El Partido Nacional y la coalición de gobierno 
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:

A diferencia de lo que ocurrió en el período anterior, la relación entre los partidos socios de la coalición de gobierno esta vez es difícil y contradictoria. La designación, esta semana, de los representantes no partidarios en el Banco de Previsión Social, es uno de los últimos episodios que muestran una relación compleja entre el Partido Nacional y el gobierno, como lo fue a principio de año el tema de los vetos al Presupuesto.

A propósito de todos estos hechos, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone hoy como tema para el análisis político "El Partido Nacional y la coalición de gobierno".

OSCAR A. BOTTINELLI:

Recordemos un escenario en torno al Presupuesto, que tuvo muchos tropezones, idas, vueltas, negociaciones incompletas, que terminó en un episodio que no deja de ser un poco sorprendente: que la máxima ley desde el punto de vista del instrumento de un gobierno, que es el Presupuesto, termine aprobada y por otro lado con vetos del presidente de la República y levantados por uno de los dos grandes soportes de la coalición, como es el Partido Nacional.

En el episodio de esta semana, la designación particularmente del representante de los empresarios en el Banco de Previsión Social, se produce una postura del Partido Nacional sobre cómo debe interpretarse una ley que no votó -fue votada por el Partido Colorado y el Encuentro Progresista-Frente Amplio-. El Partido Nacional tiene una tesis sobre cómo se debe hacer la designación y el gobierno tiene otra. De alguna manera, el Partido Nacional mandata a sus ministros a no acompañar la interpretación que daba el presidente de la República, y el ministro de Trabajo, que es del Partido Nacional, firma el decreto de acuerdo a la interpretación del presidente de la República.

Esto es lo que enmarca la necesidad de reflexionar sobre todo el manejo del Partido Nacional y la coalición o las coaliciones.

EC - Vayamos a los antecedentes en períodos de gobierno anteriores.

OAB - Vamos a hablar del período de gobierno anterior, ya que es el primero en que podemos hablar propiamente de una coalición. En los demás se puede hablar más de gobernabilidades o coaliciones en preparación, en armado, no de una coalición plena. Recordemos que Sanguinetti ganó por sí, ganó el Partido Colorado, era un régimen distinto donde bastaba con ser el primero para obtener la Presidencia de la República, y ganó muy ampliamente dentro del Partido Colorado. ¿Cuál es la razón de la coalición? Primero, un país dividido en tercios y un gobierno que ya no se podía apoyar, como lo hizo Sanguinetti en su primera administración, en gobernar por sí. Tener una gobernabilidad con el Partido Nacional que le permitiera salvar algunas leyes fundamentales y tener 40% de legisladores que respaldara todos los vetos que impusiera el presidente de la República... Ese esquema ya no se repetía, con un tercio de legisladores no se respalda ningún veto; además un tercio es una debilidad muy grande para gobernar. Sustancialmente fue un gobierno que, como pasó con el de Lacalle y pasa con el actual, tuvo propuestas de reformas importantes que requieren instrumentos legislativos. Quizás requirieron más instrumentos legislativos algunas reformas del gobierno anterior que el actual, ya que hoy muchas medidas son administrativas. Entre las claves del gobierno anterior estaba la reforma de la seguridad social, que requería dos tercios en algunas de las disposiciones y además un amplio soporte político.

EC - ¿Cómo funcionó esa coalición?

OAB - Por lo menos entre 1995 y 1997-1998, esta coalición funcionó muy fluidamente, con escasas rispideces entre el Partido Nacional y el Partido Colorado. Cuando hablo de “escasas rispideces” me estoy refiriendo al plano del funcionamiento del gobierno; otra cosa se dio en otro tipo de temas. Además, con un presidente del Partido Nacional y un presidente de la República con un diálogo extremadamente fluido, prácticamente se reunían una vez por semana y no sé si no hablaban todos los días por teléfono. El Partido Nacional estuvo en una función casi de co-Presidencia de la República, los acuerdos terminados quedaban armados mucho antes de las instancias legislativas, que se realizaban con muchísima fluidez. El tema es que ese funcionamiento de la coalición tuvo visiones sobre costos y beneficios muy diferentes en sus socios, y particularmente en el Partido Nacional se asoció con mucha fuerza lo que luego fue una caída bastante fuerte de la popularidad y la intención electoral hacia Volonté con la existencia o la forma de funcionamiento de la coalición. Mirando el comportamiento de la opinión pública tenemos una tesis según la cual nos parecía que la caída de Volonté por un lado y del Partido Nacional después estaban obedeciendo a causas diferentes a la valoración del funcionamiento de la coalición.

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EC - Ahora nos concentramos en este período encabezado por el doctor Batlle. ¿Dónde están las diferencias?

OAB - La primera diferencia es el origen de la coalición, ya que independientemente de las necesidades que hubiera desde el punto de vista de gobierno hubo una necesidad previa de carácter electoral. La nueva Constitución, que impuso el balotaje, llevó a la necesidad de acuerdos previos para elegir a los presidentes de la República, entonces ya no es un partido -el Partido Nacional- que se suma al Partido Colorado para gobernar una vez que aquel obtuvo el gobierno, sino que hacen un acuerdo para que el candidato de los partidos tradicionales, el doctor Jorge Batlle, ganara la Presidencia de la República. Esto cambia la naturaleza de la cosa. Desde un punto de vista cualitativo, le dio una fuerza al Partido Nacional diferente a la anterior. Está muy estudiado, sobre todo en Europa, el papel clave que cumplen, independientemente de su fuerza numérica, aquellos partidos o grupos políticos que son decisivos para que un gobierno exista, en este caso para que un cargo se elija.
Esto cambió el posicionamiento de los actores. Además, buena parte de la coalición se negocia antes de la elección. Se negocia de una manera que ya está marcando algunos de los problemas que el propio Partido Nacional empieza a tener después. No hay una sino dos negociaciones, una entre el Partido Colorado como tal con el Partido Nacional a través de su Directorio, aquella escena de la delegación colorada entrando en la casa del Partido Nacional en la calle Juan Carlos Gómez, integrada por Atchugarry, Brezzo y Davrieux, es decir que van personas de la más directa confianza personal del candidato presidencial y líder de la 15, del líder del Foro y presidente de la República. Esa delegación dialoga con una comisión del Directorio del Partido Nacional y llegan a un acuerdo, entre otras cosas con un punteo de temas de los que hace pocos días el Partido Nacional hizo una especie de balance de lo cumplido. Pero también hubo una negociación paralela, que es la que realiza Ramírez, de Desafío Nacional, con Batlle, que tiene a Atchugarry y al actual ministro Alonso como interlocutores. De ahí surge el apoyo de Ramírez a Batlle y lo que es una cartera ministerial que queda fuera de la negociación posterior entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, es una cartera que va a llevar Desafío Nacional y a Alvaro Alonso como ministro, dato que se conoce antes de la elección del 28 de noviembre.

EC - Eso fue lo que pasó antes; ¿y después?

OAB - Después de la elección, el presidente del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, aparece primero con el mismo rol que había tenido Volonté, como copresidente, pero además fortalecido en ese papel decisivo que había tenido el Partido Nacional en el balotaje, con una campaña electoral activísima. Muchos recordarán que inmediatamente comienza una serie de rispideces y una actitud del Partido Colorado de considerar al gobierno como colorado, propio, que busca un socio para la gestión de gobierno, y no como un gobierno bipartidario. Estas dos visiones distintas ya marcan un comienzo de dificultades en la relación que luego se van a complementar con formas de manejo del presidente de la República por el lado y con complejidades internas del Partido Nacional.

EC - Veamos cómo ha sido el funcionamiento.

OAB - Por un lado está el tema de que Batlle inicia un camino que se puede llamar de ruptura de la polarización y de generar un diálogo extremadamente fluido entre el jefe de gobierno y el líder de la oposición, entre Batlle y Vázquez.

EC - Es un tema aparte, pero que sin duda afecta e incide en el funcionamiento de la coalición de gobierno.

OAB - Por eso lo menciono. Por otro lado, en la medida en que Batlle hace un gobierno muy personalizado, le da una muy fuerte impronta personal. Todos los presidentes dan la impronta personal, pero en este caso la impronta es de un presidente muy fuerte en el seguimiento de todos los temas, en tener ideas propias en muchos aspectos y no sé cuánto va de lo personal y cuánto tiene que ver la relación entre los partidos. No se produce una relación fluida entre el gobierno o el presidente de la República y el Partido Nacional; la relación es mucho más distante, no tiene la fluidez anterior, es visto como un socio con el que se puede consultar en una asamblea de accionistas, pero no en un directorio. Esta relación no tan fluida entre el presidente de la República y el del Partido Nacional se complementa con que el Partido Nacional tiene una relación cada vez más complicada internamente. Por un lado parece relativamente sencilla en octubre por la fenomenal hegemonía del Herrerismo, dos tercios de los votos del partido y más de las cuatro quintas partes de las bancas. Ocurre que entre octubre de 1999 y mayo de 2000 aparece un resultado municipal diferente: frente a una bancada parlamentaria de neto predominio herrerista aparece una red de gobernantes municipales predominantemente no herreristas y sobre todo refractarios a la conducción de Lacalle. Hasta ahí la cosa sería relativamente sencilla si no hubiera surgido ya desde aquel momento, pero en crecimiento a lo largo del año y con mucha fuerza en el último trimestre de 2000, una línea de cuestionamiento, disidencia, malestar con la conducción o la figura de Lacalle dentro del propio Herrerismo, donde apareció como el emergente más fuerte el senador Francisco Gallinal, como un referente el ex ministro de Economía Ignacio de Posadas y como un operador político principal el primer senador del Herrerismo, Luis Alberto Heber. No es un cuestionamiento menor, no es un grupo de figuras nuevas o al costado, de valor local que estarían molestas con una conducción, lo que se diría que es lo habitual. Aquí son figuras del tronco. Todo esto también crea un debilitamiento al Partido Nacional, sumado a que del otro lado ese tercio de votos que en la elección de octubre no fue hacia Lacalle tampoco apareció como un grupo monolítico con un liderazgo único sino que quedó disperso entre Desafío Nacional con Ramírez, el Movimiento de Rocha con Pereyra, Alianza Nacional con Larrañaga, Línea Nacional con Arturo Heber, Manos a la Obra con Volonté y algunos grupos o agrupaciones no definidamente alineadas y muchos intendentes fuera de estas alineaciones tan compartimentadas como los casos de Moreira en Colonia, Antía en Maldonado y Riet Correa en Rocha. 

Este partido, con esta estructura y este funcionamiento, también aparece como un partido con menor fuerza en el manejo de las relaciones con la coalición. No olvidemos que Volonté, entre 1995 y por lo menos fines de 1996 y comienzos de 1997, en la medida en que se fue creando una situación complicada con Lacalle -la ruptura Lacalle-Ramírez: en ese momento Ramírez era una figura naciente como líder político autónomo-,Volonté fue teniendo un protagonismo muy grande, una situación muy holgada y cómoda dentro del partido. Precisamente es a partir de mediados de 1997 y ni hablar a lo largo de 1998 que Volonté empieza a ser una figura con cuestionamientos y conflictos al interior del partido. Pero, en buena parte por ese funcionamiento de la coalición que marcamos como fluido, el presidente del Partido Nacional pudo actuar con mucha más comodidad que la que están teniendo hoy el presidente y el Directorio en su conjunto.

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EC - A partir de esta descripción de por qué y cómo se constituyó esta coalición de gobierno, de cómo ha venido funcionando, en particular cómo juega la realidad interna del Partido Nacional, ¿qué es lo que vemos, qué accionar político del Partido Nacional en el gobierno?

OAB - El Partido Nacional tiene cinco ministros en el gabinete y no parece una presencia del muy fuerte en el gobierno. Esto no quiere decir que no haya presencia fuerte de los ministros. Por un lado tenemos el caso del ministro de Trabajo, cuyo origen como tal responde a una lógica distinta de relacionamiento global del Partido Nacional con el Partido Colorado y el presidente de la República, ya desde el balotaje. Tiene poco relacionamiento directo con el Directorio del Partido Nacional -es notorio que va poco- y tuvo esta actitud: mientras el Directorio marca una línea él sigue otra, una línea de independencia política.

El ministro de Industria está como una especie de representante del Movimiento de Rocha, por otro lado como una figura política de nivel, fue el candidato a vicepresidente de la República, ya había sido ministro de Estado. Tiene un papel muy fuerte, una exposición pública muy fuerte y aparece con un gran “feeling” con el presidente de la República y una gran concordancia en las líneas a instrumentar en su cartera, tanto en el plano de la industria, en el de las relaciones con el Mercosur y en el plano energético, pero aparece más como un ministro individual, propio, con su línea política, que como alguien que está instrumentando una línea política de un partido.

EC - Así que hay dos casos particulares en ese elenco de ministros blancos, Alonso y Abreu.

OAB - Los otros ministros responden más ortodoxamente a la conducción partidaria. El que tiene mayor visibilidad es el ministro de Educación y Cultura, Antonio Mercader, que además es un hombre estrechamente ligado al presidente del Directorio, Luis Alberto Lacalle, y de mucha influencia. También el ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, el ingeniero Cat, que fue presidente del Herrerismo durante muchos años, y el senador Jaime Trobo, ministro de Deportes. No aparece como una especie de delegación compacta de un partido actuando en el gabinete, sino como ministros que actúan más bien como responsables de sus carteras ministeriales. Por otro lado el partido, a través del presidente o de sus senadores, negocia con el gobierno la línea política, no siendo sus representantes en el gabinete los interlocutores con el gobierno.

EC - Vayamos a hechos políticos importantes de este año y algo de gestión.

OAB - Lo del BPS en el fondo es muy menor, quizás importa más la sonoridad que adquirió el conflicto que la sustancia del mismo. No estamos hablando de que el conflicto haya sido por la conducción del BPS sino por una representación, con toda la importancia que tiene, en siete miembros.

En cambio, hay dos temas que inciden mucho. Uno es todo el trámite presupuestal como un tema central, donde el Partido Nacional tiene una línea de cierta disidencia y de no haber sido partícipe de la elaboración presupuestal. A diferencia de las leyes de urgencia, donde sí tuvo una participación más activa, aquí no tuvo nada que ver con la urgente consideración de los plazos porque realmente no era un tema de plazos, más allá de que los presupuestos también tienen plazos. Es un tema de trámites y formas de elaboración.

EC - ¿Y los vetos?

OAB - El Partido Nacional marca con tanta claridad esa participación lateral que se vota artículos que el presidente de la República veta y a su vez participa en el levantamiento de una parte. En otros no, porque ya se crearía una situación de una fricción extrema, donde se pudo considerar que era casi entrar en una guerra levantar esos vetos.

El aumento de los combustibles es un tema en sí mismo, pero el manejo político del aumento de los combustibles da lugar a un análisis mucho más prolongado, pero es importante marcar lo siguiente. Primero, se produce un aumento de los combustibles que los miembros blancos del Directorio de Ancap votan en contra, el ministro que firma el aumento de los combustibles es también del Partido Nacional porque corresponde al ministro de Industria, Energía y Minería junto con el de Economía y Finanzas. Esto está marcando una posición no del todo inequívoca del Partido Nacional. A su vez, en la interpelación que se promueve esta semana en la Cámara de Senadores por parte del senador Astori como interpelante aparece coincidencia entre el Partido Nacional y el Encuentro Progresista-Frente Amplio en el cuestionamiento al aumento de los combustibles y sobre todo al objetivo fiscalista del mismo. Pero inequívocamente el Partido Nacional busca evitar quedar votando junto con el Encuentro Progresista-Frente Amplio en la forma en que redacta la moción. Eso lleva a que quede un mensaje poco crítico del Partido Nacional: por un lado queda claro que hay una especie de mayoría rechazante del aumento de los combustibles, pero que no vota, por lo tanto la mayoría es tal a los efectos de cálculos periodísticos, no de una resolución senatorial. Entonces, el Partido Nacional aparece buscando un juego de no compartir lo del gobierno -en este caso identificándolo con el Partido Colorado- pero tampoco actúa en ningún caso en bloque con el Frente Amplio. Es un posicionamiento un poco complicado.

EC - Sí, porque presenta una moción que rechaza el aumento pero lo hace de manera tal que no produzca efectos.

OAB - Claro, rechaza el aumento y en el rechazo incluye dos motivaciones de la situación del aumento, que son la herencia del gobierno anterior -con lo cual deja un claro enfrentamiento con Sanguinetti en particular- y la posición sistemática de obstrucción a las reformas profundas que requiere el Estado. Por lo tanto, el Frente Amplio no puede votar algo que está redactado en términos de acusación contra la izquierda, contra el Frente Amplio, contra el movimiento sindical. Pero desde el punto de vista de la articulación política es como que el Partido Nacional está buscando un espacio político que le cuesta encontrar. No tiene muy claro cómo jugar la relación con la coalición y tiene algunas dificultades en el manejo del juego triangular. Este se acota cuando uno de los actores -el presidente de la República- no tiene ningún problema en acordar todas las veces que haya que hacerlo y buscar la fluidez que haya que buscar con el Encuentro Progresista-Frente Amplio. Al Partido Nacional le cuesta, ha habido algunos pasos muy importantes, entre otras cosas de esa jugada del Partido Nacional junto con el Encuentro Progresista, el acercamiento del Partido Nacional a una relación con Tabaré Vázquez fue lo que definió que surgieran recursos importantes para la Universidad de la República y desbloqueó la situación, pero fueron jugadas excepcionales y la impresión es que es una jugada que al Partido Nacional no le gusta repetir demasiado y que le teme a una imagen de un Partido Nacional en instancias fuertes apareciendo en bloque con el Encuentro Progresista-Frente Amplio.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 16 - 2001