministros o subsecretarios manteniendo la banca y quedando suspendidos en el cargo, si no tienen que renunciar.

Segundo, ¿cuál era la forma jurídica? El gobierno electo ha tenido dificultades en el manejo del esquema institucional, como que recién lo está agarrando. Es que hay un ministerio, del cual muchos se olvidan, el decimotercer ministerio, que es el de Deportes; ministerio que en este momento está siendo dirigido por el ministro de Turismo, antes viceministro de Educación y Cultura. Ese ministerio puede ser el de Políticas Sociales o de Acción Social, ya que el presidente de la República tiene la facultad de redistribuir las competencias y luego, por ley –que se puede aprobar muy rápidamente– cambiarle el nombre.

Parece que por ahí va el camino y éste es un dato político: Marina Arismendi, el Partido Comunista y la 1001 integrarían de forma plena el gabinete, que era uno de los elementos de ausencia que habíamos señalado en el momento de anuncio de los doce ministros.

EC - Falta conocer la estructura institucional que se elige.

OAB - Exacto, cómo va a ser el vehículo digamos.

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EC - Podemos arrancar el balance de este año electoral en el final del año 2003.

OAB - Sí, generalmente un balance es decir cosas conocidas, pero refrescarlas. Si uno mira lo que podemos llamar la geografía política de fines de 2003 y mira la de hoy, nota la dimensión del cambio.

En primer lugar a fines de 2003 el año se cierra con un Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA) pasando muy holgadamente el 50 por ciento en intención de voto al compás del referéndum de Ancap. Por otro lado un referéndum de Ancap en el que sobre el total de votantes el Sí que deroga la ley está casi en el 60 por ciento, 59 y fracción, aunque el nivel de votantes había sido menor y hay que pensar que sobre el total del electorado estuvo en el orden del 55-56 por ciento, lo que está implicando un peso importante por encima de la mitad del electorado uruguayo.

Teníamos además al Partido Nacional (PN) empezando el despegue. Desde octubre había logrado salir de esa banda del 13-15 por ciento que lo tenía igual que el Partido Colorado (PC), se sitúa claramente en segundo lugar y marca la posibilidad de un ascenso. Y teníamos en el PN a un Lacalle con la mitad de la intención de voto y a Larrañaga, más Abreu, Long, Ramírez, con otra mitad del electorado.

El PC estaba en el 13-15 por ciento.

En el verano viene por un lado el cambio en el PN, de diciembre a marzo Larrañaga equipara a Lacalle y empieza a pasarlo. En el PC se especula con Atchugarry como candidato presidencial, aparece la carta de que Atchugarry no, Stirling… Se ve al PC como un partido que tiene tantas posibilidades como el PN de ir al balotaje. Incluso la duda es si hay balotaje en relación a una izquierda que de haber pasado holgadamente la mayoría absoluta en el mes de marzo cae al 48 por ciento.

EC - Ingresamos en lo que fue el camino hacia las elecciones internas.

OAB - Ahí vemos el primer clic que sorprende en el año: la izquierda se despreocupa mucho de esa campaña electoral, actúa con mucha ligereza, comete una sucesión muy grande errores y el último es el desafío que lanza diciendo: “Vamos a demostrar con los votos de la elección interna que somos más de la mitad del país”. Resultado: apenas sale primero por 2 puntos porcentuales sobre el PN.

EC - Recordemos que en el EP había habido candidato único, Tabaré Vázquez, porque Astori había decidido no competir.

OAB - Exacto, era una elección que no tenía ningún atractivo y nadie entiende de dónde salió esa idea de hacer un desafío innecesario.

En el PN se produce en ese período el verdadero surgimiento del Larrañaga candidato que de estar atrás de Lacalle en diciembre, de igual a igual en marzo, habiendo nucleado a todo el no lacallismo, termina ganando por un casi dos a uno en el mes de junio y alzándose con el liderazgo de PN, no sólo con la candidatura única sino que la contundencia del triunfo lo ubicó en un liderazgo.

EC - Después vino la campaña rumbo a las elecciones nacionales.

OAB - También importa ver lo que pasó en el PC. Después de ese verano en el que parecía que resolvía muy bien las cosas, viene una actitud de Sanguinetti en la que ejerce poco liderazgo, viene un desafío de Stirling diciendo que se sentía candidato de todas maneras, un Sanguinetti que renuncia a dar pelea y un Batlle impulsando con mucha fuerza a Stirling. Luego se observa por un lado la desaparición de Atchugarry, una desaparición que primero es voluntaria y después de junio ya no lo es, es borrado por parte de Batlle de la lista al Senado, la caída del PC que de haber tenido un 15 por ciento en la intención de voto que se veía como un piso, empieza a ver que ese piso ya no es tal y puede ser un techo y cuando llega junio se ve en un 13 por ciento.

Ahí viene el camino a las elecciones nacionales. El PC efectivamente entró en una caída vertiginosa que recupera en los últimos 15 días para llegar a lo que llegó, al 10 por ciento. Un partido que evidentemente a lo largo de todo el año equivocó el rumbo porque estaba mucho mejor en el verano de 2004 que a final de 2004. Y ahí ya no se puede atribuir demasiado a problemas de gobierno porque en este último año no hubo grandes problemas de gobierno sino más bien problemas de tipo político-partidario. Es lo que uno dice el coscorrón del PC que de alguna manera lo llevó a un reposicionamiento que se está viendo ahora en la transición.

EC - Pero claro, las elecciones nacionales dejaron otro resultado también muy fuerte.

OAB - El resultado fuerte fue que el EP-FA obtuvo una victoria muy difícil de medir, porque mirando los votos válidos, que en definitiva corresponden a la gente que se decide, sacó una ventaja de 6 puntos porcentuales sobre los dos partidos tradicionales sumados, por lo tanto no es la imagen, la ilusión óptica que generó el mirar si había o no balotaje, que dio la impresión de que apenitas ganó. No, apenas ganó la primera vuelta, pero el triunfo político fue holgado, si no no tendría 52 diputados como tiene y 16 de 30 senadores, es decir mucho más de la mitad.

Pero por otro lado esa superioridad en 6 puntos porcentuales implica otra ilusión óptica que ha surgido, que es que Uruguay se corrió vertiginosamente a favor de la izquierda. Es un país bastante dividido en dos mitades, una un poco mayor que la otra, pero no hay que olvidar que toda la otra mitad no votó a la izquierda. Que no es una mitad –lo revelaron el referéndum de Ancap y el plebiscito del agua– homogénea, evidentemente hay un segmento de esos votantes más bien ubicado en el voto a Larrañaga-Larrañaga, es decir los que votaron la candidatura presidencial y el sector político, la lista al Senado de Larrañaga, que tiene algunas coincidencias con la izquierda y una lejanía con este gobierno y gobiernos anteriores se diría de la misma fuerza y la misma distancia que tiene la gente del FA. Parece que esto es otro dato importante.

Es muy importante además el cambio en la geografía política del PN, que ya no tiene nada que ver con lo que era un año atrás. Es un partido donde prácticamente se produce una relación de cinco-tres-dos, la mitad del PN responde directamente a Larrañaga, 30 por ciento –groseramente– al Herrerismo y 20 por ciento a un nuevo líder ascendente como es Francisco Gallinal. A su vez el Herrerismo en una situación de incógnita sobre su futuro, su liderazgo, con una competencia y un tema no resuelto entre el anterior liderazgo de Lacalle y la emergencia de Heber y Chiruchi como figuras que se autonomizan y ejercen una conducción política.

Es el balance entonces de un año que ha cambiado mucho la geografía política. Hoy la izquierda en el gobierno es todo un hecho cualitativo, que además implica la necesidad de todo un reacomodo de piezas. El PC y el PN tienen que reperfilar lo que es ubicarse en la oposición, podrán o no participar en los entes autónomos pero ya están fuera de una coincidencia nacional, de un cogobierno; podrán participar o no en políticas de Estado. No es fácil reubicarse, sobre todo para el PN, cuyo discurso se sobrepuso mucho al del Frente y una parte de su electorado ha pensado igual que los frenteamplistas –repito: referéndum de Ancap, plebiscito del agua–. El balance entonces es que estos cambios no fueron tan violentos desde el punto de vista electoral. Lo más violento sin duda fueron el gran crecimiento del PN y la fuerte caída del PC, lo otro es muy fuerte en cuanto a consecuencias. El triunfo de la izquierda es su consecuencia pero no fue tan grande desde el punto de vista numérico, del crecimiento.

Lo que importa ahora es cómo se rehace esta geografía y cada uno de los actores se adapta a un nuevo papel. La izquierda no está acostumbrada a gobernar ni a manejar el Estado, el PC no está acostumbrado a estar completamente fuera del poder y ser oposición y el PN en los últimos 20 años tampoco se acostumbró a lo que es estar en la oposición después de haber sido ése su rol histórico casi desde su fundación o por lo menos durante casi toda la vida del Estado moderno.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 30 - 2004