Los dos años que vienen
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Un día tan especial como hoy es un día de reflexión. Por ello, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone centrar el análisis político de hoy en "Los dos años que vienen"

OSCAR A BOTTINELLI:
El lunes próximo, después del feriado de Semana de Turismo o Semana Santa, termina de comenzar el año en nuestro país, o es "el último comienzo del año", que empieza varias veces. Pero también empieza la cuenta regresiva hacia las elecciones nacionales. En abril de 2004, dentro de dos años, tenemos las elecciones preliminares, las elecciones internas, primera de las tres etapas hacia las elecciones presidenciales. Parece rápido el paso del tiempo: van dos años y un mes desde el comienzo de la administración Batlle, y quedan dos para que estemos ya en la primera etapa para elegir al nuevo Presidente de la República. Hay un real achicamiento del período libre de gobierno, producto de la reforma constitucional.

Estas del 2004 son unas elecciones muy importantes en la historia del Uruguay ya que, con mucha claridad que en 1999, es claro que hay en principio dos grandes caminos: uno que representa un cambio muy fuerte en el sistema político con el triunfo del Encuentro Progresista - Frente Amplio (EP-FA) o alguna coalición parecida que se forme; y de otro lado la continuidad de los partidos tradicionales, con el triunfo de uno u otro y el gobierno más o menos conjunto de los dos.

Hasta diciembre de 1999, y en una forma muy sostenida, se venía manejando que la posibilidad de que triunfe o no el EP-FA era, digamos, groseramente mitad y mitad. Desde enero, las perspectivas cambian y aparece con muchas más posibilidades de firmar que las que tuvo hasta ese momento. El cambio de situación del país ha generado un cambio en las perspectivas electorales.

EC - En definitiva, entonces, ¿cuánto queda para una efectiva gestión de gobierno?

OAB - Para que se vean sus resultados, al gobierno le quedan en principio dos años. Salvo cosas muy excepcionales, se entiende que los hechos terminan impactando dos años después de generados. Es muy difícil que se produzca un hecho e instantáneamente repercutan en la opinión pública. Desde ese punto de vista, el gobierno está corriendo ya casi sin tiempo. Y aquí vemos un dato: en los análisis siempre se habla de la importancia de los primeros 100 días y del primer año de gobierno. No es un fenómeno uruguayo: se repite en los países. Es el momento en que un gobierno y un presidente tienen la fuerza política, el apoyo político y el apoyo popular como para impulsar todo su programa de gobierno y especialmente lo que puede resultar más duro y más controversial.

EC - ¿Qué ocurrió en este caso?

OAB - Ocurrió que Batlle llegó al máximo en materia de ganancia de espacio con esa formidable seducción que generó hacia la opinión pública, hacia el sistema político y en particular hacia la izquierda. Esa seducción le dio un gran margen de maniobra, pero ese espacio político que ganó no fue usado para impulsar las medidas más de fondo y más controversiales. Veamos el tema Antel: empieza a manejarse a fin del primer año, transcurre todo el segundo año esperando qué pasa con la recolección de firmas para la impugnación por referéndum, y recién al finalizar ese segundo año calendario se impulsa la reforma de Ancap. Y muchos otros temas quedaron en anuncios, como la flexibilización laboral. Es decir que hubo un gran desperdicio de tiempo y de espacio político que le hubieran permitido impulsar con mucho más fuerza lo que hoy le resulta altamente controversial.

EC - Veamos ahora cuál es el estado de situación.

OAB - Este es, sin duda, el peor escenario para el gobierno. Dirán los economistas, no los politólogos, si en el futuro puede o no ser más favorable. Pero lo que importa es que este momento es poco favorable, y es el momento en que el gobierno debe impulsar decididamente sus últimos planes porque de lo contrario no le queda tiempo para capitalizar los eventuales resultados. Es un momento marcado por la alta desocupación, un fuerte endeudamiento en dólares para importantes sectores de la población, que están sufriendo la pérdida de su poder adquisitivo por esta devaluación creciente, restricción en los hechos del crédito, incertidumbre.

Por otro lado, el gobierno ha dado señales de debilidad por la forma en que abandona la lucha por Antel. Una lucha que abandona en forma crispada, no como un gobierno que se muestra fuerte y renuncia al tema ante una opinión pública dividida, sino dando la señal de que asume como un golpe el producto de lo que fue un cálculo que en principio fue correcto pero resultó equivocado. Hasta diciembre de 2001 se pensaba que era muy difícil que los impulsores del referéndum alcanzaran el mínimo de firmas necesarias, pero lo alcanzaron holgadamente. El cálculo, que resultó equivocado en gran medida en función de los hechos de enero, le creó al gobierno un escenario mucho más desfavorable y el abandono de la lucha hace que, de hecho, se le produzca un resultado bastante parecido -en cuanto a la fuerza del gobierno ante la opinión pública-al que hubiera resultado de un referéndum adverso. Por supuesto que un referéndum adverso tiene un efecto mucho más fuerte, pero esto no anuló ese efecto, sino que logró que sea un poco menor aunque muy fuerte.

Y tiene por delante la batalla por Ancap. Una batalla que, en principio, separada del contexto, separada del tema Antel, de la crispación de la opinión pública ante el gobierno, aparece como en un escenario favorable. Por lo menos favorable para una pelea pareja, a diferencia de la Antel que ya estaba perdida de antemano. No pareja porque los resultados arranquen a favor: no es así, arrancan en contra del gobierno. Pero la forma en que se dio la elaboración de la ley sobre Ancap, con la participación de principales figuras frenteamplistas en la redacción, le da al gobierno un espacio para pelear.

La reacción del gobierno es, simultáneamente, lanzar la idea de importar combustible, lo que puede complicar la forma de la disputa porque quedarían mezclados simultáneamente la ley de asociación de Ancap con la amenaza del cierre de Ancap o de su refinería. De alguna manera, es una apuesta del gobierno, que podría formar bloques mucho más separados y, en ese caso, quedaría poco espacio para el matiz y una más fuerte crispación de ambas partes. Esto se vincula con una pregunta que nos hacemos respecto a si se está produciendo en Batlle el giro que se dio en 1989, de la seducción a la crispación.

EC - Con lo cual ingresamos, ahora sí, hacia los dos años que quedan por delante.

OAB - Al respecto, apuntamos tres interrogantes.

La primera es, si partimos de la base de que es el momento para tomar las últimas medidas de fondo de un gobierno, cuál es el plan de reformas que va definitivamente a impulsar el gobierno. Hubo muchos anuncios y muy pocas propuestas. Hay un tema de tiempo: lo que no impulse en los próximos tres meses, ya sale del calendario de este gobierno. Es difícil que, después de mediados de 2002, se pueda impulsar medidas de fondo con comodidad. Primer tema, entonces, de todos los anuncios que hubo, cuáles serán los que el gobierno terminará impulsando realmente con proyectos, con programas, con acuerdos legislativos para que se concreten. O cuáles va a impulsar directamente desde la administración, porque muchas de esas reformas pueden ser resueltas directamente por vía administrativa.

La segunda es una interrogante que va más allá de la voluntad del gobierno y de la oposición. Estas medidas que impulse, ¿darán al gobierno resultados positivos y en tiempo suficiente para que repercutan en la decisión electoral? En Estados Unidos, por ejemplo, muchos politólogos han estudiado que en general tarda dos años en producirse el impacto de los acontecimientos en la opinión pública: primero debe ocurrir el impacto positivo y luego transcurrir el tiempo suficiente para que eso se traduzca en la decisión electoral de la gente.

La tercera interrogante, a la que aludíamos antes, es si no se está produciendo en el presidente Batlle, en su personalidad, en su forma de actuar, un giro parecido al que se dio en 1989.

EC - ¿A qué aludes con eso?

OAB - A que tuvo un período de gran seducción que lo llevó al triunfo tan espectacular sobre Enrique Tarigo en las elecciones internas del Partido Colorado, y obtuvo con ello la candidatura presidencial del Batllismo Unido, pero ante comienzo de las dificultades giró a un período de crispación en que todas sus propuestas eran lanzadas como desafíos contra la gente. Y aquí están apareciendo: se vio en el anuncio de propiciar la derogación de las normas sobre Antel, en el anuncio de la importación de combustibles, hay como lanzar un desafío: "Ustedes no entienden, y como no entienden vamos a tener que hacer esto, y lo vamos a hacer ahora porque ustedes no eligen el camino correcto". Ya no es el presidente seduciendo a la opinión pública, sino controvirtiéndola.

No me animo a afirmar que este sea el camino que ha elegido, pero hay una serie de indicios que dejan esta interrogante, y la de si, llevado por un camino en que pierde la seducción, no le hace perder mucho más apoyo todavía que el que está perdiendo en la opinión pública y en el terreno político.

Lo cierto es que en los tres meses próximos se define completamente el camino final del gobierno, en lo que va a impulsar o lo que deja en el tintero de aquí a la finalización efectiva de su mandato.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 29 - 2002