Los desafíos que plantea el nuevo gabinete
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
El viernes pasado el politólogo Oscar A. Bottinelli realizó en este espacio un análisis especial del primer gabinete del primer gobierno del tercer partido. Hoy se propone culminar ese enfoque deteniéndose en los desafíos que plantea este gabinete.

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EC - ¿Por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Se están mezclando dos temas: los desafíos del gabinete y las complicaciones que está planteando la transición.

En cuanto a los desafíos del gabinete ha surgido una duda, por lo menos hay distintos puntos de vista porque este gabinete tiene una peculiaridad: prácticamente todas las primeras figuras, es decir las cabezas de los grandes bloques o sectores de la izquierda, están en el gabinete. Esto naturalmente va contra ese otro concepto de los ministros como una especie de fusibles.

EC - Es difícil pensar en un fusible cuando se trata del líder de un sector. ¿Cómo se hace para en determinado momento sacar a uno? Se produce un desequilibrio en el gabinete.

OAB - Además si hay que sacarlo, ese líder político va a tener senadores, diputados, militantes, sectores de peso que van a sentirse extremadamente molestos si le dicen “usted se va”. Otra cosa es que se pacte un relativo reacomodo.

Ahora bien, esto va mucho más allá y en general tiene que ver con cómo se concibe el gabinete. Hay quienes lo conciben como un ejercicio donde un gobierno, particularmente un régimen donde hay un presidente de la República, va cumpliendo etapas en el curso de las cuales van desfilando los distintos ministros y por lo tanto el presidente juega en un gabinete compuesto por miembros buena parte de los cuales son relativamente transitorios. Digamos lo siguiente: empiezan, tienen un período de realización y un desgaste, entonces cuando viene el desgaste el gobierno de alguna manera refuerza su imagen cambiando la figura del ministro. Ésa es la teoría del fusible.

La otra teoría es decir: vamos a hacer un equipo de gobierno que en esencia dure todo el período. Dicho en términos criollos, se pone toda la carne en el asador, es decir se ponen todas las figuras políticas.

Son dos opciones que uno ve en el mundo. Si uno mira por ejemplo el actual gabinete italiano encuentra que están presentes allí los líderes de todos los grupos importantes de la coalición de gobierno, excepto un líder que tuvo que salir por razones de salud, por una enfermedad muy grave, está internado, recién ahora se está recuperando. Salvo esa situación y por ese hecho los líderes de casi todos los grupos, el de Forza Italia Presidente, el de Alianza Nacional y la Unión Democratacristiana y de Centro, son los vicepresidentes. Es decir, no es una cosa que uno diga “la norma en el mundo –sobre todo en países con sistemas políticos, sistemas de partidos bastante parecidos– es nombrar ministros para que operen de fusibles”. Es una novedad quizás en Uruguay donde Jorge Batlle era senador y no fue ministro en ninguno de los gobiernos de Sanguinetti, por ejemplo…

EC - No parece haber muchos antecedentes.

OAB - Carlos Julio Pereyra no fue ministro de Lacalle. Justamente uno de los antecedentes –algo que en aquel momento se marcó como un hecho importante– fue cuando Amílcar Vasconcellos, que había sido el tercer candidato presidencial en orden de votos del Partido Colorado en la elección de 1966, a mediados del año 1967 aceptó lo que en aquel momento se llamaba Ministerio de Hacienda, que hoy es el de Economía. La experiencia no terminó bien porque a los cuatro meses hubo un fenomenal enfrentamiento entre Vasconcellos y el presidente Gestido que terminó en un duelo, fue más allá de una crisis ministerial.

En el caso de Pacheco Areco jugó con la teoría del fusible y tuvo una extraordinaria rotación de ministros. Este gobierno al final está teniendo una rotación relativamente alta, se está produciendo un montón de cambios. Otros gobiernos fueron mucho más estables, en general las administraciones de Sanguinetti se movieron con menos ministros, sin embargo el promedio da dos personas por ministerio, dos titulares por cartera.

EC - En el gobierno que se va a instalar el 1 de marzo hay un dato adicional: flota en el ambiente casi como un anuncio que va a haber una reestructura a poco de estar trabajando esa administración.

OAB - Lo que parece raro, lo que parece complicado es lo siguiente: se vino hablando de la reestructura del gabinete con mucho énfasis, dio la sensación de que era algo muy claro, muy pensado, muy definido. Pero cuando viene la transición, es decir una vez que Tabaré Vázquez obtiene la Presidencia de la República, empiezan a darse cuenta de que la idea no estaba del todo madurada, al punto de que se dijo: primero hay que echar a andar lo que está para después empezar a pensar en la reestructuración.

EC - Se hablaba de crear “megaministerios”.

OAB - Primero no era muy claro qué significaban esos megaministerios, no quedaba claro qué eran el ministerio de la producción, el ministerio de políticas sociales, a esta altura a uno le parece que había un afán de reestructura como un objetivo en sí mismo: que apenas asumamos se vea que las cosas son distintas. Si realmente había un plan se hubiera ejecutado.

En la Intendencia de Montevideo pasó eso, hubo una obsesión desde el primer día “hay que reestructurar esto” y se hizo una reestructura con cinco súper direcciones generales que duraron la administración Vázquez. Cuando vino la administración Arana se volvió al esquema anterior, hubo un cambio de diseño, hubo algunas carteras con más competencias, otras con menos, unas nuevas, otras desaparecieron, pero se volvió al gabinete de diez carteras contra el de cinco que había formado Vázquez.

Formar un gabinete de esta naturaleza y decir que luego viene una reestructuración son dos señales que aparecen en principio como contradictorias, una da una sensación de una gran estabilidad, sobre todo por la calidad política de algunos de los nombres, pero el hablar de reestructura deja dudas en cuanto a en qué termina esto.

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EC - ¿Cuáles son los desafíos de la transición?

OAB - La transición se complica porque en el mismo momento en que hay que empezar a definir toda la orientación del gobierno viene el tema de la designación de cargos. La designación de cargos puede ser vista, como muchas veces se vio –y la izquierda así la presentó respecto de los partidos tradicionales–, como una puja entre gente con aspiraciones personales atrás de ocupar puestos. Eso es real, eso siempre es así y ahora hay muchas ambiciones personales lanzadas de por medio. Pero esencialmente es un juego de poder, la lucha por la designación de cargos es la lucha entre los distintos bloques, tendencias, alas o corrientes de los grupos políticos de las fuerzas políticas por tener espacios de poder desde los cuales incidir más con la finalidad de llevar adelante sus ideas, sus propósitos.

EC - ¿Entonces?

OAB - En este momento está la doble dificultad, que uno diría que termina siendo triple. Doble porque hay una dificultad interna del Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría (EP-FA-NM) –a la que hicimos referencia en el análisis anterior– con las reglas para establecer los criterios de distribuir el poder, incluso si lo distribuye numéricamente tiene problemas para contar cuál es el peso específico de cada uno y el peso del presidente, y tiene problemas con los ámbitos de decisión.

Una segunda línea es que en la negociación hacia fuera tiene algo que ya resolvió: vamos a jugar con las reglas de contar. Aplica en la relación con el Partido Nacional y el Partido Colorado las reglas que no quiso aplicar internamente, que siempre criticó a los partidos tradicionales, dice vamos a una relación de más o menos 5, 3, 1. Pero los ámbitos de negociación tampoco han sido claros, han provocado rechines con el Partido Nacional (PN) en cuanto a cómo y quién es el que negocia. Además está en juego un tema de historia reciente que da para todo un análisis: un EP-FA que se sintió marginado de los entes autónomos en los últimos tres gobiernos, que ahora cuando da participación a minorías quiere poner algunas condiciones y la minoría dice, sobre todo el PN: si quiere que participemos no nos puede poner condiciones.

Yo decía que podemos hablar de una triple dificultad porque a estas dos se mezcla que la reforma constitucional puso casi inmediatamente después de la toma de posesión del gobierno las elecciones municipales, lo que complica la definición de las candidaturas a intendente. Entonces en el momento que se está viendo cómo se distribuye el poder en el gobierno –el gabinete, cargos de confianza, entes autónomos– está la puja en estos días muy caliente por las candidaturas a las diferentes intendencias municipales.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 17 - 2004