En la hora de la reflexión:
las distintas visiones sobre la crisis y sus causas
Oscar A. Bottinelli.
 

EMILIANO COTELO:
Los momentos más agudos de las crisis determinan que las urgencias diarias sean tan fuertes, que se corre el riesgo de perder la perspectiva. Como se dice comúnmente, se ven los árboles pero es complicado ver el bosque. Desde ese punto de partida, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone el siguiente título para el análisis político de hoy: “En la hora de la reflexión: las distintas visiones sobre la crisis y sus causas”.

Estamos hablando de esta crisis, la de las últimas semanas.

OSCAR A. BOTTINELLI:
En la que estamos y no sabemos cuánto va a durar. Quizás ni siquiera veamos los árboles: creo que a veces vemos las ramitas; cuando ya vemos el árbol entero tenemos una perspectiva fenomenal.

Existe la percepción de que hay un antes y un después de los hechos desencadenados el 30 de julio. El país vivió un cambio en etapas que empieza en 2000, cuando asume el presidente Batlle, con el sacudón de la contención de gasto. Luego, los nuevos impuestos que muestran a un país con un problema fiscal serio. En junio de 2001, la devaluación, o ampliación de la banda cambiaria. En enero de 2002, con el arranque del año y el desplome argentino, la segunda ampliación de la banda cambiaria que tuvo una fuerza muy grande y creó una gran incertidumbre. Los sucesivos ajustes fiscales; y finalmente la devaluación del 20 de junio, que generó una incertidumbre generalizada. Recordemos que la devaluación puede estimarse en el entorno del 100 por ciento si tomamos las puntas de mediados de diciembre a hoy. Luego vinieron la crisis cambiaria, la crisis de los bancos suspendidos, la reprogramación de depósitos en los bancos oficiales.

Todo esto marca el fin de una etapa en la vida del país, que no está relacionada solamente con el tema bancario, con el tema de cotización de la moneda. Es el fin de una década caracterizada por el período de mayor expansión del consumo en muchísimo tiempo y el más formidable aumento en el ingreso de las cuatro quintas partes de los hogares, cosa de la que en general los uruguayos no tuvieron conciencia. También es la etapa en que crecieron la marginalidad y la pobreza extrema, fenómeno que siempre fue muy visible. En esos años se vivió lo que los economistas llaman el efecto riqueza, cuyo factor más visible fue la extensión de la compra de electrodomésticos –en este sentido el último censo es muy significativo– y, en menor grado (porque afectó a una minoría de hogares), aunque también muy importante, la expansión del número de automóviles y de viajes al exterior, algunos fuera de fronteras y otros de largas distancias.

El saldo de este período es también un aparato industrial que ha sufrido mucho y está en serias dificultades, un agro con un endeudamiento crítico, crónico y significativo (aunque con algunas causas de tiempo anterior), un turismo en crisis y un sistema financiero en el fin de un ciclo y de un modelo: estamos volviendo a un sistema financiero primordialmente doméstico.

EC - ¿Cómo se llegó a esto? Tú nos proponías ver este aspecto a través de las distintas visiones existentes.

OAB - Estamos al filo del cambio de etapa; más o menos intelectualizado, es algo que percibe todo el mundo. Todos sentimos que estamos viviendo un temporal; es un cambio de etapa, no es “esperemos hasta la primavera a ver qué pasa”, sino que el futuro del país está en juego. Los uruguayos son muy pesimistas en cuanto al futuro del país. En junio, el pesimismo sobrepasa al optimismo sobre el futuro del país en las encuestas, por primera vez desde 1992 en que Factum hace encuestas y registra el optimismo o pesimismo. No estamos hablando de pesimismo sobre este año o el que viene, sino de una cosa más genérica, a la que cada cual pondrá un plazo distinto: el futuro del país. Por primera en junio, y se acentuó en julio, los uruguayos son pesimistas sobre el futuro del país.

¿Cuáles son las causas de esto; cuánto hay de efectos externos; cuánto es consecuencia de lo que pasa en el mundo y la región, y cuánto hay de responsabilidad interna? ¿Algo anduvo mal? Si fue así, ¿qué anduvo mal, cuándo las cosas empezaron a andar mal? En principio esto se puede catalogar –como todo catálogo es muy simplista, aprieta y comprime demasiado las explicaciones– en los siguientes cuatro tipos de explicaciones.

EC - Vamos al primero.

OAB - El primero es “Uruguay hizo todo bien”: el rumbo aplicado en los últimos años, particularmente el modelo aplicado en los 90, fue correcto. La crisis es sustancialmente, o al menos principalmente, culpa de la crisis económica regional y de la crisis financiera mundial. Sin duda el mundo está viviendo una situación financiera extremadamente difícil, Europa está con dificultades económicas, Estados Unidos tiene problemas bastante serios, la región ni hablar. Nos golpeó Brasil con su devaluación de enero de 1999, que rompió unilateralmente los equilibrios macroeconómicos en la región, dio un golpe mortal al Mercosur y nos golpeó fenomenalmente Argentina con su desplome económico, político y social. Esta es una primera visión.

EC - Pasemos a una segunda interpretación.

OAB - Una segunda línea de interpretación es que Uruguay empezó con un buen rumbo, que frenó la inflación y provocó un gran auge del consumo, pero que al llegar los tres cuartos de los años 90 no tomó medidas de precaución, lo que los economistas llaman medidas anticíclicas, para evitar el vendaval. Es decir: se siguió gastando, sin prever el futuro. Según esta visión, es el individuo que gasta todo y no ahorra, y cuando viene el mal momento se encuentra con que no tiene con qué responder. Esta línea sostiene que si se hubiesen tomado medidas a tiempo, por ejemplo en torno a 1997, se hubieran podido aguantar los embates de Brasil y de Argentina, y por lo tanto el país podría haber funcionado, por lo menos sin una crisis tan profunda.

EC - ¿Tercera interpretación?

OAB - Esta ya cuestiona el modelo. La primera consideraba que todo se había hecho bien, la segunda que se empezó bien pero que en un momento se fue imprudente; la tercera considera que el rumbo fue equivocado, que este rumbo conducía a una situación como esta, un poco mejor o un poco peor, pero que en algún momento iba a haber un aterrizaje de eso que se consideraba una burbuja de consumo. Esta tercera visión considera que el rumbo fue equivocado y se volvió a equivocar al no haber tomado, en torno a 1997, medidas que hubiesen atemperado el aterrizaje, que si se hubiese tomado medidas anticíclicas hubiésemos tenido un desplome más lento, más sostenido que el que tuvimos.

EC – Y una última línea interpretativa.

OAB - La cuarta visión es la más negativa de todas, la que más culpabiliza a la situación interna, entendiendo que el rumbo fue equivocado en todo sentido. En general se insiste en que fue equivocado desde los 90, pero esta visión insiste en que lo fue muchos desde lustros atrás: se considera que estamos ante el fracaso de muchas décadas de políticas neoliberales.

Si bien puede haber algunos puntos de contacto entre las cuatro explicaciones, por ejemplo entre las dos líneas que consideran que fue un error no haber tomado medidas en el entorno de los años 1996, 1997, 1998, parten de puntos de vista diferentes; en particular en cuanto a si el rumbo que se imprime, sobre todo a partir de los 90, fue acertado o no.

A estas diferencias de enfoque sobre las causas hay que añadir diferencias de enfoque sobre lo actuado en los últimos meses. Unos entienden que se hizo lo adecuado y otros que se hubiese podido hacer las cosas mejor, más gradualmente, con más previsión; que se perdió siete meses hasta llegar a este desplome abrupto del dólar y de la situación bancaria.

EC - ¿En conclusión?

OAB - Como ocurre cuando un país llega al fin de una etapa y tiene que encarar otra, estamos en un momento de reflexión, donde hay mucha reflexión. La discusión sobre las causas puede ser un mero ejercicio académico, pero no debe serlo; puede ser un ajuste de cuentas entre actores políticos, donde cada cual levanta una tesis para buscar un culpable con nombre, apellido y cara y tratar de demonizarlo. Pero puede ser el momento de hacer un debate muy serio y profundo sobre la necesidad de ver qué ocurrió para proyectarse al futuro. Es el primer ejercicio que debe hacer un país, agobiado por lo inmediato, pero que necesita desesperadamente pensar su futuro, atisbar qué futuro tiene y para dónde, en un momento de gran pesimismo. A tal punto que hay quienes plantean que el debate debe empezar más atrás: si Uruguay tiene futuro. Lo cierto es que es un momento en que, además de analizar el día a día, los uruguayos tenemos que ponernos a pensar en cual es el futuro del país, hacia dónde debe ir.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 30 - 2002