Ancap, qué dijo la gente
y cómo repercute en el sistema político
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En el día después del referéndum, nos acompaña el politólogo Óscar A. Bottinelli, director de Factum.

ÓSCAR A. BOTTINELLI:
En un día como hoy de hace siete años, el 8 de diciembre de 1996, estábamos analizando el plebiscito de la reforma constitucional.

EC – No lo tenía presente.

OAB – Reforma que introdujo este régimen electoral que tenemos, “tan simple y tan corto”.

EC – El sistema que se estrenó en 1999 y que el año próximo tendrá su segunda performance. Pero ahora tenemos el resultado de este referéndum de ayer, que terminó siendo un triunfo cómodo para el Sí a la derogación de la ley de asociación de Ancap: 62,21% de los votos válidos, contra el 35,42% del No, y 2,38% de votos en blanco.

Tú le llamas “el resultado jurídico”.

OAB – Sí, porque es el que tiene que ver con la ley de Ancap, y yo diría que, cuando todo el mundo tituló con esas cifras –incluyendo diarios favorables al Sí— están diciendo que lo único que ayer importaba era el destino de la refinería y absolutamente nada más. Porque, si se quiere analizar lo político (salvo que se le haya quitado la ciudadanía) hubo 4,3% de votos anulados. Pero tampoco olvidemos que hay un porcentaje nada menor, de prácticamente el 10% de los uruguayos adultos habilitados para votar, que se quedaron en la casa.

EC – El porcentaje de participación fue 83,11.

OAB – 83,11% del padrón electoral, es decir de la nómina de habilitados para votar. El padrón electoral tiene muchas más personas que los mayores de 18 años que viven en el país. Hay aproximadamente un 6% de personas que están inscriptas y viven fuera del país, todos sabemos que este país ha tenido una fuerte emigración; hay un pequeñisimo porcentaje (menos de 1%) de falta de depuración del padrón, que siempre va un poco desfasado. Es decir que el electorado real es algo así como el 92, 93% del padrón. Si votó el 83% quiere decir que no fue a votar, groseramente, el 10 u 11% del electorado real. Si el 10 u 11% se quedó en su casa, el 4% votó anulado y el 2% votó en blanco, estamos en que la sexta parte de los ciudadanos no acompañó la convocatoria de ninguno de los partidos políticos sentados en el Parlamento.

EC – Y ¿qué significa eso?

OAB – Significa, primero, que se prende una luz amarilla que el sistema político debería atenderla. Todo el sistema político: los que perdieron a esa gente y los que no la ganaron. Porque esta gente votó a alguien hace cuatro años y hoy no está votando a nadie. Es un dato que hay que atender: quiere decir que en Uruguay se está ratificando lo que vienen dando las encuestas de opinión pública de que hay segmentos del país que están cada vez en mayor asintonía con la dirigencia política, con los actores de representación en general.

Dicho eso, dar las cifras sobre los que votaron: 59,6% para el Sí, 36,1% a favor de la ley (33,9% para el No y 2,2% en blanco) y 4,3% anulados.

Yendo a las encuestas, y dejando el detalle del mes o de los últimos dos meses, si hoy hubiera elecciones más o menos la mitad del electorado hoy votaría al Encuentro Progresista – Frente Amplio, con un porcentaje alto de indefinidos: 17%. Si queremos cortar grueso, esos indefinidos nos quedan cerca de haberse quedado en la casa, haber votado en blanco o anulado. Las cifras andan por ahí; no digo que sean los mismos pero las cifras coinciden. Pero esto es cortando grueso. En este 59% hay algunos blancos y algunos colorados que no han seguido a sus partidos.

EC – Sobre todo porque, dentro del EP-FA, un sector estaba por el No. Hay que ver cuánto obedecieron a Danilo Astori los votantes o simpatizantes de Asamblea Uruguay, pero en principio dentro del EP-FA había una desobediencia...

OAB – Da la impresión de que fue muy reducida, porque la encuesta nos daba que los blancos y los colorados que votaban por el Sí, sumados, eran la misma cantidad que los frenteamplistas que votaban por el No. Esto, más que de una convocatoria partidaria, da la idea de los efectos de independencia que tiene siempre un sector del electorado. Y nos daba que la mayoría de quienes hoy votarían a Asamblea Uruguay o a Danilo Astori votaban Sí. Lo cual está marcando que en este tema no hubo un seguimiento al liderazgo de Astori, pero también estamos viendo en la última encuesta del fin de semana anterior que no caía la intención de voto hacia Astori ni hacia Asamblea Uruguay, sino que ese electorado hacía una disociación e incluso en una confrontación Vázquez – Astori votaría a Astori pero, entre el Sí y el No, votaba el Sí: “Prefiero a Astori pero en esto no lo sigo”. Lo cual no deja de ser una señal de debilidad para un líder político: que en una instancia en que se pone en la vereda de enfrente a todo el sector político al que pertenece, la gente le diga “Te sigo pero no en la vereda de enfrente”. Creo que es una señal muy importante, y marca que hay límites a lo que un dirigente político puede hacer en lo que podría llamarse salir de su órbita natural.

EC – Pero esto venía a cuenta del 59% que tiene el Sí, bastante más que la intención de voto por el EP-FA hoy.

OAB – Lo que no quiere decir que a algunos de estos también lo podría estar captar el EP-FA; porque si hay indefinidos, alguien capta a los indefinidos más allá de que ha quedado demostrado que se pueden quedar en la casa o votar anulado. Yo había dicho el jueves que, si el número de votos anulados y en blanco era alto, sería un dato importante a tener en cuenta porque, en Uruguay, desde la restauración democrática la suma de voto anulado más en blanco nunca pasó del 5%.

Pero además, en las municipales, en las que no fue todo el mundo, dejó de votar el 6% y acá fue el 10%.

Es decir que tenemos récord de gente que se quedó en la casa, récord de gente que vota por una de las opciones políticamente neutras (incluyendo al voto en blanco; no estoy limitándome a lo jurídico); no está siguiendo a la convocatoria de los partidos.

EC - ¿Cómo termina llegando el Sí al 59%?

OAB – Porque captó a indefinidos, blancos y colorados, a un piso elevadísimo como es el 50% del electorado del país.

EC – Una de las señales que proponías para el análisis de los resultados del referéndum en los días previos era en qué medida el EP-FA afirma o no ese 50% de intención de votos que le están dando las encuestas. Esa iba a ser una de las claves de tu examen de esos resultados.

OAB – Claro. Digo, primero, que hay que tener mucho cuidado cuando pasan estas cosas con analizar mucho tiempo la cáscara y dejar fuera las corrientes profundas. Sobre todo en un país como nuestro, donde la conducta electoral de la gente es muy estable. “Estable” no quiere decir que no se mueva, sino que cuando se mueve lo hace elefantiásicamente, con pasos de a poquito.

Entonces, saquemos la hojarasca. Uno podría hacer una lista muy larga de cosas diciendo “Si esto no hubiera ocurrido se beneficiaría este o aquel”. Sí, pero sumemos todo y se moverá un 1%. Lo otro se viene moviendo desde hace 30 años, y otro se viene moviendo desde hace 18 o 20 meses.

Veamos entonces lo profundo. Desde que se creó el Estado moderno y las elecciones fueron perfectamente medibles (desde fines de la segunda década del siglo pasado hasta 1966), los partidos tradicionales recogieron el 90% del electorado. A partir de 1971 comienza el cambio: pasaron del 90% al 52% que fue voto a Batlle en el balotaje de 1999. Este es un dato que corresponde a una corriente histórica profunda, y que las encuestas mostraban hasta mayo de 2002 que algún punto más también se seguía moviendo.

Pero de mayo de 2002 al presente han pasado cosas muy fuertes en el país. Digo mayo de 2002 porque, cuando analizamos encuestas, vimos que ese era un punto muy importante en que, después de estar congelada la intención de voto durante más de dos años, la izquierda comenzó a subir y los partidos tradicionales en su conjunto a bajar (más el Partido Colorado que el Partido Nacional); el Partido Nacional pasó a ser el segundo prácticamente a lo largo de todo el 2003, y la izquierda llegó hasta el 54% en setiembre; después cayó y oscila entre 49 y 50% todo este tiempo, con alguna caída un poquito mayor en algún momento (estoy sumado también al Nuevo Espacio en estas cifras).

Esta es la consolidación de un movimiento profundo, de largo tiempo (porque en mayo de 2002 no pasó del 1 al 54%, sino que fue un proceso largo, de muchos años) y luego un envión producto de todos los sucesos, lo que implicó algunos actos del presidente de la República que generaron gran descreimiento, lo que significó la devaluación, la crisis bancaria, todo eso sumado con recesión, desocupación, etcétera, etcétera... No fue sólo una reacción frente a una crisis que ocurrió en el país, sino una decepción frente al resultado acumulado de políticas de gobierno. No digo que esté bien ni que está mal, sino lo que uno recoge de lo que siente esa gente que fue cambiando de posición política.

EC – Tú decías que este referéndum, colocado casi exactamente un año antes de las elecciones nacionales, coloca a su vez al EP-FA en la obligación de tener que convalidar esos números que venían mostrando las encuestas, ahora en las urnas.

OAB – Exacto. Dejemos de lado esas discusiones livianitas, de si las encuestas aciertan o se equivocan (las encuestas miden muy bien en nuestro país) hay un hecho que me parece crucial: una cosa es recoger los estados de opinión pública, lo que la gente verbaliza (“Si hoy hubiera elecciones”, porque no las hay, “yo votaría a Fulano”, y no está votando) en general está indicando un estado de opinión pública. Pero falta el paso que va del dicho al hecho: pasar de la verbalización a lo actitudinal, que en este país se llama meter el sobre en la urna.

El EP-FA, que hizo un desafío formidable con la convocatoria a este referéndum, y si le iba mal le pudo costar carísimo, como no le fue mal le salió muy bien y revalidó eso en las urnas. Entonces ya no es un estado verbal de opinión pública, sino un acto de la gente y tiene ese piso electoral (un poco más arriba, un poco más abajo, no estamos hablando de si está en el 50, el 49, el 52%, sino de que revalidó un apoyo muy sólido que le da objetivamente las mayores probabilidades de ganar en las próximas elecciones. Lo que tampoco quiere decir que ya las ganó anticipadamente.

Porque hay que relacionar el referéndum con las elecciones.

EC – Sí: hubiera sido un problema serio para el EP-FA no llegar al 50% con la papeleta del Sí.

OAB – Hubiera sido que la gente dice algo en las encuestas pero cuando llega el momento se asusta.

EC – En cambio, con este resultado de ayer, están esas dos lecturas que planteabas: la jurídica estricta le da al voto por el Sí 62%, y la otra es que, si también incluimos en el total los votos anulados, le da el 59%.

OAB – 59,6, y si le descontamos la gente que se quedó en la casa y también es parte del electorado, estamos hablando del 54, 55% del total del electorado real, de toda la gente que vive en el país y está en condiciones de votar.

EC – Entonces, ¿a partir de estas consideraciones...?

OAB – Hay algo que hay que tomar en cuenta: no hay que tomar con liviandad los resultados de los referéndum o de los plebiscitos. En 1989 tuvo lugar el referéndum sobre la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Ganó la papeleta amarilla por el mantenimiento de la ley, contra la papeleta verde por la derogación. En noviembre de 1989, la suma de los votos de todos los grupos que apoyaron el voto amarillo da igual que el voto amarillo, y la suma de todos los grupos que apoyaron el voto verde da igual que el voto verde. Hay una lectura como que hubo una anticipación del resultado electoral..

Con la ley de Empresas Públicas no fue tan exacto, porque fue dos años antes de las elecciones, pero fue bastante parecido.

EC – El referéndum fue en diciembre de 1992, y las elecciones nacionales en noviembre de 1994.

OAB – Pero se dio que los sectores que apoyaron el No tuvieron un poco más de votos que los que arrojó el referéndum.

En cuanto al plebiscito de 1996, puede decirse en cierto modo que fue un poco más desajustado. Si recordamos que los dos partidos tradicionales in totum apoyaron la reforma constitucional, más el Nuevo Espacio, y la reforma obtuvo el 50,5%, y esos mismos partidos obtuvieron el 59%, encontramos que el voto en el plebiscito estuvo por debajo de lo que esos partidos obtuvieron en el plebiscito.

Pero si hacemos este ejercicio y le hacemos ese plus, nos queda que los partidos tradicionales, en lugar del 34% que obtuvo ahora el No, estarían en el 37 a 38% de los votos, y el escenario no cambia para nada.

Es decir que no me parece que esa actitud de afirmar “Esto no tiene nada que ver con las elecciones” tenga basamento científico, ni tampoco la actitud que esté esperando la gente de los dirigentes. Normalmente, la gente pide a la dirigencia que sepa administrar las victorias y que sepa administrar las derrotas. Las dos cosas son difíciles de administrar. Jorge Batlle administró muy mal su victoria en la elección interna de 1989 y eso lo llevó a la derrota externa (ganó en el Batllismo Unido y perdió frente al Partido Nacional), cuando en la noche del 28 de mayo de ese año todos creímos que se estaba coronando el próximo presidente de la República.

Saber administrar las victorias, y este es un mensaje para el EP-FA, y también saber administrar las derrotas.

***

EC – Vamos ahora a las consecuencias políticas del resultado, a nivel del gobierno y de los partidos.

OAB – Dejemos para después lo del gobierno, que se entronca con varios temas de fondo, de lo económico y social del país.

Yendo a los partidos, este resultado lleva al EP-FA a la situación de sentirse muy próximo a estar en el gobierno, lo cual va a implicar que se enfoquen en él y en especial en Tabaré Vázquez los ojos de muchísima gente del país y del exterior (inversores, organismos internacionales, y en el propio Uruguay de empresarios, de la gente, de cada uno de los sectores) más de lo que estaba hasta ahora, que ya es bastante, sobre qué va a hacer este futuro gobierno si consolida estas cifras en las elecciones nacional. Diría que el EP-FA va a estar en una pecera en todo este período.

EC – Sí; por un lado es una posición muy cómoda para el arranque de la campaña electoral, es la mejor posición posible...

OAB – ...la mejor posición posible, y yo decía en una especie de polémica que se produjo con analistas políticos que afirmaban que esto no iba a incidir en las elecciones del año próximo que, si incidir es decir “Acá tenemos el resultado de la elección sin necesidad de ir a votar”, por supuesto que no. Pero que obviamente el que salió bien está arrancando en la “pole position” en términos de Fórmula 1, y que los otros están en el fondo de la grilla, no hay ninguna duda.

EC – Pero es interesante lo que agregabas: al mismo tiempo implica una responsabilidad muy grande, un desafío fuerte para el propio EP-FA.

OAB – Un desafío fuerte, estar en la pecera y mantener este estado sin generar ningún tipo de frustración. Esto implica moverse con muchísima prudencia.

Después hay un juego interno. Hablamos de Asamblea Uruguay pero también hay sectores que podrían capitalizar esta situación. Cuando se dio todo el proceso final de aprobación de la ley de asociación de Ancap, el Partido Socialista quedó como el gran generador de hechos, de ruptura del diálogo, de rechazo a la ley y luego de impulso al referéndum desde el punto de vista político. Recordemos que en la polémica se dijo “Los socialistas son culpables de esto”. Con este resultado, esa culpabilidad tiene una lectura desde el otro punto de vista: hoy son los que pueden aparecer como más beneficiados de este referéndum, como también otro que impulsó muchísimo de este lado, que fue la 1001, el Partido Comunista. Pero el Partido Socialista, como primera fuerza parlamentaria del EP-FA, convalida en este momento su estrategia desde el punto de vista electoral. Entre las distintas estrategias que hubo en el EP-FA, que iban desde la más absoluta negociación al estilo Astori, o una estrategia fuertemente negociadora inicial de la Vertiente Artiguista (que hizo un giro después de la resolución de la Mesa Política del FA) y una estrategia confrontacional planteada por el Partido Socialista, desde el punto de vista estrictamente electoral y con lo que dieron las urnas ayer, aparece como exitosa y puede ser un elemento de capitalización interna.

Desde el punto de vista de los partidos tradicionales, va a haber muchos juegos pequeños, de cobros de cuentas de unos a otros. Pero hay que ver primero globalmente que, primero, no es lo mismo la situación del Partido Colorado y la del Partido Nacional. Los colorados tienen una situación de cierta asimetría interna, con un liderazgo mayoritario de Julio María Sanguinetti, una Lista 15 que estaba muy desflecada y encontró en el nombre de Alejandro Atchugarry una forma de revivir en términos electorales, y ambos (la 15 y el Foro) se jugaron por igual en esta campaña.

EC – De todos modos, quien más espacio ocupó y quien apareció más comprometido en la defensa de ley fue el Foro con Sanguinetti a la cabeza.

OAB – No cabe duda; pero me refiero a que estaba el gobierno detrás, la 15 también se jugó. Quizá la diferencia radica en que la 15 no tiene una figura de la talla de Sanguinetti; Atchugarry no es el líder de la 15 sino el referente que está emergiendo; respecto al presidente de la República hubo consenso de los defensores del No en que tuviera poca exposición y por lo tanto se jugó menos, ...

EC – Pero uno podría preguntarse ¿No debió ser Atchugarry la locomotora de la Lista 15 jugando un papel similar al de Sanguinetti en el Foro?

OAB – Es probable. Ocurridos estos resultados siempre surge la pregunta de por qué no se pudo jugar mejor. Hay 20 fórmulas para que la selección uruguaya que jugó ante Paraguay fuera distinta a la que armó Juan Ramón Carrasco. Después del 4 a 1 es muy claro.

EC – La otra lectura es que, quizá, se prefirió no someter a la figura de Atchugarry a un desgaste tan fuerte en este tema.

OAB – Hay dos figuras que aparecieron poco en este tema. Una es Atchugarry (aunque apareció, aclaremos: hizo giras, etcétera), y otra que casi no apareció que fue el ministro del Interior. Por un lado se da explicaciones de tipo institucional, que es bueno que el ministro del Interior no participe activamente de una campaña electoral, corresponde a una tradición del país (que no todos han seguido, pero es lo es), y hay quien entiende que Stirling quedó como una figura de reserva por su hay que buscar un recambio en las candidaturas coloradas.

EC – Concretamente, por si Sanguinetti no es candidato.

OAB – Por si Sanguinetti no es candidato, para cuyo caso se maneja dos nombres: el de Luis Hierro López y el de Guillermo Stirling. El primero estuvo en primerísima línea también en este referéndum, y el segundo quedó en cuarteles de invierno y podría ser una figura de refresco. Lo que hay que ver ahora es qué pasos da el Partido Colorado, qué reflexión hace; si la es mejor el cambio de figura o insistir con figuras fuertes y probadas como las que ya tiene. Son decisiones muy difíciles, y hay que tener mucho cuidado con las lecturas simplistas: no siempre los recambios producen los efectos esperados. Es una reflexión que cada partido debe hacer, porque un partido puede decir “No sé si es lo mejor electoralmente, pero como liderazgo político quiero seguir con esto porque me asegura determinado tipo de conducción a los efectos...” no sé: “...de la discusión de los temas del país”.

EC – Pero ¿cómo sale Sanguinett?

OAB – Creo que la consolidación de un Partido Colorado que en el mejor de los casos es la mitad del voto por no deja a todo el partido, al presidente de la República y al ex presidente Sanguinetti en una situación delicada.

EC – Es una lectura que aparece hoy en distintos comentarios que recoge la prensa: “por primera vez Sanguinetti perdió frente a Vázquez”. ¿Tiene su importancia?

OAB – Sí: tiene. Yo diría que es la primera vez que Vázquez gana inequívocamente. Hasta ahora, decir ganar o perder es muy relativo, porque cuando una fuerza política va creciendo, siempre va ganando. Más bien se reflejaba en que había perdido el plebiscito de 1996 (más allá de que también se podía leer como un éxito que el No estuviera en el 46% al que llegó), y también que perdió el balotaje aunque obtuvo el 45% con una fuerza que pocos años antes estaba apenas en el 20%. Siempre hay dos lecturas, pero lo cierto es que en términos de resultado frío perdía, y esta vez gana. Lo que se podría decir es que Sanguinetti no pudo frenar a Vázquez, cuando siempre había aparecido como el gran freno que operaba contra él.

EC – Eso en cuanto al Partido Colorado pero, decías, es muy distinta la situación en el Partido Nacional.

OAB – El Partido Nacional tiene una situación más de abanico. Existe por un lado el liderazgo del expresidente Luis Alberto Lacalle, que tiene cerca de la mitad de la colectividad adhiriendo a su candidatura presidencial. Y tiene una opción que se jugó muy fuerte por esta ley, y que también aparece como una renovación partidaria del punto de vista de los liderazgos, como lo pueden encarnar el senador Francisco Gallinal o el ex ministro Sergio Abreu. Sobre todo Gallinal se jugó muchísimo por esta ley; hay una fuerte participación personal suya en esta ley. Y siguen siendo grandes defensores de la permanencia del Partido Nacional en la coalición de gobierno (ellos votaron negativamente y consideraron un error el retiro del Partido Nacional de la coalición).

Por otro lado aparece Larrañaga, que votó esta ley, que inicialmente hizo una especie de mini – campaña hacia el No, y luego más bien hizo mutis. Hay que esperar que decante un poquito, pero una pregunta es si este resultado golpea por igual a todos los sectores del Partido Nacional; porque no es fácil salvar una parte cuando es golpeado el todo. La otra pregunta es si se golpeó al grueso del partido pero esa opción está en una posición distinta y es la oportunidad para que pase a la ofensiva, a tratar de generar un recambio. Es lo que hay que ver, viendo cómo reacciona la opinión pública nacionalista en los próximos días y semanas y cómo se mueven los distintos actores, para ver cuál de los dos efectos se genera sobre Larrañaga. Pueden ser los dos, y eso va a depender mucho en primer lugar de cómo se mueva él, y en segundo lugar cómo se muevan los demás.

EC – Un dato indiscutible es el resultado en Paysandú, que es su cuna política, el departamento del cual es intendente su delfín político, Álvaro Lamas, quien casualmente se pronunció por el Sí. Mientras Larrañaga se definía por el No, hacía una campaña breve y después pasaba casi al silencio, Lamas hizo campaña por el Sí y en Paysandú se obtuvo el mayor triunfo del Sí: 71, 72%.

IAB – Exacto. Los números del Partido Nacional son medio complicados para leer, porque ganó la Intendencia con ...no recuerdo si el 37 o 38% del electorado, pero en la elección parlamentaria había obtenido el 21, 22, 23%. ¿Cuál es ele electorado al que llega el Partido Nacional: el que sacó en octubre o el que sacó en mayo? En algunos departamentos se nos plantea el problema de la disparidad fenomenal que tuvo el Partido Nacional entre una elección y otra. El EP-FA también: tuvo entre el 31 y el 40%, pero recordemos que a nivel parlamentario ya había ganado y donde dentro del Partido Nacional está la opción más opositora, tanto por lo que encarnó Larrañaga como por lo que encarnó Lamas. Lo que pasa es que cuando analizo la figura de Larrañaga no estoy analizando al caudillo departamental sino a la figura que está compitiendo a nivel presidencial.

EC – Te lo mencionaba porque da la impresión de que Alianza Nacional jugó a dos puntas.

OAB – No diría que a dos puntas, porque da la impresión de un juego deliberado estratégico, pero tuvo dentro de sí posiciones en abanico, con gente por el No, gente por el Sí y gente a la que no le gustaba ninguna de las dos. Las diferencias del referéndum pasaron por dentro de Alianza Nacional. Incluso la campaña de Lamas puede calificarse como relativamente “light”, en parte por cierto pacto que se atribuye en el sentido de que Larrañaga bajaba su perfil y lo bajaba todo el conjunto de Alianza Nacional.

EC – Quedaba por analizar las repercusiones políticas dentro del gobierno.

OAB – El gobierno queda bastante frenado en lo que pueda pretender como reformas audaces. Primero, porque habló mucho de reformas audaces pero planteó muy pocas. Y una de las pocas que no era nada audaz era esta de Ancap.

Habría que ver qué pasos da el gobierno, pero va a estar con los problemas de lo que esto lo golpea. Recordemos los giros que hizo el presidente Lacalle después del referéndum de la Ley de Empresas Públicas, cuando frenó todo un camino aunque siguió haciendo determinado tipo de reformas en áreas menos conflictivas que las que generó el referéndum de 1992.

En segundo lugar, hay que analizar (esto daría para un análisis especial) cómo se va a leer todo esto por los inversores extranjeros, cuando por un lado va a estar la lectura del referéndum, por otro la lectura de lo que empiece diciendo el doctor Tabaré Vázquez (digo de lo que empiece, porque va a importar mucho lo que diga hoy y lo que diga en meses siguientes, y el nivel de coherencia que exhiba en temas considerados clave para los inversores).

Como tercer apunte, suena un poco preocupante esta reacción de los empresarios contra la mayoría de la ciudadanía, expresando algo así como que el país está perdiendo la oportunidad de modernizarse... Hay que tener cuidado; los empresarios y cualquiera deben tener claro que, si un pueblo se equivoca o no, eso se sabe mucho tiempo después y los que pueden saberlo no son los analistas políticos sino los historiadores. En lo inmediato, siempre es muy difícil. Los pueblos, además, tienen todo el derecho de equivocarse y sufrir las consecuencias y acertar y sufrir los beneficios de hacerlo. El problema es que en lo inmediato no es bueno que los dirigentes empresarios tengan una asintonía con una manifestación tan fuerte de la mayoría del electorado, cuando además se expresó en una forma inequívoca. Porque si estuviéramos hablando, como en el plebiscito de la reforma constitucional de 1996 cuando a las dos de la mañana estábamos viendo si eran 50,5 o 49,9, vaya y pase: pero estamos hablando de que una mayoría absoluta, clara y holgada, manifiesta una posición que implica una fuerte adhesión al Estado (después se podrá leer qué quiere decir ese estatismo y hasta dónde va), hay que entender que ese el estado de opinión del país, que no es coyuntural, que no es un berrinche que se le ocurrió a la gente porque se levantó mal el domingo, y que esos empresarios van a actuar en este país, con esta sociedad.

Entonces, es bueno que la lectura sea cómo conjuga la acción empresarial y de dirigencia empresarial en una sociedad que piensa como lo manifestó ayer. Tendrán todo el derecho a pensar que la mayoría está equivocada; ese es otro tema. Pero tienen que convivir con esta sociedad y con una ciudadanía que se expresa de esta manera. Cuando se piensa distinto, los caminos son o el divorcio, que puede llevar a la confrontación, o buscar los puentes y los puntos de contacto. El primer puente que se puede trazar es tratar de entender por qué la gente votó lo que votó.
 

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 8  - 2003