Sobre la gobernabilidad, la oposición y las desconfianzas
Oscar A. Bottinelli.
 

EMILIANO COTELO:
Este miércoles desapareció la coalición de gobierno. Ese día se produjo el cese de los cinco ministros nacionalistas y se abrió paso a una nueva etapa. ¿Cómo llamarla? “Gobernabilidad” parece ser el mejor nombre.

Por otro lado, el fin de semana pasada Tabaré Vázquez tendió la mano al gobierno con una insinuación también de gobernabilidad. A propósito de estos tema el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como título para su análisis de hoy: “Sobre la gobernabilidad, la oposición y las desconfianzas”.

Vamos a algunos antecedentes.

OSCAR A. BOTTINELLI
Sobre todo vamos a analizar lo que uno ve como el contexto del país o del imaginario país, donde los actores políticos sienten, en su mensaje, que el país premia lo que es consensualidad, colaboración, que la oposición por la oposición misma parecería como antipatriótica y que siempre hay que dar señales de decir “vamos a colaborar con el gobierno”.

Para una fuerza que esté próxima al gobierno, como es el caso del Partido Nacional (PN), que haya contribuido a elegir al presidente de la República, aparece además como una obligación para un buen sector de la ciudadanía que dice “si votó o nos llevó a votar a este gobierno, como sea tiene que haber una forma de sostenerlo”.

Pero también ocurre con la oposición. El Encuentro Progresista - Frente Amplio (EP-FA) ha sentido permanentemente a través de los años y las décadas la necesidad de dar señales de “estamos dispuestos a colaborar”. Y del lado del gobierno el reclamo “el EP-FA no colabora. Tiene que colaborar”.

Por otro lado hay una actitud dual de la gente, de la opinión pública, de los imaginarios, en el sentido de que el EP-FA ha crecido en la medida en que ha estado más en la oposición y silencioso, sin comprometerse demasiado. La colaboración puede significarle costos o teme que le signifique costos. Incluso en el PN hay una lectura de que la colaboración paga poco, que ese partido puede haber sufrido en 1999 por haber colaborado demasiado.

EC - ¿Cómo es en otros países la relación entre gobierno y oposición?

OAB - Uruguay tiene un modelo, lo practique o no, donde la consensualidad y los acuerdos andan siempre planeando. Hay un papel más clásico de democracias asentadas, como en los casos de Francia, España e Israel, donde el gobierno –hablando en término de partidos– gobierna, y los partidos que están en la oposición hacen la oposición. Esto no es un mero juego político de “Yo que estoy en el gobierno desconozco a los demás, y yo que estoy en la oposición critico por criticar”, sino que se entiende que el juego democrático, el movimiento de las piezas de una democracia requiere estos roles; requiere que haya una oposición cuya función central sea de vigilancia, de contestación, de contraponerle al gobierno las dificultades, los problemas, estar exigiéndole al gobierno.

Justamente, en un análisis que hizo el famoso sociólogo Alain Touraine sobre Uruguay en los períodos en que nuestro país se movía navegando más en la consensualidad, decía que eso era una democracia imperfecta, donde no hay una oposición clara, porque en una democracia hay un rol que es el cumplimiento de la oposición.

Importa marcar esto porque a veces en Uruguay se hace la oposición –yo diría que se hace con mucha normalidad– pero se trata de presentarla, tanto desde la misma oposición como desde el gobierno, como que no es tal. La oposición dice “Nosotros nos oponemos, pero nuestra virtud es querer colaborar”, y el gobierno dice “No colaboran, miren lo que hacen, se oponen”. Pero visto esto desde Europa o desde un punto de vista académico se podría decir: “¿Y qué de malo tiene que el gobierno gobierne y la oposición se oponga, si eso es el juego normal de la democracia?”.

En este momento también hay un juego de palabras.

EC - ¿Por qué?

OAB - Porque es notorio que el manejo de gobernabilidades o colaboraciones tiene un sentido y un tono absolutamente distintos si se los maneja desde el PN que desde el FA. El PN es corresponsable de la elección de este gobierno, ya ha manejado cuáles son sus esquemas, razones, pensamientos para alejarse del gobierno, y lo que hace es dar un paso atrás, bajar un escalón de ser parte de una coalición de gobierno a una gobernabilidad que en realidad está más próxima de una coalición parlamentaria o de una coalición legislativa que de la propia palabra “gobernabilidad”.

La gobernabilidad de Wilson Ferreira Aldunate significó “Vamos a ver con buenos ojos lo que haga el gobierno, vamos a dejarlo gobernar”, pero no implicó el juego de una verdadera coalición entre el Partido Colorado (PC) y el PN, sino que cada ley se discutía, se pactaba o no. A veces el PC pactó con el FA, otras veces el FA con el PN... Recordemos que el primer gobierno de Sanguinetti fue el que más vetos aplicó desde la restauración de las instituciones, lo que implica que esa gobernabilidad no era una coalición legislativa porque podían salir leyes contra la voluntad del Poder Ejecutivo, y éste las vetó.

Aquí se está hablando de otra cosa, de una coalición parlamentaria, una coalición legislativa, es decir que hay dos partidos que deben entenderse entre ellos siempre para llevar adelante un paquete de leyes. La diferencia con una coalición de gobierno es que no se involucran en las decisiones del gobierno, y sobre todo no aparecen comprometidos con los efectos de la conducción del gobierno, los efectos del gobierno.

EC - ¿Y con respecto a la posición del FA, conocida este fin de semana?

OAB - El FA da una posición para la cual la expresión más correcta sería decir que se ubica en una oposición tolerante. Esto quiere decir que en determinados temas, en determinadas situaciones, estaría más predispuesto a buscar el acuerdo y el entendimiento que a ir a la oposición pura. Pero no es necesariamente la gobernabilidad en el sentido de que está más próximo a la actitud del gobierno que a la opositora, ni mucho menos; el FA no dice “Nos vamos a sumar a una coalición parlamentaria”.

Uno diría que es un movimiento de tonos que está haciendo el FA, como dando señales del tipo “En un momento delicado de la vida del país no vamos a estar permanentemente dando palos”, más allá de que incluso hay unas palabras de Rodolfo Nin Novoa que dejaron muchas interrogantes. Dijo “Colaborar con el gobierno es muchas veces decirle que no”. Es un juego de palabras muy confuso: ahí no está colaborando con el gobierno a la manera de una expresión muy común en muchos países como “Estamos colaborando con el país diciéndole al gobierno que no”. Decirle que no es el papel de oposición: no se supone que la oposición deba colaborar con el gobierno, sino cumplir un papel en que el gobierno hace una cosa y la oposición otra.

EC - Detrás de esta relación gobierno - FA hay todo un telón de desconfianzas recríprocas.

OAB - Anoche veíamos al vicepresidente de la República diciendo que lo que importa no son las palabras sino los hechos. Lo que ocurre es que las dos partes tienen un juego de desconfianza recíproca muy grande. Hacia el FA (está un poco detrás de las palabras del vicepresidente) es ver que esa fuerza política “nunca se termina comprometiendo”; lo más que hace –en el caso de la ley de reprogramación– es tener una actitud tolerante: “Vamos a dejarlos aprobar la ley, no la vamos a obstaculizar, no le vamos a hacer la guerra, pero no la votamos; la votan ustedes, es tema de ustedes”.

Además, está la visión de que cuando el FA se compromete no se sabe cuánto dura ese compromiso; lo que pasó con la ley de Ancap en diciembre del año pasado, cuando hubo una negociación muy fuerte con el FA, los senadores Astori, Rubio y Couriel participaron en la elaboración y después el FA no sólo votó en contra sino que llamó a una campaña llamando a referendo para derogar la ley. Eso lleva al gobierno a decir que el FA no es confiable en materia de gobernabilidades, de tolerancias ni de negociaciones.

Del lado del FA también hay una visión de desconfianza muy fuerte. Se dice “A nosotros no se nos informa, no se nos tiene en cuenta, se nos llama para hacer show, para sacar fotografías, para decir ‘Acá todo el país ha estado reunido y ha sido consultado’ y las consultas reales no ocurren, las ideas que el FA plantea no son tenidas en cuenta”. Últimamente se está manejando mucho lo que ha pasado con la comisión relacionada con el sistema financiero, con los bancos suspendidos, en la cual el FA siente que cumplió un papel nominal: no tenía verdadera información de lo que estaba pasando, no tenía un real seguimiento y la comisión era como una especie de vidriera para demostrar que todos los partidos políticos estaban buscando la solución o se les estaba informando sobre la solución. El gobierno dice “Sí, pero la poca información que se le dio, apenas la tuvo, en lugar de manejarla en reserva, como se hace en este tipo de temas, salió a repartirla públicamente. Por lo tanto no es confiable en un manejo reservado”.

Las dos partes están manejando un nivel de desconfianza que hace muy difícil que se pase de algún tipo de entendimiento muy puntual en algún tema, porque uno y otro están muy lejos de tener confianza para llevar adelante las negociaciones. Además, el FA hace este gesto en un momento en que siente que mantenerse alejado del gobierno y no compartir ningún costo, por lo menos por ahora, le está dando sus beneficios.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 15 - 2002