El camino hacia el ALCA. El debate sobre el futuro del país.
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:

Si no hubiese sido por el estallido de varios brotes de aftosa, el gran tema de la semana hubiera sido la cumbre del ALCA y la audiencia Bush-Batlle en la Casa Blanca, concretada el martes. La aftosa representa un serio problema presente; el ALCA y las relaciones con Estados Unidos presentan una definición estratégica, una definición por largo tiempo del futuro geopolítico de Uruguay.

A propósito de esto último, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone como análisis político para hoy: "El camino hacia el ALCA. El debate sobre el futuro del país".

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OSCAR BOTTINELLI:

Estuve tentado de hablar de la aftosa, pero al final iba a ser un monólogo, todo el mundo hablando del tema, quizás sin poder decir demasiadas cosas nuevas. Salvo algo que tiene que ver con nuestro tema: hay una afectación de los planes inmediatos del país, de alguna manera relacionados con un fortalecimiento de su inserción comercial en el exterior. Uno de los elementos que tuvo la gira de Batlle, sobre todo en Japón, pero también como un elemento más en la gira por América del Norte, era buscar el reforzamiento de los lazos comerciales, particularmente la venta de carne, en un momento en que Uruguay se estaba diferenciando de Argentina como país no aftósico sin vacunación contra un país aftósico y con vacunación.

EC - Sí. Recordemos la intención del presidente Batlle de duplicar las exportaciones del país, propósito que se iba a apoyar seria y fundamentalmente en las exportaciones de carne, justamente.

OAB - Lo importante es que, independientemente de las consecuencias comerciales y económicas de la aftosa, que pueden ser muy graves, el otro problema subsiste. Uruguay estará mejor, más o menos o un poco peor, pero el tema clave de futuro es otro -estoy hablando de largo tiempo-: dónde y cómo se va a insertar geopolíticamente y cuáles van a ser los macrocircuitos comerciales, entendidos como la gestación de zonas de integración o de zonas de libre comercio. La cumbre del ALCA no tuvo sorpresas para la intervención de Uruguay, estuvo dentro de lo previsto: el papel de Batlle como el gran defensor de la iniciativa de la construcción de una gran zona de libre comercio de todas las Américas, de Alaska a Tierra del Fuego. Lo que se preveía ocurrió -quizás un poco más sonoramente como contraste con la anterior cumbre desde el ángulo uruguayo-: mientras en la anterior cumbre Uruguay y Brasil tenían una misma postura sobre el tema, en ésta prácticamente las posturas extremas fueron justamente las de Brasil y Uruguay. Brasil en la objeción a todo adelantamiento de los plazos para el ALCA, el condicionamiento en las negociaciones y partiendo de su tesis -que era la tesis uruguaya anteriormente- de que en el ALCA no negocia Brasil sino que negocia el Mercosur como un bloque. Uruguay está en la tesis más favorable a la rápida constitución del ALCA y al adelanto de la fecha, que finalmente no prosperó.

Otro tema clave de la gira de Batlle -porque no se puede separar la cumbre del ALCA de la entrevista Batlle-Bush y de las declaraciones de Batlle en este circuito- es el "fast track".

El "fast track" es una especie de delegación de funciones o atribución genérica que daría el Legislativo de Estados Unidos, las dos ramas del Parlamento, el Congreso y el Senado, para que el presidente pueda hacer un rápido avance en negociaciones con otros países. En este caso, el "fast track" puede ser tanto para la negociación del ingreso al Nafta, que es lo que se está buscando en relación a Chile, como para el desarrollo del ALCA, de las negociaciones que Estados Unidos encare en relación al área de libre comercio y los cambios que se deben producir dentro de ese país para la misma.

Desde el punto de vista político, tanto el ALCA como el Nafta generan grandes contradicciones en Estados Unidos, como en todos los países. Las integraciones económicas o las zonas de libre comercio, la baja de aranceles siempre generan conflictos, siempre hay sectores beneficiados y sectores perjudicados. Notoriamente en Estados Unidos hay sectores muy temerosos a todo lo que sea abrir la frontera a la competencia de países que pueden tener costos industriales menores. En general los sindicatos de Estados Unidos no son muy favorables a estas cosas. Por lo tanto, dentro de la política estadounidense hay exponentes de todas las posturas, por lo que hay representantes de una línea muy contraria a estos tipos de aperturas económicas y comerciales.

Batlle hace un llamado a los estadistas americanos, a las fuerzas sociales de todo el continente -en particular de Uruguay, habla específicamente de los sindicatos- y a los legisladores estadounidenses. A los estadistas y a las fuerzas sociales les pide que realicen una acción interna dentro de Estados Unidos.

EC - Que hagan lobby.

OAB - Sí, que hagan una intervención dentro de la política estadounidense. Esto tiene dos lecturas: una es hacer lobby y la otra lo que puede entenderse como jugar dentro de la política de Estados Unidos. Hay una referencia concreta de Batlle delante de Bush a la mitad del Congreso demócrata, juega con las filiaciones políticas, lo cual es un estilo diplomático no original, que existe, pero que se pone al borde de determinadas reglas sobre hasta dónde un gobierno se mete o no dentro de los problemas internos de otro. Mucho más cuando exhorta a hacer lobby, que es exhortar a presionar dentro de Estados Unidos, metiéndose en la política de ese país.

Otro dato que aparece es que, así como vimos el cambio de postura de Uruguay, hay un cambio del papel del presidente uruguayo. En las cumbres anteriores el presidente uruguayo apareció como un gran confrontador con Estados Unidos, si bien esa postura se había ido debilitando. La confrontación entre Uruguay y Estados Unidos fue mucho más fuerte en la primera mitad de la administración Sanguinetti que hacia el final, donde hubo esfuerzos de ambas partes, pero sobre todo del gobierno uruguayo, por cambiar un poco esa postura. Ahora Batlle trata de dar la visión exactamente opuesta, la del gran aliado, del país que puede ser el gran operador a favor de Estados Unidos en la constitución del ALCA. Entendiendo que ese favor a Estados Unidos también es un favor para Uruguay, ésa es la postura del gobierno.

Lo que cierra todo esto es que las primeras señales de Uruguay, que no difieren de las que venían de antes, dejan a Estados Unidos mirando a un país como Uruguay, que no tiene una política de Estado sobre el tema, que lo que tiene es un presidente en una línea muy decidida, muy entusiasta, con la vocación de ejercer un liderazgo incluso continental en la materia, pero que no tiene un país detrás. La duda es: un país tan pequeño -independientemente de la capacidad que tenga el presidente uruguayo para ejercer un liderazgo en América y de la que tenga dentro del país- ¿es confiable como para seguir adelante una negociación, por ejemplo, hacia el Nafta, cuando no se sabe qué va a pasar con los apoyos dentro del país?

Parecería que hay una primera cosa que siempre le va a interesar a Estados Unidos: si el gobierno uruguayo, que tiene un gran margen de acción en esta materia, sigue operando, va a jugar un papel desestabilizante dentro del Mercosur, en el plano político, hacia las posturas de Brasil. Estados Unidos ya no sólo va a enfrentar a Brasil afuera, en las conferencias, sino que también va a tener un aliado adentro del Mercosur que va a jugar intentando desestabilizar las posturas de Brasil de plantear al Mercosur como un bloque monolítico y no como una suma de países que negocia cada uno por separado en relación al ALCA.

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EC - Vamos a detenernos ahora en el debate interno a propósito del camino hacia el ALCA. ¿Cómo está transcurriendo el análisis, cuáles están siendo las reacciones ante el camino emprendido por el presidente?

OAB - Tengamos en cuenta dos cosas. Una, que el Poder Ejecutivo tiene una gran autonomía en materia de política exterior, pero decisiones macro, como la de conformar un tratado, requieren que el mismo tenga apoyo parlamentario. Independientemente de que es necesario el apoyo parlamentario, entre otras cosas, para el mantenimiento de los ministros o para no dar señales débiles hacia el exterior.

Hasta ahora, la más fuerte ha sido la postura que surgió del Encuentro Progresista-Frente Amplio, sobre todo de su líder, Tabaré Vázquez, quien formuló largas críticas, algunas muy irónicas, hacia la postura del presidente de la República. Sin embargo, se conoce que hay técnicos frenteamplistas que ven el tema con alguna prudencia, considerando que el Frente Amplio no debería embarcarse en una postura tan automática en contra del ALCA. De alguna manera, el primero que mencionó esta postura públicamente fue el senador Danilo Astori. Por un lado aparecieron técnicos y políticamente apareció Danilo Astori, que de algún modo hacen un replanteo de la posición del ALCA que coincidiría con la postura llevada adelante por Uruguay en el período anterior, es decir la revalorización del camino del Mercosur, ver al ALCA como un paso al que puede ingresar el Mercosur como tal, negociando todo el Mercosur. Se puede decir que en la izquierda se abre la posibilidad de una línea política -no la que expuso Tabaré Vázquez- que podemos llamar de sintonía con la anterior del gobierno uruguayo y con la anterior y actual de Brasil, en la línea de Fernando Henrique Cardoso.

EC - ¿Qué pasa mientras tanto en el Partido Colorado y el Partido Nacional?

OAB - Hasta ahora ha habido silencio; ni el Partido Colorado ni el Partido Nacional han hablado explícitamente sobre este tema. Se diría que es previsible que Julio María Sanguinetti, sin rechinar con el gobierno -mucho más cuando el canciller pertenece a su grupo político-, trate de ir combinando el énfasis y el entusiasmo del presidente Batlle hacia el ALCA con su vieja línea de reforzamiento del Mercosur y de una línea de alianza o de juego en pared -usando el término futbolístico- entre Uruguay y Brasil.

En el caso del Partido Nacional también ha habido silencio. Recordemos que en general esta fuerza siempre ha manifestado una línea estratégica muy favorable al ALCA.

EC - ¿En definitiva?

OAB - En definitiva se abre un gran debate. Si bien hay posturas muy extremas, como podrían ser la que expuso Batlle en su conferencia y la crítica que formuló Tabaré Vázquez, hay un problema. Primero, Batlle hoy no sólo está lejos de obtener un consenso, sino que es probable que ni siquiera logre una mayoría clara de soporte político parlamentario para avanzar en este camino. Pero las posiciones no son tan extremas si se empieza a ver que en el Frente Amplio se abre camino una revalorización del tema del ALCA. Es probable que los temas reforzamiento del Mercosur y el ALCA a partir del Mercosur puedan estar muy cerca de un término medio que logre un consenso que lleve al Frente Amplio a dejar el automatismo antiestadounidense, privilegiando el reforzamiento del Mercosur, y a Jorge Batlle a aceptar un poco más la línea Mercosur como forma de búsqueda de un consenso nacional.

Por ahí estaría el área de exploración del consenso. Si se logra o no, ya es otro tema.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 27 - 2001