Las repercusiones del Referéndum sobre Ancap
Oscar A. Bottinelli. 

JOSÉ IRAZÁBAL:
Hoy Oscar Bottinelli nos propone un análisis sobre las repercusiones del referéndum sobre la ley de asociación de Ancap.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Habíamos visto el viernes pasado cómo arrancaba la competencia entre los partidos, con: Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA) más Nuevo Espacio (NE) 48 por ciento; Partido Nacional (PN) 18,5, Partido Colorado (PC) 14, un voto oculto de un 2 por ciento, lo que sumado está dando un 34-34,5 para los partidos tradicionales; alrededor de un 0,5 por ciento para los partidos menores y un 17 por ciento de indefinidos, la mitad indecisos, gente que no sabe a qué partido votar, y la mitad refractarios, gente que en principio dice "voto en blanco" o "no voto a ninguno".

Si miramos como bloques tenemos: 48 la izquierda, 34-34,5 los partidos tradicionales.

¿Cómo fue el referéndum? Leer cualquier cifra electoral es complicado porque uno puede tomar distintas bases como 100; lo que más se ha usado últimamente fue lo del voto válido, que está excluyendo a todo el voto anulado, que es muy importante. Teniendo en cuenta al voto anulado tenemos: 59,5 para el Sí, 34 para el No, 2 en blanco y casi 4,5 de anulados.

Pero hay otra lectura de porcentajes que nos interesa porque es lo más comparable a esto. Se quedó en la casa un montón de gente que terminó yendo a pagar la multa o a presentar algún certificado médico de estar enferma.

No es fácil saber cuánta gente es porque no es fácil calcular lo que llamamos el electorado real, es decir la cantidad de gente inscripta que vive en el país. Normalmente el electorado real era el 93 por ciento del padrón; es probable con la fuerte emigración que hubo en los últimos tres o cuatro años, particularmente en 2002, el electorado real esté en el 90 por ciento del padrón, es decir la décima parte es o algún error de depuración, que lo hay, o gente inscripta pero fuera del país.

Si tomamos que esto es el conjunto del electorado nos cambia las cifras del referéndum. Si en este 100 hay un 7 por ciento que no fue a votar, dentro de ese total el voto por Sí baja al 55, el No baja al 31,5, el en blanco está en 2, el anulado está en 4 y los que se quedaron en la casa en 7. Observemos que 7 que no fueron, más 4 anulados, más 2 en blanco, nos da 13 por ciento de una actitud refractaria, que puede tener que ver con el referéndum de Ancap o con el sistema político. Por lo pronto nos da que los refractarios son el 13 en el voto del referéndum y son el 8,5 en una intención de voto entre partidos, si hubiera elecciones ahora. Esto quiere decir que efectivamente, hay una parte que tiene que ver exclusivamente con el referéndum. La duda es: este 8,5 que está diciendo que vota en blanco, ¿sigue el comportamiento tradicional de Uruguay, que iba a votar y votaba un partido y quedaba más o menos solamente un 3 por ciento entre en blanco y anulado y todo el resto votaba a alguien? ¿O se repite lo del referéndum y esta gente va, vota anulado, vota en blanco, que pasó el 6 por ciento, o se queda en su casa? Habría que detraerlo de la competencia entre partidos.

Es una incógnita muy importante, muy interesante y nueva, hasta ahora siempre descartábamos esto porque decíamos: la gente termina yendo a votar y cuando va a votar y llega a las urnas y vota a un partido político y a un candidato. El referéndum de Ancap deja dudas porque hay un comportamiento distinto. Es verdad que no es lo mismo un referéndum que una elección.

El otro tema es comparar el Sí y el No con cada uno de los bloques políticos. Es verdad que en el No hubo votos frenteamplistas y en el Sí blancos y colorados; las encuestas nos dan que la cantidad de blancos y colorados que votaron por Sí es más o menos la misma que la de frenteamplistas que votaron por No, es decir que se compensan, se cruzan, lo que nos permite decir que el Sí es el voto frenteamplista más un voto suelto, un voto independiente que votó en la oposición al gobierno y el No es básicamente los partidos tradicionales.

Si es así, lo que estamos observando es que esa gente independiente, esa gente que hoy no está definida por ningún partido, está mucho más próxima a votar a la izquierda o por lo menos está mucho más refractaria, con muchas más dudas de votar a los partidos tradicionales. Hasta ahora estamos en la duda porque básicamente esta gente indefinida era gente que había votado anteriormente al PC y al PN, había votado a Batlle en el balotaje y ahora en una opción de éstas, por lo menos en el referéndum del 7 de diciembre, estuvo más del lado de la oposición pura, donde estaba situada la izquierda, que del lado de los partidos tradicionales.

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Con este escenario encontramos una campaña electoral muy diferente. Si vemos que el EP-FA está en el 48 del total de votantes, si hay gente que se queda en la casa ya le da la mayoría absoluta. Pero además en principio, en el arranque del año -no estamos diciendo que esto ocurra en octubre- la gente indefinida es más proclive a estar en contra de los partidos tradicionales que a favor de ellos. Es decir, tiene las mayores probabilidades de ganar y de hacerlo en la primera vuelta. Lo cual lleva a esta conclusión: para Tabaré Vázquez y el EP-FA el camino de aquí al 31 de octubre es no cometer errores, no encerrarse en corrales de ramas como ocurrió en el balotaje pasado con el tema del Impuesto a la Renta, no caer en trampas, no pisar cáscaras de banana. Con eso le bastaría.

Para los partidos tradicionales la cosa es mucho más difícil, porque no les basta con hacer las cosas prolijamente y no cometer errores: deben hacer las cosas muy bien, con mucha creatividad, con una búsqueda fuerte de re-sintonía con la mayoría de la población del país. Están sintonizando con un poco más de un tercio entre los dos, pero hay todo otro resto con el cual no están sintonizando, y van a necesitar buscar canales de comunicación, aguzar el pensamiento, la imaginación para encontrar esos canales, que no son eslóganes ni muñequitos publicitarios. Tiene que ver con contenidos, con propuestas, con rumbos de país, tiene que ver con lo que siente la gente. Y además de eso tienen que buscar, como lo lograron en noviembre de 1999, tratar de encerrar en algún corral de ramas al FA, de hacerle pisar cáscaras de banana, que cometa errores, que se noten sus falencias, que disminuya su confiabilidad, y por otro lado aumentar sobre todo la confiabilidad, que es uno de los problemas que más los han afectado. El tema donde la izquierda les está ganando a los partidos tradicionales está pasando muchísimo por el eje de la confiabilidad.

Hay también algunos riesgos. Ya han aparecido actores económicos claramente el ABN-AMRO, el First Crédit Suisse, saliendo fuerte hablando del riesgo de la izquierda, como lo habían hecho ya el ABN y el Deutsche Bank en Brasil hablando del riesgo Lula. Hoy están muy entusiasmados con Lula, pero hablaban de que Brasil aumentaba el riesgo país por el riesgo de que ganara Lula. Esta intervención de agentes económicos, si se da en la campaña electoral, puede terminar siendo un boom en contra de lo que pretenden estos equipos económicos, porque puede generarles a los partidos tradicionales situaciones muy incómodas de quedar pegados con la banca extranjera, entre otros el Crédit Suisse, un banco que sale muy mal de su participación en el Banco Comercial. La opinión pública tiene una visión muy negativa y esto puede revertirse a favor de la izquierda, que es atacada por los grandes centros de interés.

Además los partidos tradicionales tienen otros problemas: mientras el FA tiene una única competencia contra los partidos tradicionales en conjunto y por superar el 50 por ciento del total de votantes, los partidos tradicionales tienen que enfrentar a Tabaré Vázquez, tratar de debilitarlo, tratar de aumentar su confiabilidad, de aumentar su sintonía con la ciudadanía, pero además competir entre sí. Además de evitar que Vázquez gane en primera vuelta y tratar de que haya balotaje, tienen que pelear por tratar de ser cada uno quien va a la segunda vuelta, lo cual implica que además tiene que disminuir al otro y hacerlo de una forma que no sea agresiva, que no lo deteriore, porque luego va a necesitar, si hay balotaje, el apoyo de ese partido para la segunda vuelta. Por lo tanto también requiere un arte difícil, porque partiendo de un escenario complicado, además de enfrentar al gran adversario, que es el EP-FA, tienen que dirimir entre sí quién sale en el segundo puesto, lo cual es importante no sólo si hay balotaje, sino hacia el futuro. Si llega a ganar el FA en primera vuelta, también es muy importante cuál es el partido que sale segundo, que va a tener mucha fuerza en el próximo gobierno y el que históricamente quedará mejor posicionado hacia la eventualidad de un recambio en el sistema de partidos.

 

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 9 - 2004