Emerge un liderazgo judiciario
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
El viernes de la semana pasada, 1° de febrero, asumió como presidente de la Suprema Corte de Justicia el doctor Gervasio Guillot. Llamaron la atención tanto el fuerte discurso que realizó en esa ceremonia como los pronunciamientos que fue efectuando en reportajes en varios medios de comunicación y en una conferencia de prensa. A propósito de estos episodios, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema de su análisis para hoy: "Emerge un liderazgo judiciario".

Oscar, comenzamos ubicando a la Suprema Corte de Justicia.

OSCAR A. BOTTINELLI:
La Suprema Corte de Justicia es la cabeza del Poder Judicial y se integra con cinco miembros. Se puede llegar a ser miembro de la Suprema Corte de Justicia de dos maneras. Una es la que rigió a lo largo de toda la historia del país, que es ser elegido por dos tercios de la Asamblea General. Pero en la Constitución de 1967, visto que había ocurrido que por desentendimientos entre los partidos políticos pasaban largos períodos sin proveer los cargos y la Suprema Corte quedaba desintegrada, se creó un segundo mecanismo que supone que 90 días después de producida una vacante, si no hay provisión por parte de la Asamblea General ingresa automáticamente el miembro más antiguo de los Tribunales de Apelaciones. Hasta 1994 los dos tercios suponían un acuerdo entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, pero a partir de 1995 supuso la necesidad de un acuerdo con el Frente Amplio o con el Nuevo Espacio, y ahora, a partir del año 2000, se requiere necesariamente la participación del Frente Amplio. Esto llevó a que a partir de 1995 se acentuara el uso del llamado mecanismo supletorio, es decir la designación por vía automática del ministro más antiguo del Tribunal de Apelaciones. Así llegó Gervasio Guillot a la Suprema Corte de Justicia.

La duración de los cargos es de 10 años, pero muchas veces no se cumple porque hay otro mecanismo de cese, que es al cumplir los 70 de edad. Es decir que un ministro cumple o no los 10 años dependiendo de la edad a que llegue al cargo. La Presidencia rota anualmente, en función de un mecanismo que toma en cuenta la antigüedad de los miembros en la Suprema Corte, y cambia todos los 1° de febrero. Es decir que Gervasio Guillot asumió el 1º de febrero y va a entregar la presidencia el 1º de febrero de 2003. Por último, todos los magistrados judiciales están sujetos a un sistema de inhibición de actividad política que les impide participar en cualquier tipo de actividad política, suscribir manifiestos de partido y, dice la Constitución, "...ejecutar cualquier otro acto público o privado de carácter político, salvo el voto".

EC - Sigamos ubicando al doctor Gervasio Guillot.

OAB - El doctor Gervasio Guillot es un viejo magistrado, fue juez de instrucción en lo penal, un tipo de cargo de justicia penal que ha desaparecido. A fines de los años 60 fue muy notoria la intervención de los jueces de instrucción; después fue uno de los magistrados destituidos por el régimen militar; durante el período que estuvo fuera de la magistratura tuvo militancia política en el Frente Amplio, integró el equipo de colaboradores del general Seregni y fue presidente de la Comisión de Derechos Humanos del FA. Tras la restauración institucional fue repuesto a la magistratura y retornó como ministro del Tribunal de Apelaciones, hasta unos años atrás, cuando asumió en la Suprema Corte de Justicia. En el ínterin, antes de llegar a la Suprema Corte de Justicia, fue un calificado dirigente de la Asociación de Magistrados Judiciales. Esta presidencia de Guillot es prácticamente su despido de la carrera judicial, ya que va a cumplir los 70 años en marzo del año que viene, a un mes y poco de dejar la Presidencia del Poder Judicial.

EC - Tú tomas el discurso del doctor Gervasio Guillot como la asunción de un liderazgo, ¿por qué?

OAB - Cuando hablamos de liderazgo no lo hacemos en un sentido institucional, no estamos diciendo que se organiza un grupo que tiene a esta figura como líder, ya que el concepto de liderazgo apunta sobre todo a señalar a una persona que pasa a ser un referente por sus palabras, por su conducta y por su autoridad personal, no necesaria ni solamente por la autoridad institucional. Guillot lanza mensajes a toda la magistratura de que al frente del Poder Judicial hay ahora un hombre con un fuerte sentido corporativo -en el sentido que se le da a la palabra en la ciencia política-, con un fuerte sentido de pertenencia al Poder Judicial, de defender un conjunto de valores o formas de entender el cargo y dispuesto a luchar por esa visión de la misión del Poder Judicial y la magistratura.

EC - ¿Qué destacas del contenido del discurso del doctor Guillot en este sentido?

OAB - El discurso de Guillot y sus intervenciones periodísticas han sido muy ricos. Resaltaría cuatro grandes líneas de acción. Una que en principio no es novedad, lo nuevo está en la fuerza y la forma con que manejó la exaltación de la independencia de la justicia uruguaya y por ende asociar independencia a confiabilidad, mucho más en lo que se está viviendo en estos días en relación a lo que pasa con la Justicia de otros países, particularmente con la justicia de la región, y manejar por un lado lo que es la independencia institucional, es decir un Poder Judicial cuyos jueces son nombrados, sancionados, destituidos por la Suprema Corte de Justicia sin intervención alguna del poder político, cuya carrera es pautada por la propia Suprema Corte, y además la independencia en cuanto a la forma en que los jueces se mueven en relación al poder político.

Un segundo enfoque es la exaltación de la función del magistrado, le dio una suerte de toque místico a esa condición. Cuando describía a los jueces a uno le venía a la cabeza la descripción de una misión sacerdotal, de un individuo que se consagra a cumplir una misión, dando de sí toda la vocación.

Tercero, el concepto del Poder Judicial y la magistratura como una corporación, como un conjunto de individuos que tienen un mismo tipo de actividad, nucleados con valores propios a defender. No es un mero órgano del Estado que cumple las funciones que se van asignando de una manera más rutinaria, sino que hay valores propios a defender, entre los cuales aparece el de la independencia de la justicia.

En cuarto lugar -una especie de corolario del primero y de lo anterior- el reclamo de la falta de autonomía o independencia financiera, ya que el presupuesto del Poder Judicial integra el presupuesto nacional y por lo tanto es elaborado por el Poder Legislativo. Al Parlamento llegan dos mensajes, dos proyectos, uno del Poder Ejecutivo y otro de la Suprema Corte. Normalmente el Parlamento, con muy pocas excepciones, toma en cuenta el mensaje del Poder Ejecutivo, no el de la Suprema Corte, y es el Parlamento el que lo elabora.

Desde largo tiempo atrás hay empujes, que han tenido dos vías, por un lado la izquierda y por otro la magistratura, de buscar una autonomía financiera del Poder Judicial, que éste dictara su propio presupuesto. En alguna iniciativa se ha mencionado que llegara a tener su propio sistema de recaudación, su sistema tributario que lo independizara completamente del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, es decir del poder político en general. Recordemos que en las últimas elecciones hubo un plebiscito que le daba una fuerte autonomía financiera al Poder Judicial, que no resultó afirmativo, tuvo un porcentaje muy elevado pero no alcanzó a las mayorías necesarias para su aprobación. Conviene señalar, porque marca toda una toma de posicionamiento por parte de Guillot, que éste dijo: "Hemos perdido el plebiscito por muy poco". Es decir que da a la magistratura, a esa corporación judiciaria un rol activo en una discusión de tipo político -no en el sentido partidista sino en el de fondo, del Estado-, es un actor que lucha por su autonomía, en esa lucha pierde una batalla e incluso resultó muy sugestivo que el presidente de la Suprema Corte de Justicia, en algo que se dirime en el campo electoral, diga "vamos por la revancha". Está en una línea que puede dar lugar a controversias futura: si con esto el presidente de la Suprema Corte de Justicia se entromete o no en política. Notoriamente no política en el sentido partidista de decir "estoy con un partido contra otro", sino en el sentido de que la política tiene que ver con la organización global del Estado. Hay que ver si se considera que jurídicamente la limitación de los magistrados está más cerca de la concepción exclusivamente partidista, y por lo tanto en lo demás tiene libertad de opinar, o todo aquello que englobe el concepto política en sentido amplio. Sobre eso hay distintas posturas, que tienen mucho que ver con posturas políticas.

EC - Últimamente hay toda una discusión en el mundo a propósito de la relación jueces-sistema político.

OAB - Efectivamente, hace ya una década que, sobre todo en el mundo occidental, el tema ha tenido una fuerza muy grande. Hemos tenido en España el caso del juez Baltasar Garzón, que ha actuado como un juez militante, que ha tomado la magistratura como algo que le supone llevar adelante causas, luchas. El caso italiano es el más significativo, hace exactamente 10 años que comenzó lo que se llamó el proceso de "mani pulite", de manos limpias, también llamado el proceso de "tangentopoli", porque era toda la red relacionada a la "tangente", el término que usa para el peculado en un sentido fino, o coima en un sentido más grosero y normal. El mani pulite comenzó como un proceso fundamentalmente de lo que en términos uruguayos sería fiscales, que es un tipo de juez, los procuradores. Primero estuvo mucho en una órbita más bien judicial, pero luego fue adquiriendo las características de proceso político, tanto que hoy se investiga mucho -en la ciencia política, en la historia y es producto de discusión política- cuánto hubo de una mera acción judicial y cuánto de un operativo político contra una clase política dirigente, cuáles fueron las fuerzas que estuvieron detrás del proceso. Generalmente los partidos más cuestionadores de la conducción del gobierno, en ese momento la izquierda era el Partido Comunista, ahora Demócrata de Izquierda, se habla de que factores ex fascistas también podían haber impulsado el proceso, grandes sectores del empresariado. Hay toda una discusión sobre este juego entre sistema judicial y sistema político que incluso ha tenido casos que han hecho el salto de un sistema al otro y el trampolín judicial ha llevado al trampolín político, como el caso de uno de los referentes de mani pulite, el ex procurador de Milán, Antonio di Pietro, que llegó a ser senador y ministro de Italia.

Sin llegar a estos casos extremos, lo que está en el centro de la discusión son los empujes que se dan en los sistemas judiciales de muchos países del mundo occidental en cuanto a considerar que tienen una misión de contralor del sistema político, o de ser los defensores o la salvaguardia de determinados valores de la sociedad.

De alguna manera esto estuvo en controversia hace tres o cuatro años a raíz de la acción de algunos jueces en lo penal. El discurso de Guillot da una señal para observar atentamente si no aparece nuevamente una presencia fuerte de una magistratura que siente que tiene una misión a cumplir en relación a la sociedad.

***

EC - ¿Alguna conclusión?

OAB - Lo que tenemos por delante es: primero, que hay una presidencia de la Suprema Corte de Justicia en 2002 y comienzos de 2003 que no va a pasar inadvertida, es una presidencia fuerte y que posiblemente el presidente de la Suprema Corte, más allá de su rol institucional, juegue este año como un gran referente, como un gran apoyo y un gran soporte, sobre todo en materia de demandar cosas para el Poder Judicial en el plano presupuestario, de los recursos financieros y eventualmente en el lanzamiento de una nueva campaña hacia un plebiscito constitucional por la autonomía financiera del Poder Judicial.

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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Mauricio Erramuspe



EMILIANO COTELO:
El viernes de la semana pasada, 1° de febrero, asumió como presidente de la Suprema Corte de Justicia el doctor Gervasio Guillot. Llamaron la atención tanto el fuerte discurso que realizó en esa ceremonia como los pronunciamientos que fue efectuando en reportajes en varios medios de comunicación y en una conferencia de prensa. A propósito de estos episodios, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema de su análisis para hoy: "Emerge un liderazgo judiciario".

Oscar, comenzamos ubicando a la Suprema Corte de Justicia.

OSCAR A. BOTTINELLI:
La Suprema Corte de Justicia es la cabeza del Poder Judicial y se integra con cinco miembros. Se puede llegar a ser miembro de la Suprema Corte de Justicia de dos maneras. Una es la que rigió a lo largo de toda la historia del país, que es ser elegido por dos tercios de la Asamblea General. Pero en la Constitución de 1967, visto que había ocurrido que por desentendimientos entre los partidos políticos pasaban largos períodos sin proveer los cargos y la Suprema Corte quedaba desintegrada, se creó un segundo mecanismo que supone que 90 días después de producida una vacante, si no hay provisión por parte de la Asamblea General ingresa automáticamente el miembro más antiguo de los Tribunales de Apelaciones. Hasta 1994 los dos tercios suponían un acuerdo entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, pero a partir de 1995 supuso la necesidad de un acuerdo con el Frente Amplio o con el Nuevo Espacio, y ahora, a partir del año 2000, se requiere necesariamente la participación del Frente Amplio. Esto llevó a que a partir de 1995 se acentuara el uso del llamado mecanismo supletorio, es decir la designación por vía automática del ministro más antiguo del Tribunal de Apelaciones. Así llegó Gervasio Guillot a la Suprema Corte de Justicia.

La duración de los cargos es de 10 años, pero muchas veces no se cumple porque hay otro mecanismo de cese, que es al cumplir los 70 de edad. Es decir que un ministro cumple o no los 10 años dependiendo de la edad a que llegue al cargo. La Presidencia rota anualmente, en función de un mecanismo que toma en cuenta la antigüedad de los miembros en la Suprema Corte, y cambia todos los 1° de febrero. Es decir que Gervasio Guillot asumió el 1º de febrero y va a entregar la presidencia el 1º de febrero de 2003. Por último, todos los magistrados judiciales están sujetos a un sistema de inhibición de actividad política que les impide participar en cualquier tipo de actividad política, suscribir manifiestos de partido y, dice la Constitución, "...ejecutar cualquier otro acto público o privado de carácter político, salvo el voto".

EC - Sigamos ubicando al doctor Gervasio Guillot.

OAB - El doctor Gervasio Guillot es un viejo magistrado, fue juez de instrucción en lo penal, un tipo de cargo de justicia penal que ha desaparecido. A fines de los años 60 fue muy notoria la intervención de los jueces de instrucción; después fue uno de los magistrados destituidos por el régimen militar; durante el período que estuvo fuera de la magistratura tuvo militancia política en el Frente Amplio, integró el equipo de colaboradores del general Seregni y fue presidente de la Comisión de Derechos Humanos del FA. Tras la restauración institucional fue repuesto a la magistratura y retornó como ministro del Tribunal de Apelaciones, hasta unos años atrás, cuando asumió en la Suprema Corte de Justicia. En el ínterin, antes de llegar a la Suprema Corte de Justicia, fue un calificado dirigente de la Asociación de Magistrados Judiciales. Esta presidencia de Guillot es prácticamente su despido de la carrera judicial, ya que va a cumplir los 70 años en marzo del año que viene, a un mes y poco de dejar la Presidencia del Poder Judicial.

EC - Tú tomas el discurso del doctor Gervasio Guillot como la asunción de un liderazgo, ¿por qué?

OAB - Cuando hablamos de liderazgo no lo hacemos en un sentido institucional, no estamos diciendo que se organiza un grupo que tiene a esta figura como líder, ya que el concepto de liderazgo apunta sobre todo a señalar a una persona que pasa a ser un referente por sus palabras, por su conducta y por su autoridad personal, no necesaria ni solamente por la autoridad institucional. Guillot lanza mensajes a toda la magistratura de que al frente del Poder Judicial hay ahora un hombre con un fuerte sentido corporativo -en el sentido que se le da a la palabra en la ciencia política-, con un fuerte sentido de pertenencia al Poder Judicial, de defender un conjunto de valores o formas de entender el cargo y dispuesto a luchar por esa visión de la misión del Poder Judicial y la magistratura.

EC - ¿Qué destacas del contenido del discurso del doctor Guillot en este sentido?

OAB - El discurso de Guillot y sus intervenciones periodísticas han sido muy ricos. Resaltaría cuatro grandes líneas de acción. Una que en principio no es novedad, lo nuevo está en la fuerza y la forma con que manejó la exaltación de la independencia de la justicia uruguaya y por ende asociar independencia a confiabilidad, mucho más en lo que se está viviendo en estos días en relación a lo que pasa con la Justicia de otros países, particularmente con la justicia de la región, y manejar por un lado lo que es la independencia institucional, es decir un Poder Judicial cuyos jueces son nombrados, sancionados, destituidos por la Suprema Corte de Justicia sin intervención alguna del poder político, cuya carrera es pautada por la propia Suprema Corte, y además la independencia en cuanto a la forma en que los jueces se mueven en relación al poder político.

Un segundo enfoque es la exaltación de la función del magistrado, le dio una suerte de toque místico a esa condición. Cuando describía a los jueces a uno le venía a la cabeza la descripción de una misión sacerdotal, de un individuo que se consagra a cumplir una misión, dando de sí toda la vocación.

Tercero, el concepto del Poder Judicial y la magistratura como una corporación, como un conjunto de individuos que tienen un mismo tipo de actividad, nucleados con valores propios a defender. No es un mero órgano del Estado que cumple las funciones que se van asignando de una manera más rutinaria, sino que hay valores propios a defender, entre los cuales aparece el de la independencia de la justicia.

En cuarto lugar -una especie de corolario del primero y de lo anterior- el reclamo de la falta de autonomía o independencia financiera, ya que el presupuesto del Poder Judicial integra el presupuesto nacional y por lo tanto es elaborado por el Poder Legislativo. Al Parlamento llegan dos mensajes, dos proyectos, uno del Poder Ejecutivo y otro de la Suprema Corte. Normalmente el Parlamento, con muy pocas excepciones, toma en cuenta el mensaje del Poder Ejecutivo, no el de la Suprema Corte, y es el Parlamento el que lo elabora.

Desde largo tiempo atrás hay empujes, que han tenido dos vías, por un lado la izquierda y por otro la magistratura, de buscar una autonomía financiera del Poder Judicial, que éste dictara su propio presupuesto. En alguna iniciativa se ha mencionado que llegara a tener su propio sistema de recaudación, su sistema tributario que lo independizara completamente del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo, es decir del poder político en general. Recordemos que en las últimas elecciones hubo un plebiscito que le daba una fuerte autonomía financiera al Poder Judicial, que no resultó afirmativo, tuvo un porcentaje muy elevado pero no alcanzó a las mayorías necesarias para su aprobación. Conviene señalar, porque marca toda una toma de posicionamiento por parte de Guillot, que éste dijo: "Hemos perdido el plebiscito por muy poco". Es decir que da a la magistratura, a esa corporación judiciaria un rol activo en una discusión de tipo político -no en el sentido partidista sino en el de fondo, del Estado-, es un actor que lucha por su autonomía, en esa lucha pierde una batalla e incluso resultó muy sugestivo que el presidente de la Suprema Corte de Justicia, en algo que se dirime en el campo electoral, diga "vamos por la revancha". Está en una línea que puede dar lugar a controversias futura: si con esto el presidente de la Suprema Corte de Justicia se entromete o no en política. Notoriamente no política en el sentido partidista de decir "estoy con un partido contra otro", sino en el sentido de que la política tiene que ver con la organización global del Estado. Hay que ver si se considera que jurídicamente la limitación de los magistrados está más cerca de la concepción exclusivamente partidista, y por lo tanto en lo demás tiene libertad de opinar, o todo aquello que englobe el concepto política en sentido amplio. Sobre eso hay distintas posturas, que tienen mucho que ver con posturas políticas.

EC - Últimamente hay toda una discusión en el mundo a propósito de la relación jueces-sistema político.

OAB - Efectivamente, hace ya una década que, sobre todo en el mundo occidental, el tema ha tenido una fuerza muy grande. Hemos tenido en España el caso del juez Baltasar Garzón, que ha actuado como un juez militante, que ha tomado la magistratura como algo que le supone llevar adelante causas, luchas. El caso italiano es el más significativo, hace exactamente 10 años que comenzó lo que se llamó el proceso de "mani pulite", de manos limpias, también llamado el proceso de "tangentopoli", porque era toda la red relacionada a la "tangente", el término que usa para el peculado en un sentido fino, o coima en un sentido más grosero y normal. El mani pulite comenzó como un proceso fundamentalmente de lo que en términos uruguayos sería fiscales, que es un tipo de juez, los procuradores. Primero estuvo mucho en una órbita más bien judicial, pero luego fue adquiriendo las características de proceso político, tanto que hoy se investiga mucho -en la ciencia política, en la historia y es producto de discusión política- cuánto hubo de una mera acción judicial y cuánto de un operativo político contra una clase política dirigente, cuáles fueron las fuerzas que estuvieron detrás del proceso. Generalmente los partidos más cuestionadores de la conducción del gobierno, en ese momento la izquierda era el Partido Comunista, ahora Demócrata de Izquierda, se habla de que factores ex fascistas también podían haber impulsado el proceso, grandes sectores del empresariado. Hay toda una discusión sobre este juego entre sistema judicial y sistema político que incluso ha tenido casos que han hecho el salto de un sistema al otro y el trampolín judicial ha llevado al trampolín político, como el caso de uno de los referentes de mani pulite, el ex procurador de Milán, Antonio di Pietro, que llegó a ser senador y ministro de Italia.

Sin llegar a estos casos extremos, lo que está en el centro de la discusión son los empujes que se dan en los sistemas judiciales de muchos países del mundo occidental en cuanto a considerar que tienen una misión de contralor del sistema político, o de ser los defensores o la salvaguardia de determinados valores de la sociedad.

De alguna manera esto estuvo en controversia hace tres o cuatro años a raíz de la acción de algunos jueces en lo penal. El discurso de Guillot da una señal para observar atentamente si no aparece nuevamente una presencia fuerte de una magistratura que siente que tiene una misión a cumplir en relación a la sociedad.

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EC - ¿Alguna conclusión?

OAB - Lo que tenemos por delante es: primero, que hay una presidencia de la Suprema Corte de Justicia en 2002 y comienzos de 2003 que no va a pasar inadvertida, es una presidencia fuerte y que posiblemente el presidente de la Suprema Corte, más allá de su rol institucional, juegue este año como un gran referente, como un gran apoyo y un gran soporte, sobre todo en materia de demandar cosas para el Poder Judicial en el plano presupuestario, de los recursos financieros y eventualmente en el lanzamiento de una nueva campaña hacia un plebiscito constitucional por la autonomía financiera del Poder Judicial.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 8 - 2002