La estabilidad perdida
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
El año 2002 comenzó con cambios muy fuertes en el país, como consecuencia de la crisis argentina. El cambio más importante es, seguramente, la aceleración del ritmo de devaluación del peso uruguayo y, como consecuencia, el incremento que se producirá en la inflación. A propósito de esto el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone su tema de análisis político para hoy: "La estabilidad perdida".

Oscar, ¿por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero debemos decir que el comienzo de este año está trayendo muchos temas que podemos dividir en dos grandes áreas: los que impactan sobre la macroeconomía (como por ejemplo, la noticia de la pérdida del grado inversor por parte de Standard & Poor's), y los que afectan a la sociedad, que son los que repercuten sobre el comportamiento de la gente, como por ejemplo el rebrote inflacionario.

La devaluación puede analizarse desde muchos puntos de vista, en el impacto sobre las posibilidades de exportación del país, sobre los endeudamientos o sobre los que tienen créditos en dólares. Pero hay un tema particularmente significativo, que es lo que tiene que ver con la inflación. Recordemos que reducir la inflación fue el objetivo de los dos gobiernos anteriores y que en la campaña electoral de este gobierno se marcaba que una vez bajada la inflación a un dígito, el tema sería continuar bajándola lo más posible para, a partir de una inflación extremadamente baja y consolidada en este período, pasar a otro tipo de políticas. Aquí se produce un quiebre muy fuerte.

En economía hay efectos de tipo político, de tipo psicológico y de tipo cultural, o sea que hay formas de comportamiento de la sociedad relacionadas con la economía que tienen que ver con las percepciones, los miedos, los temores y las ansiedades que tiene la gente.

En materia de inflación hay una cultura de inflación y una cultura de estabilidad. La cultura de inflación es aquella a la que nos hemos acostumbrado a lo largo de buena parte de nuestra vida, que comenzó a cambiar recién en los últimos años.

EC - Seguramente todavía no estaba instalada de manera plena la cultura de inflación cero o inflación muy baja.

OAB - Todavía quedaban algunos ramalazos de cultura inflacionaria, pero ya empezaba a girar la cabeza de la gente. Recordemos que la política antiinflacionaria se basó, entre otras cosas, en frenar la suba del dólar. En otras palabras: el Indice de Precios al Consumo -que vulgarmente llamamos inflación en pesos- subía más que la cotización del dólar. Por esa razón había también un aumento de los precios en dólares, fenómeno al que, desde el ángulo de los productores, de los industriales y los empresarios se llamó atraso cambiario -porque en definitiva quería decir que dentro del país las cosas costaban cada vez más en dólares-, y desde el ángulo del consumidor era una inflación en dólares.

Tardó mucho en imponerse el reajuste, la indexación, entender que la inflación supone una moneda que dura poco, que no se puede manejar los mismos precios de un año para el otro, que guardar el peso en el colchón es perder dinero, y surgen todos los mecanismos de reajuste. Paulatinamente Uruguay se fue encaminando a una doble o quizás una triple moneda: el peso por un lado, el dólar -cada vez más extendido, primero fueron las viviendas, después los automóviles y hoy hasta las licuadoras- y por otro lado apareció, como una de las primeras medidas institucionales de reajuste frente a la inflación, la Unidad Reajustable para vivienda y para alquileres, que en definitiva operó como una moneda en la medida en que el deudor del Banco Hipotecario debe tantas UR. Vino una serie de medidas, todo el mundo estaba habituado a los ajustes trimestrales, cuatrimestrales o semestrales de precios, tarifas, salarios. En cuanto a los dólares, en la medida en que la moneda estadounidense se fue extendiendo en el uso cotidiano, los contratos también tendieron a los ajustes. Esto era muy común en los alquileres, los ajustes anuales o por lo menos bienales.

EC - Eso en cuanto a la cultura de la inflación. Después vino la baja de la inflación.

OAB - Como pasa con todo proceso, al principio costó ver la baja de la inflación. Si una inflación baja del 100 al 80 o del 80 al 60 cuesta percibir un cambio en la velocidad de aumento de los precios. Pero cuando la baja fue notable, en las encuestas encontramos grandes dificultades en la gente para percibirla.

Hay una anécdota importante. Un año la inflación bajó de alrededor del 26% a alrededor del 15%, pero cuando se le preguntaba a la gente cuál había sido la inflación del último año, ésta tenía idea -el tema había sido muy publicitado- de que había sido del 15%, del 16%, del 18%, pero cuando se preguntaba cuánto había sido la del año anterior la gente presentaba muchas confusiones, algunos creían que de 20%, otros de 25%, otros del 30%, pero coincidía la idea de que la cifra del último año era menor a la del año anterior. Pero cuando se le preguntaba si la inflación había bajado, la respuesta era que no. La gente asociaba baja de la inflación a no tener inflación, a que los precios no subieran. Preguntábamos por qué consideraban que la inflación no había bajado y la gente decía que no había bajado porque los precios seguían subiendo. Se requirió una notable estabilidad de precios, una suba muy lenta de los mismos para que la gente viera que efectivamente no había inflación o que ésta era extraordinariamente baja.

En ese período se dieron muchas resistencias a ese cambio del pasaje de la cultura de la inflación a la cultura de la estabilidad.

EC - ¿Por ejemplo?

OAB - Recuerdo que hasta el año 2000 en los presupuestos aparecía la indicación de que el precio se mantenía por 20 días. ¿Por qué por 20 días? Porque después los precios suben.

Los planteos de reajuste en contratos en dólares en general empiezan a desaparecer como cosa más o menos masiva en 1998. En 1997 quien realizaba contratos en dólares preguntaba cómo sería el reajuste. No había más inflación en dólares, el país tenía estabilidad en los precios en dólares, no cabía el reajuste, incluso algunas cosas, como los alquileres, estaban bajando en dólares. Sin embargo, la gente no entendía por qué no iba a reajustar, pensaba que si no reajustaba el año siguiente cobraría menos como consecuencia de la inflación.

En el caso de salarios, sobre todo, la resistencia a cambiar los tiempos, el timing de los reajustes, de cuatrimestral a semestral y de semestral a anual y luego no entender por qué el reajuste era de 1,5%, 2%, ante una suba de precios que percibía mayor.

Estas son anécdotas que todos hemos vivido y por otro lado datos que hemos ido recogiendo a lo largo de estos años en el seguimiento a través de encuestas de opinión pública y sus comportamientos en relación a la inflación.

Se encontraba prestadores individuales de servicios que pretendían subir los precios en forma importante de un mes a otro, 10%, "porque todo sube".

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EC - Finalmente llegó o empezó a llegar la cultura de la estabilidad.

OAB - Nos detuvimos en ver elementos de la cultura de la inflación y las dificultades para aceptarla, que es justamente lo que se revierte ahora. Empezó a llegar la cultura de la estabilidad, un logro que se obtiene muy tardíamente, La gente demoró en aceptar que la inflación era baja, que lo aceptara psicológicamente, que se moviera con mecanismos mentales de estabilidad. Es importante marcarlo porque es ahí donde impacta el rebrote inflacionario.

Por un lado vino cierta indiferenciación entre compromisos en pesos y compromisos en dólares. Si la inflación es de un 3,5%, como fue el año pasado, no es tan grave que durante el año se cobre lo mismo en pesos y se haya pactado una obligación en dólares, ni para el que cobra ni para el que paga. El dólar se veía como una moneda estable en su relación con el peso, es decir que una persona no iba a tener bruscos comportamientos si tenía sus compromisos en dólares o en pesos. Comenzó la adquisición de créditos a mediano y largo plazo, compras de autos a tres y cinco años, y de viviendas a 15, 20 y 25 años, hasta que finalmente, en el año 2001, el propio Banco Hipotecario volcó el grueso de los préstamos a dólares y no en UR.

EC - Apenas se estaba consolidando esa cultura de la estabilidad cuando ésta se rompe.

OAB - Exactamente, viene la ruptura de la estabilidad. ¿Qué quiere decir? Primero, es la pérdida de confianza en el endeudamiento en dólares. Por un lado está el problema puntual, concreto, que tiene el que ya está endeudado pero por otro está la ruptura de la confianza. Mientras los préstamos a mediano y largo plazo sigan en dólares, sean créditos de fomento o hipotecarios, no habrá crédito porque nadie va a aceptarlos, razonablemente, en una moneda que pasa a ser impredecible y queda desajustada respecto de sus ingresos.

En segundo lugar, el retorno a los reajustes y a la indexación, cuando estaban desapareciendo o habían desaparecido. Retorno significa empezar a barajar y dar de nuevo en materia de reglas de juego, que es mucho más complicado que cuando durante décadas se habían instalado determinadas condiciones obvias, parte del sentido común y por lo tanto no había demasiadas discusiones. Ahora comienza un nuevo rebaraje y una nueva discusión que genera toda una tensión, tanto en el plano comercial como en el de las relaciones laborales.

Pero hay además otro problema: Uruguay manejó la doble moneda peso-dólar con mucha naturalidad, sobre todo en los últimos 10 años, y ahora viene un aluvión de búsqueda de reconversión de todas las obligaciones de dólares a pesos, que genera toda una serie de complicaciones sobre cuál es la cotización, qué pasa con los pagos fuera de fecha. El pago fuera de fecha en dólares o en pesos en un período de inflación es mucho menos preocupante para el que tiene que cobrar en dólares. En pesos tiene el temor de que desvalorice. Si la inflación rebrota fuerte estar estabilizado en un ingreso durante cuatro o seis meses significa que el cuarto o sexto mes se perciba mucho menos que el primero. Por otro parte el alud de remarque de precios, muchas veces con fines preventivos, empuja la inflación y genera inestabilidad para la gente.

EC - ¿Cuál es la conclusión?

OAB - Estamos ante un cambio de cultura en la sociedad, ante un shock sobre la sociedad, que la gente está percibiendo de a poco. Seguramente esta semana vendrá un primer gran shock con el aumento del precio del boleto, el anuncio oficial del aumento de las tarifas de electricidad, de teléfono y de agua y el aumento del precio de los combustibles. Ya se ha visto como aumento del precio de determinados productos de consumo básico que implica un shock muy fuerte sobre la sociedad. Hemos observado que el sistema político todavía no se ha dado cuenta del cambio fenomenal que se introduce con el rebrote inflacionario y el cambio de cultura, que afectará de manera significativa el comportamiento de la gente en relación a la política.

Cuando decimos el sistema político estamos viendo que el gobierno ha tomado esto como un tema auxiliar, se habla del déficit fiscal, no tanto de la inflación, no lo han tomado los aliados del gobierno ni la oposición. Cuando uno ve las críticas, el shock que significa para la estabilidad y la gente el fin de la estabilidad no está tomado como un arma ni siquiera por la oposición, quizás porque ésta nunca valoró la estabilidad como un logro. Al no haber reconocido ese logro no ataca la pérdida del mismo. El valor de la pérdida de estabilidad va a ser un aspecto importante en el aspecto político del comportamiento de la sociedad, que se va a ir observando fuertemente a lo largo del 2002.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 15 - 2002