La izquierda ante la primera embestida de corrupción
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Dos meses atrás, la izquierda política uruguaya se vio enfrentada al primer gran embate en materia de denuncias de corrupción que partieron desde los propios ámbitos de izquierda, como lo es el semanario Brecha. Desde entonces el tema ha dado lugar a diversos episodios, que incluyen comisiones y tribunales investigadores, embestidas políticas del coloradismo en la Junta Departamental y otros pronunciamientos.

A propósito de la izquierda, la Intendencia y la corrupción, el politólogo Oscar A. Bottinelli nos propone analizar hoy “La izquierda ante la primera embestida de corrupción”.

OSCAR A. BOTTINELLI:
En estos días hace dos meses que comenzó este tema con una importante denuncia del semanario Brecha contra el secretario personal del intendente de Montevideo. Luego el semanario continuó con una serie de denuncias, de ataques, que determinaron un hecho importante: es la primera vez, desde que la izquierda está al frente de la administración municipal de Montevideo, desde 1990 –prácticamente en 13 años– que una denuncia no puede ser desechada fácilmente.

En general la actitud de la izquierda fue bloquear todo tipo de investigación, “Aquí no pasa nada, aquí no se investiga nada”.

En un caso en 1992, frente a un episodio confuso en el área de Turismo sobre el depósito de un cheque, Tabaré Vázquez rápidamente optó por separar a cuatro directores, de los cuales algunos tenían que ver con el episodio y otros no, y liquidó el tema rápidamente.

En otros casos, cuando la denuncia provino de la oposición, siempre hubo un bloqueo a las investigaciones.

EC - Recuerdo otro antecedente, que también tuvo origen en Brecha, a propósito de la concesión del Hotel Carrasco.

OAB - Exactamente. Pero en el caso de la concesión del Hotel Carrasco, más que una denuncia propiamente dicha, fue un ataque a un tipo de política que se iba a realizar: había denuncias sobre determinadas conexiones que podría haber entre determinados funcionarios y licitantes, pero tuvo una connotación de tipo político en relación a si se votaba o no la concesión, que quedó mezclada además con el tema de si debía o no conceder a privados. Es un tema que tiene una parte de elementos éticos y otra muy importante de elementos de principios políticos, de papel del Estado, de privatización, etcétera.

En general, la posición de la izquierda ha sido decir que siempre que “hay que tener cuidado con el circo político”, que sobre cosas sobre las que no existen pruebas, sobre cosas inventadas, se quiera hacer todo un circo para mantener un clima de denuncias y que lo mejor es bloquearlo antes.

Esta posición no es original: también entre blancos y colorados “no prestarse al circo político” ha sido una actitud que los ha llevado a tratar de bloquear o, por ejemplo en el plano nacional, de bajar el perfil de comisiones investigadoras. Toda fuerza política tiene miedo, y con razón, de que lo que pretende aparecer como denuncia de corrupción en definitiva sea un circo político. Pero ocurre que muchas veces pueden ser circos políticos y otras veces pueden ser denuncias con base y fundamento; también puede ocurrir que a pretexto de evitar el circo político se evite la investigación.

En este caso lo diferente no es tanto quién es atacado –prácticamente es el número uno: en un tiro por elevación el ataque al secretario personal deja en el primer plano al propio intendente de Montevideo, lo que no es un tema menor– sino que la denuncia no parte de un medio de comunicación ajeno a la izquierda, ni del Partido Colorado o el Partido Nacional, ni de ediles ni diputados de esos partidos, sino de un viejo semanario de la propia izquierda, como Brecha. No digo que Brecha pertenezca orgánicamente a ningún partido, pero su concepción doctrinaria es de izquierda y además es un seminario que se ha caracterizado por una línea permanente de denuncias de actos de corrupción, y a esos actos, que fueron denunciados más o menos de la misma manera, la izquierda siempre los tomó por válidos por su sola publicación. Esto fue lo que cambió el giro del episodio.

El Frente Amplio siempre tuvo ante su gente representada en organismos públicos la actitud de sentir que los frenteamplistas, por ser tales, ya son sinónimo de honestidad, que tienen una patente de honestidad. Muchas veces se parte de una visión un poco simplista de que blancos y colorados ocupan cargos de gobierno o en la administración con malas intenciones y que los frenteamplistas siempre lo hacen con buenas intenciones. Esta visión, que estoy caricaturizando un poco (más allá de que hay mucha gente que piensa así), tiene un peligro muy grande: sentirse por encima de toda sospecha, sentir “cómo se va a investigar, si esta persona, por ser del grupo político que es, ya de por sí va a ser honesta”.

EC - Esa concepción fue derrumbada por el doctor Tabaré Vázquez en el discurso del 5 de febrero, aniversario del FA, cuando dedicó un tiempo llamativamente largo al capítulo corrupción, sobre todo a la posibilidad de corrupción en filas de la propia fuerza política y/o de un gobierno de la misma.

OAB - El FA venía perdiendo una de las lecciones más antiguas que hay sobre este tema. Las organizaciones más antiguas y duraderas han partido siempre del principio contrario. En la primera gran estructura, que es la del Imperio Persa, con Darío, al lado de cada gobernador de provincia aparece otro funcionario cuyo nombre era “ojos y oídos del rey” (una expresión que se usa mucho, a veces sin conocer el origen), que estaba permanentemente mirando qué hacían los gobernadores. Esto lo repite el Imperio Romano y lo hace la Iglesia hasta hoy, ya que al lado de cada arzobispo, de cada primado eclesiástico, hay un nuncio apostólico que no está en la estructura jerárquica pero informa directamente al Vaticano.

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Tú hacías referencia al discurso de Tabaré Vázquez en el 32º. aniversario del FA, el pasado 5 de febrero.

Veamos qué ha pasado en este episodio. La primera reacción fue la de Arana, en una actitud muy descalificante hacia el semanario Brecha, muy dura, diciendo que era una canallada lo que se había hecho, en términos extremadamente duros. Por otro lado, la diputada Margarita Percovich, de la Vertiente Artiguista (VA), marca cierta distancia del tema con aquella frase: “Yo no le elijo el secretario al intendente”. Fuera de esa frase las figuras de la VA han aparecido en una línea de fuerte defensa del secretario del intendente y de fuerte confrontación de todos los denunciantes o de todos aquellos que seguían manejando el tema.

La VA como tal también nombró una comisión a efectos de indagar los hechos. A casi dos meses no hay noticias de qué ha ocurrido con esto. Que no haya noticias no quiere decir que no esté actuando, pero públicamente no se ha manejado nada.

El FA como tal pasó el tema al Tribunal de Conducta Política, que en realidad no es un órgano indagatorio sino un órgano que ve el tema, interroga a las partes y emite una especie de pronunciamiento, sin verificar los hechos. Tampoco hay conocimiento de cuánto ha avanzado ese organismo.

Pero hubo hechos. Se puede decir que hoy la VA, después de esa posición de cierta reserva formulada por la diputada Margarita Percovich, aparece en una defensa firme, en bloque, del secretario del intendente. También apareció Mujica haciendo declaraciones en su defensa y apareció la departamental del Partido Socialista en una línea muy crítica en un documento reservado que trascendió (o se lo hizo trascender), que de hecho está pidiendo la renuncia del secretario del intendente.

Tabaré Vázquez aparece en una línea extremadamente dura sobre el episodio, sobre todo saliendo a plantear un tema muy importante para toda organización, en particular para la izquierda, para la cual el tema del acceso al poder es más nuevo. Plantea qué es corrupción, cuáles son las normas que cada uno se fija para decir “esto es lo permitido y esto lo no permitido”. El presidente del FA avanza mucho frente al famoso tema “acá no se ha denunciado delitos”, aquello de que hay corrupción si hay delito, y de lo contrario no lo es: Vázquez incluye el tráfico de influencias y la ostentación del poder como cosas condenables desde la propia izquierda. De alguna manera el discurso de Vázquez avala una postura muy crítica de todo lo actuado, a todos los cuestionamientos, y no aparece respaldando al intendente.

Lo cierto es que es la primera vez que la izquierda se ve sometida a esto, es todo un test de lo que va a terminar ocurriendo. La percepción que uno tiene es que esto de alguna manera mella la figura de Mariano Arana, que aparecía más allá del bien y del mal, no sólo para los frenteamplistas sino para toda la sociedad uruguaya y montevideana. Además, cómo sea el desenlace de esto, tanto en la opinión pública como dentro del FA, y cómo sean los alineamientos políticos y los pronunciamientos que se produzcan, van a ser un elemento bastante fuerte en el camino del FA hacia el poder en el plano nacional.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 21 - 2003