Cómo opera el sistema político en tiempos de crisis
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Uruguay está saliendo de una zona de profundo riesgo en relación al sistema financiero, y en particular respecto al circuito bancario. En esta salida han intervenido, además de los integrantes del equipo económico, todos los líderes políticos y dirigentes de primera línea, además de dirigentes empresariales y sindicales. A propósito de todo esto es que el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema del análisis de hoy, "Cómo opera el sistema político en tiempos de crisis".

OSCAR A. BOTTINELLI:
Por supuesto, no soy economista y el análisis es desde el punto de vista político. Pero muchos economistas señalan que Uruguay tuvo niveles de riesgo parecidos a los que el año pasado tuvo Argentina. Lo que distinguió básicamente el manejo de Uruguay respecto al de Argentina fue la solidez, tanto desde el ángulo del equipo económico, el ángulo oficial o gubernativo, como sustancialmente la respuesta y las señales que dio el sistema en su totalidad.

Observemos que, en Argentina, el año pasado, los actores políticos estaban en un juego de tirar al presidente de la República, al ministro de Economía... No hubo una respuesta a la caída de De la Rúa: recordemos lo que fue la designación de Rodríguez Saá, la posible designación de Puerta, la renuncia de Rodríguez Saá, otro interinato, luego la de Duhalde... Pero en las últimas semanas y en estos días hemos escuchado muchas veces que Duhalde renunciaría, que se adelantaría las elecciones, que no se sabe cuándo habrá elecciones, que siempre hay algún gobernador reclamando elecciones en medio de la mayor catástrofe de su historia.

En el caso uruguayo se vio, primero, que algún intento de algunos muy minoritarios y sin representación parlamentaria de jugar a la caída del presidente de la República y la convocatoria a elecciones fue rápidamente sofocado. El Frente Amplio rechazó esa opción, con el apoyo de la totalidad de las fuerzas políticas importantes y que tienen representación en el Parlamento. También se vio cómo, en estos días en que hubo mucho nerviosismo, en que Uruguay estaba además jugando un partido hacia adentro en relación a la confianza y hacia afuera en varias canchas -en relación al público común que tenía que mantener sus depósitos, y respecto a los organismos financieros internacionales, de lo cual dependía fundamentalmente la salida de esta crisis financiera-hacia todos esos lugares la señal fue de un sistema político que, sin ninguna excepción, jugó a respaldar al sistema financiero, a dar tranquilidad a la plaza y a dar tranquilidad a los organismos internacionales.

EC - Pese a que no llegó a concretarse la reunión de los líderes políticos.

OAB - Ahí sí hubo una serie de dificultades. Estaban desde quienes consideraban que la reunión podría ser muy peligrosa, en la medida en que temían que no fuera exitosa... Para que la reunión fuera exitosa debía vincularse a un solo tema, básicamente: la confianza en el sistema bancario. Apenas la reunión de líderes pasara ese tema y entrase por ejemplo al ajuste fiscal, las medidas de recuperación económica, la reunión de líderes fracasaría. De modo que uno de los temores fue que no operara en ese sentido positivo sino que generara una frustración en la gente.

Otro fue que, aunque cumpliera ese objetivo, la gente dijera "Ah, ¿sólo para esto se reunieron?": que una reunión que fuera exitosa no diera una señal clara para la gente, que la vería como algo que no sirvió para nada en la medida en que esperara otro tipo de resultados, distintos a los que se estaba buscando.

EC - Hubo otros factores, por ejemplo quién convocaba a esa reunión.

OAB - Sin duda, la única posibilidad que cabía era si la convocaba el presidente de la República. Lo otro era impensable: el presidente no puede ir como un líder político más a una reunión de líderes convocada por otros. El presidente de la República, y mucho más en un momento delicado del país, debe preservar la jerarquía institucional de la Presidencia. No es un líder político más.

Pero, a pesar de que no hubo reunión de líderes (durante la semana pasada uno pensaba que si no la había las señales del sistema político iban a ser malas), creo que hubiera sido mucho más fuerte que se hiciera, bien preparada y sobre un único tema, pero al final no se hizo y sin embargo el sistema político -los líderes y actores ya no de liderazgo presidencial, incluso de liderazgos sectoriales-contribuyeron todos a dar una señal muy clara, muy fuerte y muy firme en defensa de la estabilidad.

EC - Entre otras cosas puede decirse que el número tres del Fondo Monetario Internacional, Eduardo Aninat, se llevó una especie de declaración de los líderes en relación con el sistema financiero. Porque de las reuniones que mantuvo sacó sus conclusiones y encontró comunes denominadores interesantes entre las posiciones de los distintos dirigentes.

OAB - Sí: se atribuye a Aninat (y es una de esas atribuciones que no tienen ninguna forma de confirmación) haber comentado qué distinta sería la situación de Argentina si hubiera tenido un sistema político como el uruguayo. Como que encontrar un sistema político sólido, da a los organismos internacionales un nivel de certeza diferente a un sistema que esté en un permanente juego de poder, de quién ocupa el lugar de quién; o en que todos se están cuidando las espaldas en un momento de crisis.

Obviamente, se puede decir que aquí cada uno estaba cuidando sus intereses particulares. También: sin ninguna duda, quien aspire a ser presidente de la República en 2005, primero quiere tener una República; que el país llegue entero, que llegue con un sistema financiero funcionando y no encontrarse con las ruinas; a nadie le sirve gobernar sobre ruinas, aún pensando en la hipótesis más egoísta de los líderes (más allá de que creemos que todos, desde sus diferencias ideológicas y muy fuertes, jugaron con el sentido de que había que salvar al país).

Y a esto contribuyó también muy fuertemente -creo que hay que destacarlo-el sindicato de empleados bancarios, Aebu. Por supuesto que también la Asociación de Bancos, pero Aebu tuvo un papel muy importante. ¿Que lo hizo con un sentido corporativo, en defensa del interés de los trabajadores bancarios, de un sector que está en un nivel muy alto de retribuciones y beneficios, o que defiende mucho sus puestos de trabajo? Por supuesto, pero sin ninguna duda tuvo el sentido muy nítido, muy claro, una firmeza total jugándose a la firmeza de ese sistema financiero del cual depende ese nivel de vida y sus plazas de trabajo. Tampoco se ha visto en otros lugares a los gremios bancarios jugando con esa claridad y ese protagonismo. Sobre todo, frente a un Pit-Cnt muy confuso en estos temas, donde hubo dirigentes con mensajes bastante alarmistas, y Aebu salió muy fuertemente a enfrentar a todo dirigente sindical que saliera con mensajes que pudieran entenderse como desestabilizantes.

Observamos entonces que fue la convergencia en la diversidad: un sistema político, un sistema de poder incluyendo elementos como los bancos, como el sindicato bancario, que convergen en una crisis a partir de una diversidad de puntos de vista.

Desde el punto de vista del sistema político, lo que hay hoy es claramente una diversidad respecto a cuáles deben ser las respuestas de salida a la crisis. El nuevo horizonte que emerge a partir de ahora plantea con mucha claridad, descarnadamente, la lucha ideológica entre por lo menos dos grandes rumbos, dos grandes caminos (no hablemos de "modelos", porque el tema es confuso y el presidente Sanguinetti acaba de publicar un artículo en El País de Madrid cuestionando esa palabra). El presidente Batlle y el expresidente Lacalle entienden que este es el momento de salir definitivamente de la crisis, apuntar a la salida del país en varios años, a través de la profundización de reformas del Estado, su achicamiento, de fortalecimiento del mercado y la actividad privada, y de lograr que muchas cosas del Estado dejen de estar en sus manos y en su ejecución.

Del otro lado, particularmente del Encuentro Progresista - Frente Amplio, la defensa del papel estatal, de un Estado que sea eficiente, maneje bien los gastos, pero desde un papel protagónico.

Si bien venía en lo discursivo desde hace años, mucho o poco Estado es lo que viene ahora en una lucha fuerte, a partir de la convergencia en la defensa del sistema financiero y bancario, y en la necesidad de cuidar los gastos y de que el Estado los recorte. Pero, a partir de recortar los gastos, dos caminos distintos sobre cuál debe ser el papel del Estado. En medio de esto juega el tema de los referéndum: todo indica que el de Antel va a quedar por el camino ya que posiblemente la ley se derogaría en el Parlamento, y lo de la recolección de firmas por Ancap parecería que en medio de todo este ruido quedó un poco oculto. Pero sin duda se abre, a partir de esta convergencia en el tema de los gastos públicos, del sistema financiero, una divergencia política muy fuerte, que se va a ver en todas las medidas a proponer desde ahora en adelante: o una profundización del rumbo liberal del presidente Batlle con el apoyo de Lacalle, o una profundización de la defensa del papel del Estado por parte del EP-FA.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 31 - 2002