Cambio en el rol de los actores en el escenario de gobierno
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:

Hace seis semanas estalló la epidemia de fiebre aftosa que en pocos días invadió todo el territorio nacional; por ahora creo que se salva Montevideo, nada más. Pero además de las consecuencias económicas para el país en general y el agro en particular, la entrada masiva del virus provocó un cambio en el rol de los actores en el escenario de gobierno. Esta es la observación que nos propone hoy el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum.

Oscar, ¿por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:

Habría que confirmar que no hay aftosa en la Ciudad Vieja. Vamos a comenzar por un panorama de las características de los roles en el escenario de gobierno al comienzo de la administración Batlle, que se puede caracterizar -fue muy notorio, se analizó en varias oportunidades- como con una fuerte impronta presidencial, un papel protagónico del presidente de la República, que trajo como consecuencia una imagen más diluida de los ministros, que tuvieron menos protagonismo público en su conjunto -hubo algunos ministros que por algunos aspectos tuvieron un protagonismo mayor, pero en general el mismo fue menor al habitual en los ministros-, un muy bajo perfil de la coalición -el gobierno fue elegido por una coalición-, lo que se tradujo, entre otras cosas, en escasas reuniones del presidente de la República con el Partido Nacional y con el presidente del mismo. Muchas veces, desde esta colectividad política se señaló lo que consideraba un trato minorizante en relación al que recibía el Encuentro Progresista-Frente Amplio, en particular su líder Tabaré Vázquez, que se reunía más seguido con el presidente de la República que el presidente del Partido Nacional. El Partido Nacional está en el gobierno, tiene cinco ministros, sin embargo se ha observado que fundamentalmente la función de esos ministros es dirigir sus carteras, ocuparse en el gobierno esencialmente de los temas de sus carteras. Más allá que en algunos momentos delicados alguno de ellos ha servido de vehículo de negociaciones políticas, lo que no implica que el gabinete sea el centro de la toma de decisiones de la coalición y del compromiso de los partidos. Tampoco lo fue en el gobierno anterior.

El relacionamiento bipartidario entre blancos y colorados se ha centrado en el nivel parlamentario, donde ha funcionado más fluidamente, con fines legislativos. Cuando decimos con fines legislativos, de aprobar leyes, no tanto con fines de acordar políticas globales que instrumenta el Poder Ejecutivo. De aquí han surgido las dos leyes de urgencia ya aprobadas y, sobre todo, el acuerdo para el Presupuesto Nacional. Este tuvo como una de sus características, que hubo una gran ofensiva nacionalista; recordemos que fue un Presupuesto muy complicado en su tramitación política, que llevó a una de las primeras jugadas fuertes del Partido Nacional y del ex presidente Lacalle, que de repente sorprende iniciando un diálogo directo con Tabaré Vázquez en el que acuerda los recursos extraordinarios que luego terminó recibiendo la Universidad de la República. Esto marcó que no iba a ser exclusivamente el presidente de la República el pivot de juego de todas las fuerzas políticas.

Al comenzar este año, el presidente aparece, por esa fuerte impronta presidencial, con una idea de retome o mantenimiento de la centralidad del juego con la gran reunión del gabinete de febrero, en la que se trazó todo el balance del año y se anunció una gran ofensiva de reformas para el año 2001.

En grandes pinceladas y trazos muy gruesos, esto puede caracterizar cómo funcionó el gobierno en la primera etapa de la administración Batlle, mucho más fuerte en el primer semestre de gobierno que en el siguiente, pero que caracteriza desde el 1º de marzo hasta mediados del mes de abril de este año.

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EC - ¿Qué cambio se dio en el rol de los actores en el escenario del gobierno después de la aparición del virus de la aftosa?

OAB - Recordemos que nos estamos refiriendo no al episodio puntual de Artigas de noviembre del año pasado sino a la invasión masiva de la aftosa que se dio a conocer en los últimos 10 días del mes de abril.

Da la sensación de que el shock sufrido por Uruguay generó también un shock en el propio presidente de la República, en un escenario que además de por la aftosa estaba caracterizado por lo menos por la percepción de agudización de la recesión. No estamos haciendo un análisis económico y, en definitiva, desde nuestro punto de análisis no interesa si la recesión se fue agudizando o no; lo que importa es que la opinión pública, los agentes políticos y los agentes económicos tienen la percepción de que se agudizó. Los datos de la desocupación se difunden en mayo y arrojan que hemos llegado al techo histórico de 15%, lo que hace inferir a todos los analistas que en mayo la misma debe haber estado sensiblemente por encima, entre otras cosas por los efectos del shock aftósico, porque en el primer trimestre estaba la temporada turística, es producto de un promedio y por lo tanto no toma el pico más alto que sería el del último mes.

Por último, como un factor subjetivo que por lo menos desde el punto de vista del análisis político es muy importante y que no necesariamente tiene que coincidir con los factores objetivos: se nota en el país, en la opinión pública y en los agentes políticos y económicos una pérdida de expectativas sobre una rápida reactivación. Hasta hace un tiempo, la idea era que la reactivación venía en el primer semestre de 2001, luego que venía en el segundo semestre; una expectativa de rápida reactivación genera un tipo de comportamientos y la pérdida de esas expectativas en genera otros comportamientos. En este contexto es que aparece el shock de la aftosa como un shock de pérdida de expectativas por lo menos en cuanto a una ofensiva fuerte del país en torno al tema de la carne.

EC - ¿Entonces?

OAB - Ha cambiado fuertemente el perfil del presidente, ha pasado a ser un perfil mucho más bajo, ha bajado la impronta personalista que estaba marcando el gobierno. Consecuentemente con esto, se ha establecido una relación mucho más fluida, por lo menos en términos públicos, una comunicación de imagen más fluida entre el gobierno y el Partido Nacional expresada en una relación mucho más fluida entre el presidente de la República y delegaciones del Directorio, por ejemplo en reunión con Luis Alberto Lacalle y Luis Alberto Heber y Jorge Larrañaga para tratar las medidas para el agro, o en una relación cabeza a cabeza entre el presidente del Partido Nacional y el presidente de la República. Esta relación hace ver algo más parecido a la relación de las cabezas de los dos asociados en un gobierno de coalición, que era la nota faltante en todo el año 2000 y comienzos de 2001.

Paralelamente, se nota un cambio de rol del propio Partido Nacional, que de una actitud pasiva, de acompañar en silencio al gobierno -"en silencio" no quiere decir que no se quejara por lo que consideraba un trato de costado, una falta de atención, pero sin obstaculizar- pasa a tomar muy fuertemente la iniciativa en el plano de sugerencias o soluciones y de comunicación a la opinión pública y provocar grandes anuncios del gobierno. Particularmente, aparece el Partido Nacional en un papel central por lo menos en la comunicación a la opinión pública de todo el paquete de medidas de defensa y búsqueda de reactivación del agro y luego en la ofensiva de medidas en relación a incentivos mediante bajas impositivas y de aportes para buscar una reactivación de la industria de la construcción. Se ve a un Partido Nacional que empezó a administrar un poco mejor sus diferentes crisis internas y que aparece como un partido que genera iniciativas que el gobierno recoge. Es decir, hay un juego más equilibrado entre dos fuerzas políticas que sustentan y por lo tanto también se corresponsabilizan de la acción de gobierno.

Esto es lo que aparece como un cambio de rol de los actores en el escenario de gobierno. Queda por ver si se va a traducir o no en un cambio de rol desde el punto de vista de la imagen pública y la comunicación de los ministros, que todavía aparecen como figuras de menos peso para la población o de menos visualización como conjunto. Hay ministros con fuerte exposición pública, pero el conjunto no, entonces la incógnita es si el cambio también se va a traducir en que los ministros aparezcan con una exposición pública más acorde a la de los últimos tres gobiernos.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 8 - 2001