De la transición ordenada a la transición ruidosa
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En estos últimos días el presidente electo, Tabaré Vázquez, se abocó a una gira por un conjunto de localidades pequeñas del país, mientras que en la capital estallaron varios conflictos en relación al próximo gobierno y su posición en temas como el agua o la telefonía celular. “De la transición ordenada a la transición ruidosa”, ése es el título que nos propone hoy el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, para su comentario.

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EC – Oscar, ¿a qué problemas te refieres?

OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar, inmediatamente después de las elecciones empezamos con la idea de que iba a ser una transición extremadamente fluida y, lo que resultó una sorpresa, fue creciendo en conflictividad. Primero apareció, ya la semana pasada fue objeto de análisis, aquella actitud “ruidosa” del senador Mujica y los conflictos se fueron extendiendo al punto de aparecer muy fuertes diferencias de interpretación sobre la reforma del agua, es decir, aparece un partido político que apoya una reforma constitucional y luego no tiene posturas comunes sino diametralmente opuestas sobre qué quiere decir esa reforma que apoyó, mucho más cuando es el partido que va a estar en el gobierno. En segundo lugar aparecen también mensajes contradictorios sobre la concesión de la telefonía celular y la incorporación de una tercera empresa al mercado. Y en tercer lugar aparecen mensajes confusos sobre quiénes son efectivamente los voceros del Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA) como fuerza política o del gobierno electo.

EC - ¿En qué contexto se producen estas novedades?

OAB - El contexto es que el presidente electo sale de Montevideo, realiza una gira por una parte del país dando un mensaje, que es “no me olvido de la gente”, “no me olvido de la gente que está más alejada y sobre todo de la gente que no votó por mí”. Es una búsqueda de cultivar popularidad que en general da al presidente de la República una gran cuota de poder y un gran período de gracia. Cuanta más popularidad tenga el presidente en general, más tiempo tiene de espera para ofrecer resultados y por lo tanto para caminar con más tranquilidad.

Pero en este contexto también aparece un presidente electo que se va de la escena, desaparece de la escena de decisión de acontecimientos y se evidencia que dejó la casa desordenada. Incluso en esta ausencia apareció un episodio no público en el que la ausencia presidencial y el silencio del presidente electo crearon algunas señales diplomáticas equívocas.

EC - ¿A propósito de qué cosa?

OAB - A raíz de algunas gestiones diplomáticas que hubo. Entonces tenemos que ver algunos problemas de fondo que hay.

EC - ¿Por ejemplo?

OAB - Primero digamos tres tipos de cosas, los ámbitos de decisión, el estilo de Vázquez y lo que podemos llamar los temas de liderazgos y criterios de peso político.

EC - ¿Tú dices que una parte de los inconvenientes viene por cómo están diseñados los ámbitos de decisión?

OAB - Exacto. Aparentemente el EP-FA tiene ámbitos muy formales, muy estructurados, pero cuando llega el momento de estar en el gobierno o en las puertas del gobierno empieza a haber confusión de ámbitos de decisión colectiva. Existe una autoridad del FA cuya conducción normal es una Mesa Política cuyo tamaño como órgano ejecutivo es bastante complicado. La Mesa Política es prácticamente una vez y media la Cámara de Senadores.

EC - Más de 40 integrantes.

OAB - Sí, no es propiamente el órgano ejecutivo por naturaleza. No olvidemos que el vicepresidente electo Rodolfo Nin Novoa, y los senadores elector Héctor Lescano y Víctor Vaillant, no pertenecen al FA, tienen un órgano permanente de coordinación, y la Nueva Mayoría (NM), es decir Rafael Michelini, que no está ni en el EP ni en el FA, no tiene ningún órgano estable, formal, de coordinación. Es decir que hay tres ámbitos y no hay ninguno.

Por otro lado esto fue suplido por reuniones de Tabaré Vázquez con los líderes, con un problema: son reuniones que existen cuando Tabaré Vázquez las convoca, uno diría cuando él invita y selecciona a quiénes invita, vale decir: es un ámbito más de consulta personal que un ámbito colectivo, regular, orgánico, de decisiones. Y esto de alguna manera lleva a que alguna gente –pasó con José Mujica, Reinaldo Gargano, Marina Arismendi– sienta de repente que se pueden ir creando decisiones que no tienen dónde discutir.

EC - Tú hablabas de un segundo frente a analizar a propósito de estas dificultades que se han dado últimamente, de estas señales contradictorias; decías que es el propio estilo de Vázquez…

OAB - Claro, hemos analizado el estilo de Vázquez a lo largo de los años en varias oportunidades. Entre las cosas que tiene el estilo vamos a tomar algunos elementos que ayuden a ver lo que está ocurriendo en estos días. Por un lado es un hombre poco propenso tanto a las reuniones como a cultivar la charla o el diálogo en niveles de conducción, es un hombre al que le gusta mucho el diálogo con la gente, salir a recorrer como lo hizo hasta ayer, pero que no cultiva esa charla permanente que es habitual en los líderes políticos y sirve mucho para allanar caminos, para prevenir conflictos, para buscar dónde están los disensos, para ver dónde están los entendimientos. La baja de diálogo no es sólo a nivel dirigentes políticos, es una queja bastante frecuente de los dirigentes empresariales, las dificultades de reunión y diálogo con el doctor Vázquez.

Y luego este anuncio de su propósito de no ser un presidente de tiempo completo, es decir que va a dedicar una parte de su tiempo al ejercicio del cargo y otra parte a seguir atendiendo como médico. Si es así es un tema interesante, a considerar, porque si es así, un presidente que no esté todo el tiempo dedicado a la función va a tener menos tiempo para conversar con gente y las posibilidades de que eso genere conflictos siempre son mucho más importantes.

EC - Finalmente proponías un tercer nivel de análisis.

OAB - Exacto. Podemos hablar de temas de liderazgos y de análisis de pesos. Hay tres tipos de problemas. Uno es el liderazgo global versus liderazgos sectoriales. Algo de esto mencionamos el viernes pasado y en general también habíamos hecho varios análisis. Vázquez –ésta es una diferencia muy fuerte con respecto a los partidos tradicionales– es primero líder de toda la estructura política, de todo el EP-FA-NM, y no es líder particularizado de ningún sector ni de ningún bloque componente de la fuerza política. En general en los partidos tradicionales el presidente de la República ha sido siempre el líder de la fracción mayor y no del todo el partido. Esto en principio le daría más peso, pero por otro lado determina que todos están detrás de él y en el fondo ningún grupo en particular es su grupo, incluyendo aquí el caso del Partido Socialista (PS), porque aunque Vázquez es miembro del Comité Central y el PS se presenta como “el partido de Tabaré”, en realidad si uno analiza la forma como se mueve Vázquez con el PS y viceversa, no es la forma como se mueve –para hablar de los presidentes– Batlle con la 15 ni Sanguinetti con el Foro o Lacalle con el Herrerismo, cuando fueron presidentes.

EC - Sí, claramente Vázquez se ha colocado por encima y a distancia de todos los sectores.

OAB - De todos los sectores; y a su vez el PS también marca sus distancias con Vázquez cuando lo considera necesario. Eso es claro.

Lo segundo, hay un problema de dificultades para contar cuál es el peso cuantitativo de cada sector dentro de la izquierda. El problema no es nuevo, esta discusión viene por lo menos de hace veinte años. Al haber dos tipos de liderazgos resulta lo siguiente, y voy a comenzar al revés, hablando de los partidos tradicionales.

En el Partido Nacional (PN) el grupo de Jorge Larrañaga, entendido por la lista al Senado que encabezó él, obtuvo el 54 por ciento de los votos blancos, ése es el peso específico de Larrañaga cuando se distribuye la fuerza dentro del PN. Larrañaga tiene el 54 por ciento, el Herrerismo tiene 29 y Francisco Gallinal tiene 17. No hay muchas dudas sobre eso, más allá de que todos hayan votado la candidatura presidencial de Larrañaga. Esto es válido para el Partido Colorado (PC), es válido ahora y hace diez, quince, veinte años.

En la izquierda la cosa es más complicada, porque si uno dice que Mujica tiene el 29 por ciento, Astori el 18 y va sumando todos los grupos, cuando suma el porcentaje de todos los grupos da 100 por ciento, ¿pero dónde están los votos de Vázquez? Esta regla de contar tan habitual en los partidos tradicionales mucho no funciona. Esto ya pasó antes, muchos de los conflictos que hubo hace quince o veinte años dentro de la izquierda partían de lo mismo: la 99 computaba los votos para sí y dejaba a Seregni con un cero por ciento, ¿entonces cuál es el peso de uno o de otro? No es un tema menor no poder cuantificar el peso del líder máximo y el peso real de los sectores, cuánto tiene cada uno por sí y por estar apoyando al otro.

EC - Por último decías que las reglas del reparto tampoco están demasiado claras.

OAB - Las reglas del reparto no están nada claras, de esto hablamos algo el viernes pasado y le hemos dedicado varios espacios a lo largo de los años. Porque la izquierda mantuvo siempre su condena al reparto matemático de cargos, de alguna manera en las administraciones, la primera de Vázquez y las dos siguientes de Arana, se puede decir que eludió bastante este criterio, no hay una correlación matemática entre votos y cargos ocupados por los sectores.

Acá ocurre que siempre se dijo “hay que llevar a cada cargo a la gente más capaz”, lo cual es una falsa oposición, se puede llevar la gente más capaz con criterio matemático y sin criterio matemático se puede llevar gente que no sea la más capaz. Además que el FA sostenga que la gente que designó para cada cargo es la más capaz para esa función en todo el departamento de Montevideo en general puede parecer un exceso. Pero además si hay algo que es difícil es decir quién es el más capaz para una función política. El presidente de Antel es más capaz ¿por qué?, ¿porque sabe administrar una empresa, porque sabe administrar una empresa que es pública, con servicios públicos, porque es buen político o porque sabe mucho de telecomunicaciones? No es tema fácil resolver cuál es el más capaz. Y además porque la izquierda ha partido de un concepto, que está manejando, de que no hay reparto dentro de la izquierda, pero cuando habla de cargos a los otros partidos se está planteando la proporción matemática del resultado electoral entre el FA, el PN, el PC y el Partido Independiente. Hay de alguna manera dos criterios, uno para afuera, donde sí juega lo matemático, y otro para adentro, donde no juega. El problema es que cuando se eliminan los criterios matemáticos no se sabe por cuáles sustituirlos y la gente empieza a considerar que está más o menos representada de lo que debía. ¿Y lo que debía por qué? En el fondo todos están pensando en el peso electoral que tuvieron.

Entonces el hecho de que no haya reglas de reparto, que no haya reglas claras en cuanto a cómo distribuir el poder, a cuál es el peso específico que se le asigna a cada uno, el hecho de que no haya ámbitos claros colectivos de decisión, incluso que tampoco quede claro hasta dónde es el poder de decisión del presidente y hasta dónde hay un derecho a la discusión y a la decisión colectivas, son todos temas que están aflorando porque estuvieron siempre larvados, ocultos, nunca quedaron plenamente explicitados y están resolviéndose por la vía de los hechos.

Los problemas de una transición pueden no tener consecuencias graves, porque en definitiva el gobierno se asume el 1 de marzo. Por ahora son una pérdida de tiempo, tanto que uno está haciendo la cuenta y si hubiese habido balotaje sería pasado mañana, y da la impresión de que estas cuatro semanas pasaron sin ser aprovechadas. Se anuncia que el gabinete va a quedar nombrado casi como si el presidente hubiera sido elegido en segunda vuelta.

Si las deficiencias no se corrigen –creo que ésta es la lección importante que hay que atender– estos mismos problemas ya en el ejercicio del gobierno pasan a tener otro cariz y a ser muy complicados. Quizás haya sido bueno que la izquierda haya encontrado estas cosas que estaban sin resolver cuando todavía le faltan tres meses para llegar al ejercicio pleno del gobierno.

Y por último, no hay que olvidar nunca que el primer problema grave de esta administración, la de Jorge Batlle, fue el mal uso de los tiempos y que se preocupó excesivamente por cultivar la popularidad como un objetivo en sí mismo y sosteniendo esa popularidad fue difiriendo la resolución de problemas.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 26 - 2004