El Partido Nacional en busca del camino perdido
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:

En estos últimos días se han producido dos hechos importantes relacionados con el Partido Nacional. Uno, la reunión de sus líderes en busca de sanar heridas, y dos, el papel protagónico que los blancos tuvieron en relación a las medidas destinadas al agro y a la reactivación de otros sectores de la economía nacional.

A propósito de esto el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema para hoy: "El Partido Nacional en busca del camino perdido".

Oscar, comenzamos por un diagnóstico de la situación del Partido Nacional.

OSCAR A. BOTTINELLI:

Veamos en qué estaba el Partido Nacional: en tercer lugar en las elecciones preliminares, llamadas internas, de abril de 1999, con menos del 21,7% del total del electorado en las elecciones parlamentarias de octubre, otra vez una tercera fuerza distanciada. Hubo una recuperación leve en las elecciones municipales que lo llevó a ganar 13 intendencias, pero que no le significó un repunte demasiado grande. Aumentó 4,5 puntos, pero de ellos casi 3,5 fueron los departamentos donde era prácticamente una elección interna del Partido Nacional. Es decir que el repunte real, políticamente computable, fue de un 1,1%. Esto se completa con que, concluido el ciclo electoral, el Partido Nacional viene oscilando entre un 14% y un 16% de adhesiones, lo cual está indicando que está entre cinco y siete puntos más bajo que el momento más bajo que tuvo en todo el lustro anterior, en el período 1995-2000.

Por otro lado, las disidencias internas, que fueron una característica, sobre todo por el grado de dureza de las confrontaciones en las elecciones internas, se agudizaron durante todo este último período y particularmente después del ciclo electoral. El Partido Nacional venía en una línea de permanente cuestionamiento a la conducción de Lacalle, no sólo desde los que se opusieron a él, y con dureza, en el período anterior, sobre todo en el de las elecciones internas -Larrañaga, Ramírez, Pereyra, Arturo Heber, Volonté-, sino desde sus propias filas, el movimiento encabezado por Luis Alberto Heber, que tiene como un gran referente a Ignacio de Posadas. Esto se complementa con que en este año y cuarto de gobierno el Partido Nacional quedó bastante desdibujado en el papel, no existió esa cúpula tipo Sanguinetti-Volonté del período anterior. La relación Batlle-Lacalle ha sido de bajo perfil, no muy intensa y, sobre todo en el primer tiempo, quedó opacada por una muy intensa relación entre Batlle y Vázquez. Además es una coalición que no dio imágenes de una fuerte coalición ante la opinión pública, sino más bien de un gobierno muy personalizado del presidente de la República. Esto se suma a que el propio Partido Nacional no apareció con una convocatoria propia, con algo que quedara claramente diferenciado en la ciudadanía como el gran aporte que hacía a un gobierno de coalición.

EC - Veamos por dónde se han orientado los dirigentes blancos en la búsqueda del camino perdido.

OAB - Después de llegar casi al máximo de la confrontación hace no demasiadas semanas, uno de los primeros caminos fue lo de sanar heridas, restaurar las heridas causadas por esta fenomenal confrontación de los últimos años, por lo menos de los últimos tres años, en lo que futbolísticamente se dice bajar la pelota al piso. Esto quedó simbolizado en la reunión de todos los líderes, a la cual el Directorio del Partido Nacional y Lacalle particularmente venían apostando desde hace algún tiempo, que tuvo un hecho no menor: fue la primera vez que se encontraron en un ámbito para buscar confluencias Ramírez y Lacalle y se produce el saludo de Ramírez a Lacalle -y de Lacalle a Ramírez, por supuesto, pero el que estaba en actitud reticente, de negarse a ir a cualquier acto donde estuviera presente Lacalle, era el ex ministro Juan Andrés Ramírez. Este es un hecho simbólico, que como todos los hechos simbólicos es muy fuerte por sí mismo y capaz de causar impactos.

Lo segundo es que el Partido Nacional comienza, particularmente en esta última semana, a centrar la atención hacia afuera del partido y no hacia adentro. Hasta ahora el grueso de las noticias que provenían del Partido Nacional, salvo algunas en el período del presupuesto, fue más bien la confrontación interna, si Lacalle tiene que retirarse, si Lacalle sigue, quién lidera u organiza un grupo diferente al de Lacalle, cuál es el nivel de unidad entre los adversarios de Lacalle, cuál es el nivel de cuestionamientos que hay o deja de haber a Lacalle, permanentemente la situación interna como el gran referente.

En este momento aparecen, además, dos cosas: un problema de fondo, de ideas o medidas que emergen del Partido Nacional, y un problema de forma, cómo negocia con el gobierno. Aparece el Partido Nacional negociando, aparece el presidente del Directorio con dos figuras de gran peso en este momento: Luis Alberto Heber, primer senador del Herrerismo y la figura que venía en un cuestionamiento a Lacalle, y Jorge Larrañaga, la persona emergente del sector tradicionalmente no lacallista, el principal desafiante externo de Lacalle, que además cuenta con el respaldo de tres diputados y varios intendentes, es decir con una fuerza propia significativa. Los tres van a negociar con el Partido Colorado y con el presidente de la República.

EC - Tú dices que no es casual la integración de esa delegación.

OAB - No, creo que es deliberada para fortalecer al Partido Nacional en varios sentidos. En primer lugar, en la negociación con el gobierno, "acá está todo el Partido Nacional, no se juegue con un sector o con otro o buscando contradicciones adentro". En segundo lugar, dando una señal hacia afuera: es un partido que busca soluciones, que se planta frente al gobierno, pidiendo o negociando desde determinado momento. Creo que fue una jugada muy deliberada que apareciera el protagonismo de todas las figuras principales o de las más importantes con rol parlamentario, sobre todo Heber y Larrañaga.

EC - ¿Qué más?

OAB - Posicionarse en las medidas de reactivación en general, pero muy centradas en el agro -a raíz de la crisis aftósica-, le ha permitido al Partido Nacional buscar sintonizar con un segmento de la sociedad con el que estuvo sintonizado por décadas, con el que se reencuentra, y al que puede dirigirse de una forma privilegiada, presentarse como el defensor del agro y del interior. Por supuesto que no está solo. El Partido Colorado, sobre todo el Foro, ha salido también a buscar este perfil del que defiende las actividades productivas, del gran defensor de todo este paquete de medidas. Pero el Partido Nacional lo hace tratando de sintonizar con un sector que le fue tradicionalmente muy afín, por lo menos en el discurso. Lo de defensor del interior, además, le resulta muy funcional a un partido que primero tiene una tradición muy ligada al interior, que a veces exageró en detrimento de su penetración en Montevideo y en la zona metropolitana, fundamentalmente en Canelones, pero además por el hecho de que hoy tiene 13 de las 17 intendencias de lo que llamamos el interior puro -sin contar Montevideo y Canelones-. Por eso está en una situación privilegiada para poder reencontrar ese papel.

Mucho más cuando en este momento se ha visto ayudado en todo este juego por varias cosas. Una, el Frente Amplio, particularmente el presidente del Encuentro Progresista-Frente Amplio, Tabaré Vázquez, en declaraciones realizadas el 1º de mayo y el posicionamiento en que quedó en relación al pre-referéndum del 18 de febrero, creó un cierto quiebre en su diálogo con el agro. Los planteos iniciales de Tabaré Vázquez, sintonizando con planteos que venían del ámbito sindical sobre cuestionar ayudas al agro, a empresarios, en un momento de gran desocupación, le abre el camino al Partido Nacional de sentirse más próximo a un segmento con el cual venía teniendo ciertos rechines y en el cual el Frente Amplio venía penetrando.

Por otro lado, en esta emergencia el presidente Batlle bajó ese perfil de impronta tan personal, tan personalista que le da a su gobierno, apareció mucho más negociador en la forma, y en el contenido apareció mucho más pragmático, mucho menos ideologizado a la hora de la búsqueda de soluciones. Además, el ministro de Economía, Bensión, que tuvo una actitud muy desprolija y que complicó mucho el trámite presupuestal, actuó con mucha prolijidad en las negociaciones, realmente fue un negociador muy fino y exitoso en esta oportunidad.

EC - ¿Cuáles serían las conclusiones, entonces?

OAB - Una, que el Partido Nacional comienza a entender que tener como única imagen hacia el exterior la lucha interna sólo conduce a una mayor pérdida de apoyo en la sociedad, de mayor ajenidad y lejanía de la sociedad. Segundo, que el problema principal que tiene es encontrar un mensaje propio, diferenciado del Partido Colorado, con el que se consustancia un segmento del país, que puede estar entroncado en el pasado pero que no puede ser exclusivamente una convocatoria nostálgica; tiene que ser una convocatoria en que un sector se refleje como forma de hacer política para el presente y para el futuro.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 11 - 2001