Los conflictos sociales, un juego que no siempre es de dos
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
La caída del Banco de Crédito (BdC) ha llevado al primer plano un juego de contraposición de intereses de varios actores: los socios del banco, incluido el Estado, los funcionarios bancarios, los ahorristas, el Estado como Estado (ya no como accionista). A propósito de esto, de los diferentes actores en los conflictos, el politólogo Oscar A. Bottinelli nos propone para su análisis de hoy “Los conflictos sociales, un juego que no siempre es de dos”.

Aclaremos en primer término por qué hablamos de “juego”.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Nos referimos por juego al movimiento de piezas en relación a una estrategia de negociación, sin que esto implique necesariamente un carácter lúdico o frívolo, porque muchas veces las materias en juego son dramáticas.

No es un análisis en particular sobre el BdC, sino sobre este tipo de conflictos y negociaciones, que se repiten con mayor importancia o menor impacto para el conjunto de la sociedad.

Hay una tendencia a ver los conflictos como algo entre sólo dos partes: empresas y trabajadores. Esto además queda acentuado en una línea de comunicación sindical que pone de un lado a las empresas y del otro a los trabajadores y la población como un solo paquete.

EC - Cuando no siempre es así.

OAB - Además parecería, al hablar de trabajadores, que es indistinto y tienen el mismo interés los trabajadores de esa empresa o ese sector y el resto de los trabajadores, como si fuera un solo paquete. No siempre es así. Si se trata de servicios públicos prácticamente nunca es así, normalmente hay cuatro tipo de actores en conflicto.

Brevemente miremos el ejemplo del transporte colectivo de pasajeros, antes de ir al tema bancos. Cuando uno ve el tema del boleto o de los costos del transporte, aparecen las empresas, los trabajadores del transporte, los usuarios de los ómnibus y la población. La población en general aparece cuando el Estado o las intendencias ponen dinero para una solución, que sale del conjunto de impuestos. Por ejemplo, existe desde 1990 el llamado subsidio del boleto, subsidio a las empresas de transporte, ya que conflictos sindicales se terminaron de convenir con intervención de la intendencia, que se hacía cargo de parte de la diferencia entre lo que reclamaban los trabajadores y lo que estaban dispuestos a poner los empresarios. Vale decir que surge de los impuestos, es un costo que se traslada a la población en general, incluyendo la no usuaria.

Esto siempre implica opciones. La población de Montevideo nunca discutió a fondo si la prioridad debía ser destinar todo el dinero que se destinó al subsidio al boleto –hay toda una discusión sobre si llegó o no a abaratar promedialmente el boleto– o si lo destinaba a hacer todo un plan de saneamiento, ya que lo que se destinó al boleto fue mucho más de lo que costó uno de los planes de saneamiento.

Las empresas son una empresa o una cámara, una gremial empresarial; los trabajadores un gremio, un sindicato, una federación, una asociación, con fuerza, con organización, con representatividad; los usuarios rara vez están agremiados, y si lo están no tienen ni la organización ni la fuerza, ni la representatividad que tienen los sindicatos; y la población en general es algo tremendamente difuso.

EC - Ese es el ejemplo del transporte colectivo.

OAB – Es así. En el caso de los bancos hay un pequeño cambio. Uno que ya empieza a confundir, en el caso del BdC, que es la empresa, porque por un lado hay un socio minoritario, que es Saint George Ltd, perteneciente al Grupo de la Unificación, más conocido como grupo Moon, es decir un grupo privado que tiene sus intereses en juego, que desistió de capitalizar; hay quienes consideran que debe responsabilizarse el patrimonio del grupo por los perjuicios que genera la quiebra del BdC. Es un actor en juego.

Hay otro actor que es el Estado como accionista, que más exactamente es la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND).

EC - Además el Estado es el accionista mayoritario.

OAB - Vale decir que en este caso la empresa, una de las partes, es el Estado. Un poco indirectamente pero es el Estado.

Por otro lado están los funcionarios bancarios, que sumando el BdC y su colateral, andan por las mil personas, mil familias, mil puestos de trabajo.

En tercer lugar están los ahorristas, que aquí, a diferencia de otros casos, finalmente terminaron organizándose. Costó un poco al principio formar asambleas, obtener representatividad, pero hoy es un gremio que tiene sus interlocutores, sus negociadores, sus asambleas.

Aebu tiende a presentar los intereses de ahorristas y funcionarios bancarios como que van de la mano. Y no necesariamente van de la mano. Por ejemplo, si una de las soluciones posibles es la venta de carteras y ésta va con la propuesta de Aebu, es decir que quien compre carteras recibe adjunto un paquete de funcionarios, se tiene que hacer cargo de un grupo de funcionarios del BdC, es bastante notorio que esas carteras valen un poco menos que si vienen solas. Al que compra se le está añadiendo un costo: absorber una determinada cantidad de funcionarios. Esa adjunción de funcionarios va en detrimento del valor de las carteras, y por lo tanto del interés de los ahorristas. Si no es así, alguien va a estar pagando: serán los ahorristas o los deudores, pero alguien está absorbiendo un costo adicional.

Un cuarto actor es la sociedad, que sigue siendo difusa en este caso. El Estado ha participado como inversor a través de la CND y ha participado como Estado, a través del Banco Central, asistiendo al BdC como ha asistido a otros bancos, con dinero que se extrae de las rentas generales, de los recursos del país. Se anuncia, como solución para el BdC, que el Estado dejaría los 180 millones de dólares; es decir que hay una decisión de que, de los recursos de la sociedad, se destine esa suma que iría a los ahorristas o a alguien de los otros grupos en puja por la caída del BdC.

EC - Ante la decisión del equipo económico no han faltado voces que han preguntado: y a nosotros, a todos los uruguayos, ¿quién nos consultó para dejar de lado esos 180 millones de dólares? De ahí lo que tú decías: la sociedad no está representada, no está agrupada, no participa en las negociaciones como tal.

OAB - Se supone que está representada a través del poder político, por los representantes que eligió, que constituyen todo el sistema político.

Pero además estos 180 millones se presentan con mucha facilidad como la bondad del Estado que, al no reclamar ese dinero, facilita la solución. A veces llama la atención la magnitud de las cifras. Lo del Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvo en vilo a todo el país a principios de este año; el tramo que se recibirá a fines de marzo implica unos 300 millones de dólares. Es decir que el BdC absorbe el 60 por ciento de esa fenomenal partida que a la delegación uruguaya le costó sangre, sudor y lágrimas obtener del FMI. Es 10 veces todo lo que expresó el Codicén como necesidad para nuevos locales y refacción de locales para las tres ramas de la enseñanza; es lo que más o menos se pagó por la Terminal Cuenca del Plata en el remate portuario, dinero que está con dificultades porque quedó en el Banco República. Aquí lo que importa es la magnitud: es 10 veces todas las necesidades del Codicén.

Sin duda aquí hay una opción de la sociedad. Como toda opción es válida, se puede decir “lo más importante era salvar los bancos”; otros pueden considerar que lo más importante era hacer carreteras sin poner peajes; otros considerarán que era mejor que el dinero fuera a locales de enseñanza o a salud pública. Rara vez aparece la sociedad negociando y peleando realmente por el costo en que participa en este tipo de cosas, sea el boleto o la caída y el sostenimiento de un banco.

Cuando Bensión cortó cinco millones de dólares a una cantidad muy grande de ONG, los propios diputados oficialistas se enfrentaron al entonces ministro de Economía; nueve millones fue la cantidad que llevó al conflicto en la Universidad en el año 2000, que terminó con una partida adicional. Es decir que en este país hay conflictos por 5, 8, 10 millones de dólares, y aquí estamos hablando de 180 para un solo banco.

Son varias las partes en conflicto. Esto no quiere decir que cada una de las partes no tenga su razón y que para el país una solución como esta, aún con este costo, no sea buena. Eso entra en otro terreno, en el de valorar el papel de cada parte y las prioridades que hacen una sociedad, un sistema político y, en definitiva, un sistema económico.

Más allá del discurso de cada parte, cuyo sentido fundamental es ganar el mayor apoyo posible de opinión pública y por lo tanto no plantear que hay cuatro actores –cada uno va a tratar de reducir el número de actores a lo que lo posicione mejor–, es importante tener en cuenta que en conflictos sociales de esta naturaleza, relacionados con servicios públicos, el juego es siempre de cuatro y cuando uno gana más, siempre alguno gana menos.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 7 - 2003