La Intendencia de Montevideo,
 ensayo general para un gobierno del EP-FA
Oscar A. Bottinelli.
 

EMILIANO COTELO:
La Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) atraviesa en estos días diferentes tensión: con los funcionarios municipales agremiados en Adeom, con las empresas y sindicatos del transporte de pasajeros, la baja de la recaudación y las arcas casi vacías...

A propósito de esta situación, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone para el análisis político de hoy: Los problemas de la Intendencia. Un ensayo general para un gobierno del Frente Amplio (FA).

Vamos a repasar la problemática.

OSCAR A. BOTTINELLI:
En primer lugar, el Presupuesto municipal; hay un Presupuesto proyectado y otro real, que surge de lo que la gente paga. La morosidad, el no pago de contribución, de patente, etcétera, afecta la ejecución del Presupuesto, por lo tanto al haber menos dinero en caja empiezan los problemas porque hay que elegir qué se paga y qué no. El porcentaje del rubro salarios, del conjunto de retribuciones personales, sube cuanto menos dinero hay; no es que aumente, pero proporcionalmente es mayor porque es el más inelástico: uno puede dejar de comprar cosas, pero debe pagar los sueldos. El peso de las retribuciones personales adquiere una dimensión mucho mayor en un momento de contracción.

Por otro lado, el tema del transporte se ha transformado en uno de los más sensibles. Los precios son fijados por la Intendencia, son precios administrados, no es un régimen de competencia sino de regulación. La Intendencia se encuentra con que la población tiene una retracción muy grande en sus ingresos, que tiene dificultades para gastar. Por muchas razones cada vez se venden menos boletos: unas tienen que ver con la crisis, otras con la expansión de automóviles, ciclomotores y bicicletas, y otras con que ha habido cambios de hábitos y costumbres. Al venderse menos boletos y mantenerse la cantidad de unidades circulando los costos son cada vez mayores para las empresas, y si el precio del boleto sigue subiendo la gente no puede pagar. Ahí hay un nudo bastante difícil de resolver.

Por eso decíamos que lo de hoy es una especie de ensayo general para el FA, porque en general esta fuerza política gobernó, administró la IMM en un período de economía ascendente. Desde que asumió Tabaré Vázquez el 15 de febrero de 1990 hasta hoy, la economía de Uruguay había tenido un ciclo más bien ascendente. En los últimos dos años hubo un ciclo de comienzo de una retracción importante y ahora, en esta situación realmente complicada de la economía, se complica la administración de cualquiera. Es entonces que la IMM debe empezar a tomar decisiones duras, difíciles.

En materia de recaudación, el problema es que la IMM, desde que asumió el FA, encontró que se podía levantar lo que se estaba cobrando de impuestos en Montevideo y llevó la mayor presión sobre los contribuyentes a lo que se consideraba lo máximo posible. Los impuestos básicos son la contribución inmobiliaria, la patente de rodados y el impuesto de puerta. Se llevó al tope la recaudación por impuestos, y ahora es muy difícil subirla.

Por otra parte está el fenómeno de la morosidad: la gente está dejando de pagar los tributos municipales en todo el país porque la luz se corta si no se paga, el teléfono se corta... Pero si no se paga los impuestos municipales hay multas, hay recargos, algún día puede llegar a una acción judicial, pero la gente pasa la urgencia. Los tributos municipales son los más fáciles de dejar para el final. Esto lo sufren las 19 Intendencias del país.

Por otro lado la devaluación significó un aumento de costos, hay muchos contratos en dólares pese a que la IMM desde hacía unos cuantos años ya había pesificado todos los contratos posibles, salvo lo que tiene que ver con el exterior o con cosas importadas. Pero aún en pesos las cosas están subiendo, especialmente todas aquellas importadas, muy fuertemente.

Todo esto ha llevado a que la IMM se encuentre en una situación financiera difícil, al punto de anunciar que está explorando tramitar un préstamo de U$S 8 millones para cubrir el Presupuesto de aquí a fin de año.

EC – En esas dificultades se inscribe la política con el funcionariado municipal.

OAB - El FA inició muy rápidamente, al asumir, una política de demostrar que una administración frenteamplista iba a retribuir bien a sus funcionarios. Fue una política de fuertes incrementos de sueldos: los funcionarios municipales en el país en general fueron los que más aumentaron los ingresos en la última década y los de Montevideo en particular. Tanto por vía directa de incrementos de sueldo, como por vía indirecta de baja de horas, que es de las cosas más complicadas, porque cuando una persona gana lo mismo trabajando ocho horas que seis, al empleador –en este caso la IMM– le implica un aumento muy grande del costo: sin duda esas tareas tienen que cumplirse, si antes se hacían tres turnos de ocho horas para cubrir las 24 horas, ahora tiene que hacer cuatro turnos de seis, el Presupuesto aumenta un tercio. La gente trabaja menos pero gana lo mismo, salvo que pudieran compensar ese tiempo con otro trabajo, la gente no necesariamente está viendo el beneficio. Esos beneficios son dudosos en cuanto al beneficio que le generan al beneficiado, pero muy caros para el que paga la medida.

Por otra parte, constantes beneficios indirectos: la cuota mutual se extiende a todos los familiares, en el último convenio se incluye servicio de compañía para los funcionarios municipales, un conjunto de beneficios que llevó a un nivel de retribución relativamente alto en lo comparativo, que en este momento le significa a la IMM una presión muy grande.

Cuando asumió el FA el Presupuesto municipal en términos reales era mucho más chico, y los sueldos pesaban el 45%. El FA rebajó más de un tercio la cantidad de funcionarios, pero el Presupuesto municipal aumentó. Tomando en cuenta la ejecución y el dinero que hay para mover el Presupuesto, hoy prácticamente 6 de cada 10 pesos que ingresan a la IMM se gastan en retribuciones personales. Esto está marcando el formidable peso que tiene esto.

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EC - Vemos que además hay un problema central planteado: la relación sindicatos - administración.

OAB - Al FA le pesa mucho la opinión de los sindicatos, no sólo como le puede pesar a cualquiera que administra algo –es relacionarse con la representación de los trabajadores, tener un buen relacionamiento, que los servicios se cumplan, no se paralicen–, sino que además que el grueso de los militantes sindicales son a su vez militantes de la propia fuerza política. Además hay una idea de que estar en contra de los sindicatos es una actitud reaccionaria, que va contra la cultura de izquierda. Eso pesa mucho en el plano simbólico de la dirigencia del FA, que tiene serios problemas para poder decir que no o poder enfrentar a un sindicato. Esto ha pasado con el tema del transporte, que es muy complejo, y con los funcionarios municipales.

Al FA se le está presentando un dilema de hierro: ver a la población en general, que termina siendo muy abstracta, y por otro a 7.000 y pico de funcionarios concretos, que tienen un sindicato que se moviliza, que hace declaraciones, que se mueve internamente dentro de la fuerza política. Este juego complica mucho, enreda mucho al FA en sus decisiones, y se vio en estos días, cuando por un lado la administración pretende tomar firmemente líneas de austeridad, y por otro dentro de la propia fuerza política esa línea no logra demasiado apoyo. En el fondo termina siendo más fácil aumentar impuestos porque se diluye dentro de la situación general, dentro de una crisis que afecta más al gobierno nacional que a una Intendencia, y además hay que enfrentar a una estructura concreta de representación de intereses: no hay nadie que sea el representante de los que pagan impuestos en Montevideo, no hay un sindicato de pagadores de impuestos.

El otro dilema de hierro es ¿cobrar más impuestos para dar aumento de sueldos, o dejar de dar aumento de sueldos para no aumentar los impuestos? Es un dilema que no le gusta a nadie, casi todo el mundo quiere aumentar los sueldos sin aumentar los impuestos. Pero ha llegado el momento en que el dilema es una cosa o la otra, como se vio anoche en el debate en la Junta Departamental. Este tema y el de medidas que pueden beneficiar a la población en general o a un segmento particular organizado, con fuerza, lo que en general se ha llamado corporaciones –término muy polémico–, es uno de los dilemas que afronta el FA de cara al gobierno.

Decíamos que es un ensayo general porque empezamos a ver al FA en la administración de Montevideo en lo que es tomar decisiones en un momento de crisis, independientemente del porcentaje de responsabilidad directa que tenga la administración en la crisis. A todo gobierno le pasa eso: un gobierno puede tener alta proporción de responsabilidades cuando le va bien o mal, o tener muy bajo nivel de responsabilidades y venirle buena parte de los beneficios o las dificultades del exterior. Lo cierto es que cuando un gobierno tiene dificultades, por su culpa o por culpa ajena, tiene que enfrentarlas. Moverse en medio de dificultades es la prueba de fuego más grande que tienen todo gobierno y toda administración. Ahí es donde se empiezan a terminar los consensos, donde empiezan las grandes contradicciones, porque en las crisis todos pretenden que sea el otro el que pague las consecuencias, no uno mismo. En ese juego de fuerza es que hay que saber administrar recursos y fuerzas políticas y sociales.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 13 - 2002