La guerra en Irak:
un convidado de piedra en la política uruguaya
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
“La guerra en Irak: un convidado de piedra en la política uruguaya”. Con este título abrimos este análisis especial con Oscar A. Bottinelli.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Este título es para no decir aquella frase tan común: “Ya que éramos pocos, mi abuela parió mellizos”. Es decir, bastante complicado está el panorama uruguayo para que haya caído esta piedra en el charco que agita las aguas en otro tema, en una situación extremadamente complicada.

EC - Lo agita en el terreno económico, donde tenemos nuestras propias dificultades, y ahora también en el terreno político. Hubo, aparentemente, en el seno del gobierno diferencias importantes entre el propio canciller Opertti y el presidente de la República y ahora viene esta posibilidad de una interpelación.

¿Por dónde empezamos?

OAB - Primero ubiquemos la declaración uruguaya, por lo menos en el contexto latinoamericano o sudamericano. Podemos decir que en Sudamérica hubo tres grandes tipos de posturas, con los matices consiguientes: la de Colombia, del presidente Álvaro Uribe Welle, que es de apoyo a lo que está haciendo Estados Unidos; las de los gobiernos de Brasil y Argentina, de los presidentes Luiz Inácio “Lula” da Silva y Eduardo Duhalde, que marcan una preocupación y un desagrado por las acciones unilaterales y la necesidad del cese de las acciones. Uno diría que la posición uruguaya está en el medio, no es un apoyo a Estados Unidos como hace Colombia, ni es una crítica a lo que hace Estados Unidos como surge claramente de las declaraciones de Brasil y Argentina. Habría una cuarta postura que en el mundo aparece muy escasa, que es explícitamente el uso de la palabra “condena”. Obviamente, uno no tiene todas las declaraciones de todos los países, pero revisando unas 80 declaraciones, la palabra “condena” apareció excepcionalmente y en países muy duramente enfrentados con Estados Unidos.

EC - En la jerga de la política internacional es un término fuerte.

OAB - Claro; de repente en una declaración sindical aparece una condena por un hecho liviano, son las terminologías de cada cosa. Una condena en una declaración diplomática está prácticamente en el borde de una ruptura de relaciones. Si no, no hay condenas, ése es el lenguaje diplomático.

EC - Ésos son los elementos que podemos ubicar como contexto regional para la posición uruguaya: cómo se pronunció Colombia, cómo se han pronunciado nuestros vecinos más cercanos Argentina y Brasil, y tú hacías referencia a posiciones en otras partes del mundo. Vengamos a nuestro país, sobre todo al seno del gobierno y las relaciones con la oposición en materia de relaciones internacionales.

OAB - Partamos de lo siguiente: los gobiernos –y aquí la diferencia entre los gobiernos y los partidos que no están en el gobierno– están muy condicionados en toda toma de decisiones. Tienen condicionamientos externos, las cosas que el país hace o pretende hacer y las contrapartidas que necesita o necesitó; y tiene condicionamientos internos, que básicamente son lo que piensa y las relaciones políticas hacia fuera que tienen los que integran un gobierno o una coalición de gobierno, lo que piensan los partidos que no están en el gobierno, lo que piensa la sociedad, la opinión pública y a veces lo que piensan instituciones importantes o formadores de opinión. Esto es un poco todo lo que juega en esa acción de gobierno.

Uruguay tiene una situación internacional con dos grandes condicionamientos, dos grandes áreas, vías de condicionamiento, que son Estados Unidos y España. El Reino Unido, si bien fue muy importante en la historia de Uruguay, fuimos colonia brevemente y, como dice el historiador Hobsbawn, fuimos un dominio honorario del Imperio Británico, durante prácticamente el siglo XIX y un poco más de la mitad del siglo XX, hoy las relaciones no son de las más privilegiadas, Uruguay no tiene intereses demasiado fuertes a defender. Ojo: no es que no importen las relaciones con el Reino Unido, pero no es el caso de Estados Unidos ni de España.

Con Estados Unidos el tema es muy sencillo. Uruguay tiene con Estados Unidos la relación más fuerte de los últimos tiempos, uno diría que está más o menos en las antípodas de lo que fueron los tres primeros años de la administración Sanguinetti, que pueden haber marcado el mayor distanciamiento en mucho tiempo.

EC - Sí, había más un acercamiento hacia Europa.

OAB - Sí, particularmente con España y Francia; y una constante rispidez con el gobierno de Estados Unidos. Recuerdo un semanario que una vez hizo un inventario de roces entre Uruguay y Estados Unidos en esos años y era realmente una lista muy larga.

Esto es institucional, de gobierno a gobierno, y es personal del presidente de la República con los hermanos Bush, con el presidente George Bush y particularmente con el gobernador de Florida, Jeff Bush, cuyo hijo estuvo aquí en la residencia de Suárez hace pocos días.

EC - También hay una buena relación con George Bush padre.

OAB - Ya hay una relación de varios con George Bush padre en Uruguay. El tema es que estas relaciones no son sólo relaciones amigables para mandar una bandeja de chocolate, estas relaciones fueron usadas por Uruguay en dos oportunidades –a mediados del año pasado y este verano o estos días, prácticamente– para desbloquear la rigidez con que estaban los organismos internacionales, particularmente el Fondo Monetario (FMI). Fue decisivo a mediados del año pasado el papel de Estados Unidos para que el FMI asistiera a Uruguay; fue importante –quizás no tan decisivo– en esta oportunidad; en agosto del año pasado fue decisivo además para dar aquel crédito puente que permitía que toda la lentitud que tiene el FMI para concretar las decisiones en hechos fuera cubierta por Estados Unidos mandando el flujo de dinero que aquí se necesitaba cuando se abrieran las puertas de los bancos.

EC - Fueron todos episodios que se dieron durante el feriado bancario, en plena crisis financiera.

OAB - Y ahora, a raíz de las nuevas negociaciones, de este nuevo acuerdo con el FMI y el envío de dinero fresco, el nuevo cronograma, etcétera; la posición de Estados Unidos incluso ha facilitado la renegociación de la deuda.

Con esto estamos planteando una cosa que es muy clara, puede gustar o no, pero cuando se dan pasos en un sentido eso tiene consecuencias. Esto no es la política ni la diplomacia, es la vida cotidiana; en lo personal, en lo familiar, en los negocios, en la actividad profesional todo el mundo se siente atado a los favores que pide. Entonces cuando a uno no le gusta retribuir favores, no los pide. Eso es lo que Uruguay quizás no discutió con la amplitud debida en su momento.

Segundo, con España. España es un país que fue muy distante para Uruguay. Más allá de su papel en la colonia, en el origen de este país, de este territorio y de la influencia cultural que siempre hubo –tuvimos la influencia migratoria más reciente–, pero de gobierno a gobierno es un fenómeno fundamentalmente de después de la restauración institucional. España no era uno de los países con que Uruguay tenía relaciones más fuertes. Y se ha transformado en un país con el cual Uruguay tiene crecientes relaciones. Esas relaciones llegaron a un punto muy muy fuerte mezcladas con una relación personal de Sanguinetti con el ex presidente Felipe González. Recordemos que González –que está contado en el censo uruguayo–, cuando es derrotado por Aznar, toma sus vacaciones en Anchorena, en la residencia de vacaciones presidencial de Uruguay. Sanguinetti sigue manteniendo esas relaciones fuertes con España –que están muy cerca del gobierno español– con el gobierno de Cataluña. Además hay una relación muy fuerte entre Luis Alberto Lacalle y José María Aznar y una relación, un nexo institucional entre el Partido Nacional y el Partido Popular Español. Por lo tanto para Uruguay, para el gobierno uruguayo, que España fuera uno de los coauspiciantes –aunque no es un beligerante pleno– de esta acción bélica en relación a Irak es un condicionamiento importante.

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EC - Veíamos el cuadro de condicionamientos que tiene nuestro país en materia internacional en sus relaciones con Estados Unidos, España y el Reino Unido, estas últimas las más tenues. Vayamos ahora a los posicionamientos internos en materia de relaciones internacionales.

OAB - Analizando los sectores políticos –ya algo fue dicho–, Batlle tiene una gran simpatía, una gran predisposición hacia el sistema político y económico de Estados Unidos y a las posturas globales de ese país.

EC - Y ha sido un firme impulsor de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, del ALCA, etcétera.

OAB - Pero es algo que va más allá de los intereses políticos del país. ¿Con quién se refleja? Con Estados Unidos.

El Foro Batllista tiene un abanico dentro. En el caso de Sanguinetti se nota una creciente preocupación por el tema del terrorismo, que lo lleva a posiciones consistentemente duras en este tema y lo aproxima mucho a posturas del gobierno de Estados Unidos en esta materia.

EC - ¿Y el Partido Nacional?

OAB - En el Partido Nacional conviven básicamente dos tesis: una que tiene una simpatía por el sistema político y económico de Estados Unidos, que es muy visible particularmente en el Herrerismo y algún sector no herrerista. Esta tesis convive con algunas figuras o grupos en los cuales aflora el viejo nacionalismo antiimperialista de Luis Alberto de Herrera. A veces en las mismas personas uno ve el juego de las dos posturas.

Finalmente la izquierda tiene una posición de poca simpatía hacia Estados Unidos, que va desde la poca simpatía hasta el claro enfrentamiento y un gran distanciamiento respecto a las posturas estadounidenses.

Éste es el cuadro político.

EC - ¿Qué pasa si salimos de lo político y vamos, por ejemplo, a la Iglesia?

OAB - La Iglesia en Uruguay notoriamente, particularmente a partir del siglo XX, ha tenido una escasa influencia política –ha tenido un poco más de influencia a partir de este gobierno–, pero no es menor el hecho de que tiene influencia sobre muchos formadores de opinión que han hecho sentir en estos días su voz en forma muy fuerte.

EC - ¿A quién te refieres, por ejemplo?

OAB - No digo que sea directamente por la Iglesia, pero vemos posturas del diario El País, de El Observador, posturas de algunas figuras intelectuales que no son antiestadounidenses por excelencia y han tenido posturas muy duras en este tema.

EC - Recordemos que tanto El País como El Observador se pronunciaron en contra de esta intervención militar en sus editoriales.

OAB - Se han producido categóricamente en contra de esta intervención militar.

EC - ¿Qué pasa con la opinión pública?

OAB - No tenemos mediciones de este conflicto, en este instante. Lo que se percibe es que en Uruguay no hay una simpatía demasiado fuerte por Estados Unidos. Ojo: no es un país anti Estados Unidos y en los últimos años venía subiendo la simpatía por ese país. Pero está muy lejos de la simpatía que se tiene por España, Brasil, Italia, Argentina, Chile. Notoriamente muy lejos. Es un país donde hay una actitud mayoritariamente crítica hacia las posturas internacionales de Estados Unidos de este corte, de este tipo. Quizás mejoró mucho la simpatía hacia Estados Unidos porque era diferente la política exterior de los gobiernos anteriores, de las dos administraciones de Bill Clinton.

La percepción es que es abrumadora la oposición de la opinión pública a esta acción bélica contra Irak. Esto lo percibe el gobierno, lo percibe el sistema político y es otro condicionamiento.

EC - Sigamos. ¿Qué ocurre si observamos la tradición diplomática de nuestro país?

OAB - La tradición diplomática de Uruguay fue construida durante mucho tiempo a favor de crear un orden internacional fuertemente basado en reglas, apostando a la creación de un derecho internacional, de una legalidad internacional, entre otras cosas porque los países muy pequeños –ubiquémonos, no somos un país pequeño, somos de los países más pequeños en el mundo; 3.000.000 habitantes en más de 5.000 millones de habitantes– necesitan dos cosas: o se alían en un bloque incondicionalmente y se sienten protegidos por el paraguas de un gran bloque, de una gran potencia o, para actuar con algún tipo de independencia, necesitan las reglas de juego más claras y más respetadas posible. Uruguay apostó tradicionalmente a esto último, al derecho internacional, a la legalidad internacional, entendido más allá del análisis de la letra de los textos, como un orden internacional en que se respeten las reglas y las decisiones de los organismos. La tradición diplomática de Uruguay iba más hacia una declaración como la de Brasil o como las que se hizo por parte del embajador Paolillo y del canciller Opertti en las instancias anteriores o como la que aprobó por unanimidad la Cámara de Senadores y con el apoyo de casi todos los sectores en la Cámara de Diputados.

Obviamente, estaban los condicionamientos que referíamos. Además hay que poner la figura de Opertti. El canciller Didier Opertti no es sólo el ministro de Relaciones Exteriores, es un catedrático, alto especialista en Derecho Internacional, con muchos libros escritos en la materia, un tratadista, al cual le preocupa y mucho tener coherencia en sus posturas doctrinarias. Esto también es un condicionamiento en el país porque llegó un momento en que los intereses de Uruguay en el marco que expresé hoy y las tesis doctrinarias del canciller no eran del todo compatibles.

EC - Tú dices que aquí hay incluso un factor personal jugando en las diferencias que se dieron en el seno del gobierno. No necesariamente Opertti reflejaba 100 por ciento, por ejemplo, la posición de su grupo político, el Foro Batllista.

OAB - Yo diría que estaba dentro de las distintas posiciones que había en el Foro, que es un abanico, como todo grupo. En los matices, Opertti tenía las posiciones más duras en relación a lo que estaba ocurriendo. Así como hubo otros, en el otro extremo, que no votaron la declaración de la Cámara de Diputados y que están en una posición de total apoyo a Estados Unidos. En ese abanico Opertti podría ubicarse como una de las posiciones más distantes.

EC - Con todas estas precisiones, fundamentales para entender el debate que se está dando en nuestro país, llegamos al texto mismo de la declaración que emitió el gobierno este jueves.

OAB - Yo diría que aquí hay dos declaraciones cruciales: la del gobierno y la del presidente del EP-FA, emitida esta última en esa calidad.

La declaración del gobierno, en sus párrafos –más allá de que alguno no está muy bien redactado y cuesta entender el exacto sentido–…

EC - Son frases muy largas.

OAB - Y con algunas comas mal puestas. Yo diría que nadie discrepa con el texto, frase por frase. El tema es que el texto tiene un contenido y la discrepancia está en lo que omite. La gran discusión está en lo que omite.

EC - Más allá de que el diputado Pita discutía también la primera parte del numeral 1º.

OAB - Cuando digo “nadie” estoy hablando a nivel de las grandes fuerzas políticas, de las grandes dirigencias. Por ejemplo, en Colombia no podía aceptarse el texto porque decía “apoyo”; una cosa es cuando el texto en sí mismo ya no se puede aceptar –como el de España– y otra cosa es el de Uruguay, donde se puede decir “perfecto, bárbaro, pero usted no termina de decir lo que tendría que decir. Esto es una introducción que podremos compartir, pero las conclusiones van por otro lado”. Creo que por ahí está esencialmente la discrepancia del FA. Uno diría que esto perfectamente cabe en la declaración de Brasil; el tema es que Brasil le agrega otra cosa que es la diferencia radical entre el FA y el gobierno.

La declaración del gobierno deja a Uruguay en una postura diferente del resto del Mercosur, particularmente de Argentina y Brasil. No sé si este tema fue evaluado minuciosamente por el gobierno. Yo diría que al presidente Batlle en general no le molestaría una declaración distinta del resto del Mercosur y más cerca de Estados Unidos, es lo que él ha pregonado como estrategia para el país. Pero no sé si efectivamente se vio la importancia de una declaración diferente a las de los otros países del Mercosur. De alguna manera, lo que impidió una declaración conjunta, entre otras cosas, fue que Uruguay quería una declaración conjunta para ampararse en una línea más parecida a la del texto que emitió. Cuando vio posturas más duras en los dos vecinos, fue por el camino propio, o por lo menos fue hacia el esfuerzo de una declaración conjunta.

La declaración de Vázquez es crítica, pero hay una gran diferencia entre ésta y las de otros dirigentes frenteamplistas. Las de otros dirigentes expresan el espíritu de fuerzas políticas que están muy lejos de disputar el gobierno, que están en la oposición clara y pura. La declaración de Vázquez es la de alguien que se siente camino al gobierno. La diferencia entre la declaración de Vázquez y la de Lula es la diferencia que tienen las izquierdas de España e Italia con la izquierda de Alemania.

EC - Recordemos qué es lo que dice la declaración de la presidencia del EP-FA: “Bajo el impacto del inicio de la guerra en Irak desatada por el gobierno de Estados Unidos, declara: 1º) el cese inmediato de las acciones militares y que se retome el camino de la paz como única forma de impedir el horror de la muerte de seres humanos y la destrucción de pueblos enteros; 2º) que exige al Poder Ejecutivo un pronunciamiento oficial en nombre de la nación, contra la guerra en curso y en defensa del derecho nacional gravemente lesionado; 3º) que resulta imprescindible que el gobierno de la República impulse de inmediato la convocatoria a una Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de lograr una resolución a favor de la paz, exigiendo el ceso del fuego, el retiro inmediato de las fuerzas de ocupación y el retorno del control de la situación a los organismos competentes de la comunidad internacional”.

OAB - Es una declaración mucho más moderada que lo que hemos visto de otros dirigentes. Por ejemplo Nin Novoa habló de golpe de Estado internacional; eso está lejísimos de lo que podría emitir un gobierno, y además no condena sino que manifiesta estar en contra, lo cual no es una diferencia menor en materia diplomática.

El tercer punto me merece dudas, porque Naciones Unidas no es un régimen parlamentario, la Asamblea General no controla al Consejo de Seguridad, sino que hay una división de funciones en la que el Consejo de Seguridad es el que tiene las decisiones que se traducen en hechos. La Asamblea General es muy declarativa, tiene competencias muy recortadas. Por supuesto que esto es más duro que lo que dijo Lula. Si comparamos el nivel de dureza de la declaración del Partido Socialista Obrero Español, la de los demócratas de izquierda de Italia –el correlato, los ex comunistas– y la del Partido Socialdemócrata Alemán encontramos que la diferencia es que uno está en el gobierno y los otros dos en la oposición. Esto mismo es lo que tanto Aznar como Berlusconi les reprochan a los socialistas: cuando ustedes estaban en el gobierno hicieron lo que hacemos nosotros. A Italia se le reprocha que autorice el sobrevuelo y el uso de las bases; es lo que está haciendo Alemania, critican lo que están haciendo los socialistas en Alemania porque ellos están en el gobierno y ustedes en la oposición. Esa distancia que va de la oposición al gobierno es la que va de Vázquez a Lula. Está apareciendo una diferencia muy fuerte entre ese tono más de estadista, más moderado, más de alguien que se siente a la vuelta de la esquina del gobierno y un tono agitativo opositor de otros dirigentes del FA que dan una imagen de alejar al FA del gobierno. No sé si están midiendo –quizás sí– que la opinión pública tiene menos memoria que la diplomacia, es decir que todas estas declaraciones que queden por ahí van a estar guardadas en todas las carpetas si el FA llega al gobierno, por lo tanto luego va a tener que desandar una parte del camino si se pasa de los límites que puede manejar una fuerza que se siente casi sentada en el gobierno. Parecería que el tono que manejó Tabaré Vázquez es el que le permite confrontar con el gobierno, coincidir con la opinión pública, liderar una buena parte de la opinión pública y a su vez ser visto como una fuerza gobernante que pueda aplicar desde el gobierno eso mismo que está diciendo.

***

EC - Creo que además del análisis de la declaración del gobierno en sí, de la respuesta del FA y los matices de Vázquez, en el final conviene mirar hacia el futuro. De alguna manera ya introducías algunas lecturas en relación a lo que viene, por ejemplo en el caso del FA, su proceder hacia el gobierno; pero hay otras.

OAB - Sí. Creo que para Estados Unidos este paso que dio significa un cambio muy fuerte en la opinión pública. Vamos a hablar de la región, vamos a hablar de lo que golpea a Uruguay, de lo que interesa a Uruguay, que es el tema de la inserción internacional y la discusión sobre el ALCA.

En la discusión del ALCA los argumentos “cuidado con estar ligados a Estados Unidos” aparecían como argumentos de grupos muy principistas, muy coherentes, pero en general de poca base de opinión o de apoyo societal, de grupos más extremos, no extremos en un eje derecha-izquierda ni de radicalismo, sino en cuanto a la intransigencia en la defensa de los puntos, de poco pragmatismo. Mientras tanto, los demás veían al ALCA con conveniencias e inconveniencias desde el punto de vista económico y comercial, la apuesta al Mercosur y no al ALCA, o al ALCA a través de un Mercosur fuerte, donde el Mercosur entrara al ALCA como bloque, otros hablaban de hacer el esfuerzo hacia el Mercosur y además hacia la Unión Europea y hacia el ALCA sólo si no hay más remedio, si la Unión Europea no avanza.

Me parece que ahora el tema ALCA adquiere otras características y también el otro tema que plantea el presidente Batlle, que va mucho más allá –que es hacia lo que fue Chile–, que es el acuerdo directo con Estados Unidos, el tratado directo con Estados Unidos, que va a generar una discusión ya política. Va a haber, con otra fuerza, la tesis de que es peligroso para el manejo independiente del país quedar atado a un tratado de libre comercio o a un ALCA que nos va a condicionar a una postura de seguidismo a lo que haga en el terreno político y en el terreno militar Estados Unidos. Me parece que ésta es la novedad que plantea el conflicto de Irak, esta postura de Estados Unidos en relación a la situación regional y a la situación uruguaya. Es un nada menor cambio de eje de la discusión.

EC - Hasta ese punto llegan las derivaciones de esto que en principio parece tan lejano.

OAB - Veo las posturas críticas al ALCA mucho más fortalecidas a partir de ahora.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 22 - 2003