Tres apuntes a propósito del recambio ministerial
Oscar A. Bottinelli.
 

EMILIANO COTELO:
La salida del contador Alberto Bensión y su sustitución por el doctor Alejandro Atchugarry en la titularidad del Ministerio de Economía generaron múltiples ángulos de análisis y de comentarios, varios de los cuales estuvieron en los micrófonos de En Perspectiva. Hoy, con un poco más de distancia, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos trae su segundo enfoque en torno a este recambio. El título: "Tres apuntes a propósito del recambio ministerial".

Ya habíamos tenido una primera charla contigo sobre estos temas. Hoy agregamos nuevos elementos.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí: hoy se trata de agregar tres apuntes al análisis del miércoles pasado.

Primer apunte: el 28 de junio realizamos un análisis a propósito de Brasil, titulado "Las influencias externas en las campañas electorales". Allí se destacaba la acción de varios bancos y analistas de inversión, entre los cuales se destacaba ABN-Amro, quienes mediante informes o comentarios pasaban a jugar en el terreno político, y vaticinábamos la posibilidad que esos elementos, esas influencias externas, la actividad de bancos y analistas jugasen en la política uruguaya. No nos sorprendió el precursor, podía ser cualquiera de los que ya estaban interviniendo activamente en Brasil. Uno de los bancos que jugó activamente en crear la imagen del "efecto Lula" fue precisamente el ABN-Amro. "Efecto Lula" le llamaban al aumento del riesgo país, la baja de los títulos brasileños y la baja de la cotización del real, lo que atribuían al hecho de que la gente votaba a Lula: se establecía una relación directa entre problemas financieros de Brasil y se culpabilizaba a la gente por votar a Lula.

El ABN-Amro aterrizó en la cancha política uruguaya a través del economista uruguayo Arturo Porzecanski, que vive en Nueva York y es jefe para mercados emergentes de dicho banco, al ser entrevistado el miércoles por ti. Hizo algunos comentarios que ameritan considerar que fue un aterrizaje en este terreno.

EC - ¿En qué sentido?

OAB - Primero vamos a decir qué fue lo que nos sorprendió. Esperábamos que empezara a haber comentarios directamente ligados al juego político interno del país más sobre la campaña electoral, no tan temprano, y creíamos que los primeros ataques iban a venir contra el Frente Amplio. Sin embargo, el destinatario inaugural fue el Partido Nacional. Concretamente el economista del ABN-Amro dijo desde Nueva York: "Cuando uno se entera de que la coalición está en crisis y de que ésta se está llevando consigo al equipo económico, muchos recuerdan que así empezó el principio del fin en Argentina, cuando el vicepresidente, Chacho Alvarez, se fue de la coalición, se llevó al Frepaso con él y una cosa tras otra empezaron a ir mal".

Más allá de los errores en la referencia (cuando renunció Chacho Alvarez el Frepaso siguió en el gobierno, no se rompió la coalición, el proceso argentino tiene elementos políticos diferentes de los que se menciona aquí), lo cierto es que está haciendo un paralelismo entre la renuncia de Chacho Alvarez y la acción del Partido Nacional de pedir un recambio ministerial. Esto implica que un actor económico entra a jugar claramente en el enjuiciamiento de la acción, y en términos muy dramáticos, de uno de los actores políticos en relación a otros, al gobierno. Esto se inscribe dentro de varias señales; ésta fue la más directa, hubo otras más indirectas por parte de los bancos multinacionales de lo que se puede llamar molestia por el relevo de Alberto Bensión. (De paso introduce un tema que va a ser base de un análisis -quizás el próximo, en estos tiempos no se puede prever nada-: similitudes y diferencias entre ambas márgenes del "charco", un tema interesante para ver).

Segundo apunte: en toda esta semana apareció en forma recurrente el tema de "políticos" y "técnicos". Vale la pena detenerse un poco en esto. Se juega mal con estas palabras. En primer lugar, curiosamente, se habla de técnico como sinónimo de especialista; cuando se habla de carreras se dice que éstas pueden ser técnicas, de más nivel y ser profesionales o de mayor nivel y tratarse de un especialista.

Por otra parte, ¿qué es un político? En el sentido originario es el administrador de la polis. Actualmente hay varias definiciones, vamos a la más elemental para no ir a temas de ciencia política. El diccionario de la Real Academia Española dice: "Dícese de quien interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado". Por definición constitucional, por definición presupuestal, un ministerio es un cargo por excelencia político, un cargo de responsabilidad política. No puede haber un no político en un cargo político. Se supone que si alguien hace un trabajo mecánico es un mecánico; puede ser de carrera, tener mediana experiencia o ser nuevo y debutar en la función, pero desde el momento en que ocupa el cargo político pasa a ser un político. Puede ser un político profesional que dedicó la vida a hacer una carrera y esa es su actividad principal, o puede ser un político aficionado que dedica un tiempo lateral de su vida a la política.

Hablar de "técnicos" o "no técnicos", de "políticos" o "no políticos" cuando se está hablando de un cargo político, responde más a que a algunos les gusta y a otros les disgusta el término "político": se habla del nivel de experiencia de la gente para ocupar un cargo necesariamente político. Otro tema es el grado de conocimiento que quien ejerce el cargo tiene de la materia. Puede haber políticos que no tengan ningún conocimiento de la cartera -Alfonso Varela no es un hombre relacionado con la salud pública, pero es un empresario que tiene el manejo de cómo se administra-, por lo tanto hay que ver si se trata de conocimientos de la cartera o de saber administrar. Atchugarry puede ser un político que tenga importantes conocimientos en economía, o puede ser un especialista; Bensión era un especialista en economía.

Vemos que para un cargo ministerial se valora distintas cosas. Un cargo de ministro requiere ser político en el sentido de saber moverse en la política, actuar con criterios políticos, tener buenos relacionamientos políticos con actores sociales, con actores políticos y con la opinión pública en general, tener conocimientos de la materia y muchas veces -todo depende de las carteras, que son distintas- tener conocimiento para administrar o gerenciar. Puede darse que haya distribución de funciones, que el conocimiento para gerenciar esté en el director del ministerio o el subsecretario, que la especialidad para los temas específicos del objeto de la cartera recaigan en asesores mientras que lo técnico-político, lo que tiene que ver con la especialización política, esté a cargo del propio ministro. Hay que tener mucho cuidado con estas falsas imágenes. Retomo el ejemplo de Varela: cuando tomó el Ministerio de Turismo se hablaba de un "no político" en esa cartera; ahora lleva dos años y medio como ministro, cambió de cartera -incluso los medios hablan de un hombre con mayor experiencia, con mayor manejo desde que está en Salud Pública-, pero se sigue diciendo que es un "no político". Conviene reflexionar sobre estos temas para salir de falsas oposiciones que parecen tajantes.

Vamos al tercer apunte. El sábado previo a su caída, en una intervención televisiva, Bensión dijo que sentía que iba a seguir en la cartera porque tenía la confianza del presidente y porque no hubo un pronunciamiento del Parlamento. En otras palabras manejó que los cargos ministeriales son presidenciales. Hubo algún interlocutor del presidente -no recuerdo quién-, que al salir de una conversación cuando se estaba gestando la crisis dijo "es un tema del presidente".

Si el nombre para un ministerio "es un tema del presidente" depende de la forma en que se ejerza el gobierno en una administración. El régimen uruguayo da para una latitud muy grande. Sin duda eran cargos presidenciales en el período de Pacheco Areco, quien tuvo un respaldo parlamentario claro que le permitió mantener las medidas prontas de seguridad; después jugó muy libremente en los recambios ministeriales que hizo, y que fueron muchísimos.

En los últimos gobiernos, particularmente en el anterior y en el actual, ambos con coaliciones muy firmes y muy contractualizadas, claramente los ministros no son cargos "del presidente" sino del gobierno. Esto implica que, si la presencia de un ministro rechina en algún momento, independientemente de lo que piense el presidente, ese ministro cae. Eso fue lo que ocurrió. No ocurrió solamente porque el presidente fue sobrepasado: el presidente reposa en una coalición de gobierno, tiene el poder de ser el presidente de la República -que hoy es mucho menor, sin duda, que cuando empezó-, pero depende de una coalición, del apoyo de una coalición. Cuando uno de los socios dice "se terminó" el presidente tiene sólo dos caminos: o lo da por terminado y mantiene a la coalición, o da por terminada a la coalición para sostener al ministro. Esto determina que el ministro no es un cargo exclusivo del presidente. Si bien no se va a designar a nadie contra la opinión del presidente, éste no tiene margen para nombrar exclusivamente, por sí, sin ver si tiene apoyo parlamentario. Aunque aquí no importa lo jurídico, vale la pena recordar que en Uruguay los ministros deben ser designados por el presidente de la República entre personas que cuenten con apoyo parlamentario. Así lo dice la Constitución y no es meramente un recurso jurídico; en general esto ha estado acompañado de apuntalamientos de gobiernos de coalición porque en Uruguay no es fácil para un presidente de la República, salvo que gobierne de manera autoritaria, hacerlo sin apoyo parlamentario.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
julio 29 - 2002