Los renovados bríos que arroja el conflicto de Salud Pública
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Prácticamente ha concluido el largo conflicto en la Salud Pública, pleno de idas y venidas en el gobierno, en los gremios y en la relación entre gobierno y gremios. El tema es examinado por el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, en el análisis político de hoy. Su título: “Los renovados bríos que arroja el conflicto de Salud Pública”. ¿Resultados de este conflicto…?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Tres grandes resultados. En primer lugar para la gente, para la opinión pública, este conflicto es una derrota del gobierno.

EC - ¿Por qué?

OAB - Fue una discusión que empezó con la idea de que podía haber un pequeño aumento para los funcionarios de Salud Pública, de unos 20 millones de pesos, en función de ahorros del Plan de Atención Primaria de la Salud. En aquel momento ambas partes evaluaban que quizás se pudiera llegar a un poco más de esos 20 millones de pesos.

Pero aparece desde el Ministerio de Economía (MEF) otra cifra de 160 millones de pesos más y se llegó a 183 millones. Por lo tanto el gobierno, que creyó que con esa cifra arreglaba bien y rápido, dio pie a un conflicto muy duro, porque cuando los gremios tuvieron la visión de que había dinero la cosa era que, si se presionaba, se podía seguir levantando.

Después de haber pasado de 20 a 183 millones, el gobierno se paró y del dinero no se movió, pero sí se movió de todas las otras condiciones que había puesto, particularmente de la última: el propio presidente de la República salió a decir que si es cuestión de principios el dinero, también es cuestión de principios el trabajo, pero finalmente salió una cláusula por la cual da la sensación de que los trabajadores se comprometen a tener “un poco más de espiritualidad” en el trabajo, porque se sacó lo de más dedicación y quedó una frase muy en el aire, como que en esas horas va a haber algo más. El gobierno retiró completamente la frase.

Por otro lado participaron cuatro ministerios en todo lo que tuvo que ver con el conflicto: Salud Pública, Economía, Trabajo e Interior –porque estuvo la Policía en las ocupaciones–, más gente de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la propia Presidencia de la República.

Hubo actitudes contradictorias, no hubo una clara conducción y afloraron por lo menos dos líneas en el gobierno, a las que el presidente de la Comisión de Salud Pública de Diputados llamó de “halcones y palomas”, usando un término que se aplica mucho en Estados Unidos y Oriente Medio, una de posturas muy firmes y otra de posturas más contemplativas, más transaccionales. Las dos aparecieron todo el tiempo, una conspirando contra la otra permanentemente.

El resultado fue que la política salarial del gobierno, dura, de que no hay dinero, de que no hay más recursos, quedó perforada cuando los recursos aparecieron y se acordaron importantes aumentos a un sector de funcionarios públicos.

EC - Por esa razón tú dices que para el gobierno el resultado es una derrota dura. ¿Y del lado sindical?

OAB - Del lado sindical aparece como un éxito, en particular del PIT-CNT. Los sindicatos de funcionarios evidenciaron una combatividad muy fuerte, pero sin estrategia ni tácticas, fue una conflictividad muy a la libre. En un momento desautorizaron al PIT-CNT, que había llegado a un preacuerdo con el Ministerio de Salud Pública (MSP), pero a la larga, cuando las cuerdas ya estaban a punto de romperse y no tenían muy claro cómo salir de lo que podía ser un atolladero, la experiencia del PIT-CNT llevó a una negociación exitosa, no solamente salvó el conflicto sino que lo transformó en exitoso.

El Sindicato Médico del Uruguay evidenció un problema de conducción, con un Consejo Directivo que no era respaldado por las asambleas. Asambleas estas de escasísima concurrencia, que es justamente lo que complica a una conducción: tener asambleas no representativas del conjunto del gremio, sino de los interesados directos en el conflicto, lo que le restó muchísima efectividad.

La conducción del PIT-CNT sale fortalecida, claramente apareció muy fortalecida al término de este conflicto la figura de una persona muy controversial, como es Juan Castillo, quien apareció como un hombre duro en su momento, pero también como un hombre con una gran capacidad de negociación.

EC - Es el momento de mayor protagonismo de Juan Castillo en su trayectoria sindical.

OAB – Sobre todo Castillo había aparecido mucho en algunos gestos polémicos, duros, que molestaban a mucha gente –no estoy hablando sólo de sus adversarios–, pero ahora apareció como un hombre de gran habilidad negociadora, lo que le da otra dimensión.

EC - ¿Cuál es el corolario?

OAB – A partir de ahora la lección es: sindicatos estatales de funcionarios con sueldos sumergidos –esto es lo que le da una gran receptividad ante la opinión pública–, tienen todo para ganar si se proponen librar una lucha fuerte y dura, que el gobierno no tiene o no ha evidenciado capacidad ni firmeza para evitar esto.

EC - ¿Cuáles son los conflictos latentes, que están en puerta, que podrían ir por este camino a partir de esta lección?

OAB - Más que estar en puerta, se observa que hay sectores que tradicionalmente plantean casi anualmente conflictos, que están en niveles muy bajos de remuneración, que son los de la Administración Central, algunos muy combativos como los de Registros y los funcionarios judiciales; las ondas expansivas pueden llegar a algunos sectores muy sensibles del Estado con sueldos muy sumergidos.

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EC - ¿Completamos el análisis?

OAB - Vamos a repasar rápidamente cómo se manejaron los distintos actores institucionales del gobierno.

El MSP actuó en una línea de firmeza, con un frente interno complicado. La Dirección de Administración de los Servicios de Salud del Estado –de hospitales y policlínicas– tenía una línea más bien contemplativa, lo que dio lugar a que su director terminara saliendo del cargo y se homogeneizara el frente interno y una línea de firmeza que es coherente con otros planteos.

No olvidemos que, en el momento en que empieza el conflicto, el MSP venía planteando una línea que lo llevaba a muchos enfrentamientos en temas sensibles, como el de los medicamentos, que podía enfrentarlo a los laboratorios multinacionales (casualmente este tema no tuvo mucho impacto en los medios de comunicación); el del empresismo médico; el de las mutualistas en situación de inviabilidad... Mantuvo esta línea de firmeza en este conflicto.

El MEF plantea la otra tesis, la contemplativa, negociadora, que fue la característica de Atchugarry durante toda su gestión. Ahí apareció un tema medio sorprendente: el Alfie que todos esperaban, duro, el hombre del “no”, no estuvo muy presente en este conflicto. Al final quedó muy claro que seguía un Atchugarry en la sombra y que un hombre claramente de él, como Zaidensztat, el director de la Dirección General Impositivas (que incluso por razones de competencia no tenía mucho sentido que apareciera en la negociación, salvo por el hecho de haber estado en Salud Pública), aparece en una línea también coherente. La línea de Atchugarry fue siempre buscar paz social a cambio de importantes concesiones –el caso más típico es el de AEBU–, y esta línea coherente de Economía se oponía a la línea coherente de Salud Pública; eran dos visiones distintas de cómo debía moverse el Estado.

EC - Tú recordabas un detalle que quizás pasó inadvertido en estos días: Zaidensztat fue en este período de gobierno subsecretario de Salud Pública. Ahora está al frente de la Impositiva, pero estuvo en esa misma cartera del conflicto.

OAB - Parece que la razón real de su presencia en la negociación tuvo que ver con ser un hombre de Alejandro Atchugarry y que tuvo una función más política que técnica en esta negociación.

EC - Sigamos con los cuatro ministerios.

OAB - El Ministerio del Interior trató, en forma coherente con su línea, de no verse involucrado en situaciones que rompan esa cierta consensualidad que hay en el respaldo a su gestión por parte de todos los partidos políticos. Quiso evitar todo lo posible aparecer en una línea muy controversialmente represiva.

Finalmente, el Ministerio de Trabajo (MTSS) apareció como un negociador de último momento. Terminó fortaleciendo la línea negociadora y más contemplativa del gobierno y en última instancia (quizás más habituado a negociar entre partes enfrentadas, entre las cuales es un tercero, fue a la vez negociador y representante del Poder Ejecutivo) no logró sostener lo que con mucha firmeza venía anunciando esta parte: que sólo habría aumentos contra más trabajo. Parecería que también fue una preocupación de este ministerio no generar una imagen dura.

La Presidencia de la República apareció muy oscilante en este conflicto. En el momento en que desde el gobierno salían señales de firmeza, la Presidencia decía “Hay que negociar” y en el curso de las negociaciones emitía señales de firmeza; o sea que ni marcó una estrategia, ni apoyó la línea firme cuando había quienes salían con firmeza, ni apoyó la línea negociadora cuando había gente con voluntad de acordar rápidamente: apareció generalmente desautorizando a cada una de las partes. En el episodio último el presidente de la República salió muy duro de la Rural del Prado y poco después, desde la propia Presidencia se hace el contacto final con el PIT-CNT, que da lugar a la firma del acuerdo y acepta la no inclusión de la fórmula de más dinero a cambio de más trabajo.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 12  - 2003