Los dilemas que vienen de Argentina
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Las crisis económica y política argentinas son una especie de rutina en las coberturas periodísticas, aquí y en buena parte del mundo. Hoy, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, toma el tema desde un ángulo distinto y nos propone analizar "Los dilemas que vienen de Argentina".

Vamos a hacer una aclaración antes de empezar, parecida a la de la semana pasada, cuando tu comentario tomaba como base Venezuela: éste no es un análisis sobre Argentina.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Exacto, no es un análisis sobre la situación argentina ni un análisis económico. Es tomar temas que impactan sobre lo político y la sociedad, que se debaten en la crisis argentina, y que tienen importancia para el debate colectivo global o para el debate uruguayo.

EC - ¿Por dónde comenzamos?

OAB - Por lo político, sobre todo por el sistema político. Lo que se está viendo en Argentina, además de una situación económica y financiera extremadamente difícil, es la caída casi total, o al menos muy abrumadora, de credibilidad en la política y en los políticos, el vaciamiento de los partidos políticos. Las noticias son todas de una especie de monopartidismo, solamente se ve al justicialismo, el Congreso aparece como una cosa al fondo y el justicialismo casi como un juego feudal de barones, de gobernadores de provincia que sostienen o dejan de sostener al presidente y marcan el rumbo.

Esto está marcando un cambio muy fuerte: hay falta de confiabilidad en las instituciones y lo que parece especialmente grave es que no hay alternativas, como decíamos respecto de Venezuela el viernes pasado. No aparece ninguna alternativa.

En décadas atrás el descreimiento en la política, en los políticos, tenía como alternativa para algunos el golpe militar, para otros la revolución, para otros un hombre fuerte... Se creía en algún tipo de estructura política o social que pudiera hacer transformaciones o gobernar. Había formas de creer en alternativas. En cambio, en Argentina se ve el peligro del vacío, hay pérdida de confianza en la política, en los partidos, en los políticos y no hay alternativas de tipo alguno. Está surgiendo el término de "argentinización" como sinónimo de anomia, de desorganización de la sociedad, de una disconformidad y una protesta que no tienen forma de canalizarse en la posibilidad de construir. Se ve aquello en lo que no se cree, aquello en lo que no se tiene confianza, pero a partir de ahí no se ve instrumentos políticos -que no estoy limitando: instrumentos del tipo que fuere, gusten o no-, no se ve que se construya instrumentos, que se diga "la sociedad va a creer en esto que la va a canalizar".

El descreimiento es un tema importante. Es todo un análisis ver quién lo provoca, cómo se provoca, quiénes o qué causas tiene, pero lo cierto es que cuando se lo provoca -y no es la primera vez que ocurre: es la primera vez que no aparece la contracara, que no se cree en otra cosa y no hay alternativa- se genera un vacío muy peligroso, porque las sociedades entran en una destrucción, en una desarticulación total.

EC - Vimos como primer dilema lo que se refiere al sistema político. ¿Cuál es el segundo?

OAB - El segundo tiene que ver con el "corralito", esa otra figura idiomática inventada por los argentinos, con esa gran creatividad que tienen, esa especie de humor en los momentos más duros.

El "corralito" supone muchas cosas: consecuencias sociales, financieras y políticas. Surge la tensión entre lo económico y lo jurídico. Lo jurídico no entendido como una formalidad abstracta, como individuos preocupados por una letra vacía, sino como las posibilidades que da el manejo económico-financiero y el juego de derechos que regulan una sociedad en la cual la gente confía para convivir civilizadamente en una sociedad. De un lado está aquello en lo que se centran los economistas: hay tantos depósitos, tantos retiros que se quiere hacer, tanta falta de fondos; esto no se puede cumplir, todo el mundo va a tener que perder. Se da una situación complicada para la gente por el no acceso al dinero que depositó en los bancos.

Por otro lado hay una sociedad que -como pasa con buena parte de las sociedades del mundo, ni qué hablar de Occidente- tiene al derecho de propiedad como uno de los más importantes y discutidos políticamente en sus alcances y extremos. Lo que hay dentro de los bancos es propiedad de quienes lo han depositado. ¿Cuál es el concepto básico de banca y de depósito bancario? El uso de la palabra "depósito" refiere a alguien que pone un sobretodo en el guardarropas de otro, y a alguien que se especializa en guardar los sobretodos de otros. Es decir, alguien que recibe el dinero de otros para custodiarlo, en primer lugar para que no corra el riego de tenerlo bajo el colchón y se lo roben; y segundo, porque el dinero -a diferencia de un auto o un sobretodo, que si se usan se desgastan-, si queda guardado en un cajón y no se usa, queda inútil y no produce. El banco lo hace girar para que produzca algo y en determinada circunstancia produzca para el que deposita. Hay depósitos "a la vista", que se puede usar en cualquier momento y generalmente no producen nada, en cuentas corrientes, y hay depósitos a determinado plazo que producen una renta determinada.

En cuanto a la actitud normal de la gente común, los depósitos bancarios se pueden dividir en dos: los de aquellos que meramente depositan, que van al banco como quien va a un guardarropas, para tenerlo seguro, y los de aquellos que hacen una inversión de riesgo, como es el caso de los fondos de inversión. El que hace una inversión de riesgo sabe que corre, precisamente, muchos riesgos; que ese dinero puede dar mucho, poco o en parte se puede perder.

En general lo que se está discutiendo en Argentina no es el caso de la gente que invirtió en riesgo o en papeles de bolsa, que también son riesgosos y que como en todo riesgo se puede ganar mucho o perder. Se está hablando de la gente que depositó como si el banco fuera un guardarropas. Aquí está en juego un tema básico que tiene que ver con una de las visiones del derecho de propiedad, que aparece muy relativizado en todos los manejos donde se ponen limitaciones económicas y la necesidad de que la gente pierda. Además con asimetría, porque la gente sigue debiendo lo que debía a bancos u otros, pero no tiene derecho a hacerse de los instrumentos para pagar lo que debe. Tiene el dinero pero no lo puede sacar. Incluso algunas de las medidas del "corralito" implican que uno tiene dinero en un banco pero no puede usarlo para pagar la deuda que tiene con otro banco. De este modo el derecho de propiedad se mantiene para la institución acreedora, pero se pierde para el individuo que depositó el dinero.

Este tema es importante porque el derecho de propiedad se revalorizó en los últimos años o lustros, particularmente a partir del auge de las visiones más liberales de la economía, basadas en que el de propiedad es uno de los derechos fundamentales para manejar una economía libre y de mercado.

Justamente, desde ese ángulo se han señalado con mucha fuerza los riesgos para el derecho de propiedad y para las reglas claras de mercado, que suponen, por ejemplo, los proyectos de suspensión de ejecuciones. Se dice que cuando se propone suspender ejecuciones por deudas se está afectando el derecho de propiedad, porque el titular de un crédito no tiene forma de restablecer su derecho a la propiedad mediante la ejecución judicial.

Cuando se habla de estos temas surgen voces muy duras, pero en este caso no se ve el mismo grado de crispación frente a la afectación del derecho de propiedad que es la no devolución del dinero depositado, independientemente de que haya una limitación económica muy fuerte.

Por otra parte, hay distintos sistemas de garantías bancarias. Uno es el que implica que el Estado garantiza todos los depósitos que hay en los bancos estatales (como en el caso uruguayo); otro son los seguros. También se ha señalado la importancia que tenía la presencia de grandes instituciones internacionales como forma de decir "Estos depósitos están seguros, usted está depositando en la institución número dos, cuatro, seis del mundo, que tiene tal patrimonio y tales sucursales". Se hace ver como que hay un respaldo internacional, independientemente de la sucursal o de la coyuntura nacional, pero lo que se está viendo en Argentina en este momento es que esa garantía -que de alguna manera apareció en la publicidad para la captación de depósitos- no tenía la contrapartida de esas instituciones diciendo "Señores, sus depósitos van a estar seguros porque nuestra firma cumple, independientemente de las dificultades que tenga en Argentina".

Este es un tema de reflexión, porque si lo de Argentina termina en formas bastante previsibles, el concepto de derecho de propiedad va a quedar afectado para todo otro tipo de temas. Cada vez que se quiera manejar que alguna medida va a afectar al derecho de propiedad, va a venir como contrapartida lo que pasó con los depósitos bancarios, ese derecho de propiedad que quedó afectado. Hay un giro en el tema, que todavía no se ve con claridad porque se está viendo la crisis grave, las limitaciones económicas para la solución del problema, pero cuando esto termine -y se resuelva como se resuelva- el tema del derecho de propiedad va a tener un nivel de debate con confrontación de posturas de un lado y el otro, como tuvo hace 30 o 40 años por razones filosóficas, ahora a partir de una experiencia que va a golpear fuertemente.

EC - ¿Alguna conclusión final?

OAB - La conclusión final es tratar de ver lo de Argentina no sólo como anécdota, como lo que les está ocurriendo a los vecinos y lo que nos impacta a nosotros -sobre el dólar, la economía y mil cosas-, sino ir viendo esos grandes temas que están surgiendo y son para reflexionar porque nos van a condicionar a nosotros como país y a la región en el futuro. Son nuevos temas que se están planteando, que no teníamos en la agenda mental.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 26 - 2002