Los distintos contenidos de los derechos humanos
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En estas últimas semanas, ha aparecido reiteradamente en la discusión política de nuestro país el término “derechos humanos”, con diferentes contenidos. Aparece, por ejemplo, en el informe de la Comisión para la Paz, y en la moción que copatrocinó Uruguay en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas a propósito de Cuba.

A propósito de esto, a propósito también de cómo figura este término “derechos humanos” en las polémicas que el caso Cuba ha generado, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone el siguiente título para su análisis de hoy: “Los distintos contenidos de los derechos humanos”. Comencemos por la expresión “derechos humanos”.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Evidentemente el término no se usa en un solo sentido. En el informe de la Comisión para la Paz, cuando se habla de las violaciones a los derechos humanos, se está diciendo que en Uruguay existieron torturas, desapariciones, muertes. En la moción y la discusión sobre el tema Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU el término se refiere a temas específicamente políticos y cívicos, las libertades, el derecho a la disidencia y la expresión diferente.

Cuando se planteó este año esta moción del gobierno uruguayo el coordinador del Pit-Cnt Juan Castillo cuestionó al gobierno, defendió a Cuba y dijo en una frase interesante: “A mí me da vergüenza que Uruguay hable de derechos humanos cuando aquí hay miseria, desocupación, hambre”. En realidad lo que está haciendo es un sofisma, un paralogismo de falsa oposición desde el punto de vista lógico, porque está oponiendo dos cosas que no son oponibles. Si bien en ambos casos se usa el término “derechos humanos”, se está hablando de temas distintos.

Muchas veces, en las discusiones de estas semanas, en lugar de discutir los conceptos o los hechos –porque se puede estar de acuerdo con los conceptos y decir “no es verdad que haya presos disidentes”, “no es verdad que haya hambre”– se está discutiendo sobre palabras: a qué tipo de conceptos o de hechos uno llama “derechos humanos”. Aquí es donde aparecen distintas concepciones, distintas variantes, distintas vertientes del tema derechos humanos.

EC - ¿Podemos avanzar en ese análisis?

OAB - Una es la que aparece, por ejemplo, en la Comisión para la Paz: violaciones a los derechos humanos como sinónimo de violencia física, de no respeto a la integridad física de la persona, de provocarle dolor en forma extrema y deliberada, o las detenciones en condiciones ambientales especialmente duras que provocan un sufrimiento.

La desaparición aparece también como una violación a los derechos humanos; y es además una especie de violación del derecho humano de los amigos y familiares de conocer la suerte de la persona desaparecida.

Cuando se discute el caso tortura, una cosa es discutir si es legítima o ilegítima. Esa sería una discusión de concepto. En el mundo moderno hoy ya casi no queda quien la defiendan (han aparecido igual, cada tanto); pero es una discusión de concepto. Otra cosa es que se discuta sobre los hechos, que todo el mundo diga que la tortura es una violación a los derechos humanos y que no corresponde que exista en ningún momento o lugar, pero si alguien dice que en tal lugar se aplica torturas otro dice que eso es falso. Ahí se está discutiendo los hechos, no se controvierte el concepto de si la tortura está bien o mal, si es legítima o ilegítima.

Una variante es lo que se llama el derecho básico a la vida y, como contraposición, como violación a ese derecho, aparece la muerte –sobre todo si estamos hablando de los derechos que debe tutelar un Estado– provocada por el Estado en forma deliberada, concretamente la pena de muerte como una violación a ese derecho a la vida. Aquí sí hay una discusión de concepto que se da muy fuertemente a nivel internacional, si la pena de muerte es o no una violación a un derecho fundamental de las personas.

Uruguay es uno de los países que más largamente han sostenido la tesis de que la pena de muerte es en sí misma una violación a los derechos humanos, es decir que las personas en su derecho a la vida están protegidas de no ser deliberadamente muertas por parte del Estado. Europa ha asumido esta posición en los últimos tiempos; el año pasado hubo una fuerte polémica entre Estados Unidos y Europa que quedó reflejada muy interesantemente en una polémica que se produjo entre Aznar y Bush cuando la visita de éste a España.

Aznar plantea la oposición de Europa a la pena de muerte como un tema de conceptos y de principios; Bush replica minimizando la diferencia entre Europa y Estados Unidos como un tema de herramientas, diciendo que ambas difieren en cuanto a cuál es el instrumento más eficaz para combatir el crimen. Desde este punto de vista no habría una discusión de concepto, no sería un tema de si hay o no una violación a los derechos humanos, sino que todo el mundo estaría de acuerdo en que sería legítima, pero unos consideran que aún así no sirve y otros consideran que sí, que es eficaz para combatir el crimen. Es evidente que discutir la pena de muerte desde el punto de vista de su eficacia o discutir si viola o no derechos humanos son dos ejes absolutamente diferentes, porque unos consideran que, aunque sirviera para combatir el crimen, es violatoria de derechos esenciales; y la otra posición considera que no viola ningún derecho y se puede aplicar; entonces se hace un análisis instrumental: “Si sirve la aplico, si no sirve no la aplico”.

EC - Pero hay otras dimensiones en materia de derechos humanos.

OAB - La que tiene que ver con la discusión que ahora se ha planteado en relación a Cuba en el seno de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que es cuando el término “derechos humanos” se usa en otra dimensión diferente, como sinónimo de derechos políticos o derechos cívicos, que no tiene nada que ver con la tortura, la violencia física, la muerte, sino con libertades, particularmente libertad de palabra, específicamente la libertad de propuesta política diferente y opuesta a la del gobierno, libertad de crítica, libertad de organización política y de participación política, libertad de buscar el cambio de gobierno, libertad de elegir y ser elegido. El tema pasa por lo que tiene que ver con la paz política y cívica.

Acá viene toda una discusión de concepto. Algunos que defienden la posición cubana consideran que se puede ser respetuoso de los derechos humanos aunque no haya ninguno o todos estos derechos políticos. Es una discusión de concepto, diferente de una discusión de hechos. Una cosa es que se diga “Yo considero que para que haya derechos humanos tienen que estar todos estos derechos políticos y civiles”; no estoy discutiendo los hechos: “No es verdad que se prohíba la oposición, no es verdad que a la gente no se la deja hablar”. Ahí se estaría discutiendo los hechos, no los conceptos, que también es algo a tener claro cuando se discute, si el concepto o los hechos.

En esta discusión sobre el tema Cuba hay mucho entrevero, si se controvierten los hechos o si todo el mundo está de acuerdo con los hechos y difiere desde el punto de vista conceptual, si está bien o mal que porque una persona se oponga a un régimen o a un gobierno pueda ir presa.

Hay otra dimensión –y quiero aclarar que esto no es exhaustivo, se pueden encontrar muchas más variantes del tema– que es como sinónimo de derechos civiles, una expresión que es más bien de uso estadounidense. Se refiere al derecho a la no segregación, el derecho a la igualdad en razón de raza, de sexo o de religión. En Estados Unidos se le llamó la lucha por los derechos civiles y “ley de derechos civiles” a lo que eliminó la segregación contra la población negra específicamente. Esto también tiene relación con derechos humanos y no está necesariamente ligado a los anteriores: que haya segregación de los negros no necesariamente quiere decir que además haya tortura, muerte u otras carencias de derechos.

Tenemos también el sinónimo de derechos sociales o vitales –la falsa oposición de que hablábamos al principio–, el derecho de un individuo a tener techo, abrigo, educación, alimentación, salud. Una cosa es discutir conceptualmente cuál es el mínimo que respeta los derechos, y otra es discutir cuestiones de hecho: si existe hambre, si hay alimentación suficiente o insuficiente.

Pero evidentemente son todos temas distintos: que a un país se lo acuse de violar derechos políticos no tiene nada que ver con que cumpla o deje de cumplir derechos en materia de alimentación, techo, educación o salud, o a la inversa. Por supuesto que es importante, ya que en el plano ideal se puede sostener que los derechos humanos son integrales y que debería cumplirse con todos; pero también hay una vieja discusión en la Humanidad acerca de qué es en definitiva lo más importante. Puede haber distintos tipos de rankings: hay quien considera que es más importante el derecho político que el derecho social básico y hay quien puede considerar al revés. Esta discusión se ha planteado en términos un poco caricaturescos, extremos, preguntando qué es preferible, si tener pan sin libertad o tener libertad sin pan. Acá entran en juego las formas de privilegiar o no un derecho sobre otro.

Lo primero a tener claro es no confundir cuándo se está discutiendo conceptos y cuándo se está discutiendo hechos; segundo, no hacer discusiones de palabra donde lo que en definitiva se discute a qué se llama “derechos humanos” y se habla de temas diferentes. Una cosa son los derechos políticos; otra es el derecho a la educación, la salud, el techo, la alimentación; otra es el derecho a la integridad física, parecido pero diferente del derecho a la vida; otra es el derecho a la igualdad y a la no segregación... En definitiva son temas diferentes que, para que una discusión no se enrede, deben tratarse por separado.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 18 - 2003