Un toque de atención
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Vamos a ocuparnos de lo que sin duda fue "la" noticia de la semana.

JPD - Creo que pocas veces un tema destacó el escenario político con tanta fuerza, con tanta claridad, como la entrevista de la agencia de noticias Bloomberg con el presidente de la República, Jorge Batlle. La entrevista tuvo lugar el jueves de la semana pasada y fue difundida el lunes; en Uruguay nos enteramos alrededor de las cuatro de la tarde. Nos enteramos porque Crónica TV, el canal argentino de noticias permanentes usaba titulares con letra catástrofe diciendo que Batlle había acusado a los argentinos de ser una manga de ladrones.

El tema da lugar a algunos apuntes a cargo del profesor Oscar Bottinelli.

EC - El título que nos ha propuesto para el análisis político de hoy es "Un toque de atención".

OSCAR A. BOTTINELLI:
El tema dio para muchos ángulos. Primero quisiéramos hacer tres pinceladas de temas laterales.

Uno que se ha discutido mucho es el "off the record" y las conversaciones privadas. Yo tuve mucho años de cronista político y parlamentario, y bastante de analista. El "off the record", es otra cosa: es cuando alguien dice algo que quiere que se sepa sin citar fuente. Cuando es verdaderamente una conversación privada, para mí es secreto de confesión, uno no lo comenta ni en el living. Por tres razones: la primera, respeto al interlocutor en todos los órdenes de la vida; uno no anda por ahí diciendo lo que habla en privado con nadie (como decía Martín Echegoyen, "No soy el dueño de la conversación, los dueños somos dos"), Segundo, por respeto a uno mismo: cuando uno se mira al espejo le gusta no sentir vergüenza de andar "conventilleando" por ahí. Y la tercera, incluso de conveniencia: si uno siempre guarda el secreto puede hablar libremente con la gente, y la gente puede explicarle con toda claridad qué piensa, qué siente, qué la angustia, qué la alegra, qué está buscando; entonces, cuando esas personas protagonizan un hecho público, uno está en condiciones de interpretarlas sin equivocarse, porque sabe exactamente lo que piensa.

Segundo tema: Bloomberg. El tema se manejó mucho como un asunto periodístico y de ética periodística, pero Bloomberg es algo distinto a un medio de comunicación. Es un entramado de comunicaciones ligadas a inversiones financieras, e incluso a intereses políticos en este momento. Hay una versión que circula por Argentina, no sé si con veracidad pero sí con seriedad, que atribuye el uso del hecho que hace Bloomberg (otra cosa es cómo se generó el hecho) a un manejo financiero sobre los títulos argentinos, en el momento en que se está por iniciar la negociación Argentina - FMI. Es decir que el tema excedería lo que podría ser un canal que quiere salir con una noticia destacada. No sé si es así, pero es una versión que se está manejando reservadamente en círculos técnicos argentinos.

Tercero, se hablado mucho de la reacción de los uruguayos y los argentinos en base a encuestas por Internet. En otro momento vamos a ocuparnos de las encuestas por Internet, porque vemos que su manejo viene in crescendo, y es peligrosísimo: no significan nada, no representan nada. No son encuestas representativas de una muestra determinada, sino personas que entran a un sitio web -por entrar a ese sitio ya tienen un perfil determinado-, de las cuales algunas deciden contestar y eso limita también el perfil. De ahí a la sociedad no hay ninguna representación. Imaginemos una encuesta en un sitio como el del diario La República y otra en el de El Observador: van a dar resultados radicalmente distintas, porque los públicos son distintos.

EC - Es algo parecido a los programas de radio que convocan a los oyentes a opinar. Es interesante escuchar las opiniones que llegan, pero no se puede sacar cuentas, porcentajes, conclusiones a propósito de lo que la sociedad uruguaya estaría pensando sobre tal o cual tema.

OAB - Una vez hicimos aquí, En Perspectiva, una presentación del personaje del año y del hecho del año. La gente llamaba, y el conteo del resultado aquí no tenía nada que ver con la encuesta el que hicimos. Lo que decía la gente que llamaba a la radio tendía a coincidir con la gente de los niveles educativos más altos, y eso determina que ese es el público de El Espectador, que no es representativo de toda la sociedad sino de un segmento al que le gusta estar muy bien informado, etcétera, pero que obviamente no va a opinar igual que el resto de la sociedad. Seguramente, la mayoría del pueblo de Caraguatá no navega y vota por Internet.

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EC - Hechas estas precisiones, vamos al fondo del asunto.

OAB - Hay varios ángulos, yendo al tema presidente de la República, Jorge Batlle. No nos interesa el contenido de lo que dijo, si tenía razón o no, si es verdad o no. Nos interesa cómo actuó el presidente de la República.

Tenemos por un lado política exterior y por otro jefatura del país.

En cuanto a política exterior, Jorge Batlle ha trasladado al manejo de la política internacional lo que le fue muy exitoso ante la sociedad uruguaya, ese estilo trasgresor, repentinista con el cual rezonga a todo el mundo, a partir de ponerse en quien expresa un sentido común básico: "No puede ser", "Esto no se hace", "En el mundo ya no va"... Dentro de un país esto puede tener momentos atractivos y momentos no atractivos; el problema empezó así con Francia: durante los tres primeros meses de gobierno prácticamente todos los días hacía un ataque durísimo a Francia, acusó a ese país -y a Europa en general- del hambre que había en todo el mundo. Obviamente Francia no tiene la proximidad con Uruguay que tiene Argentina y parecería que allí no impacta tanto lo que diga el presidente uruguayo como puede impactar en Argentina; el tema no apareció en las elecciones francesas. Pero de alguna manera roza las relaciones entre los países.

EC - El motivo de aquellas declaraciones del presidente eran los subsidios.

OAB - Los subsidios agrícolas y en general el proteccionismo europeo. Con ello desequilibró mucho la relación de Uruguay contra Europa y a favor de Estados Unidos. Después se le creó un problema cuando Estados Unidos comenzó a aplicar un proteccionismo mucho mayor al europeo.

Previamente, ya en campaña electoral, había estado manejando temas como la invocación al Virreinato del Río de la Plata, que generó susceptibilidades muy fuertes en Brasil; ya como presidente manejó un tema que irritaba permanentemente a los brasileños. En el tema Cuba (dejemos de lado toda la discusión sobre el tema de fondo, respecto de las cual en Uruguay hay sin duda dos posturas bastante enfrentadas) queda claro sobre todo después de este suceso con Argentina que Uruguay empañó un poco todo lo que hizo en relación a la ruptura con Cuba (tenga o no razón el gobierno) porque se recuerda que un episodio que fue lateral, que no tuvo nada que ver con el desenlace final, sirvió a la parte cubana para atacar a Uruguay: y es que Batlle hizo comentarios infelices, fuera del ámbito normal, sobre la persona de Fidel Castro.

EC - Eso fue en Monterrey, durante la Cumbre de Presidentes.

OAB - Exactamente: trató a Castro de senil, de chocho; después quiso relativizar lo dicho diciendo que ambos tienen la misma edad, etcétera. Se puede ser durísimo en acusaciones políticas a un país, pero no se puede salir de tono en la relación política, como ocurre cuando se ataca personalmente. La réplica es cuando Fidel Castro ataca a la persona de Jorge Batlle: uno de los elementos que lleva a la ruptura de relaciones son los agravios al presidente de la República, porque se entiende que cuando se lo agravia se agravia al país. Pero luego se incurre en esto mismo, que es un agravio a otro presidente de la República. No importa si tuvo o no la intención de ser público; lo referido a Fidel Castro tampoco era público porque lo dijo en los pasillos de Monterrey, pero lo dice para que se escuche.

Hay un tema sobre cómo Uruguay ha estado generando en los últimos dos años una serie de hechos que empañan las relaciones diplomáticas sin ser producto de un acto deliberado. Si Uruguay estaba convencido de ir hacia donde iba con Cuba -el gobierno tiene todo el derecho de hacerlo-, podía haberlo hecho sin dejar ningún cabo suelto. Una cosa son los objetivos políticos y otra las desprolijidades.

Además, en este caso notoriamente no había pensado una intención de hacer nada en relación con Argentina. El presidente se sale de sí mismo, no puede consigo mismo. Pero, en el no poder consigo mismo, un presidente de la República habla en un tono que cualquiera de nosotros que no tiene responsabilidad institucional se cuida de utilizar en una conversación, aún privada. Uno puede tener estallidos porque está mal, pero trata de no hacer agravios como "Todos los de tal club de fútbol son unos sinvergüenzas". A veces alguien lo dice, pero no son "todos". Si en la vida personal uno se cuida de esas cosas, mucho más debe hacerlo un presidente de la República.

Independientemente de la ética o no de Bloomberg y del periodista, el presidente de la República es tal desde que jura el cargo hasta que entrega la banda presidencial, mientras duerme y mientras está despierto, cumpliendo actos oficiales o no oficiales. No hay nada que haga el presidente de la República de lo que pueda decir "Esto es off the record"; no hay "off the cargo", porque siempre está invistiendo la calidad de presidente de la República. Eso es algo que no se puede perder.

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EC - Tú querías detenerte en dos aspectos: la política exterior y la jefatura del país. Vamos a esto último.

OAB - ¿Qué es un presidente de la República? Muchas cosas: a veces es mucho menos de lo que la gente cree, en la medida en que no es el dueño del poder: tiene determinado poder que comparte con las fuerzas políticas, con el Parlamento y hasta con las limitaciones de los hechos. Pero es el jefe de un país, el líder de un país, aún para los que están radicalmente en contra. Es el que capitanea la nave; a uno puede gustarle que el capitán sea otro, pero el que la está capitaneando es él. En contrapartida, las señales que da quien capitanea la nave deben estar siempre acordes a ese cargo.

Aquí ha ocurrido lo siguiente. Jorge Batlle (y fue muy importante para su éxito electoral) cultiva con mucha fuerza en estos años la imagen de la improvisación, de la autenticidad, de la transparencia, con un carácter muy repentino. Batlle fue toda la vida un hombre muy repentino, que siempre lanza lo que se le ocurre, a veces no sólo como contestaciones a preguntas sino también como ideas: en un momento le pasa algo por la cabeza y ya lo está largando.

Eso le dio un gran éxito inicial y un gran piso, que sobre todo fue muy fuerte en el primer año de gobierno, porque de los gobiernos austeros en la comunicación, más rígidos, más formales, a que Uruguay venía acostumbrado, vino algo que la gente veía como frescura, como transparencia, como informalidad; había un gusto por la informalidad. Eso llevó a lo que hemos analizado en varias oportunidades: a fenomenales niveles de popularidad, de opinión pública positiva que Batlle tuvo particularmente el primer año, en el segundo en niveles descendentes pero también importantes. Recién ahora el nivel es bajo.

El tema es que esto que le permitió sortear grandes crisis y que fue acompañado de pasos políticos, porque no sólo tuvo popularidad porque hacía chistes, también porque simultáneamente daba ciertas señales de apertura política (como la Comisión para la Paz y todo el tema de los desaparecidos; como un diálogo fluido con Tabaré Vázquez, que no había ocurrido en el gobierno anterior; como el diálogo con el rector de la Universidad de la República). Dio muchas señales políticas que lo sustentaban; no fue que el presidente adquirió popularidad porque era distendido, hacía chistes y hablaba en tono informal. Fue parte de todo un posicionamiento en que esto ayudaba y lo ayudó durante muchísimo tiempo.

El problema es que nos parece que Batlle ha quedado muy ligado a ese personaje cuando han cambiado radicalmente las situaciones. La sociedad o cualquiera de nosotros va a reaccionar de una manera al ver al capitán de un barco si está en el Crucero del Amor y de otra si está en el Titanic después de chocar con el iceberg. En un caso va a divertirse o estará en un estado de ánimo apacible, y querrá a alguien que conduzca, pero que mantenga ese ánimo apacible. Pero cuando uno está en el Titanic después de chocar en el iceberg lo que quiere es un capitán firme, que sabe lo que está haciendo, Uno puede saber de navegación y decir "Yo haría esto otro", pero lo que importa es que el capitán sepa lo que está haciendo y que no hay lugar para las concesiones, porque en última instancia lo que se le pide y lo que en definitiva va a ser el logro o el fracaso de este gobierno es que llegue a puerto.

EC - Ese es el contexto, pero en cuanto a comunicación y a estilo de comunicación este episodio en particular fue una nota mucho más fuerte, fue un caso aparte.

OAB - Estoy hablando de ese posicionamiento. El presidente Batlle asume la Presidencia de la República -uno trata de ponerse en la piel de él- con una perspectiva de hacer "la" gran Presidencia. Por todo lo que venía diciendo sin duda esperaba que en el futuro Uruguay se iba a recordar con un antes y un después de Jorge Batlle, que iba a hacer la gran transformación del país, que el país iba a ser completamente distinto en base al modelo que él tenía, y que, a favor o en contra, no habría duda de que Jorge Batlle iba a ser un mojón en las etapas del país: que se podría hablar del antes y el después de José Batlle y Ordóñez, y del antes y el después de Jorge Batlle.

Las circunstancias le tocaron para que su gran éxito pueda ser llegar a puerto, el país no se hundió, pero ya no por hacer la gran transformación. Vino toda la debacle, se nos cayó Argentina, se pudo evidenciar falencias del propio Uruguay... Lo cierto es que está sometido a una perspectiva del resultado del gobierno que no es la que soñó.

Es un gobierno de una feroz tensión; no hay momento en que no le caiga una mala noticia. Además, gobernó durante un tiempo con una gran popularidad que ya no tiene; hay una tensión social importante, una tensión política importante... Batlle no se caracteriza por ser un buen articulador y no ha tenido en su elenco buenos articuladores políticos. Y una coalición, como un partido político, requiere permanente articulación, con mucha fineza y firmeza. Eso es desgastante. Conseguir los votos (no es un problema de Uruguay en sí, pregunten a cualquiera que haya trabajado en la Casa Blanca con cualquier presidente), vive permanentemente enloquecido porque cuando consiguió el voto exacto para tener la mayoría se le escapa otro de otro lado. Cuando además corren los tiempos, como en el caso del ajuste fiscal y el FMI, había votos o no los había, y no se podía esperar 15 días más. Nadie le envidia la tensión interior de quien tiene esa responsabilidad.

Permanentemente malas noticias, tremendas dificultades, gran tensión y la idea de que la Presidencia no va a ser lo que soñó, configuran sin duda una situación muy estresante.

Yo diría que el toque de atención que hay que tener es que el presidente de la República está expresando esta angustia y este toque de atención en esta sucesión de estallidos. Cuando el discurso, que nosotros valoramos muy positivo para los objetivos del gobierno (no valoramos el impacto que tuvo el llanto, creímos que ese impacto había sido menor, pero sin duda tenía que ver con hechos financieros que ocurren días después), la gente terminó recibiendo a ese presidente angustiado, no toda la firmeza del jefe de Estado en cadena de radio y televisión queriendo darle un mensaje de tranquilidad al país. Ese mensaje final arruinó todo lo demás y lo agravó. Reacciones como las que tuvo cuatro días después, cuando salió el artículo del periodista argentino Lanata -muchos consideraron que ese artículo era parte de un objetivo político de desestabilización de la plaza financiera-, fueron muy destempladas, sus palabras, sus gestos, toda su actitud corporal.

Dejemos de lado lo que dijo, y si fue o no off the record, y pongamos una conversación privada. Era muy bravo el estado en que estaba el presidente hablando en ese momento, cómo se movía en la silla, cómo saltaba, los gestos, la cara, la dureza de la cara, cómo golpeaba la mesa. Además no había una linealidad en la discusión entre las preguntas y los estallidos: estallaba por cosas que no estaban planteadas por el periodista, las comparaciones eran muy exageradas.

La coalición de gobierno ha jugado al manto de silencio y el Encuentro Progresista - Frente Amplio ha jugado a no darle demasiados decibeles, porque podría haber sacado muchísimo más partido político de esto del que ha sacado. Hubo las declaraciones de Tabaré Vázquez y las de la bancada, pero sin duda no jugó a magnificar esto, que podría haber magnificado muchísimo.

Creo que eso está bien para tratar de atemperar, pero sin duda el país necesita señales de serenidad, de tranquilidad y de calma. Esto es un toque de atención: un presidente de la República en este estado emocional, comunicando su estado emocional, es en sí mismo un factor de desestabilización en el país. De desestabilización anímica: mirando eso uno se siente mal, siente que las cosas están horribles por cómo está el presidente. Uno no sabe cómo están los indicadores económicos, qué pasa con la moneda, los cambios, los depósitos bancarios, pero uno ve al presidente transmitiendo una inseguridad muy grande. Ese factor es muy peligroso; por eso decía que en el Crucero del Amor se puede hacer chistes y bailar, pero en el Titanic se necesita dar tranquilidad, no entrar en pánico. Es un momento para que haya un toque de atención. Esto ya no es racional. Que haga las cosas de otro modo: debe hacer lo necesario para tener distensión y dar al país la tranquilidad que el jefe de Estado debe darle.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 7 - 2002