El porqué de las frustraciones de la administración Batlle Ibáñez
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
El viernes pasado, en su columna semanal en el diario El Observador, el asesor presidencial Carlos Ramela escribió un artículo en que analiza los porqué de las frustraciones de la actual Presidencia de la República. Análisis que se complementó con un reportaje publicado ayer por el semanario Búsqueda.

Estos dos enfoques son tomados por el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, como tema del análisis político de hoy: “A propósito de las palabras de Ramela: El porqué de las frustraciones de la administración Batlle Ibáñez”. ¿Alguna aclaración antes de empezar?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Lo de la administración es el nombre que normalmente se le llama a un período de gobierno; “Batlle Ibáñez” porque estamos en la cuarta generación de Batlle y decir “administración Batlle” históricamente puede confundir con la Batlle Berres, Batlle y Ordóñez o Batlle Grau.

Importa el papel de Carlos Ramela, un hombre que no ha ocupado cargos en la estructura formal del gobierno, no ha sido ministro, secretario, prosecretario de la Presidencia, y ha sido un jugador volante que en algún momento incluso ocupó fugazmente una función de coordinador presidencial o gubernamental.

Por lo tanto es la palabra de alguien que ha estado girando en muchas posturas de gobierno, siempre al lado del presidente, considerado uno de sus más estrechos colaboradores. Es importante el estilo de sus palabras, si bien tienen un contenido político claro, el resumen que vamos a leer es inequívocamente de un contenido claro de análisis del pasado y apuesta al futuro que le queda a este gobierno. El estilo de sus palabras no es de discurso político, con eslóganes, sino con un fuerte sentido de reflexión.

EC - Hay que decir que es un discurso muy directo, por eso ha provocado tanta polémica estos días.

OAB - Muy directo y uno diría duro. Justamente, esto resume la forma en que termina su columna en El Observador, que dice: “Creo –honestamente– que debimos actuar con más determinación. Se obtuvo inicialmente un respaldo y una legitimidad esenciales para intentar el cambio, pero nos frenó algo más que la oposición y las plagas; creímos que todo se definía en un toma y daca interminable, cediendo posiciones y licuando planteos, en aras de complacer a todos y preservar una coalición que funcionó mal. No logramos ni una cosa ni la otra; cedimos, transamos, perdimos identidad, nos dejamos criticar hasta la falta de respeto, pero igual la realidad nos pasó finalmente la factura y llegamos al caos. Hoy, que apenas estamos saliendo, no debemos olvidar la lección”.

EC - Eso es lo que dice Ramela en su nota del viernes pasado en El Observador.

OAB - Es la conclusión de la nota de El Observador. De esta nota y del reportaje en Búsqueda salen varias líneas interesantes.

EC - ¿Por ejemplo?

OAB - La primera es ver que él define al gobierno de Batlle como un gobierno cuyo eje central fue el planteo del consenso, la búsqueda del consenso. Y a propósito del tema consenso, Ramela dice: “Nadie puede ignorar que es necesario lograr consensos que permitan cambiar la realidad actual. Es imprescindible identificar objetivos comunes, definir un modelo de país viable y reivindicar valores que se deben preservar. Tan cierta es esa verdad, como que el consenso es un instrumento esencial pero no un fin en sí mismo; por esa razón, no son sanos ni deseables aquellos consensos que llevan a relativizar ideas y principios”.

EC - O sea que establece límites para el consenso.

OAB - Establece límites para el consenso, “Los límites del consenso” es el título de su análisis en El Observador. Es importante ver que plantea dos cosas. Primero, la administración Batlle Ibáñez desde que empezó hasta días atrás como una administración cuyo eje fue la búsqueda de consenso. Segundo, que esencialmente esa pérdida de identidad, como él le llama, o falta de planes, o rumbo incierto, se debió a un debilitamiento de identidad en la búsqueda de esos consensos. ¿Qué significa? Habla de toma y daca, de tratar de contemplar a todos. Tercero, está marcando que esto se terminó.

¿Cuáles son los límites del consenso traducidos en términos prácticos? Al principio leímos el resumen de su análisis, que decía que lo que lo frenó fue algo más que la oposición y las plagas –refiriéndose a la aftosa, etcétera–, está hablando del terreno político. Fue más que la oposición, según Ramela.

EC - Termina siendo muy crítico con los socios en la coalición de gobierno, tanto blancos como dentro del propio Partido Colorado (PC).

OAB - Exacto, dentro del PC identifica un límite del consenso en el Foro y dice una cosa muy importante en el reportaje en Búsqueda, dice: “El Foro no piensa como nosotros en muchos temas, no tiene la misma raíz filosófica en muchos aspectos”. Aquí está identificando la falta de entendimiento que se produce o se ha producido reiteradamente entre la Presidencia y el Foro Batllista (FB) en algo mucho más que elementos episódicos, en la existencia de raíces filosóficas que en muchos aspectos son diferentes. Ésta es una reflexión muy importante en relación a la convivencia de dos raíces filosóficas en el mismo partido político. Además menciona elementos de ríspida relación con Sanguinetti; ahí está identificando en el arranque del gobierno dos temas vinculados a la comunicación, como las concesiones de radio y el ingreso de la televisión satelital.

EC - Después habla también de los límites del consenso por el lado del Partido Nacional (PN).

OAB - Exactamente, en segundo lugar identifica al PN. Hacia el PN dice cosas muy duras, textualmente dice: “Más allá de que siempre acusó al presidente de falta de liderazgo, el PN vivió una verdadera falta de liderazgo”. Luego agrega: “Un sector que prácticamente pensaba como nosotros (refiriéndose al Herrerismo) actuó siempre más cuidando las eventuales salidas de tono de Larrañaga, que en pos de sus propios objetivos e ideas”. Es decir que considera que el PN quedó debilitado, primero por lo que queda implícito aquí, caminos diferentes, o raíces filosóficas diferentes –para usar el término– entre una concepción muy diferente de Larrañaga y otra, el Herrerismo, que sería afín a la lista 15, a Jorge Batlle.

Califica lo de Larrañaga como “salidas de tono” y plantea que el Herrerismo, cuidando estas salidas de tono, aunque pensando igual que el gobierno de Batlle, dejó sus objetivos y sus ideas para buscar consensuar dentro del PN. Considera que eso fue una falta de liderazgo en el PN.

En tercer lugar pone como un límite del consenso también un tema diferente de los actores políticos. Es la opción que debe formular un gobierno, que estuvo siempre planteada a lo largo de este período, entre el país de lo posible y el país de lo necesario. Dice textualmente: “La situación a la que llegamos hace más de un año demuestra, a mi juicio, que entregamos y cedimos demasiado. Estoy convencido de que mucha gente esperaba y quería más; debimos insistir –a pesar de las trabas– y apostar a la credibilidad que se había generado. No nos frenaron sólo la oposición o las coyunturas adversas, más allá de que una y otras jugaron un rol fundamental. Muchos de nuestros aliados –lamentablemente– no sólo miraron con recelo el diálogo hacia afuera de la coalición que planteó el presidente, sino que eligieron el camino del parche, del más o menos, de tirar la pelota para adelante; se jugaron, otra vez, a lo ‘posible’ y no a lo ‘necesario’. Algunos de nuestros hombres –también– se conformaron con esa realidad”.

Aquí está identificando problemas dentro de la 15 o del jorgismo. Ve una línea, que prácticamente toda la coalición, más parte de la 15, estuvieron apostando a lo posible, al parche, a tirar la pelota para adelante y a dejar lo que, según Ramela, era lo necesario.

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EC - En realidad este par de artículos periodísticos da para bastante, la nota del propio Ramela el viernes pasado en El Observador y sus declaraciones ayer en Búsqueda; tenemos que elegir un último aspecto para considerar.

OAB - Nos queda el tema que él señala como un elemento central, la búsqueda de consensos de Batlle, la apertura a la izquierda, donde se ubica la Comisión para la Paz como un eje central. Cree que esto fracasa porque no tuvo el apoyo de resto de la coalición, del Foro ni del PN; identifica que hubo un elemento de haber cortado o limitado ese diálogo a la izquierda en lo que él entiende que fue un acto menor, bombardear el proyecto de Código de Procedimiento Penal, que a pedido del presidente había redactado Gonzalo Fernández –mano derecha de Tabaré Vázquez, catedrático de Derecho Penal–. Dice: “No seguimos apostando a ese diálogo con la izquierda que legitimaba al presidente” y “ahí se fue generando una situación que terminó de la misma manera que han terminado los últimos gobiernos: un país dividido que tira ladrillazos de una punta a otra”.

EC - ¿Algunas conclusiones para terminar?

OAB - Cinco puntos. Primero, hay una autocrítica en cuanto a la falta de firmeza y la debilidad emocional del presidente.

Dos, notoriamente hay una fuerte acusación a los socios de la coalición.

Tres, hay una defensa del diálogo con la izquierda y en cierto modo una exculpación de por el fracaso del gobierno y del diálogo.

Cuarto, no hay autocrítica en cuando a que el propio Batlle y el propio gobierno comienzan moviendo agresiones a sus socios, como por ejemplo la forma en que se instalan el ministro de Salud Pública Fernández Ameglio y el ministro de Turismo Alfonso Varela, ambos con ataques e incluso denuncias penales contra el Foro. Tampoco aparece autocrítica en Ramela en cuanto a que no se vislumbró una agenda y programas concretos del gobierno que se vieran frustrados por los socios, sino que la agenda no era clara.

En último lugar, como conclusión, lo que apunta hacia el futuro, que también es una clave para entender los sucesos de la semana pasada. Porque además de críticas hacia los socios hay críticas hacia adentro de lo que respalda al presidente, de lo que lo llevó al gobierno, hacia la 15, y apuesta a que ahora, tarde y con poco tiempo, se empieza a andar por el camino correcto. Dice claramente que ha llegado ahora al final, que ahora hay una vuelta a ese camino, al camino que debió emprenderse inicialmente. Esto se ata con muchas versiones de que los sucesos de la semana pasada, la remoción o salida de Alejandro Atchugarry y la designación de Isaac Alfie, tuvieron mucho que ver con planteos y juegos dentro del entorno presidencial, de personas que consideraban que había que terminar con este juego de negociaciones y concesiones y jugar lo que resta del período a las convicciones fundamentales o sustantivas de Jorge Batlle, de su discurso electoral y –dicen ellos– de toda su vida.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 29  - 2003