Los problemas de dirigir la orquesta
Entrevista con
el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En los últimos días el país ha vivido dos tipos importantes de problemas de coordinación en el gobierno. Por un lado, los anuncios del ministro de Economía en cuanto a eliminar los reintegros a las exportaciones, anuncios que quedaron en la nada ante la presión del Partido Nacional, y después el cambio en la posición del propio presidente de la República. Pero, por otro lado, surgió un cortocircuito entre el asesor presidencial Carlos Ramela y la bancada de diputados de la Lista 15. En torno de estas situaciones, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone este título para su análisis de hoy: "Los problemas de dirigir la orquesta".

¿Por qué esa imagen de director de orquesta?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Hace 10 años, en ocasión de la elección interna que enfrentó a Jorge Batlle y Enrique Tarigo, el sociólogo Francisco Panizza, con quien en aquel entonces realizábamos análisis político a dúo, definía a Batlle como el profeta y a Tarigo como el director de orquesta. Me pareció una excelente caracterización de ambos.

En un esquema constitucional como el uruguayo, en que el presidente de la República es, además de jefe de Estado, jefe de gobierno, el que maneja el gobierno, para dirigir el gobierno se debe tener condiciones de director de orquesta. Se puede o no ser profeta, pero no se puede dejar de ser director de orquesta. El director de orquesta pone el tono, el ritmo, pone el alma en lo que se va a interpretar, pero tiene que conjugar la interpretación individual de muchos músicos, cada uno en su instrumento. El director de orquesta no toca el violín, no toca la flauta, el tambor, el timbal, no toca ningún instrumento, pero tiene que hacer que todos los sonidos armonicen. Además, muchas veces el director de orquesta -es lo que hace un jefe de gobierno- selecciona a los integrantes de la orquesta: debe seleccionar a gente que sea, cada una, un maestro en su instrumento pero sepa seguir claramente las inspiraciones del director. Esto es todo un arte.

La coordinación de un gobierno siempre es problemática. Por un lado, el propio presidente de la República -estoy hablando en abstracto, no de Batlle- puede ser una persona con mayores o menores condiciones naturales, de oficio, para coordinar, para dirigir una orquesta, para coordinar un equipo. Además muchas veces necesita un auxiliar para esta tarea. En algunos casos está previsto institucionalmente: en Argentina, desde la última reforma constitucional apareció el cargo de jefe de gabinete; en Perú existe el cargo de primer ministro (que no puede compararse con el primer ministro de Francia o de países parlamentarios: es un jefe de gabinete, un gerente ejecutivo, un director ejecutivo del presidente). En Uruguay este papel tradicionalmente fue cumplido por el viejo Ministerio de Gobierno, posteriormente por el Ministerio del Interior, hasta que hace ya un tiempo el ministro del Interior ha sido tan absorbido por los problemas de la seguridad pública que ha dejado de ser el ministro político del gabinete para pasar a ser el ministro de seguridad y de Policía.

EC - Realmente, creo que todos identificamos más la tarea del ministro del Interior con la Policía. ¿Cuándo fue la última vez que el ministro del Interior fue ministro político?

OAB - Pienso que el último cuya función fue esencialmente política y subsidiariamente policial, fue el caso de Antonio Marchesano en la primera administración de Sanguinetti y toda la transición del gobierno de facto a la restauración democrática institucional, donde el papel negociador del ministro del Interior fue muy fuerte en ese gobierno -relacionamiento con dirigencia sindical, dirigencia política-, es decir que fue un auxiliar directo del presidente de la República en el manejo político.

EC - De modo que en la estructura de gobierno, en el Poder Ejecutivo en Uruguay, no tenemos ese "gerente".

OAB - No tenemos ese director ejecutivo. El presidente puede crearlo o usar él esas funciones, lo que puede desgastarlo. No es fácil cuando no está institucionalmente previsto porque los cargos ayudan, y mucho, a que la gente tenga autoridad. La autoridad emana del presidente por un lado, emana de las condiciones naturales, pero también ayuda mucho un cargo institucional que no pueda ser desconocido. Importan mucho las condiciones cuando se elige un coordinador, un negociador... Hay requisitos básicos: una persona que busque un buen relacionamiento, que actúe con mucha discreción, que entienda la postura de cada uno y, sobre todo, que públicamente exprese que entiende esa postura de cada uno y la legitimidad de los diferentes puntos de vista. Si un coordinador no lo manifiesta, se desgasta en esa tarea y no la cumple. Es decir que debe tener autoridad propia, no solamente la que emana del mando superior.

Esto se inserta en una complicada estructura, no sé si llamarla de la Lista 15, del "jorgismo", del Batllismo, de Jorge Batlle o del gobierno entendido como lo políticamente más ligado al presidente de la República, del espacio político presidencial. No es un grupo político homogéneo ni gente de un mismo origen. Por un lado tenemos una vieja guardia -caso José Luis Batlle, que está dirigiendo al Partido Colorado; Jorge Sanguinetti, muy concentrado en Ancap-, gente de larga y vieja trayectoria con el presidente de la República, que puede tener con él una relación mucho más fuerte, que la que puede tener gente de otras generaciones y otra trayectoria política.

Está también la vieja estructura política de la 15, en la cual hay senadores, diputados, gente acostumbrada al quehacer político normal del funcionamiento más clásico de las estructuras políticas y del quehacer político.

Hay por otro lado un grupo de jóvenes diputados -la mayoría de los diputados por Montevideo y varios del interior-, con una impronta muy nueva, que mezcla este estilo renovador o particular de Jorge Batlle con una forma de hacer política dentro de estructuras políticas, dentro de un sentido de grupo político.

Por otra parte aparece un staff del Edificio Libertad, con hombres muy dinámicos, relativamente jóvenes para la importancia de sus tareas, pero que ya no son tan jóvenes como para empezar la actividad política, para aprender una ciencia y un arte a los que estuvieron ajenos. Todos ellos tienen en común el perfil de ser técnicos muy bien capacitados, pero con una cierta visión tecnocrática que los lleva al desconocimiento de la actividad política e incluso a cierta minusvaloración de la misma.

Hay otro perfil de técnicos u hombres de empresa que no han tenido una actividad política: han estado vinculados a Jorge Batlle, pero no a la 15 en cuanto a poder decir que es gente de militancia política permanente y de larga data. Estos hombres han ocupado ministerios, presidencias de entes autónomos, como es el caso de Fernández Ameglio, Varela, Bracco y otros funcionarios que han ocupado cargos de dirección de servicios.

Finalmente está el caso de Atchugarry, a quien al comienzo del gobierno uno veía como quien desde fuera del Poder Ejecutivo podía cumplir la función del gran coordinador político del gobierno, del presidente de la República. De alguna manera cumplió ese papel, particularmente a lo largo de 2000 y comienzos de 2001. Ahora uno ve que por un lado se produce la designación de Ramela, en lo que vendría a ser la formalización de un cargo de coordinador, que no existe en el andamiaje institucional, un cargo político, pero por otro lado termina la Rendición de Cuentas con la participación de varios coordinadores, con una reactivación muy fuerte del papel de Atchugarry.

Además hay un elenco de gente de perfiles no políticos sino técnicos, ya sea del staff presidencial o que ha ocupado ministerios o direcciones, que ha manejado un estilo muy confrontador y ruidoso, de enfrentar las posiciones presidenciales con el resto del sistema político, empezando por la propia coalición y el propio Partido Colorado, lo que ha generado permanentes conflictos para el gobierno.

EC - Atando todo esto con los antecedentes que describías al principio -el cargo de primer ministro, jefe de gabinete en otros esquemas-, ¿cuáles son las conclusiones?

OAB - Se ve que los problemas de coordinación del gobierno no son un tema menor. Todo gobierno tiene dificultades objetivas, tiene los problemas del país, problemas económicos, sociales, pero los problemas de coordinación son en sí mismos un problema que deviene cuando esto se continúa. Son problemas a varias puntas. Hay problemas de relacionamiento con la otra mitad del Partido Colorado, el Foro Batllista, con el cual hay que partir de la base de que la 15 y el Foro tienen diferencias ideológicas, sobre todo en relación al papel del Estado, al papel en la protección de la industria, al papel del mercado, diferencias de fondo que no tienen que ver meramente con lo que se puede llamar juego político. Hay problemas de coordinación importante con los socios de la coalición, el Partido Nacional, como el que apareció en el caso del reintegro de las exportaciones y como pasa en la elaboración de la Rendición de Cuentas. Hay problemas en el propio gabinete, como lo reveló el tema del reintegro de las exportaciones, ligado a las diferencias entre los partidos socios. Pero esta semana también se está revelando que hay problemas de coordinación en la propia estructura de soporte político del presidente, es decir en el jorgismo o la 15, aunque la palabra 15 aparece más asociada a la parte de estructura tradicionalmente política.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
julio 5 - 2002