Los desafíos que se plantean al Frente Amplio
Oscar A. Bottinelli.
 

EMILIANO COTELO:
La semana pasada, en el análisis político, dimos a conocer el estado de la competencia electoral al cierre de julio, es decir, cómo votarían los uruguayos si ahora hubiera comicios nacionales. Y de esa encuesta surge que la izquierda se encuentra a un punto de lograr la mayoría absoluta, con 2% de intención de voto para el Nuevo Espacio (NE) de Rafael Michelini y un 47% para el Encuentro-Progresista-Frente Amplio (EP-FA). A partir del escenario que surge de la encuesta Factum, el politólogo Oscar A. Bottinelli nos propone como tema para su comentario de hoy algo que quedó esbozado el viernes pasado: Los desafíos que se le plantean al FA.

Para ubicarnos, Oscar, ¿cuánto falta para las elecciones?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Faltan 26 meses. A esta altura, al ritmo que está teniendo Uruguay, habría que decir 26 largos y lentos meses para las elecciones, con un panorama lleno de incertidumbres, con muchos acontecimientos que pueden ocurrir si pensamos en lo que han sido estos siete, casi ocho meses de 2002. Por lo tanto los desafíos en este tiempo que se hace largo son muchos y con alta impredecibilidad de cuáles pueden ser.

Ayer comenzó oficialmente, o “se presentó en sociedad”, el proceso de aproximación, ya anunciado desde hace largo tiempo atrás, entre el EP-FA y el NE oficial. Esto se relaciona con un primer desafío que tienen la izquierda y el FA, que es tratar de ampliar la base política. Las bases políticas se pueden ampliar por lo más obvio, que es la captación de mayor cantidad de electorado, de ciudadanos, y por la agregación de socios. Un camino que el FA empleó mucho en su historia es la ampliación mediante la incorporación de nuevas fuerzas como nuevos socios. Esto es un nuevo desafío, ya que implica algo distinto al FA, distinto al EP, y que busca tener un mayor espacio político.

Es posible que la izquierda llegue a las elecciones de octubre agotando todo su capital, que no le quede demasiado para ganar entre esa especie de semifinal que son las elecciones de octubre y la final, que es la de noviembre, y que por lo tanto requiera captar todo lo posible para octubre, para intentar ganar en eso que algunos denominan la primera vuelta. Que tenga más o menos espacio entre octubre y noviembre va a depender mucho de qué pase con los partidos tradicionales y sus candidaturas. Pero, sin duda, tiene que tratar de llegar con la mayor fuerza posible a ese desafío de octubre, porque el de noviembre quizás se le complique, salvo que llegue a décimas de obtener el triunfo.

EC - Este es un primer capítulo en el terreno de los desafíos.

OAB - Sí. Un segundo apunte sería que, hasta ahora, este último crecimiento del EP-FA se está produciendo más por desencanto de la gente con los partidos tradicionales que por encanto propio: es más “me voy a lo distinto” que “estoy atraído por esto”. Por lo tanto, es un crecimiento que necesita ser consolidado. Este tipo de crecimiento que es producto del desencanto con el otro se mantiene, aumenta o disminuye por los errores o aciertos ajenos y no por los aciertos propios. Por lo tanto, es peligroso para el FA dejar en manos de los otros sus resultados y ser un mero tomador de adhesiones. Acá hay un segundo desafío que es tratar de que este crecimiento que se está registrando deje de ser sólo por desencanto y pase a ser por convicción, por atractivo del propio FA.

EC - Vamos al tercer desafío.

OAB - Tercer desafío de una lista que hoy no vamos a agotar: estamos señalando algunos apuntes. Ciertas dirigencias tienen un problema de comprensión de que el electorado que responde a su discurso no va más allá del 42% o 43% de los votantes. Ahí termina el tope del electorado, de la ciudadanía que sigue ese discurso. Luego viene una franja diferente, de gente que podemos calificar de moderada, centrista, hoy desencantada con los partidos tradicionales, particularmente desencantada con lo que considera como fracaso del rumbo económico aplicado en la última docena de años (este gobierno y los dos anteriores), añorante del imaginario del Uruguay de los años 50, con lo que eso implica de papel del Estado. No es una franja de izquierda: es una franja que quiere un país con alto papel del Estado, con alto papel de políticas sociales del gobierno, pero no es un segmento que pueda alinearse o aceptar fácilmente el eje “oligarquía – pueblo”, no es el electorado que pueda sintonizar con el discurso de la izquierda clásica ni con el más habitual de la izquierda más moderna.

EC - Tú habías adelantado que un último desafío que podemos incorporar a este análisis está centrado en la propia figura del candidato presidencial, del líder Tabaré Vázquez.

OAB - Exacto. Estamos observando que quizás este desafío podría transformarse en el primero en cuanto a importancia. Vázquez ha sido, sin duda, un hombre inusual para la izquierda: se puede decir que es el primer caudillo que tiene la izquierda en su historia, hombre capaz de despertar grandes emociones de masas, con gran carisma, que despertó confiabilidad y fuertes emociones que determinaron primero su acceso al liderazgo de la izquierda (un liderazgo que ocupaba el general Seregni, un liderazgo que desafió el contador Danilo Astori, y que hoy es indiscutido); luego la gran captación de seguidores, que fue un elemento muy importante en el crecimiento de la izquierda; recordemos que en 1989 se ubicaba en el 21% del electorado cuando ahora estamos hablando de cifras del 47%, con la capacidad de captación de gente indecisa. Es un crecimiento muy grande bajo su figura, bajo su papel de referente.

EC - ¿Por qué hay un desafío que tiene que ver directamente con Vázquez, que tú decías que quizás sea el más importante?

OAB – Porque, en el mismo momento en que crece la intención de voto a la izquierda, aparecen algunas señales inquietantes respecto de Tabaré Vázquez. Digamos que son señales inquietantes en un momento en que aparecen señales preocupantes para todos los liderazgos políticos en el país. Es decir que también puede entrar en el fenómeno más general de una actitud muy crítica que está teniendo el uruguayo respecto de todas las primeras figuras del escenario político.

Observamos que mientras crece la intención de voto al FA se mantiene estable la intención de voto a Vázquez. Cuando se le pregunta a la gente por figuras, Vázquez no crece en forma paralela al crecimiento del EP-FA.

El tema cuantitativo de los votos es muy importante. A la hora de contar los votos vale lo mismo el voto incondicional que el que se decide a último momento por descarte, pero eso es en el momento final: de aquí hasta allá está el momento en que el voto debe ser captado, afirmado; por lo tanto, el aspecto cualitativo es importante. Cuando hacemos estudios de confianza de la gente en figuras políticas, cuando todas las figuras han caído, Tabaré Vázquez recoge hoy un nivel de confianza que es la mitad del que tenía hace cinco años. Hoy son la mitad que en 1997 los uruguayos que consideran que Tabaré Vázquez es el político en el que más confían, lo cual es a contrapelo de que en 1997 el FA estaba en 42% de la intención de voto.

Un tercer elemento puede ser que hay una caída generalizada de lo que podemos llamar valor representación, es decir que la gente se sienta representada por algo o alguien, incluso fuera del terreno político (en el terreno sindical, espiritual y también en el terreno político). La gente se siente cada vez menos representada, aunque estamos a años luz de fenómenos de vacío de representación al estilo argentino. De todos modos, es un fenómeno que se está dando. En la izquierda, quienes se sienten representados más por la institución FA que por el líder son hoy el doble; incluso aparecen figuras como José Mujica, en este momento hay más gente que se siente representada por Mujica que por Tabaré Vázquez.

Por último, la gran mayoría de la opinión pública considera que Jorge Batlle fracasó. Ese es un juicio de más del 50%. Consideran que la expectativa que despertó no fue colmada, no sólo en cuanto a resultados de gobierno, sino en cuanto a la pericia en el ejercicio del cargo. Estamos viendo que este fenómeno, visto sobre Jorge Batlle, se traslada de cierta forma a Tabaré Vázquez y están apareciendo dudas en cuanto a cómo sería Vázquez como presidente de la República, como jefe de gobierno. Esto se ve sobre todo en los sectores más informados, en los que tienen mayor interés en política, que son los que luego aparecen como grandes formadores de opinión pública. Estas dudas se refuerzan cuando en momentos clave –pasó cuando el feriado bancario– hay cierta ausencia de Tabaré Vázquez y son otras las figuras del FA que aparecen en un lugar principal.

Hemos visto cuatro apuntes sobre primeros desafíos que tiene el FA, que está en el borde, a 26 meses muy largos de las elecciones. Por primera vez está en el borde de tocar la mayoría absoluta y por lo tanto nunca ha estado tan cerca del gobierno, incluso de alcanzarlo en la primera elección de octubre, junto con la elección parlamentaria.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 23 - 2002