Entre políticas de Estado y políticas de coalición
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:

El domingo pasado, la adhesión al recurso de referéndum contra la primera Ley de Urgencia fracasó en su propósito, pero la concurrencia fue de alrededor de medio millón de personas, unas 100.000 menos de lo requerido. Este alto nivel de adhesión, en un domingo caluroso de verano y con un Frente Amplio embarcado en la convocatoria pocas semanas antes, generó el fantasma del riesgo, para el gobierno, de un nuevo desafío. La posibilidad de éxito de otra convocatoria sobre un tema más comprensible para la gente, por ejemplo Antel, en medio del año normal, del año de trabajo, y con un Frente Amplio comprometido desde el inicio pasó a formar parte del análisis de los dirigentes más ligados al presidente. El propio presidente dio inmediatas señales de diálogo con la izquierda sobre los temas espinosos incluidos en la reforma del Estado que pretende llevar adelante.

A propósito de todo esto, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone como análisis político para hoy "Entre políticas de Estado y políticas de coalición".

Oscar, comencemos por algunos elementos de introducción.

OSCAR A. BOTTINELLI:

Vamos a señalar algunas cosas que parecen teóricas y son lo más práctico del mundo. Lo primero es el papel de mayorías y minorías. A veces se simplifica el juego, en estos días se ha escuchado decir a algunos que, si hay una mayoría, ésta hace lo que quiere; hace lo que quiere mientras puede. Todo depende de cómo funcione un sistema; en el Reino Unido, Gran Bretaña, el sistema de mayorías y minorías es muy tajante, una mayoría con una pequeñísima ventaja, siempre que sea estable, en la Cámara de los Comunes puede hacer reformas de la profundidad de las que hizo Margaret Thatcher.

Uruguay tiene un régimen que jurídicamente tiende a la consensualidad. Nos referimos a todas las disposiciones constitucionales que exigen dos tercios para un montón de cosas, entre otras ni más ni menos que para reformar la Carta Orgánica de los entes autónomos. Esto implica que si no se hace "by pass" jurídicos, vale decir, si no se elude buena parte de la Carga Orgánica mediante disposiciones que cambian situaciones por la vía de los hechos, una buena parte de la reforma del Estado requiere dos tercios de cada cámara para los entes no bancarios.

Pero además hay algunas situaciones particulares. La primera es la originalidad, para Uruguay, de que el primer partido esté en la oposición. Esto en general sólo se puede dar en dos situaciones: en el caso de regímenes con balotaje o, lo más habitual, en regímenes parlamentarios, lo que es toda otra lógica de funcionamiento. Cuando hay un primer partido que está en la oposición la marginación de ese partido se puede hacer perfectamente, pero tiene un costo, entonces el tema, desde el ángulo del gobierno, tiene que ver con los costos a asumir por ignorar a ese primer partido. De alguna manera este tema está en consideración en este momento. Marginar a un primer partido tiene costos, el gobierno tiene que saber cuánto los puede asumir y si está dispuesto a asumirlos.

El otro tema tiene que ver con la diferenciación entre políticas de gobierno y políticas de Estado. Muchos países tratan de que haya un conjunto de líneas políticas, de estrategias y de objetivos que trascienda una gestión de gobierno y por lo tanto se transforme en lo que se llama políticas de Estado. Hay algunas políticas de Estado que fortalecen a los países. La primera de ellas, no sólo en pequeños países sino también en grandes países, es la política exterior cuando es una política de Estado, es decir cuando no se espera virajes de un país porque cambie su gobierno. No es el caso de Estados Unidos, donde se observa con mucho énfasis que cada vez que cambia el presidente -y mucho más si cambia el partido- hay cambios fuertes en la política exterior, como lo observamos en estas semanas posteriores al cambio de gobierno. Hay otros países europeos que, en cambio, buscan más políticas de Estado, donde cambian los gobiernos, a veces con mucha frecuencia, y no se percibe diferencias de política exterior. En los últimos años Italia está llevando una política exterior de Estado. Brasil es uno de los ejemplos casi clásicos, que se menciona siempre. Allí nadie se entera de qué régimen hay, si es militar, democrático o de qué signo; la política exterior de Brasil va cambiando exclusivamente en función de determinados objetivos que son casi inmutables.

Además, las políticas de Estado a veces son necesarias para que un país haga determinados tipos de desarrollo. Por ejemplo, yo diría que de hecho, aunque nunca haya sido pactada, la digitalización de la telefonía básica fue una política de Estado en Uruguay, ya que comenzó en el período militar y siguió ininterrumpidamente en los siguientes gobiernos, sin haber sido cuestionada, sobre todo después de los años 1986 y 1987, por ninguna fuerza política.

Los gobiernos pueden llevar adelante políticas de gobierno, pero cuando ven que esas políticas pueden interrumpirse tratan de optar por políticas de Estado. Digo "tratan" porque una política de Estado tiene el pequeño problema de que tiene que ponerse de acuerdo gente con ideas y visiones diferentes sobre el país y los modelos.

Otro tema es que Uruguay, además de una democracia representativa, tiene lo que se denomina institutos de democracia directa. Esto es parte del juego político, así está diseñado el sistema.

EC - Tú decías que un gobierno que tiene la mayoría puede hacer lo que quiera mientras pueda; uno de los escollos que tiene en el camino cualquier ley es ese paréntesis de un año que de hecho ha consagrado la Constitución.

OAB - Sí. (Alberto) Pérez Pérez, cuando comenta la Constitución de 1967, dice que las leyes de Uruguay son provisorias por el término de un año, término que hoy se está viendo como un poco excesivo. Es excesivo el plazo en que las leyes son provisorias en Uruguay y en materia comparada son excesivos los requisitos para que esas leyes sean sometidas a referéndum. Puede considerarse que los referendos están mal, pero si se considera que debe haberlos, la exigencia es muy elevada en términos comparativos.

Además esto está implicando un juego. Recuerdo que en un seminario donde se discutía la reforma constitucional y el Partido Colorado insistía mucho en eliminar o atenuar la representación proporcional, el doctor Gonzalo Aguirre decía que esto no tiene sentido en un país donde, además, las leyes están sometidas a referéndum. De nada sirve que a un partido se le potencie la representación parlamentaria y tenga una representación que no corresponda a la mayoría del país si esa mayoría se puede expresar después plebiscitariamente a través de referéndum y crear bloqueos. Esto es lo que está planteado.

El hecho de que alguien recurra al referéndum puede ser inconveniente o no, pero no es una patología, así está diseñado el sistema. Discutir si esto está bien o mal ya es discutir un tema de índole constitucional, si debe o no mantenerse. Curiosamente, en el año 1996 este tema se trató lateralmente y no se acentuó.

EC - Tú te refieres a la oportunidad en que se discutió la última reforma constitucional.

OAB - Exactamente. Yo he calificado a esa reforma como muy desprolija en sus procedimientos y he dicho que esto pudo haber sido considerado en esa discusión.

Hagamos un pequeño ejercicio de números. Cuando alguien gobierna cuenta los pesos y poderes que tiene atrás, que lo soportan. La coalición de gobierno tiene 18 votos en el Senado y la mayoría son 16 (el Foro, la 15 y el Herrerismo son exactamente 16); lo que sobra es Alianza Nacional y el Movimiento Nacional de Rocha. Es una mayoría justa si Alianza Nacional y el Movimiento Nacional de Rocha no participan en las decisiones; además implica que los tres grupos estén sólidos.

En Diputados, donde los grupos siempre son menos sólidos que en el Senado, hay una mayoría de 55, pero si se resta que en el Partido Nacional hay tres diputados de Alianza Nacional, un sector que tiene una posición un poco más crítica en relación a la coalición, esa mayoría baja a 52; además Arturo Heber es un diputado con mucha independencia, por lo tanto la cantidad de votos automáticamente arrastrados es de 51. Es una buena mayoría, pero sólo tiene un margen de dos diputados que en determinado momento pueden ejercer disidencias, lo que puede ocurrir cuando se vean presionados, sobre todo los del interior en sus respectivos departamentos, por temas o conductas que puedan rechinar a la población.

Estas también son debilidades que tienen los gobiernos cuando llevan adelante políticas. No olvidemos que a partir de la semana que viene estaremos en el segundo año de gobierno y que es casi una ley inevitable que en el segundo año el gobierno tiene menos fuerza que en el primero, y que en el tercero va a tener menos fuerza que en el segundo. Eso es independiente de la habilidad que tenga o no el presidente Batlle, es casi una ley inexorable de desgaste del poder de un presidente. Todo esto está en juego en lo que estamos hablando, no solamente el tema puntual de qué se va a hacer con Ancel.

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EC - Veamos ahora algunos temas de estrategia política.

OAB - ¿Cómo se lleva adelante en Uruguay la reforma del Estado? En Argentina fue casi un solo decreto, un maxidecreto de Menem que cambió toda la estructura del Estado, con medidas muy profundas, que implicaron la reforma del Estado y otro tipo de reformas, como la Ley de Convertibilidad. En Uruguay, en esencia, si analizamos desde 1985 a la fecha, más allá de que el primer período de Sanguinetti fue poco reformador y fue más bien restaurador en lo político, se puede decir que la reforma ha ido desde la periferia hacia el centro. Hay organismos cuya propiedad estatal no se ha tocado y sin embargo han sido privatizados o tercerizados servicios donde era muy difícil lograr un buen funcionamiento; por ejemplo, en el caso de Antel, la instalación de las líneas en los domicilios. Recordemos que Antel había mejorado muchísimo en su digitalización, su funcionamiento y su atención al público, pero había un bloqueo fenomenal en el momento de atender la instalación. Incluso en muchos casos había que poner algún dinero de por medio porque de otro modo siempre había algún inconveniente. Ha habido muchas tercerizaciones de ese tipo a nivel de distintos ámbitos del Estado. También se ha ido pasando a órbita privada o a ejercicios privados, mediante concesiones, aspectos que dejaban de ser centrales en la gestión de la administración y el Estado o en la consideración de la opinión pública.

Esto ha determinado un régimen muy particular de reforma del Estado que, para gente del exterior y muy adherida a filosofías liberales, ha aparecido como que el país se ha inmovilizado y no ha reformado nada. Esa visión no capta reformas muy profundas que hizo Uruguay. Por otro lado, quienes quieren un Estado muy fuerte, muy omnicomprensivo, con muchas funciones, y creen que cada cosa que pierde es un retroceso, consideran que las reformas han sido muy fuertes, que se ha privatizado mucho. Es muy fácil dar dos visiones distintas, porque el sistema ha sido muy peculiar. No es fácil decir que todo quedó igual o que todo cambió. De alguna manera parecería que Batlle está intentando ver cómo sigue por este proceso que atiende elementos centrales, pero siempre en este juego de ir de la periferia al centro.

¿Cuál es el temor que surgió el domingo 18? Un gobierno puede afrontar muchos desafíos y muchos bloqueos, pero se ha demostrado que le es muy difícil afrontar una derrota de una única instancia confrontacional, en términos de ruleta en un juego a pleno. De alguna manera fue lo que ocurrió el 13 de diciembre de 1992 con la ley de empresas públicas, porque el 13 de junio de 1992 no se definió Antel sino toda una concepción de la reforma del Estado, un hecho de este tipo le cambia todo el ritmo a un gobierno, que queda deslegitimado. Supongamos que sea sobre Ancel y se diga que lo único en consideración es la telefonía celular; pero se sabe que no es así, el gobierno sabe que además pierde mucha fuerza, no sólo ante la opinión pública en forma directa sino también ante los propios soportes políticos que empiezan a dar señales del tipo "cuidado con este gobierno, estamos en un barco que va mal". Tanto aliados como actores intermedios de los grupos que respaldan al gobierno comienzan a ponerse nerviosos: "Por este camino no podemos seguir, por este camino nos hundimos, por este camino nos va mal". De alguna manera esto le pasó al Partido Nacional en 1992.

EC - ¿Cómo está la opinión pública en torno a estas cuestiones?

OAB - Hemos hecho muchos análisis en varios años sobre este tema. La opinión pública uruguaya tiene una tendencia ligeramente estatista, se podría decir que se siente parte del Estado o propietaria de las cosas del Estado, de manera que muchas veces reacciona como accionista de las empresas públicas. "Yo soy ciudadano y en tanto tal tengo acciones de Antel, Ancap y UTE". En momentos en que la situación entra en crisis, en casos en que esa línea de evolución que muchos veían en Uruguay se detiene, otros que nunca vieron una línea de evolución y siempre consideraron que el país estaba mal lo ven peor. En esos momentos la gente se refugia, incluso más, en las ideas primarias, las ideas originarias de todo el Uruguay, que fue ese modelo de un Estado fuerte, protector y que daba solución a todos. "Hubo una granizada; ¿qué va a hacer el Estado?". Problemas que en otros países se pueden considerar de los productores o a lo sumo de una compañía de seguros, aquí son problemas del Estado. Es una visión; legítima, como todas las visiones que se puede tener. Este es el otro tema, una opinión pública que valora mucho el papel del Estado.

Esa visión se ha visto reforzada por dos cosas. Por un lado ha sido reforzada por áreas del Estado que han sido eficientes para la opinión pública. Hay quienes cuestionan esa eficiencia; lo que pasa es que una cosa puede ser el análisis técnico de eficiencia y otra lo que la opinión pública considera eficiente. No hay una queja generalizada sobre las tarifas, la que pudo haber acaba de quedar despejada ayer, cuando Antel dio marcha atrás con el cambio tarifario. Hay una gran conformidad con los servicios. Incluso ante un organismo notoriamente deficiente en su funcionamiento administrativo, como OSE, la gente supera ese aspecto y valora la calidad del agua potable que tiene Uruguay, un país donde se puede tomar agua de la canilla cuando en todos lados hay que ir a comprar agua en botellas.

Por otro lado, Francisco Panizza, sociólogo y politólogo uruguayo muy conocido, que está haciendo una investigación en la Universidad de Londres -en este momento está en Montevideo-, nos señalaba que él ve que también impacta negativamente en Uruguay lo que puede ser una visión superficial o global del ejemplo argentino. Para Uruguay, que lo que más ve es Argentina y menos el resto del mundo, Argentina hizo todo lo que se decía que había que hacer en Uruguay en materia de privatizaciones y su situación no es mejor que la de Uruguay. Y, en general, la gente aquí tiende a pensar que es peor. Por supuesto que es un tema muy polémico hasta dónde lo que hizo Argentina tiene o no que ver con este camino, pero para la opinión pública Argentina vendió todas "las joyas de la abuela", como se dice, y no está mejor que nosotros, e incluso puede estar peor.

Agrego otro elemento: los partidarios de reformas más profundas del Estado y de la economía hace ya algunos años que no han manejado bien lo que podría llamarse el debate ideológico. Lo han hecho desde posiciones muy fundamentalistas que agreden lo que siente el uruguayo y por lo tanto no es una forma de convencer, o no han insistido con un discurso de alto convencimiento como, en el caso opuesto, el de la campaña electoral de 1989, tanto de Batlle como de Lacalle. Si la campaña electoral de 1989 fue el período máximo, los últimos tres o cuatro años han sido el período mínimo, entonces en momentos en que esos sectores pretenden implementar toda una línea política de reforma se encuentran con que hace tiempo que no hacen con fuerza un discurso con sentido de convencimiento de modelo de país.

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EC - ¿Cómo se busca una política de Estado?

OAB - Es lo más complicado. Siempre es difícil buscar una coalición de gobierno; buscar una política de Estado es más difícil aún, porque no es sólo por un juego político que un sector está en el gobierno y el otro en la oposición; hay visiones distintas sobre el país, visiones auténticas, legítimas. Hay que entender que si los partidos no se ponen de acuerdo no es porque sean niños caprichosos, que hay soluciones obvias y no se saben poner de acuerdo. Los partidos y los dirigentes representan a la gente, representan visiones distintas sobre el país, cada una de las cuales es muy profunda y legítima. Ahí hay una dificultad, las cosas no son nada fáciles, no hay cosas obvias en materia política y de la sociedad. Salgamos de un tema tan político y económico; ¿la gente cree que es obvio hacer una política de Estado en materia de aborto, y que si no hay acuerdo es porque los políticos no saben ponerse de acuerdo? No se ponen de acuerdo cuatro amigos, no hay acuerdo en una reunión social cuando se comienza a discutir el tema. Los temas cruciales del Estado y la economía son muy difíciles y las posiciones son muy diferentes.

Lo primero es definir si hay o no voluntad política de ir a políticas de Estado.

EC - También en eso hay diferencias.

OAB - Ese es un primer tema, tanto de los actores de gobierno, del presidente, del Foro, del Herrerismo, del Partido Nacional no herrerista. Del otro lado, Tabaré Vázquez y los distintos sectores del Encuentro Progresista y el Frente Amplio, ¿están de acuerdo o no con la conveniencia de una política de Estado o con una política de confrontación? ¿Por qué cosa optan más?

Uno diría que a priori no ve al Foro, independientemente del tema, con mucha voluntad hacia políticas de Estado. Más bien considera que lo que le hace bien al país -lo vimos en la noche del domingo 18 y el lunes- es una fuerte y tajante diferenciación entre los que piensan de una manera y los que piensan de otra. Esto tiene un correlato dentro del Encuentro Progresista y el Frente Amplio de sectores que consideran que no es bueno hacer acuerdos que mimetizan posiciones que son sustancialmente distintas. Por otra parte, en ambos lados hay gente que considera que es bueno que haya políticas de Estado. Además hay gente que sostiene que a Tabaré Vázquez le conviene, si tiene perspectivas para la elección presidencial del año 2004, si él y su fuerza política creen que va a estar sentado en el Edificio Libertad en el año 2005, que haya un conjunto de temas que quede despejado antes, lo que abona hacia políticas de Estado. Otros consideran que eso puede abonar hacia políticas de Estado, pero que esas políticas de Estado pueden llevar a una mimetización que le hará perder fuerza en la confrontación o la contienda electoral.

Muchos dicen que no están en contra de las políticas de Estado, pero las búsquedas de acuerdo se usan no con la finalidad de buscar acuerdo sino de hacer una especie de marketing político, de seducir a la opinión pública diciendo "qué abierto soy" y luego en la práctica no se logra esos acuerdos. En general esta crítica se está oyendo mucho, hoy, dentro del Frente Amplio, sobre la política seguida por el presidente Batlle prácticamente el último año. Por supuesto que Batlle ha dialogado como no lo hizo Sanguinetti con Tabaré Vázquez, por supuesto que ha abierto la puerta a todas las iniciativas del Frente Amplio, pero el papel que tiene el Frente Amplio, siendo la primera fuerza política del país, es el mismo que tenía en el período anterior. "Se nos cambia la coma, el punto, el tiempo verbal en una ley, pero todo lo demás viene preelaborado". También a la inversa: desde sectores de la coalición se considera que muchas veces el Frente Amplio hace virajes de moderación y acercamiento no con la finalidad de buscar un acuerdo sino de captar opinión pública. En general, esta crítica sale más desde la izquierda que desde la coalición.

EC - ¿Cuál es la posibilidad de que se dé un acercamiento?

OAB - Esto lleva a problemas de manejo dentro de cada uno de los dos bloques. A nivel del Frente Amplio y el Encuentro Progresista primero hay que ver qué camino le interesa a Tabaré Vázquez y qué rol va a jugar. Si va a jugar un rol que en gran medida ha jugado en estos temas en estas últimas semanas, que es un resumen de posiciones que luego refleja, o si va a ejercer una posición de liderazgo -"Señores, creo que el camino correcto es éste"- e imponer ese camino con su peso, su fuerza; no estamos hablando de que lo haga arbitraria o autoritariamente. Hay que ver si Tabaré Vázquez va a resolver el camino o a reflejar una síntesis de lo que ocurra a nivel del juego de los sectores políticos. Sin duda hay un abanico de sectores, desde los que están claramente en una línea confrontacional a los que pueden apostar a acuerdos, entendimientos o políticas de Estado.

Dentro de la coalición de gobierno parecería que no es lo mismo la postura del Foro que la de la 15. Ayer escuchaba al vicepresidente de la República aquí, En Perspectiva, con algunas afirmaciones que nos parece que no satisfacen la visión que tiene el Frente Amplio de lo que es un acuerdo. Hierro manejó que ya se había tomado en cuenta la postura del Frente Amplio, mientras que esta fuerza sostiene que no se la ha tomado en cuenta en nada importante. La reacción que puede generar esa declaración es de que si todo el entendimiento que va a haber es el que hubo con las leyes con declaratoria de urgencia o el presupuesto, entonces no va a haber ninguna posibilidad de diálogo porque esa posibilidad va a estar en torno a si la sociedad que implique a Ancel se llamará Ancel SA o Color Rojo SA, si le cambiamos el nombre y todo lo demás sigue igual. Ese es uno de los temas, cuáles van a ser las señales.

Otro tanto dentro del Partido Nacional. Por un lado, cuáles van a ser las posturas del Herrerismo; en general Lacalle ha tenido una línea relativamente dura, con la confrontación y la agresividad del Foro, pero una línea dura en cuanto a las posibilidades de entendimiento con el Frente Amplio, más allá de los pasos que dio en medio del Presupuesto.

Después está el juego, que comienza a ser cada vez más autónomo, de Alianza Nacional con el liderazgo de Jorge Larrañaga, que cuenta con un senador y tres diputados y por lo tanto es una pieza en el tablero, menor que las otras tres pero que tiene alguna capacidad de juego. Está también Carlos Julio Pereyra, con el Movimiento de Rocha, con mucha dualidad, dado que en estos temas el Movimiento de Rocha tiene una posición tradicionalmente muy estatista y por otro lado está representado en el gabinete por el ministro Abreu, uno de los que está llevando adelante políticas más liberales y aperturistas, en mucha sintonía con el presidente de la República.

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EC - Nos quedaría incorporar algunas consideraciones rápidas sobre el caso específico en torno al cual se va a intentar iniciar una política de Estado: telecomunicaciones.

OAB - Primero, las políticas de Estado van a comenzar con el tema eje Ancel y política de comunicaciones, pero no necesariamente se van a limitar a esos temas. Segundo, sobre este tema es muy importante el hecho de que hay muchos temas en particular. Uno es el tema de la propiedad de las empresas. Otro es cómo, independientemente de la propiedad, siempre que haya una participación estatal significativa, se asume los avances y los cambios tecnológicos, y entonces qué tipo de asociaciones o alianzas estratégicas busca el Estado uruguayo o Antel para no quedar marginado y tener rápido acceso a esas tecnologías y en buenas condiciones. En tercer lugar, cómo va a manejar la relación telefonía básica-telefonía celular-telefonía internacional-Internet, ya que en este momento en el mundo se está formulando grandes paquetes comerciales. Por ejemplo se acaba de desmonopolizar en Italia los servicios telefónicos, la competencia entre la empresa estatal y la privada se está formulando a través de paquetes de tarifas, incluso con tarifas planas, que por un monto fijo mensual incluyen servicios urbanos, interurbanos, de Internet libres y tantos minutos de celular. Ya es cada vez más difícil diferenciar una política comercial de telefonía básica de una política comercial de lo demás. Esta división de Antel y Ancel llamaría la atención en un momento en que se está haciendo más paquetes cada vez más integrados, por lo menos desde el punto de vista comercial.

Por otro lado, no olvidemos que el tema Ancel arranca, entre otras cosas, como un tema de provisión de fondos líquidos, de dinero, para proyectos del Estado. No es solamente lo que se planteaba en el año 1992, que era un tema global de estrategia sobre reforma del Estado. Enancada en la reforma del Estado estaba la obtención de recursos, hay varios cientos de millones de dólares en juego, en algún momento se tasó en alrededor de 300 millones de dólares y algunos dicen que puede ser más. Entonces podemos llegar a todo un acuerdo sobre esto. ¿Son necesarios esos recursos? ¿Cómo y dónde se los obtiene? Todo esto es lo que va a estar en juego.

Aquí vienen algunas preguntas. ¿Qué posición tiene el Frente Amplio sobre el tema Ancel? Hasta ahora el Frente no ha manejado con claridad un proyecto, ni siquiera ha dicho que quiere que siga exactamente como está o que sea otro ente autónomo, un servicio desconcentrado. En la medida en que tampoco a nivel de gobierno hay una postura unívoca, porque la creación de Ancel SA fue una transacción entre posturas diferentes, este tema surgió del Herrerismo con la idea de que Ancel fuera vendido y luego empezó a aparecer este otro tipo de soluciones intermedias. El Foro, que es el que está en mayor confrontación con el Frente, y el Frente, que es el que está en mayor confrontación con el Foro, tal vez sean las dos fuerzas con visiones más próximas sobre cómo resolver un problema en materia de Estado-privado. En este tema el Frente está más cerca del Foro que de Batlle -otra cosa es Batlle, buscando una operación política que le consolide el gobierno- y de Lacalle, con el que puede haber acercamientos puntuales como los que hubo sobre los vetos y el Presupuesto, pero otra cosa es sobre un tema estratégico donde hay diferencias filosóficas de fondo. Estos son los juegos políticos profundos de un país, los juegos de altura, todos los partidos y los líderes políticos van a estar jugando la representación de las distintas visiones del país que hay dentro de la sociedad uruguaya.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 23 - 2001