A propósito del Frente Amplio:
la cultura de gobierno y la cultura de la voluntad
Oscar A. Bottinelli.
 

JOSÉ IRAZÁBAL:
Uno de los escenarios posibles a partir del 2005 es que el gobierno esté en las manos del Encuentro Progresista - Frente Amplio (EP-FA). No es ineluctable, pero es uno de los escenarios posibles. Y esa posibilidad plantea a la izquierda un conjunto de problemas y desafíos. Uno de ellos es el que propone en este análisis el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum: "A propósito del Frente Amplio: la cultura de gobierno y la cultura de a voluntad".

OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar una advertencia: este es un escenario posible, no estamos haciendo un análisis como que el triunfo del EP-FA fuera algo absolutamente ineluctable. Es una de las posibilidades, hoy la que aparece como la más probable; no la única.

Pero, mientras el Partido Colorado (PC) ha gobernado, ha gobernado Sanguinetti y gobierna Batlle, el Partido Nacional (PN) también recientemente, el EP-FA no lo ha hecho a nivel nacional, analizar los desafíos que tiene por delante es un ejercicio importante.

Partamos de una base: el gobierno es administrar la escasez. La economía y la política son eso: no es administrar la abundancia ni lo que sobra, sino tomar prioridades en base a recursos que son limitados, que son finitos. Por supuesto, hay momentos en que esos recursos son muy grandes y momentos en que esos recursos son muy pocos.

Surge con mucha claridad de los estudios de opinión que los uruguayos tienen problemas con el manejo de la economía, de los límites que presenta la economía. La idea de que los temas económicos deben discutirse no en función de los límites sino de lo justas o injustas que sean las cosas. Un ejemplo concreto: si un constructor va a hacer un trabajo con 10 personas y cada una va a cobrar $200 por pesos por día más 200 de cargas sociales, $400 por 10 personas da $4.000; más el IVA, $5.000 pesos. Eso es lo que cobra la gente. Si al constructor le van a pagar menos de 5.000 pesos él trabaja gratis y además no logra cubrir los gastos, no logra pagarle a la gente. Es un dato real: no se puede decir "Bueno, pero si cobra $4.000 por mes, ¿por qué no le paga $1.000 pesos a cada empleado?". Porque $1.000 por 10 da $10.000, con las cargas sociales se va a $20.000, porque el IVA lo lleva casi a $25.000 y él va a cobrar 4.000. A veces esto, que parece muy simple y muy elemental al decirlo, cuando se traduce a nivel de grandes números, de la economía de un país, de la economía de una Intendencia, no se ve tan fácilmente. Hay un límite que tiene un gobierno, una administración, entre lo que cobra y lo que paga. De alguna manera el conflicto en la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) es una importante lección para el EP-FA y para la izquierda de lo que significa el manejo de la escasez, el manejo en un período de creciente estrechez.

El tema es que la izquierda ha cultivado, mayoritariamente y por largo tiempo, la cultura del reclamo, la cultura de la lucha por mayores beneficios para funcionarios, para sectores de trabajadores o para la realización de políticas sociales. Es un reclamo fundamentado en la razón de la justicia. Frente al tema de si hay dinero o no, si alcanza o no, un ángulo persistente de razonamiento ha sido "Pero ¿cómo se va a decir que no se da, si eso es justo, si la necesidad existe, si la gente gana poco, si esta política no se hace, si es necesario que se amplíen las escuelas?", etcétera. La idea de que cuando algún gobierno dice que no es siempre por la buena o mala voluntad que pone en decir sí o no, o que tiene que ver con el perfil ideológico, o quiere ayudar o no a determinados sectores o tiene un interés directo en ayudar o dejar de ayudar en decir que no o que sí. Es una cultura del reclamo que no existe sólo en Uruguay, pero aquí tiene un fuerte componente la idea de que los reclamos, por ejemplo en relación al Estado, deben hacerse y obtenerse en función de si son justos o no, y no de si hay límites matemáticos para eso. O discutir en todos esos reclamos: "El límite matemático es tal y a partir del mismo, la cifra a distribuir es tanto. Va para un lado o para el otro", pero siempre partiendo de la base de que hay un límite.

Hay otro tema muy relacionado que apareció en el conflicto de la IMM. Es la idea de que hay un límite matemático, pero que siempre se puede levantar, porque en algún lugar hay muchísimo dinero, que basta poner un impuesto para recaudarlo y eso da para financiar cualquier cosa. Esto aparece como una idea muy fuerte en buena parte de la gente, en buena parte de la ciudadanía. A veces se confunde el hecho de que sin duda hay gente con mucho dinero, pero la diferencia en magnitud entre lo que es mucho para una persona y lo que es mucho o poco para una Intendencia, y ni hablar para un Estado: estamos hablando de magnitudes completamente distintas.

Otro cosa que a veces se confunde, entre los cambios impositivos que propicia la izquierda con una finalidad de que los impuestos recaigan, según el punto de vista de la izquierda, con más equidad, entendiendo que ahora hay una distribución injusta, es la posibilidad de que realmente eso dé para recaudar muchísimo más, que es una cosa distinta. Seguramente en épocas normales podría dar para recaudar un poco más, pero no para recaudar un disparate más; sencillamente para distribuir distinto las cargas, que no es lo mismo. A veces se confunde: se cree que cuando se dice "Que los ricos paguen" más quiere decir que el presupuesto global se puede multiplicar por dos. No: como mucho aumentará un poquito, pero en general la propuesta es bajar cargas a sectores de menores recursos para recargarlas sobre sectores de mayores recursos. Por lo tanto lo que hay para distribuir no cambia, sigue siendo lo mismo que hay.

Un tercer elemento de confusión que surge como lección del conflicto de la IMM es que el FA toma la IMM el 15 de febrero de 1990 y prácticamente sus 10 primeros años de ejercicio se dan paralelos a un período expansivo que tuvo el país, donde fue muy fácil para la intendencia aumentar de manera muy fuerte en términos reales los impuestos. La intendencia recaudó muchísimo más de lo que se recaudaba antes, y eso le permitió incrementar salarios por un lado y realizar obras por otro, sin que prácticamente tuviera que decir "Si hago esto no puedo hacer lo otro".

Es decir que en este momento en que se terminó ese período expansivo, y en 2002 comienza uno ferozmente contractivo, fue cuando la intendencia tuvo que empezar a tomar decisiones, "Tengo que cortar acá, tengo que cortar allá", y es cuando el argumento de "esto es injusto" se tropieza con los números. Pero además el tema de que esa expansión de un gobierno de izquierda cuando llega al gobierno puede aumentar de manera muy fuerte, muy elevada los impuestos, recaudar mucho más, y eso es lo que le permite hacer más justicia social o llevar adelante sus políticas, choca con el tema de que esto no es repetible en cualquier momento y cualquier circunstancia. Esto se puede dar en un período de expansión, que precisamente es lo contrario al escenario que Uruguay tiene por delante en estos dos años, por supuesto, pero en todo el quinquenio del próximo gobierno.

La idea de que las cosas pueden ser justas, que pueden ser buenas, positivas o necesarias, pero que no pueden hacerse en función de los límites de los recursos, esa es la distinción entre la cultura de la voluntad y la cultura de gobierno. Cuando hablamos de los problemas de la izquierda, una cosa es lo que avance hacia la cultura de gobierno la dirigencia de izquierda, la que va a ocupar ese gobierno, y otra es que lo que avance, desde la cultura de la voluntad hacia la de gobierno, la gente de izquierda, la opinión, la ciudadanía que vota a la izquierda y luego puede tener una actitud de demandas y de reclamos asentada en esa cultura de la voluntad. Este es uno de los grandes desafíos que puede tener un eventual gobierno de la izquierda y del EP-FA.
 

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 6  - 2002