“No hay que pelear contra el tema”
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Esta semana ha sido rica en comentarios sobre el referéndum de la ley de asociación de Ancap, tanto de actores políticos como de dirigentes empresariales y sindicales. A propósito de algunas de estas declaraciones, el politólogo Óscar Bottinelli, director de Factum, propone el siguiente análisis político para hoy: “La enseñanza de un viejo maestro: no hay que pelear contra el tema”.

Tú querías detenerte en algunas reacciones que provocó ese 62% por el Sí.

ÓSCAR A. BOTTINELLI:
Que en realidad es un 59,5% por el Sí...

EC – Claro: depende de cómo se lo mida.

OAB - ...porque también los que votaron anulado son uruguayos, pese a que algunos titularon “62% de los uruguayos votó por el Sí”. Parecería que el voto anulado hace perder la ciudadanía.

EC – La diferencia viene de considerar o no los votos anulados: es el 62% de los votos válidos.

OAB – Seguro, pero insisto (y esto no desmerece la apabullante victoria del Sí) porque hay que considerar todos los pronunciamientos que hay en cualquier caso.

EC – Aunque a efectos de definir si la ley de asociación de Ancap, lo que interesaba eran los votos válidos y por ahí viene la confusión.

OAB – Claro; pero lo que se analiza desde el punto de vista político es mucho más que la ley.

Y en materia de pronunciamientos hemos tenido dirigentes políticos festejando, dirigentes sociales festejando, dirigentes políticos y sociales tratando de disputar la propiedad de la victoria, actores políticos redivivos tratando de sumarse a la victoria, actores políticos que dijeron “Esto no tiene ninguna importancia porque esto fue nada más que discutir el futuro de la refinería”, actores políticos que dijeron “Hay que analizar esto y cómo reposicionarse”... Y también un conjunto de declaraciones como las de dirigentes de las grandes cámaras empresariales, figuras de gobierno que uno diría de la más fuerte impronta por el libre mercado, que han reaccionado con enojo contra el resultado del referéndum. Han expresado algo como “Yo me enojo con la gente”.

EC – Es en ese tipo de declaraciones que quieres centrarte.

OAB – Exacto. En primer lugar, algo que decía en el análisis largo que hicimos el lunes de mañana. Los pueblos muchas veces se equivocan, y muchas veces aciertan. Rara vez los analistas y los actores aciertan cuando juzgan en el mismo momento. En Argentina se ha festejado cada pocos años las cosas más opuestas, y siempre se termina festejando la terminación de esas cosas. Lo que quiere decir que lo que en determinado momento todo el mundo consideraba exitoso, dejaba de serlo al cabo de muy poquito tiempo. Pero, en términos grandes, decía yo que los historiadores son los que saben cuando un pueblo se equivocó hace 100 o 200 años. Mientras tanto, quién tuvo la razón queda todo a beneficio de la duda. Siempre se mezclan elementos coyunturales, elementos de larga data, y gotas ideológicas que se cuelan en la visión de cada quién.

En el caso de esos actores políticos, consideran –y tienen derecho a ello— que la gente se equivocó, y que la mayoría de la ciudadanía no entiende (aquí sí una mayoría muy grande contando a los que votaron por Sí, a los que no apoyaron la ley votando anulado o quedándose en su casa, unos por porque consideraban que había que derogar la ley y otros porque no se sentían convocados a participar). Esos actores políticos tienen tres posiciones. Una, la que en gran medida fue la posición de la izquierda durante, diría yo, las nueve primeras décadas del siglo XX: postularse en una actitud de minoría didáctica.

EC – “Minoría didáctica”.

OAB – Una clara minoría, absoluta minoría por lo menos hasta fines de los 60 (no pasaba mucho más del 6% del electorado), que consideraba que la abrumadora mayoría de más del 90% estaba equivocada, y lo que tenía que hacer era convencerla: tenía un papel didáctico para que algún día esa gente se convenciera de qué lado estaba la razón. Era la posición histórica, se puede decir, que asumieron partidos de distintas tendencias en el mundo. Ahí, más que el enojo, como todo buen maestro lo que cabe es ser didáctico y empezar a explicar cómo y porqué se equivoca la mayoría.

Lo otro es ubicarse como una minoría política y decir “Los que pensamos distinto representamos por lo menos una tercera parte del país, habrá que esperar un tiempo a que la gente asuma su error, o que por otros temas nos escuche a nosotros y no esté del lado en que estuvo en esta oportunidad”. Ya no se plantea en el campo ideológico sino en los distintos campos estratégicos o tácticos del juego político.

Hay una tercera posición que es la que ha asumido en general la mayoría del sistema político que defendió la ley, que es aspirar a entender a esa mayoría que votó para el otro lado, tender puentes hacia ella y tratar de captar alguna porción. Como pasa siempre, un bloque de 60% no es todo monolítico y algunos pueden ser otra vez captables por los que estuvieron del otro lado si hay una actitud comprensiva o se tienden puentes.

Lo otro es cuando actores políticos relevantes actúan con enojo y amenaza. La amenaza es decir “Ancap cierra en cuatro o seis meses”. Dicho desde lugares de gobierno con posibilidad de repercutir sobre las acciones que enfrente Ancap puede leerse como “Los vamos a castigar tomando medidas para hacer cerrar a Ancap”. Es un mensaje que sólo puede crispar más aún a quienes votaron por la derogación de la ley. Es no sólo no querer entenderlos, sino castigarlos. Parece un error político fuerte de quienes están en esta posición.

Por otro lado están los actores empresariales (Cámara de Comercio, Cámara de Industrias), que salieron también muy crispados contra esa mayoría, en un tono que la gente que votó por el Sí siente que es tratarla de ignorante. En esta materia de Ancap es lícito que cualquiera sea tratado de ignorante, porque la verdad es que cuesta mucho entender el tema; pero, como pasa siempre, cada uno cree tener su sabiduría cuando intuye por qué tiene que votar por Sí, por No, en blanco o anulado. Siempre en el voto hay algo de sabiduría, en cualquiera de las opciones que adopte la gente.

La característica que tuvo este referéndum, y que han tenido en general los actos de tipo referendario en Uruguay, es que se cruza lo político con lo para-político. Acá hubo sindicatos, hubo gremiales empresariales, oficialmente enrolados en cada opción. No sólo dirigentes que estuvieron para uno u otro lado, sino que sindicatos apoyando el Sí, cámaras empresariales haciendo explícito su apoyo al No. Eso ya implica un alineamiento por el que alguien podría decir que están enfrentados por un lado el capital y por el otro el trabajo, lo que no es tan así desde que hubo altos dirigentes agropecuarios apoyando el Sí; porque hubo muchísimos dirigente empresariales comerciales e industriales, particularmente en el interior, apoyando el Sí; hubo centros comerciales e industriales apoyando el Sí, lo cual no deja tan claro lo de capital y trabajo. Pero sí se puede plantear que las grandes empresas comerciales e industriales están de un lado, y del otro lado otro tipo de empresarios más ligados al comercio chico, a la pequeña industria o al agro. Hay que tener mucho cuidado, entonces, porque esto (quizá contra la intención de los que lo están planteando), está al borde de plantear este resultado como una especie de lucha de clases donde, además de definirse el tema de Ancap y el tema político que subyace en un referéndum, serían derrotadas las grandes empresas. Si se enojan es porque se consideran derrotadas, y esto es darle otra dimensión a estos planteos que, además, alejan a todos estos empresarios o a estas cámaras de la gran mayoría que votó del otro lado. Parece muy poco bueno para los propios intereses de las cámaras romper puentes y reaccionar crispados contra la mayoría del país, que además no necesariamente es una mayoría monolítica.

EC – Además hay un dato de la realidad: este tipo de pronunciamientos en relación al papel del Estado en la economía se reiteran.

OAB – El tema es que los uruguayos vienen votando reiteradamente en una posición estatista. En 11 años, hubo dos pronunciamientos de gran magnitud: en 1992 fue cerca del 70% de todos los votos emitidos, y este cerca del 60%. Como sea, no es un país dividido en dos mitades casi iguales, con una de ellas un poquitito más grande que la otra, sino que prevalece nitidez una posición estatista. Es un dato de la realidad y uno, como analista, no toma partido: es lo que los uruguayos han votado, de acuerdo con la historia o a contrapelo de ella, y eso va de acuerdo a la ideología de cada uno (es muy poco científico decir en el mismo momento para dónde está yendo la historia).

Por eso, como decía el viejo maestro, “no hay que pelear contra el tema”.
 

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 12  - 2003