Las enseñanzas que vienen de Venezuela
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
La destitución de Hugo Chávez como presidente de Venezuela y su reposición en el cargo 47 horas después han sido largamente comentadas en el mundo, y en particular aquí, en nuestro programa. Hoy, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Fáctum, toma el tema desde un ángulo distinto y nos propone analizar "Las enseñanzas que vienen de Venezuela".

Tú querías hacer un par de aclaraciones para comenzar.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí. La primera es que esto no es un análisis de lo que ocurrió en Venezuela. No vamos a hablar de Venezuela: vamos a tomarlo como una reflexión sobre temas planteados en esa crisis o a raíz de la misma.

La segunda en cuanto a las reacciones que hubo a favor o en contra de los sucesos. Hay que tomar los conceptos en sí mismos, sin mezclarlos con la simpatía o la antipatía que se pudieran tener hacia unos u otros personajes o protagonistas de los hechos.

EC - ¿Por dónde comenzamos: por los antecedentes?

OAB - Primero vamos a marcar varios temas que podemos tomar como enseñanzas o lecciones.

En primer lugar, dos cosas que ocurren en un país, que son la deslegitimación del sistema político y la polarización social.

Recordemos que en 1958 Venezuela tiene la instauración de una democracia moderna. (Vamos a aclarar que la palabra "democracia" es muy complicada: quiere decir muchas cosas, hay muchos sentidos de la palabra, muchas controversias; en forma operativa vamos a usar como definición la más común en nuestro país, que es sinónimo de democracia liberal representativa, lo que en términos académicos se puede denominar una poliarquía, en la definición del politólogo Robert Dahl. En 1958, entonces, Venezuela pasa a ser una democracia liberal representativa de carácter moderno, con dos grandes partidos estables, el socialdemócrata Acción Democrática y el socialcristiano Copei, y hasta 1989, en medio de la bonanza del petróleo, funciona como una de las democracias estables del continente.

En 1989, con la crisis derivada de la crisis del petróleo, con la necesidad de ajustes muy fuertes en un Estado que ya entra en una desfinanciación formidable, se produce lo que ha sido llamado el "caracazo", que comienza una desestabilización, que sigue con denuncias de corrupción contra el gobierno y el propio presidente Carlos Andrés Pérez, y termina en una especie de golpe de Estado, que fue la destitución parlamentaria del presidente. Es una forma muy sutil de interrupción institucional, como se dio dos veces en Ecuador con Bucaram y Naud, como se dio en Paraguay con Raúl Cubas, donde de alguna manera se fuerza el orden institucional.

Hay un interinato y viene un viejo líder socialcristiano, tercer presidente venezolano de esta etapa. Reaparece fuera de los partidos tradicionales, en contra de éstos, encarnando un movimiento de tipo populista, con el apoyo del "chiriperío", es decir toda la gente más popular, más fuera de las estructuras formales de la sociedad, los niveles más bajos.

EC - Estamos hablando de Rafael Caldera.

OAB - Sí. Y precisamente esta misma base social es la que luego, tras Caldera y tras cierto fracaso de éste, viene a apoyar a Chávez. La elección de 1999 marca el fin de los partidos tradicionales, cuyos candidatos presidenciales en conjunto obtienen en torno al 6% de los votos, los dos sumados. En esa elección quien figuraba primera en las encuestas es Miss Universo, que luego perdió por lejos, superada por un ex comandante de paracaidistas que siete años antes había intentado un golpe de Estado, el comandante Hugo Chávez.

EC - Esas eran las opciones.

OAB - Esas eran las opciones principales. El abanico era muy grande, porque entre ellas también estaban los viejos partidos que habían gobernado Venezuela desde 1958.

Tenemos dos elementos que alguna gente ha comparado con la Argentina de 1945: una polarización social, partidos políticos anquilosados, que no respondían a la realidad, y un cambio en las estructuras sociales del país.

Justamente, todos los pronósticos errados que vimos el viernes en Uruguay y el mundo sobre lo que estaba ocurriendo en Venezuela, se parecen mucho, cuando revisamos la prensa, a lo de Argentina entre octubre de 1945 y febrero de 1946, cuando los partidos tradicionales consideraban que Perón tenía un pequeño apoyo de un grupito de gente que había llenado la Plaza de Mayo y desconocían la existencia de un sector social muy grande cuantitativamente.

Ocurre que además hubo un corte social parecido al argentino. Los trabajadores representados en la Confederación de Trabajadores de Venezuela son los trabajadores formales, los que se podría denominar una especie de aristocracia obrera: son los que ganan bien, los que tienen trabajo estable, una ínfima minoría de la población económica o potencialmente activa de Venezuela.

Ahí estuvieron el empresariado tradicional, Pdvsa, y del otro lado todos esos sectores que están fuera de la vida formal de Venezuela y que "casualmente son la mayoría", los que habían respaldado a Caldera en la elección, después a Chávez en la elección y ahora respaldaron a Chávez en la retoma del poder. Ahí hay claramente una contraposición: las clases medias jugaron un papel decisivo en el enfrentamiento a Chávez. Lo que hubo en las calles de Caracas en la noche del jueves al viernes, que algunos han definido como "pueblada", era más bien las clases medias en la calle: no las clases bajas, que sí aparecieron a lo largo del sábado y particularmente en la madrugada del sábado al domingo.

Tenemos que reflexionar sobre el caos que sobreviene al vacío, cuando falta un sistema de partidos políticos estable, la necesidad de tener cuidado cuando se erosiona la credibilidad en los partidos, en la política y en los políticos. Hay que tener cuidado cuando esa erosión no va acompañada de alternativas.

EC - ¿Qué quiere decir alternativas?

OAB - Las que fueren. Pero no se puede erosionar a los sistemas de partidos sin tener quién los reemplace. Los reemplazos pueden ser de todo gusto, pelo y color, pero no se puede generar vacíos.

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EC - Otra enseñanza puede ser el concepto de "democracia", por ejemplo.

OAB - Sí: el concepto de democracia, el valor de la democracia y el valor de las elecciones. Repito que estamos hablando de "democracia" en la definición más usual en Uruguay, como democracia liberal representativa, que fue una demanda de la mayoría de los uruguayos hace un par de décadas y que culminó con el proceso de restauración institucional en 1984-1985.

Vamos a ver algunas frases de estos días. Por un lado, se insistía en que más allá de las elecciones habría que ver si era o no una democracia lo que había en Venezuela. Esa es claramente la afirmación del Departamento de Estado cuando dice que la legitimidad es algo que se basa no solamente en una mayoría de votos. Es una frase muy relativizadora del valor de las elecciones, que lleva a una señal de preocupación sobre el tema de las elecciones y la democracia.

En estas últimas dos décadas un lugar común en el mundo occidental, en el mundo impulsado por Naciones Unidas y en América por OEA, era que la democracia se basaba, como primer elemento -no único- en la legitimidad emanada de elecciones competitivas, limpias, transparentes y en clima de libertad. Decir que esto es un primer requisito pero no basta, es una frase demasiado descalificadora de los orígenes de los gobiernos.

Por otra parte, hubo expresiones como "esto no fue un golpe militar ni empresario", "aquí no está en juego la democracia", porque Chávez no gusta. Eso termina siendo muy peligroso, porque si a los regímenes se los califica por las ideas de quienes están al frente de los mismos, ya no estamos hablando de democracia, menos democracia o no democracia, sino de que las ideas que se aplica nos gustan o disgustan, son legitimadas por sí mismas y no en función del régimen.

En Uruguay han aparecido algunas expresiones en estos días. En el acto del viernes pasado, de homenaje o solidaridad con Cuba -un acto muy pequeño y de sectores políticos muy minoritarios, por lo tanto no muy representativos, pero importa tomar el concepto-, en una parte de la oratoria se dijo que la democracia no es tener elecciones cada cinco años, sino tener educación, salud, vivienda y trabajo. Es un concepto, una definición de la palabra democracia, pero que no tiene nada que ver con el concepto de democracia liberal representativa. Aunque no es nada original: esto se oía todos los días hace 40 años, y 35 años en Uruguay.

EC - El debate a propósito de democracia formal, por ejemplo.

OAB - En el acto del Obelisco se dice en la plataforma "por una democracia real". Si se lucha "por una democracia real", es que no hay una "democracia real", hay una "democracia virtual", una no democracia; hay una "apariencia de democracia". Estas son frases que hay que pronunciar con mucho cuidado. Se las dice con una idea muy clara de lo que se quiere y lo que se quiere no es lo que hay ahora, o de lo contrario hay que tener cuidado con lo que se dice.

Precisamente, hace 30-35 años en Uruguay se caminó muy ligeramente en manejar lo de las "democracias formales", que las democracias no solucionaban los problemas, porque no permitían que la gente fuera igual, o porque daba demasiadas libertades y "en nombre de la democracia se vivía en un caos". Como fuera, el tema de la democracia estaba permanentemente cuestionado. Hoy no lo está, pero están apareciendo señales, como estas que parten de Estados Unidos, como columnas que hemos visto en diarios de varios países de América, donde otra vez comienza la relativización del concepto de democracia por la forma en que se movía Chávez, que sin duda no es muy respetuosa de la oposición. Pero aclaremos: el régimen de Chávez no ha hecho casi nada en materia de reformas que pudieran asustar, como asustaron, a las clases medias y al empresariado. Es un gobierno que ha hecho los más formidables avances verbales: ha proclamado todas las revoluciones pero ha avanzado poquísimo. Son más amenazas verbales que reales, pero con esas amenazas ha contribuido a una polarización de la sociedad que ya venía, y que la otra parte también polariza.

Tengamos claro que la democracia liberal representativa requiere muchos elementos, entre ellos -básicos- la libertad, la tolerancia -la polarización afecta a la democracia-, pero hay que partir de dos elementos: primero, creer en la democracia sin cortapisas; y en segundo lugar, que no hay democracia liberal representativa si no se parte de elecciones libres, competitivas, transparentes, y que no se puede legitimar, per se, rápidamente, los resultados de una elección sin esas características sin estar al mismo tiempo socavando los valores de la democracia liberal.

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EC - Tú mencionaste al pasar que querías hacer algún apunte sobre Pdvsa; ¿en qué sentido?

OAB - Dos apuntes. Petróleos de Venezuela es una empresa estatal -el equivalente a un ente autónomo nuestro-; es "la" empresa de Venezuela, país petrolero: no es Ancap, una empresa que importa y refina, sino que tiene los pozos petroleros, es el tercer exportador mundial de petróleo. Y esa empresa fue desarrollando durante muchos años una conducción autonomizada del poder político. Esta es una discusión que en Uruguay está planteada en los últimos tiempos.

Es importante ver lo que ocurrió. Esta autoridad, que se independizó del poder político, llegó a creer que está por encima y al margen del poder político al dictar las políticas petroleras del país. Fue a un enfrentamiento con el gobierno en función de defender la concepción política sobre la política petrolera que entendía la jerarquía de Pdvsa, y que consideraba ilegítimo que el gobierno tuviera derecho a conducir a la empresa y colocar personas en su conducción.

No estamos hablando de si esas personas eran de buena o mala calidad, sino de cuál es el poder del gobierno. Lo cierto es que esta burocracia o tecnocracia de Pdvsa, apoyada por los trabajadores de la empresa, que son el sector más beneficiado de los trabajadores venezolanos, la elite de la elite de los trabajadores, fue decisiva impulsora del estallido del golpe de Estado. Un golpe de Estado que sin duda es militar, que se produce en un fuerte militar, que es empujado por el empresariado en general, al que aparece ligado Estados Unidos y que en estos días ha determinado grandes análisis sobre todo de la prensa europea, que está muy sorprendida con lo que considera "un paso en falso del cow-boy", como se tituló en varios diarios, refiriéndose al presidente Bush. Pdvsa aparece como la mecha, y las jerarquías y los trabajadores de Pdvsa empujando el momento de realización del golpe.

EC - No mencionaste a los medios de comunicación.

OAB - El segundo apunte eran los medios de comunicación. Es clarísimo cómo en Venezuela no existieron medios de comunicación cuya finalidad fuera informar, sino que por un lado estuvo la televisión estatal -hace pocos programas hablamos de los distintos papeles de la televisión estatal y dijimos que uno de ellos es cuando se toma como el canal del gobierno, no del Estado-, que ofició de canal del gobierno: un canal de propaganda del gobierno de Chávez y de las ideas políticas del gobierno. Por otro lado, los tres canales privados oficiaron de oposición y claramente, en esos días, daban el sustento informativo e ideológico a todo el proceso golpista.

Los medios de comunicación, todos -los del gobierno y los privados-, cumplieron un activo papel político: ninguno cumplió el papel de informar con claridad y objetividad.

EC - ¿Algunas conclusiones?

OAB - Una reflexión personal. En los años sesenta y comienzos de los setenta, los uruguayos teníamos una especie de inocencia en materia de dictaduras. Las veíamos de lejos. Con un Parlamento en funciones, con libertades públicas, se hablaba con mucha facilidad de democracia formal, de necesidad de gobiernos fuertes o de revolución. Se apostó a descreer de la política con mucha facilidad y se apostó, con mucha facilidad y por muchos, a la confrontación. Vino lo que vino. Hoy los uruguayos ya no tenemos esa virginidad. No hace todavía 20 años que salimos de lo que salimos. Por eso vale la pena no olvidarse de una célebre frase del siglo XIX: "Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla".

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 19 - 2002