Algunas lecciones que deja la crisis argentina
Entrevista con
el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
En Argentina ya pasó el vendaval, se instaló un nuevo gobierno, y ahora las preocupaciones están centradas en lo que se hará o dejar de hacer en estos próximos dos meses.

Lo ocurrido deja enseñanzas que van más allá de Argentina, y que también resultan importantes para Uruguay. Por eso el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone para su análisis político de hoy "Algunas lecciones que deja la crisis argentina".

OSCAR A. BOTTINELLI:
La crisis argentina es lo suficientemente profunda para que aún acotado al análisis político, los temas y ángulos sean inagotables. Y esta crisis deja algunas lecciones cuya importancia va más allá de la realidad argentina, y en particular importa para el debate político de nuestro país.

EC - ¿Qué facetas destacas?

OAB - Un primer punto a destacar es que de esta crisis argentina sale muy golpeado el Fondo Monetario Internacional. El FMI intentó prevenir el temporal el mismo día de la caída de De la Rúa, con un comunicado en que desligaba toda responsabilidad con lo ocurrido; dijo más o menos que lo aplicado por Argentina no fue lo recomendado por el Fondo. La conferencia de prensa en Washington fue lo que faltaba para que el FMI quedara como el gran culpable, en base a aquel viejo dicho: nadie cree en los rumores hasta que sale el desmentido oficial.

Y si algo más faltaba fue la actitud contundente de Italia, Francia y España en respaldo de Argentina y con críticas en tono diplomático pero contundentes al organismo financiero internacional.

El FMI queda cuestionado, por un lado, porque se considera que el organismo, al evaluar a los países, los programas y sus efectos, no toma en cuenta a la economía sino exclusivamente a las finanzas. Y por otro lado se cuestiona la forma en que no toma en cuenta ni los procesos políticos ni los procesos sociales.Pero además, en esta crisis argentina, tuvo una intervención muy fuerte en la política interna del país, se jugó en contra de unos y a favor de otros actores políticos. Y esto sin duda es una muy mala señal hacia el resto del mundo, particularmente hacia los países que negocian créditos condicionados desde posiciones de debilidad.

EC - Decíamos que este debate ya tiene repercusiones en la política uruguaya.

OAB - Hay muchos puntos para el debate político uruguayo. Pero un segundo aspecto es el impacto sobre la opinión pública uruguaya y sobre los actores políticos. Una de las lecturas más generalizadas sobre las causas de la debacle argentina, está fundamentada en las privatizaciones y sus resultados. En general hay coincidencia en este tipo de afirmaciones: "Argentina vendió todo lo que tenía y se gastó el dinero. Vendió toda la herencia de la abuela y gastó la plata hasta que le alcanzó". Todas las ópticas coinciden bastante en que este fenómeno ocurrió. Pero difieren las interpretaciones:

Una primera interpretación es que el éxito económico durante los primeros seis años de Menem no fueron otra cosa que el exceso de dinero producido por la venta de los bienes del Estado, la recaudación fabulosa por la venta de las empresas de todo tipo (telefonía, correos, electricidad, agua, gas, armamentos). En consecuencia, para esta interpretación no hubo éxito económico alguno, y pone el énfasis en un gobierno ineficiente y despilfarrador.

Una segunda interpretación apunta más al fondo del modelo y no al mero despilfarro, y entiende que no sólo el Estado se desprendió de todos los grandes bienes públicos con las privatizaciones, sino que además destruyó el aparato productivo con la apertura indiscriminada de la Economía. Esta segunda línea pone el acento en el fracaso del modelo como tal.

Y una tercera línea interpretativa sostiene que las privatizaciones generaron un gran capital para invertir pero que fue mal invertido o dilapidado. Concluye que el éxito económico de los primeros años de Menem fue producto de una economía dinamizada por las desregulaciones, la desburocratización, la competencia y la apertura de la economía. En consecuencia, para esta interpretación, lo que fracasó no fue el modelo sino que el modelo no se terminó de instrumentar: que apenas se dio los pasos iniciales, la llamada primera generación de reformas, y ahí se estancó el proceso argentino.

Estas tres líneas apuntan pues a posiciones políticas divergentes. Es perceptible que la opinión pública uruguaya, en términos ampliamente mayoritarios, se va a inclinar por alguna de las dos primeras: o por considerar que fue un gobierno ineficiente y el despilfarrador; o que además de ineficiencia y despilfarro, lo que realmente predominó y fracasó fue el modelo aplicado. La incógnita es cuál de estas dos interpretaciones pesa más en la opinión pública. Esta incógnita se irá despejando en las próximas semanas o meses, y es muy importante para evaluar cuáles son los impactos de la opinión pública sobre los programas políticos en Uruguay.

Y otras incógnita es, a partir de la interpretación de que el fracaso se debe al modelo (la segunda que mencionábamos hoy), si se considera que el modelo argentino y el uruguayo son el mismo o al menos parientes muy próximos, o si son modelos diferentes, como sostienen algunos, donde Argentina apuntó muy fuerte a la privatización mientras Uruguay apunta una reforma del Estado pero manteniendo un papel sustancial del Estado. En tal caso, no necesariamente concluir que lo que fracasó el modelo argentino supondría que lo que está haciendo Uruguay es ir por el mismo camino.

Lo que la opinión pública interprete sobre todo esto será clave para los procesos políticos en Uruguay, los alineamientos de la gente respecto a las propuestas políticas en estos años.

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EC - Y hay más ángulos para la interpretación.

OAB - Hay muchísimos ángulos: hoy estamos haciendo una selección.

Un tercer ángulo está relacionado con el nuevo gobierno. El presidente Rodríguez Saá entró con una alegría y un énfasis propios de quien acaba de ganar una elección, con anuncios y propuestas para un largo período, no para un provisoriato de noventa días, ni tampoco para una titularidad acotada a menos de dos años, como será la resultante de las elecciones del 3 de marzo, si es que además se hacen en medio de esta controversia de los últimos días.

Las señales más fuertes que ha dado la asunción de Rodríguez Saá es el retorno de los símbolos, los estilos y los escenarios del peronismo más clásico, que se vio por última vez en la Casa Rosada en los años 70. Quizás lo más importante fue su asunción, con los cánticos de la Marcha Peronista en el Salón Blanco de la Casa Rosada, o su visita a la CGT, donde los gremialistas peronistas de las dos CGT divididas expresaron su apoyo al "compañero presidente", "rodear al presidente", y éste vivó a Perón, invocó a María Eva Duarte de Perón, "nuestra querida Evita", proclamó la vuelta a la "revolución peronista", y formuló un conjunto de anuncios muchos de los cuales pueden definirse de corte populista. Con esto marcó con total nitidez una línea entre el justicialismo menemista de tinte liberal y el justicialismo peronista, populista.

El ex presidente Sanguinetti ha dicho muchas veces, en oposición a la reelección presidencial (en forma abstracta) que "un presidente en busca de la reelección es un animal peligroso". Y, si se confirma la elección del 3 de marzo, el gobierno de Rodríguez Saá es una rara cruza de un gobierno de transición originado en una crisis institucional, y un presidente que a la vez de estrenar el poder y enfrentar a la crisis, se postula a la reelección. No parece una combinación que asegure un gobierno tranquilo, y mucho menos que lleve a caminar por medidas duras o impopulares.

Surge, pues, la posibilidad de un gobierno que busque medidas de fuerte efecto electoral, que vaya por el camino de demostrar que la desocupación, la falta de recursos, los recortes, son producto de una voluntad reaccionaria o enfermiza del gobierno anterior; que basta una buena voluntad del gobierno para que por el país circule más dinero, se pague mejores jubilaciones (o se las pague en fecha), haya mejores y más extendidos seguros de desempleo, planes alimentarios, que se retire todo el dinero que se desee retirar... Todo esto se puede hacer en forma muy prudente, tratando de que la economía no se salga de determinados parámetros, o se puede hacer más allá de la prudencia, urgido por la campaña electoral: mirando los indicadores de intención de voto más que los económicos y financieros.

Si este último es el camino que elige el gobierno argentino, se puede generar una formidable expectativa sobre un nuevo período de gran abundancia, y que esta expectativa no dure mucho más allá del 3 de marzo. Si esto último ocurre -puede ocurrir, pero no necesariamente debe producirse- si ocurre, repito, puede llegar a estas costas una señal opuesta a todas las indicadas anteriormente: el fracaso no habría sido del modelo, sino por la irresponsabilidad del gobierno y las promesas fáciles.

EC - Dejamos por aquí estas pinceladas sobre "Algunas lecciones que deja la crisis argentina", pero que supongo que serían más.

OAB - Sí: estas son algunas lecciones, tomadas al vuelo. Son las que creemos más relevantes hoy para el Uruguay, diferentes, contradictorias, pero muy importantes para la opinión pública uruguaya para este año que se inicia el martes, pero también para los dos que vienen después.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 28 - 2001