Treinta años del último fin de aquel país de la tolerancia
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Hoy se cumplen 30 años del golpe de Estado, y con este motivo el politólogo Oscar Bottinelli nos propone este tema para el análisis de hoy. El título: “Treinta años del último fin de aquel país de la tolerancia”.

¿Empezamos por la vivencia personal?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, a las ocho de la mañana de hoy hace exactamente 30 años y cinco horas fui el último periodista en retirarse del Palacio Legislativo. Lo hice junto al senador Amílcar Vasconcellos y al diputado Hugo Batalla, los dos últimos legisladores en abandonar el edificio parlamentario.

Dos horas más tarde, los generales Gregorio Álvarez y Esteban Cristi tomaban el Palacio. Así simbolizaban la consumación del golpe de Estado que había concretado el presidente Juan María Bordaberry y su gabinete a través de un decreto que, desde el punto de vista técnico, estableció la disolución de las cámaras por un procedimiento no previsto en la Constitución de la República.

Los golpes de Estado no ocurren porque un día alguien se levantó con ganas de darlos, son procesos. No es una noche hay un país con plena vigencia de la democracia, pluralismo y tolerancia y al otro día se encuentra con una dictadura. Son procesos: se va dando un descaecimiento de muchos valores y van cambiando paulatinamente el clima y la esencia de la vida política de la sociedad.

El tema da para múltiples ángulos de análisis: lo que ocurrió durante la dictadura, lo que pasó antes, lo que pasó después, lo que sigue pasando hoy con lo que hubo en la dictadura. Incluso daría para un largo anecdotario, reflexiones, comentarios y vivencias personales de protagonistas y observadores de los más diversos ángulos.

EC - ¿Cuál es el enfoque que elegiste?

OAB - El enfoque que prefiero es encarar una pregunta que desde hace 30 años muchos nos hacemos: Uruguay era un país pluralista, tolerante, respetuoso de las libertades, respetuoso de las ideas de los demás y de la gente, de las personas; ¿cómo ese país llegó a lo que llegó? ¿Cómo se llegó al fin de la tolerancia y de las libertades, al descreimiento en la democracia, al alzamiento armado contra el régimen democrático, al golpe de Estado, a la violación de los derechos humanos?

Uno puede ver algunas cosas que pasaron sin pretender con esto siquiera empezar a dar respuesta a esa pregunta, a esa larga reflexión que mucha gente se hace en este país.

EC - Por ejemplo, ¿qué hechos podrías enumerar?

OAB - Uno puede observar que aquel país de los años 50 que desde hoy se ve más o menos paradisíaco, que tenía un alto nivel de vida, que había sido el campeón del Mundo de fútbol, llegó a su techo a mediados de los 50 y empezó a caer. Empezó a caer de una manera que la gente vivió muy fuertemente en lo económico, en lo social; tan fuertemente como que, antes de terminar la década, se produce el primer cambio de partido en el gobierno en casi un siglo con el advenimiento del Partido Nacional (PN) al gobierno. Con toda esa caída en lo económico y lo social vino la rotación de partidos, y el descreimiento en la política y en los políticos; en parte por los resultados económicos y sociales que producía la política y también por cosas que hacían los políticos que a la gente no le gustaban, que no entendía o que no consideraba correctas. Lo cierto es que la política entra en el descreimiento y eso va de la mano de un descreimiento en el funcionamiento de las instituciones democráticas.

Por ahí empezó la búsqueda de alternativas a la política y de alternativas a la democracia. Como búsqueda de alternativas a la política tenemos el fenómeno del nacimiento de los outsiders.

EC - Supongo que entonces no se los llamaba así.

OAB - Creo que no… Con todo, recuerdo que la palabra outsider se usaba mucho en el fútbol en aquella época. Así que capaz que tiene que ver.

EC - ¿A qué te refieres con outsiders?

OAB - Outsiders son personas de la periferia o de fuera de la política. Está el caso de Alberto Gallinal Heber, que si bien fue un hombre que siempre anduvo picando en la política, se veía a sí mismo, se proyectaba y la gente lo veía, como alguien ajeno a la política. En 1966 pasó a encabezar una gran corriente dentro del PN que pretendía una fuerte renovación.

Pero en esta década de los 60 viene la apelación a algo mucho más outsider de la política, que son las figuras militares. En el Partido Colorado (PC) la fracción minoritaria, la 14, con los colorados independientes, se une detrás de la figura del general Oscar Diego Gestido y lo lleva a la Presidencia en 1966. Ya hacia el 61 aparece en el PN la unificación de varios sectores detrás de la candidatura del general Oscar Mario Aguerrondo. La izquierda y la centroizquierda del país que se unen en partidos menores fuera de los partidos tradicionales, con sectores blancos y colorados que abandonan sus partidos, y todo eso da lugar a la conformación de la que hoy es la primera fuerza política del país, que es el Frente Amplio (FA), que nace nucleado detrás de la candidatura de un militar, la del general Liber Seregni. No es casual la apelación a candidaturas de militares en un período de descaecimiento de la democracia: son señales de que había una búsqueda de gente que representara algo ajeno a la política y que por otro lado implicara fuerza, orden, todo lo que simboliza lo militar.

EC - Pero había otras señales, decías tú.

OAB – Claro: desde el punto de vista político se va buscando a los “culpables” por los resultados negativos en lo económico y lo social. Uno de ellos –que puede ser o no, no es este el momento de hacer un análisis– era el sistema institucional del país, con un Poder Ejecutivo que en lugar de un presidente de la República tenía un Consejo Nacional de Gobierno integrado por nueve miembros; como todo órgano colegiado, es un órgano que delibera, que discute, que tiene comisiones para tratar los temas, con un presidente que rotaba todos los años. Se lo empezó a ver como el responsable de la inacción, como que la falta de soluciones era porque había un gobierno colegiado. Viene un reclamo muy fuerte de un “gobierno fuerte”, del retorno a la Presidencia de la República. Recuerda pintadas que había en los muros de Montevideo: “Presidencia o caos”; es decir que o había un “gobierno fuerte” o Uruguay seguiría o caería en el caos.

En 1966 se produce el retorno al presidencialismo. Un dato muy importante: si uno elimina los grupos principistamente colegialistas, como el de Vasconcellos, como el del diario El Día, no hubo ningún otro grupo político en el país que se animara a enfrentar al presidencialismo. Hubo propuestas de reforma muy light, como las que proponían el Partido Comunista y el movimiento sindical, o proyectos separados del proyecto mayoritario que en el fondo buscaban impedir la reforma o que ésta fuera diferente, pero todos defendían la necesidad de volver al presidencialismo. En la campaña electoral del 66 nadie se atrevió, salvo los grupos principistas, a defender el colegiado. El retorno al presidencialismo ocurría porque se requería un Poder Ejecutivo fuerte, “que fuera ejecutivo”; también por ese lado había un reclamo de fortaleza. De alguna manera esto quería decir que lo otro no funcionaba, que era débil.

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EC - Tú hablabas de la caída de aquel país más o menos paradisíaco de los años 50, el descreimiento en la política y en los políticos y algunas señales que de alguna manera fueron anticipando lo que terminó ocurriendo hace hoy exactamente 30 años. ¿Podemos completar ese espectro de señales?

OAB - En los 60 ya empieza a haber rumores de golpe de Estado; pero lo importante es que esa caída económica y social que lleva a convulsiones sociales importantes, a importantes movilizaciones sindicales y de grupos sociales, lleva a los gobiernos a aplicar cada vez más frecuentemente medidas prontas de seguridad, hasta llegar a lo que se ha conocido como el pachequismo, con la vigencia permanente de esas medidas prontas de seguridad, un gobierno que transita en el borde de lo constitucional, sin salirse fuertemente de él pero fuera del fair play de un esquema democrático puro, que está anticipando un país que no se va a mover por los carriles normales de la tolerancia.

Por otro lado, después del 62 aparece la guerrilla organizada. Estamos todavía en el Uruguay del colegiado, no había dictadura, ni pachequismo, ni siquiera presidencialismo, y vienen las teorías de que las elecciones son un método para que los sectores dominantes mantengan su dominación, que la democracia política es un engaño, que la crisis económica y social sólo se resolvía por vía revolucionaria, que esa vía revolucionaria era la armada, que la situación de Uruguay era la misma que la del resto de América Latina… Es decir que esa democracia que había vivido el país se vaciaba de contenido, que era necesario construir toda una sociedad diferente, y que eso se hacía por vía armada y no por vía política. Eso va permeando y adquiriendo mucho más apoyo popular a partir del propio pachequismo.

Desde otros sectores de izquierda aparece el discurso de que la democracia que tenía el país era una democracia exclusivamente política, por lo tanto limitada y de valor relativo, y de la posibilidad de una democracia plena a la que había que aspirar, que no era la democracia política que se vivía. Llegar a eso era una construcción de tipo revolucionario, al punto que en determinado momentos, desde sectores mayoritarios de la izquierda, se veía el concepto de transitar por caminos que hicieran fuertes cambios políticos y sociales como algo que no necesariamente debía transcurrir a través de los caminos clásicos de la democracia liberal, e incluso se llegó a hablar de la apuesta a una dictadura democrática.

Todos estos son breves pantallazos que no explican lo que pasó sino que dicen algunas cosas que pasaron. Sigue en pie la pregunta: ¿cómo este país llegó a lo que llegó, al fin de la tolerancia y de las libertades, al alzamiento armado contra el régimen democrático, al golpe de Estado, a la violación de los derechos humanos?

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 27  - 2003