La lógica de la polarización, versión siglo XXI
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En los últimos años el país vivió varios amagues de polarización, o al menos de enrarecimiento del clima político. El más fuerte ocurrió en medio de la campaña electoral hacia el plebiscito constitucional de 1996. Hoy ese enrarecimiento o esa polarización parecen haber revivido, en particular con todo lo que gira en torno a los acontecimientos relacionados con la ruptura de relaciones con Cuba.

A propósito de este clima político es que el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como título de su análisis de hoy: La lógica de la polarización, versión siglo XXI.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Dicen que es un mal síntoma que una persona comience a citarse a sí misma.

EC - ¿Eso te pasa a ti?

OAB - Pero mucho peor es repetirse y que después alguno diga "Se copió; ya lo oí hace x tiempo". Pero vamos a repetir lo que dijimos en 1996, a lo que no hay que quitar ni agregar coma alguna:

"El 30 de abril de 1972 el general Seregni advertía sobre los riesgos de entrar en la lógica de la guerra, la imparable reacción en cadena de causas-efectos recíprocos en acontecimientos bélicos y político-bélicos, cuyo final nadie puede avizorar, salvo uno: que nadie sale ganando y el país como tal pierde inexorablemente.

"Con las diferencias del caso -existen grandes diferencias-, existe también una lógica de la polarización, la generación de un proceso asimismo de reacción en cadena de causas-efectos recíprocos, de sucesión de hechos que se transforman en incontrolables.

"Que nadie se llame a engaño, no se puede entrar en una lógica polarizante con la creencia de que ella desaparece y el proceso de polarización se frena por un mero acto de voluntad en cualquier momento. Eso creyó el aprendiz de brujo.

"La polarización se visualiza cuando cambia la naturaleza de una contienda política, sea electoral o no. Los símbolos más visibles son la dilucidación del eje electoral o del eje político en términos de antagonismo excluyente: hay un bien y un mal, un cielo y un infierno.

"Y también la visualización de los campos en términos bélicos: hay aliados y enemigos; unos son poseedores de la verdad y la virtud; a los otros, poseedores del error con maldad, sólo cabe el desprecio público."


EC - ¿En qué año decías esto?

OAB - En 1996, previo al plebiscito constitucional del 8 de diciembre, cuando se llegó a un nivel de polarización muy elevado, del cual estamos bastante cerca en este momento. La Tierra siguió girando, no se detuvo, el país salió muy rápidamente de esa lógica bastante endemoniada que cada tanto amaga con resucitar. Es precisamente lo que se está dando en estos días.

La polarización es un producto de la intolerancia y la incomprensión. Parte del supuesto de que hay una única verdad y una única buena fe que, casualmente son las de quien habla. El otro no sabe lo que dice o actúa de mala fe. La intolerancia es, en esencia, una visión de tipo totalitario, pues parte de la premisa de que no caben dos puntos de vista. Algo así como la ley física de que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar en el espacio.

Venimos de una larga serie de exclusiones y comportamientos recíprocos. Se acusa al Encuentro Progresista - Frente Amplio de falta de voluntad negociadora, de tener una actitud de confrontación permanente, de "tener el no a flor de labios ante cualquier tema", de recurrir a plebiscitos para todo...

Fundamentalmente se menciona el caso de Ancap, y vale la pena detenerse en lo que se dice al respecto.

El presidente del organismo fue a la conducción de la Mesa Política, conversó reiteradas veces con Tabaré Vázquez, dialogó con senadores enviados por éste a conversar una salida para el tema Ancap, y de allí salió la ley de asociación. Cuando llega, se encuentran con que el FA se opone por mayoría, desautoriza a los senadores que negociaron y luego el propio Tabaré Vázquez lanza una línea durísima de ataque contra la misma.

EC - Esas son las acusaciones que se hacen al FA.

OAB - Esto es lo que se dice, en general, del FA.

De la otra parte, se dice que en los partidos tradicionales, el gobierno, la coalición de gobierno, hay una línea de exclusión de la izquierda, ya que el FA no está en los directorios de entes autónomos y servicios descentralizados para cumplir una función de contralor; hasta ahora no se ha integrado la Corte Electoral ni el Tribunal de Cuentas (siguen los anteriores, con lo cual se violó un acuerdo al respecto); "se dice no a toda propuesta del FA".

En particular se señala al ministro de Economía, que en ocasiones no ha tardado ni una hora en salir a rechazar todo lo propuesto por esta fuerza, casi antes de leerlo. Los miembros del FA no son consultados antes de tomar medidas, incluso en políticas que pueden considerarse de Estado o en grandes temas nacionales el FA no es llamado a consulta, al menos para que dé su opinión, aunque la misma luego no sea tomada en cuenta por existir opiniones discrepantes.

EC - Esas son las acusaciones contra la coalición de gobierno.

OAB - Sí, contra el Partido Nacional y el Partido Colorado o sus líderes; a veces cae sobre todos y otras veces sobre algunos.

EC - Este era el contexto; ahora se agregó el episodio Cuba.

OAB - Ahora se agregó el episodio Cuba a este contexto. Si repasamos los discursos de los últimos días veremos que siguen apareciendo otros.

Sobre el tema Cuba se observa que hubo, por un lado, un acercamiento muy fuerte de Uruguay como país, como política nacional, a Estados Unidos; cuestionamientos más fuertes al gobierno o al sistema de Cuba, la moción en Ginebra ante la Comisión de Derechos Humanos, y todo esto sin consulta interna, al menos no más allá de los ámbitos de la coalición. Desde la izquierda se lo ve como una política de tensar los ánimos deliberadamente en relación a Cuba y, por efecto secundario, por carambola, por tiro por elevación, buscado tensar los ánimos dentro del país, crear una polarización interna.

Del otro lado se ve una actitud de lealtad incondicional a Cuba, saltear los agravios realizados al presidente de la República en forma y tono absolutamente diferentes -según se sostiene desde el gobierno- de los hechos políticos ocurridos entre ambos países. Es decir que, ante hechos de tipo político, Cuba no reacciona políticamente sino con agravios de tipo personal al presidente de la República, al gobierno; e incluso al pueblo, en la medida que se habló de la impunidad de personas que cometieron determinado tipo de hechos durante el gobierno militar: como la no penalización de esas personas es producto de una ley aprobada plebiscitariamente, no se está acusando al presidente, al gobierno o a los partidos políticos, sino a todo un pueblo. Esta es la otra postura.

Además, hay una serie de agravios y descalificaciones. A lo largo de 2002 encontramos, en el acto final de Punta del Este, el dedo obsceno del orador del Pit-Cnt, Juan Castillo, hacia el presidente de la República; en este 1° de Mayo hubo algunas frases agraviantes también hacia el presidente y para dirigentes de partidos tradicionales; algunas consideraciones del líder del EP-FA también estuvieron fuera de tono.

Hemos entrado en este tipo de lógica en la que el tema de la discusión política, de la diferencia de proyectos ha quedado totalmente desplazado; se está en un nivel de intolerancia muy fuerte entre las partes, muy excluyente.

EC - Intolerancia que se trasmite también a una parte de la población, cuando después se discuten estos temas en otros ambientes.

OAB - Exactamente. Ocurre que normalmente las dirigencias políticas operan de espejo, reflejan lo que piensa la opinión pública, pero luego agregan, amplifican o crean nuevos hechos que magnifican ese estado primario que pueda darse en la población. Sin duda hay alguna intolerancia en la población para que las dirigencias actúen de esa manera (de otro modo esto no tendría eco); pero por otro lado esto desencadena mayor grado de intolerancia, mayor grado de exclusión entre las partes de una sociedad, mayor crispación en la forma de encarar los temas.

Esto está ocurriendo cuando falta un poco más de dos años para la primera de las elecciones, la del 25 de abril de 2004, en que entraremos en un largo ciclo electoral de 13 meses, o por lo menos de siete meses si estamos hablando de lo más fuerte, que es la definición presidencial. 24 meses más otros siete: 31 meses partiendo de este nivel de polarización e intolerancia, en medio de una dificilísima situación económica y social del país, es muy peligroso.

Si no se busca descomprimir esta situación rápidamente, desde el punto de vista político Uruguay va a vivir niveles de tensión muy difíciles, que van a generar en otros segmentos de población -los que están un poco fuera de esta intolerancia y esta polarización- una sensación de hastío y depresión frente a un sistema político tan polarizado y crispado.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 3 - 2002