Treinta años después
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Hace exactamente 30 años se desarrollaban los episodios que tuvieron su punto culminante el 9 de febrero de 1973, que muchos consideran el prólogo del golpe de Estado que sobrevendría cuatro meses y medio después. A propósito de este aniversario el politólogo Oscar Bottinelli nos propone el siguiente análisis para hoy: “Treinta años después”.

Estamos recordando el febrero amargo.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Estamos recordando episodios que tienen distintos títulos, según han sido recogidos en crónicas posteriores o del mismo momento. De alguna manera, cada uno de los nombres tiene algún tinte. El “febrerazo” recuerda con su terminación “azo” muchos pronunciamientos militares de distintas épocas y países cercanos; “Febrero Amargo” es el título del libro de Amílcar Vasconcellos”; “el 9 de febrero” refiere a la fecha en el momento central de los episodios; “el principio del fin” consideraba el advenimiento de un golpe; “el fin del principio” le llamó Cuadernos de Marcha; y “el período de los 4 y 7”.

EC - Una alusión a los comunicados. Fueron dos: primero el número 4 y luego una especie de aclaración o agregado que fue el número 7, que podríamos decir que es la definición programática del pronunciamiento militar o de los hechos que llevaron al enfrentamiento entre el presidente de la República y los mandos del Ejército y la Fuerza Aérea.

OB - Son episodios muy complicados, el análisis da para mucho. Una de las características de los hechos de febrero es que no es fácil definir con exactitud cuáles son los bandos, que normalmente es lo más simple en todo tipo de enfrentamiento, “este contra este”, qué defiende cada uno, quién apoya a quién y quién se opone a quién. Si tenemos en cuenta que el episodio principal es protagonizado por el presidente de la República, Juan María Bordaberry, enfrentado a los mandos del Ejército y la Fuerza Aérea, con el apoyo del presidente del Comando de la Armada inicialmente; pero que cuatro meses y medio después el presidente con estos mandos del Ejército y la Fuerza Aérea y con los oficiales de la Armada que estuvieron en su contra en febrero dan el golpe de Estado en junio, se ve lo cambiante que pueden ser los actores.

Vale la pena ver las principales posiciones, quizás como forma de refrescar la historia, y también porque la historia enseña muchas veces lo que hay que hacer y otras tantas lo que no hay que repetir.

EC - Repasemos, entonces.

OAB - Primero tenemos que ver un contexto general, histórico. En Uruguay se había asociado el sistema democrático, la democracia liberal, al bienestar. De alguna manera el país construye el Estado moderno, empieza en 1870 o el último tercio del siglo XIX la modernización económica, y ya en el siglo XX la modernización política. Era un país que en general, con altibajos, fue de constante crecimiento, mejoramiento, de recibo de oleadas de inmigrantes, episodio que se detiene a mediados de los años 50, claramente. De ahí en adelante se percibe una caída constante del nivel de vida, un deterioro de la situación. Deterioro que era lo opuesto a lo que se creía que era la democracia, que era el progreso permanente. Hay aquí un descreimiento, una pérdida de fe en la eficacia de la democracia que va llevando a caminos distintos. Los dos más clásicos son, por un lado uno el que llevó, a comienzo de los años 60, a la guerrilla, a la búsqueda del cambio del país a través del cambio de poder por métodos violentos, armados, y por otro lado al golpe de Estado, que es también una solución de cambio violento, por las armas, una solución bastante clásica en la región y en América Latina, por lo menos en lo que venía de casi todo el siglo XX.

EC - Ese es el contexto en el que se produce este enfrentamiento...

OAB - ...en que se produce una serie de episodios que van llevando a un país con guerrilla, con un régimen de medidas prontas de seguridad, con un estado de guerra. Finalmente, esas Fuerzas Armadas fueron accediendo cada vez más a espacios de poder, particularmente a partir de lo que del lado del gobierno se llamó la “lucha antisubversiva”, y a través del estado de guerra empiezan a demandar más espacios de poder.

Es muy complicado estudiar brevemente ese enfrentamiento y no es el centro del análisis, pero importa ver algunas reacciones. Habíamos visto cómo el presidente de la República y los mandos que luego darán el golpe de Estado en junio son las dos cabezas de los enfrentamientos. Esto quizás descoloca a muchos, ya que unos no sienten confianza en las Fuerzas Armadas, tienen un tinte bastante visceral de temor a los pronunciamientos militares o de rechazo ideológico, y otros no tienen confianza en el presidente de la República, ya sea en su forma de gestión, ya sea en la política aplicada particularmente en los temas de represión, de “lucha antisubversiva” o de estado de guerra y suspensión de garantías. Por lo tanto, los actores políticos no se alinean con mucha facilidad. Se puede decir que el grueso del Partido Colorado se alinea detrás del presidente de la República, es decir el “pachequismo” y la Lista 15; no así otros sectores, entre ellos el del entonces senador Vasconcellos. Un episodio importante de esos días es que el Parlamento tardó mucho en reunirse: durante los episodios del 6 al 10-12 de febrero no es convocado y no se reúne; no hay una respuesta institucional del sistema político.

Un ángulo importante es analizar a la izquierda. Es muy importante rever la actitud que tuvo, ya que partió de esa desconfianza hacia el presidente de la República, hacia lo que representaba Juan María Bordaberry (desconfianza que muchos consideran que quedó validada cuatro meses después, cuando Bordaberry encabeza institucionalmente el golpe de Estado), que era producto también de una desconfianza recíproca, Bordaberry desconfiaba mucho de la izquierda, la consideraba subversiva, consideraba que había que erradicarla, que fue lo que hizo ya fuera del período constitucional.

EC - ¿Qué posiciones había en la izquierda en febrero de 1973?

OAB - Primero digamos que la polémica dentro de la izquierda fue muy grande y pública. Se puede revisar viendo el semanario Marcha, el diario El Popular –órgano del Partido Comunista– y el diario Ahora –afín al Partido Demócrata Cristiano–, periódicos que a su vez informan y toman posición sobre el tema.

Digamos que había una posición dominante en la izquierda que parte de los comunicados 4 y 7. En el introito del comunicado 4 se dice que las Fuerzas Armadas no aceptan ser el brazo armado de grupos políticos y económicos, a lo que la izquierda le dio toda una connotación de características antioligárquicas y nacionales relativamente afines a ciertas actitudes militares que se produjeron antes, caso Perú, o que se producirían posteriormente, caso Portugal.

Algunos lo vieron como lo que podría llamarse el atajo a la revolución, la idea de que los cambios pueden procesarse por muchas vías: una es la vía de la guerrilla, otra la vía electoral como la que se estaba intentando en Chile a través de Allende, que estaba en ese momento en el poder, y otra podía ser una vía militar como la que estaba intentando Perú con el gobierno militar o como, a partir de 1974, aparece en Portugal a través de la Revolución de los Claveles.

Con muchos matices –no es una posición única, no es un bloque homogéneo, son distintas fundamentaciones– esta visión de la existencia de un bloque militar importante reflejado en los comunicados 4 y 7 es sostenida por el Partido Comunista, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Cristiano, tres grandes pilares del Frente Amplio; por la 99 con Zelmar Michelini al frente; por el viejo Movimiento 26 de Marzo, afín al Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros; por los Grupos de Acción Unificadora (GAU), con el liderazgo de Héctor Rodríguez (los GAU, que luego fueron la base de la constitución de la IDI, que a su vez fue la base de la constitución de la actual Vertiente. Estos grupos marcaron esa posición del Frente que en el mes de febrero tuvo una actitud expectante, que se tradujo en el pedido que hace el general Seregni a nombre del Frente de renuncia del presidente Bordaberry.

Desde las posiciones de febrero en adelante se va produciendo un desencanto con la posibilidad de que existiera esa fracción militar, llamémosle progresista –ése era el tono que se empleaba en la época–, “cuatrosietista” como se le decía en relación a los 4 y 7, y de alguna manera los distintos grupos van desembarcando de esa posición, unos rápidamente y otros tardando un tiempo mayor.

Del otro lado había una posición que reflejaba el viejo instinto respecto a todo lo militar de muchos sectores del país, particularmente de izquierda, desconfiar de todo tipo de pronunciamiento militar. Esta fue una posición muy duramente sostenida por Francisco Rodríguez Camusso, liderando el Movimiento Blanco Popular y Progresista; por el Frente Izquierda de Liberación, que si bien estaba integrado por el Partido Comunista, en cuanto al pronunciamiento como tal pesa la figura de Adolfo Aguirre González, su presidente; y es la posición de Enrique Erro y de la senadora Alba Roballo. Curiosamente, salvo Roballo desde una profunda impronta batllista, es interesante observar que todos los demás firme e instintivamente opositores a la postura militar son de origen blanco.

Luego tenemos a Seregni y Crottogini. Crottogini muy claramente alineado en esta posición, muy instintivamente antimilitarista, y el general Seregni quien, buscando un consenso, tiende a aproximarse más o a ser vocero inicial de las posiciones mayoritarias de la izquierda, del Frente Amplio.

Este episodio dividió mucho a la izquierda, la llevó a enfrentamientos muy grandes y de alguna manera la llevó también a dudar mucho de cuáles eran las posiciones a asumir frente a este fenómeno nuevo del siglo XX en Uruguay, que es la irrupción institucional de las Fuerzas Armadas y de lo militar.

Por otro lado, en un momento en que se analizaba cuánto se cumplía y cuánto no del sistema institucional a los efectos de apoyarlo o dejar de apoyarlo; un sistema ya muy desgastado y que no recibía los apoyos automáticos que a partir de 1985 se empezaron a dar prácticamente de la totalidad del sistema político.

Desde ese punto de vista estos 30 años están marcando un cambio muy fuerte en el país. También están marcando un país que otra vez está descreyendo, no diría del sistema democrático, pero sí de la eficacia del sistema político. Quizás la diferencia más fuerte con respecto a 30 años atrás es que entonces todo el mundo creía tener la solución (hoy quizás lo que más se nota en esta falta de respuestas a lo económico, a lo social que se está viendo en el país), es que la principal duda de la gente en general es cuáles son las respuestas. 

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 7 - 2003