La carrera presidencial en el Partido Nacional
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En el Partido Nacional (PN) la carrera presidencial se ha largado con mucho entusiasmo, con giras y actos de proclamación de precandidatos. ¿Cómo va esta competencia para la opinión pública?

El politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone analizar los últimos datos de la Encuesta Nacional Factum (ENF), de agosto. El título del análisis político de hoy: “La carrera presidencial en el PN”. Recordemos qué es la ENF, su metodología.

OSCAR A. BOTTINELLI:
La ENF es una encuesta de carácter permanente, que se hace puerta a puerta –es decir que se va a la casa de la gente, no es telefónica– y es representativa del 100 por ciento del país, tanto del urbano como del rural.

Esta encuesta fue difundida el sábado y corresponde a dos preguntas. La pregunta básica de clasificación es: “Imagine que haya elecciones de presidente y de Parlamento el próximo domingo; ¿a qué partido político se inclinaría a votar? –a los efectos de lo que vamos a analizar hoy, a los que eligen PN se les pregunta:– ¿A quién del PN se inclinaría a votar para presidente de la República?

Ahora estamos trabajando con lo que se llama una canasta cerrada, en la medida que en el PN hay un conjunto más o menos predefinido de candidatos, siete nombres que están en competencia hacia la candidatura presidencial.

EC - Estos son los datos al mes de agosto:

- Luis Alberto Lacalle, 37%,
- Jorge Larrañaga, 26%,
- Juan Andrés Ramírez, 8%,
- Francisco Gallinal, 7%,
- otros, 6%,
- indecisos, 16%.

OAB - Se acaba de mencionar cuatro nombres.

“Otros” son Sergio Abreu y Arturo Heber.

Por debajo del 5 por ciento no desagregamos los datos porque hay problemas de consistencia estadística: es muy difícil saber con exactitud cuál es el porcentaje. Están por debajo del 5 por ciento, en ese orden.

EC - Abreu y Heber.

OAB - Sergio Abreu y Arturo Heber. Y Ruperto Long no ha registrado adhesiones desde que apareció su nombre en competencia.

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EC - Ya vimos los datos; vamos al comentario.

OAB - Cuando se hizo la encuesta faltaban 10 meses para las llamadas elecciones internas, para esas elecciones preliminares de las cuales sale el candidato único; ahora está faltando un poco más de nueve meses.

EC - Van a ser a fines de junio.

OAB - Van a ser el 27 de junio; todavía queda mucha agua por correr debajo de los puentes.

Esta carrera empezó hace tres años de forma despareja en el tiempo, a diferencia del quinquenio anterior, cuando en el PN eran bastante obvios tres candidatos en junio de 1995 y por más de tres años hubo tres nombres muy naturales para la gente, que eran Lacalle, Volonté y Ramírez; luego se sumó Ramos como producto de una ruptura en el grupo de Volonté. Para todo el mundo el escenario de decisiones estaba instalado desde el principio, no era un escenario con muchas complicaciones, no había que preguntar cuáles serían los nombres.

Hoy es al revés, al principio surgieron dos o tres nombres naturales. Uno fue Lacalle, último candidato presidencial, ex presidente de la República, líder del sector mayoritario del PN; su nombre ha estado instalado desde el principio.

El otro es Jorge Larrañaga, que apareció como el hombre que pasó a ser el referente de todo el espacio no lacallista después del retiro de Ramírez y de Volonté y Ramos, que no aparecen como candidatos para la elección de octubre. De esa lista al Senado no lacallista la más importante es encabezada por Larrañaga, quien pasa a ser el referente del no lacallismo y también aparece en carrera como candidato natural.

Ramírez aparece como una cosa extraña. Tiene un espacio de opinión pública que ha mantenido hasta hoy, no es un candidato proclamado, definido; más o menos también está haciendo política, recorre, hace giras, pronunciamientos. Sus adversarios se encargan de decir que no es candidato, entonces la suya es una candidatura semi-instalada que ha estado permanentemente desde el comienzo.

Después se sumaron dos candidatos más. Francisco Gallinal tuvo una aparición bastante fuerte hacia fines del año pasado, luego hubo un mutis importante; recién en los últimos dos meses –quizás un poquito más– su candidatura empezó a aparecer nítidamente y acaba de ser proclamada pocos días atrás.

EC - Sí, entre otras cosas, en las últimas semanas Manos a la Obra, a través de Alberto Volonté, comunicó oficialmente que respaldaba la precandidatura de Gallinal.

OAB - Ahí aparece claramente como precandidatura, hasta ese momento no se sabía si efectivamente iba a estar instalado en el escenario presidencial.

Lo mismo ocurre con Sergio Abreu. Si bien su nombre se manejaba desde hacía mucho en círculos de elite, no estaba en la opinión pública como un posible candidato presidencial. Su candidatura aparece tenuemente después de dejar el Ministerio de Industria, un poco más tibiamente hacia marzo y se instala muy recientemente.

En el caso de Arturo Heber, si bien su nombre está desde hace tiempo, su candidatura presidencial ha jugado más a nivel de elite que de conocimiento de la opinión pública.

En el caso de los candidatos que podemos llamar “nuevos” hay que recibir los datos un poco a beneficio de inventario, recién arrancan. ¿Tienen o no posibilidades de crecer más?, ¿quedarán absorbidos a partir de la polarización Lacalle-Larrañaga, que están tan altos? Son todas incógnitas en una carrera con dos tiempos distintos de lanzamiento de los competidores.

EC - ¿Cómo ha sido la evolución en los últimos tiempos de los nombres que estamos manejando?

OAB - En el caso de Gallinal, llega a la barrera del 5 por ciento a fines del año pasado y desde marzo se viene moviendo entre el 7 y el 9 por ciento.

Ramírez estuvo mucho más fuerte al principio, en el año 2000, y después se ha movido en este rango entre el 6 y el 9 por ciento; en este momento está más cerca del techo de esa banda, en el 9 por ciento. La adhesión a Ramírez es muy estable.

En cuanto a los dos competidores principales, el ex presidente Lacalle en general se ha movido entre el 39 y el 48 por ciento, una línea de oscilación año a año y en este momento está un poquitito por debajo de ese piso, en el 37 por ciento; y Larrañaga, salvo un 22 por ciento que tuvo a fines de 2000, normalmente se movió entre el 15 y el 18 por ciento, en mayo superó esa banda con 19, creció en junio, nuevamente en julio y otra vez en agosto, hasta llegar al 26 por ciento; de diciembre a hoy ha creciendo permanentemente uno o dos puntos por mes, entre junio y julio saltó tres, lo cual lo está poniendo en una carrera muy fuerte.

Esta es la evolución básica, pero hay muchos movimientos. Se habla de que el PN debería simplificar la cantidad de precandidatos al llegar a la elección de junio.

EC - Incluso los propios precandidatos no lacallistas coinciden en que deberían terminar yendo con uno solo, ¿no?

OAB - No es del todo claro que todos coincidan en eso.

EC - Está bien; puede ser que no todos.

OAB - No todos, pero varios manifiestan que debería haber uno solo. El tema es que en la propia opinión pública hay dos ejes distintos en el PN, uno que aparece más como una preocupación de los dirigentes de dividir al PN en dos grandes bloques: den un lado lacallismo, herrero-lacallismo, o herrerismo de un lado, y del otro el resto. En la opinión pública, y por la forma como han actuado los dirigentes se tiende a ver tres bloques.

EC - ¿Cómo tres bloques…?

OAB - Tomemos como referencia la Convención del PN de noviembre del año pasado. Hubo un sector opuesto al ex presidente Lacalle que votó a favor de mantener la coalición de gobierno, cuyas propuestas en general tienden a ser más fuertemente de libre mercado.

EC - ¿Estás hablando de…?

OAB - En esta línea estuvieron básicamente Gallinal y Abreu. En la otra punta aparece en una línea que venía proclamando la necesidad de irse de la coalición de gobierno desde por lo menos un año y medio antes, Larrañaga, cuyas posturas son más fuertemente estatistas, más de un Estado activo, protector. En el medio aparece el Herrerismo o el herrero-lacallismo, que desde el punto de vista de modelo de Estado apuesta muy fuertemente al mercado, pero desde el punto de vista político después de sostener fuertemente la coalición en las últimas semanas viró hasta ser decisivo en la ruptura; entre junio –cuando Bensión pidió la renuncia– y noviembre fue girando desde ser sostén de la coalición hacia el abandono de su responsabilidad en el gobierno. De modo que se ven tres posicionamientos en el partido.

Ramírez aparece más como una persona que defiende posturas intervencionistas del Estado, pero por otro lado defendió la permanencia de la coalición de gobierno.

Arturo Heber, al revés, tiene posturas fuertemente de mercado pero desde un tiempo atrás venía postulando el abandono de la coalición.

EC - Con esta otra clasificación se complicó el esquema del PN.

OAB - Por lo menos en temas sustantivos uno ve la existencia más de tres posiciones que de dos. Esto no es sólo un afinamiento académico, algo que ve el politólogo encerrado en una torre de marfil: surge de la propia opinión pública, uno ve que no hay tanta cercanía entre los electorados no lacallistas de unos y otros, se ven más distintos incluso que los propios dirigentes.

EC - ¿Entonces…? ¿De qué manera se resolverá el dilema de cómo terminar compareciendo a la elección interna?

OAB - Es muy difícil, no olvidemos que el dilema de cómo comparecer a la elección interna supone que como hay que elegir uno, por lo menos uno de los que están hablando se va. Si son tres o cuatro y queda uno, quiere decir que es uno solo. Los retiros no son fáciles de producir. Hay mucho tiempo por delante antes de que se puedan producir retiros, salvo que hubiera candidaturas que claramente no tuvieran espacio de opinión pública o de aparatos políticos –se requieren las dos cosas: se puede tener opinión pública y resultar muy difícil recogerla por falta de una estructura política, o se puede tener estructura sin opinión pública, por lo tanto la estructura vacía tampoco recoge–. Faltan meses para que un candidato llegue a la conclusión de que le faltan las dos cosas o una de ellas de manera decisiva como para decir “abandono”.

Se habla de pactar reglas de juego, de que decidan las encuestas; es una de las cosas que he oído. Las encuestas están marcando cosas muy nítidas, prácticamente no habría que hacer demasiadas para saber cuál sería el resultado al día de hoy; salvo que se refieran al resultado de las encuestas del mes de abril.

Es un largo camino. No es bueno para ningún candidato dar la señal de “estoy en esto provisoriamente, en cualquier momento me bajo”. La mejor forma de no obtener adhesiones es que la gente dude de que determinado candidato vaya a llegar hasta el final. Cuando la gente adhiere a alguien es porque quiere que sea el candidato. En ese sentido parece un mensaje un poco contradictorio.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 19  - 2003