Después de los anuncios de Batlle
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
¿Cuál fue el sentido del mensaje del presidente, anoche, a la población?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero digamos lo que no fue: no fue un discurso del ministro de Economía haciendo anuncios sobre la política económica; no fue una de las tantas (miles, cientos) palabras de Jorge Batlle cuando entra a una escuela, cuando visita un hospital, sino que fue el presidente de la República, invistiéndose en la más alta calidad de jefe de Estado, con la solemnidad de una cadena nacional, haciendo anuncios al país, hablándole al país.

EC - Con esta primera advertencia, tú marcas por un lado una respuesta a quienes esperaban más detalles en el capítulo de las medidas.

OAB - Claro, los detalles son un tema del ministro de Economía.

EC - Por otro lado, señalas un cambio cualitativo en la política de comunicación del primer mandatario.

OAB - Diría que Batlle sale a cubrir una necesidad: un país en crisis necesita liderazgo. El mensaje de ayer tuvo centralmente este mensaje: "En medio de esta tempestad, este barco tiene a su mando un capitán firme, que sabe lo que hay que hacer. Estén tranquilos por eso. Vienen tiempos duros; si hacemos las cosas bien, hay un horizonte". Ese era todo el sentido del mensaje. Ayer no hizo ningún anuncio: dio ejemplos concretos de cosas que se van a hacer para demostrar que no son palabras en el aire. Ese es el sentido de las cosas concretas que mencionó. Los anuncios van a venir después, vendrán por el ministro de Economía, por los acuerdos políticos, por lo que proponga el gobierno y lo que acuerde la coalición de gobierno o todo el sistema político, que es una de las apuestas del presidente en su discurso de ayer.

Lo que importa es ver eso: primero, la forma en que se presenta el mensaje para decir "No es una vez más que Jorge Batlle hace declaraciones".

EC - Para empezar, era la primera vez que utilizaba la cadena de radio y televisión.

OAB - Exacto: es el presidente de la República que anuncia cadena nacional; en sí mismo eso es un hecho.

En ese contexto importa, por supuesto, lo que se dice, en qué tono se lo dice, importa la gestualidad del propio presidente. Todo eso es parte del mensaje, que fue un mensaje de jefe de Estado, no el de un gobernante. Esa es la primera cosa a tener en cuenta: es la necesidad de darle al país un liderazgo; como en momentos importantes de la historia, cuando los países afrontan una situación muy difícil o dramática, el jefe de Estado sale (compartiéndose o no lo que dice, independientemente de la línea política que va a instrumentar), pretende ponerse por encima, darle al país un referente, dar un ancla, incluso para que los que discrepan con él sientan que no les gustará lo que hace, pero que estén tranquilos, que sabe lo que va a hacer, que no anda a la deriva.

EC - En un análisis que firmaste ayer en el diario El Observador, te referías a la coyuntura por la que atraviesa el país y señalabas la necesidad de una actitud del primer mandatario similar a la que en su momento llevó adelante Franklin Delano Roosevelt desde la Presidencia de Estados Unidos.

OAB - Exacto. Yo compararía este discurso con el discurso de asunción del mando del 4 de marzo de 1933 o con algunas de las primeras charlas junto a la chimenea de Roosevelt que fue dando al pueblo, en ese tono que ayer empleó Batlle, por un lado firme, sereno, paternal, que va dando seguridad al pueblo. Son los ejercicios de liderazgo que necesitan los países en un momento así. Creo que el de ayer es el momento más importante de Batlle desde el discurso de asunción presidencial.

EC - Esa es una afirmación fuerte: "el momento más importante" de esta gestión de gobierno.

OAB - Era por lo menos el momento más importante de Batlle en el manejo de la jefatura de Estado, uno de los más importantes actos de gobierno, el más importante de la persona de Jorge Batlle como líder político, como jefe de Estado desde que asumió y desde el discurso de asunción.

Creo que si él hubiera hecho lo que algunos pretendían -un anuncio de medidas-, hubiera sido algo muy lavado; toda una discusión sobre las medidas, y no hubiera implicado este gesto de liderazgo que hizo. Además, en un gobierno que ya viene con demasiados anuncios y pocas concreciones. Lo que importaba más era lo otro: la demostración de una voluntad de hacer, de firmeza y de que se va a entrar a fondo a resolver los problemas. Por supuesto, después las soluciones gustarán o no, y en eso el país va a quedar naturalmente dividido. Pero no es la búsqueda de consensos sino de un sentido de que hay rumbo y fortaleza.

EC - Tú pones mucho cuidado en adjudicar importancia al contenido, pero sobre todo también a la forma del discurso de anoche. En esta última materia, ¿cómo viste el final de ese discurso con el presidente notoriamente emocionado?

OAB - Creo que el presidente venía con grandes debilidades en su comunicación. Primero hay que decir una cosa que es importante: la seducción, que tanto le rindió a Jorge Batlle, sirve en momentos de normalidad. El juego de seducción, de que la gente considere atractivo, "lindo" lo que dijo, "qué transgresión", eso es para momentos normales. En momentos de crisis se necesita de liderazgos fuertes, no sonrisas. Jorge Batlle venía un poco debilitado por la excesiva apelación al chiste, a expresiones livianas o a enojarse frente a la noticia adversa, como pasó cuando reaccionó porque presuntamente se había llegado a las firmas con el referéndum de Antel. Ninguna de esas reacciones da serenidad ni tranquilidad, por eso venía debilitado. Ahí es importante esa contracara.

Al discurso le sobraron algunas cosas; obviamente no fue perfecto. La referencia al Día de la Madre cae justamente en eso de querer sensibilizarse con la gente, establecer un feeling simpático, emocional, cuando lo que importaba era un presidente que demostrara fortaleza.

Lo de la emoción al final me pareció muy natural. Le estaba costando encontrar el final, se ve que tenía armada la última frase pero no llegaba a ella, entonces sintió el mismo dramatismo de lo que estaba pensando y tratando de trasmitir. En definitiva es muy importante ese concepto que redondea, de que hay que decirle al mundo que hay un país que cuando tiene un problema no huye. Es una búsqueda de mensaje hacia fuera y dentro de Uruguay. Por lo tanto pretendió (no mediante un análisis exhaustivo, manejar cifras, datos, etcétera), dar la idea: "Estamos en una situación dramática; los uruguayos nos apretamos el cinturón y va a ser muy duro, y si hacemos eso tenemos un horizonte".

Quizás -esto no tiene que ver con el anuncio y sí con el estado psicológico- hubiera necesitado un poquito más: alguna frase más que apuntara a la importancia de la reactivación económica por sí misma, no como una necesidad para recaudar más, que fue lo que apareció en el discurso, y algo mucho más contundente en relación al sistema financiero. ¿Cuáles son los rumores?: tienen que ver con miedo al corralito; ésa es la realidad. Faltó esa cosa contundente: "Estén tranquilos, el gobierno no lo va a hacer". Quizás esas sean las dos debilidades de un discurso que creo que es de una afirmación fuerte de Jorge Batlle como jefe de Estado, como líder de Estado en el momento más alto desde que asumió la Presidencia de la República. El discurso de ayer marca un giro, una inflexión en el desarrollo del gobierno, que lo será o no en función de que el discurso se traduzca inmediatamente en hechos de forma de generar las medidas concretas, de darle una gran fluidez a la coalición, y de intentar, con o sin éxito, de mostrar la real voluntad del gobierno de un diálogo franco y abierto con la oposición.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 13 - 2002