Entre el atentado a las torres y el desfibramiento del Mercosur
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

JULIO VILLEGAS:
El politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, hizo el viernes pasado un breve balance del año 2001 en cuanto a la vida del gobierno nacional. Hoy nos promete completarlo con una segunda parte que ha titulado: "Entre el atentado a las torres y el desfibramiento del Mercosur".

OSCAR A. BOTTINELLI:
El primer tramo estuvo enfocado en el gobierno nacional hacia adentro; en esta oportunidad enfocaremos el gobierno nacional hacia fuera, la política exterior del país. Hay dos grandes temas de la política internacional que fueron determinantes a lo largo del año pasado. El primero es una constante de preocupación de la política internacional, tiene que ver con la inserción internacional del país. El segundo tiene que ver con los hechos generados por los atentados del 11 de setiembre.

Sobre el primer punto: es un dilema permanente cuál es la inserción internacional del país. Están el tema del Mercosur y el de las alianzas del Mercosur. En el año 2001 vivió con mucha fuerza un proceso que se había iniciado en 1999, al que podemos llamar el desfibramiento o debilitamiento del Mercosur. Hasta 1998 el Mercosur caminaba, por lo menos en el espíritu de la gente, particularmente en Uruguay, de los actores políticos, económicos, sociales, de la opinión pública en general, como el gran norte, el gran destino de Uruguay. La incógnita quedaba generada en torno a las distintas posturas sobre las alianzas que debía formular el Mercosur y sobre la ampliación de éste.

La devaluación de Brasil genera cierta incertidumbre sobre el funcionamiento del Mercosur, las políticas macroeconómicas dejan de funcionar con cierta armonía, se produce un desnivel entre los costos y los precios de los países miembros de la unión aduanera y por lo tanto comienza a haber problemas en el propio funcionamiento del Mercosur.

En 2001 el debilitamiento se acentúa. Se observa que Brasil, país líder en el Mercosur por su propio peso -guste o no guste, no es un problema de vocaciones sino de realidades económicas y geopolíticas-, no ejerció el liderazgo que debió ejercer para que el Mercosur funcionara. Entre otras cosas el liderazgo pasaba por no privilegiar los problemas internos del país en función de los intereses globales de Brasil como país y del Mercosur como región. Los juegos de las elites económicas y políticas regionales que condicionaron fuertemente desde 1999 a la fecha a Brasil le hicieron perder capacidad de liderazgo sobre el Mercosur. Jugó más una política de defensa de sus intereses inmediatos presentes que de sus intereses estratégicos, que coinciden con los de un Mercosur fuerte. El liderazgo de Brasil sin duda fue afectado y Uruguay vio reflejar en su interior las vacilaciones respecto al Mercosur y a las alianza de éste.

El Mercosur puede caminar hacia un gran acuerdo con la Unión Europea o hacia un gran acuerdo con Estados Unidos o, un poco más amplio, con el Nafta. O puede caminar en la misma línea hacia un acuerdo con Estados Unidos, pero en el marco de la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

A su vez el ALCA plantea dos caminos: que cada uno de los países de la región se integre por sí solo, o que el Mercosur participe como bloque, es decir como bloque que se inserta en un bloque mayor.

Ambos temas -la visión del Mercosur y sus alianzas- plantean a Uruguay varias posturas, básicamente tres: una postura muy fuertemente robustecedora del Mercosur, que representa al Foro Batllista y al Frente Amplio; una postura de apostar al Mercosur pero con cuidado, que ha expresado el Partido Nacional, particularmente el presidente del Directorio, Luis Alberto Lacalle, con su mensaje de "pausa y reflexión" y una postura que en general fue de poco cariño hacia el Mercosur, que es la del presidente Batlle, que ahora, a lo largo del año 2001, marca cierto reciclaje, cierto cambio para empezar a apostar al Mercosur, pero a un Mercosur que se una, se alíe, logre alianzas muy fuertes con Estados Unidos. Sin duda el Foro Batllista representa más la postura del Mercosur hacia la Unión Europea, Batlle la del Mercosur hacia Estados Unidos y a Lacalle uno lo vería con mayor inclinación hacia un acuerdo con Estados Unidos que con Europa, como postura básica -más allá de que estas posturas en los hechos pueden tener cambios porque una negociación camina más rápido que la otra, una se bloquea y otra también y hay que esperar cuál se desbloquea primero, es decir que en definitiva los hechos se ponen por delante de las voluntades-. Lo claro es que el año 2001 marcó que partiendo de posturas distintas termina habiendo una cierta convergencia en defender al Mercosur y buscar todas las alianzas posibles, lo que significó abrirse la negociación con Estados Unidos -el cuatro más uno- y por otro lado que se destrabó en parte la negociación entre el Mercosur y la Unión Europea.

JV - Ahora viene el plato fuerte que nos anunciabas: el trágico gran hecho del año, los atentados del 11 de setiembre, y lo que siguió, los bombardeos a Afganistán.

OAB - En este análisis vamos a manejar la postura de Uruguay en relación con el 11 de setiembre. Los atentados contra las torres gemelas y el Pentágono desencadenan casi un mes después los bombardeos sobre Afganistán básicamente comandados por Estados Unidos, con el apoyo militar británico.

Tenemos que analizar varios aspectos. Veamos primero la reacción de la comunidad internacional: ésta reaccionó con cierta unanimidad o cierto consenso, por lo menos a nivel de los países y bloques dominantes. Esta reacción tuvo que ver con que el terrorismo como tal con distintas motivaciones afecta a gran parte de los grandes países y todos ellos tienen razones para combatirlo. En el caso particular de Afganistán se juntaban viejos intereses de Rusia -de preocupación por el régimen talibán, que se impuso con apoyo de Estados Unidos para expulsar a un régimen que tenía muy buena relación con la Unión Soviética e incluso contaba con el apoyo de tropas soviéticas-; de China, con un gran temor a que el fundamentalismo islámico pudiera penetrar a través de su frontera con Afganistán por el Himalaya y por supuesto de todo Occidente, muy preocupado por el terrorismo fundamentalismo islámico. Esto dio lugar a la reacción de la comunidad internacional, que en general fue bastante consensual, aunque hubo algunos matices en las formas y las instrumentaciones.

Precisamente, el riesgo que apareció en esa situación fue el de actuar con nerviosismo. Los nerviosismos llevan a saltear procedimientos, a olvidar principios de larga data de la comunidad internacional. Esto quedó básicamente planteado en América, la posibilidad de que se plantearan mecanismos de Naciones Unidas, de que la convocatoria al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que inicialmente fue resistido por Uruguay -inicialmente fue resistido por Uruguay, Brasil y México; después las posturas de Brasil y México se debilitaron y fue Uruguay el que manejó una postura un poco distinta-. En general Uruguay manejó una postura sobre el tema reacción frente a los atentados del 11 de setiembre bastante distinta del resto de América y en gran medida de Europa, al marcar el respeto total y absoluto de los procedimientos exigidos por la Carta de Naciones Unidas y los tratados internacionales. Posición que algunos críticos calificaron como muy juridicista. Una posición muy calma, que logró un casi consenso nacional, a nivel de actores políticos no se manifestaron disidencias, más allá de que se conocía que en privado algunos actores -no los líderes de primera fila pero sí algunos sectores- no estaban plenamente conformes con la postura o con su oportunidad. También aparecieron algunos elementos de crítica, sobre todo en sectores afines a las empresas estadounidenses que se consideraron un poco descolocadas con la postura de Uruguay, que rompía la unanimidad continental.

La postura uruguaya tenía como basamento por un lado que en ella y detrás de ella tenía a toda la coalición de gobierno y que no hubo ninguna discrepancia explícita del Frente Amplio, lo cual estaba marcando una actitud bastante consensuada. Por otra parte coincidía con todos los antecedentes uruguayos en la materia en cuanto a una línea muy firme, de medio siglo de actuación en Naciones Unidas, de manejar el respeto íntegro a los procedimientos y los tratados internacionales. La postura del gobierno coincidía con la opinión pública; una encuesta de Factum daba, sobre el tema de los atentados y los bombardeos, que el 55% de la opinión pública condenaba con firmeza los atentados a las torres gemelas y los bombardeos sobre Afganistán, que un 15% explicaba los atentados, sin justificarlos -solamente los justificaba un 2%- y que el otro 13% no los justificaba, discrepaba con los mismos pero explicaba que Estados Unidos los merecía por la conducta tenida en otras partes del mundo, como Vietnam, América Central, etcétera; un 15% tenía posición contraria, explicaba los bombardeos a Afganistán, un 10% los justificaba, entendía que los merecía por haber alojado o promovido el terrorismo, y un 5% no estaba de acuerdo con esta interpretación pero explicaba que era lógico que a Afganistán le ocurriera eso por haber cobijado al terrorismo; el otro 15% tenía una actitud distante, no sabía, no se pronunciaba por ningún lado.

En cierto modo teníamos que el 55% estaba contra ambos actos violentos -atentados terroristas y bombardeos-, un 15% enfocaba su contra a los atentados y un 15% a los bombardeos. Esa posición de cierta equidistancia de la opinión pública de alguna manera reflejó o apoyó la decisión tomada por el gobierno en relación al hecho, una posición que en el plano internacional llamó la atención, más allá de que hubo señales muy claras de Europa en cuanto a entenderla y respetarla, ya que en el plano de Naciones Unidas el único país importante que tuvo una posición similar fue la República Popular China.

En pinceladas muy grandes -no es un análisis de los temas en sí mismos- éstos son los dos grandes ejes que tocó la política internacional de Uruguay a lo largo del año pasado

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 11 - 2002