El debate interno en el Herrerismo
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

JULIO VILLEGAS:
El lunes se realizó una larga reunión de los principales dirigentes herreristas -senadores, diputados, intendentes, ministros, subsecretarios- en un microcine de la zona de Buceo. En esa reunión quedó formalmente planteada la discusión sobre el liderazgo de Lacalle, las causas de la derrota electoral de 1999, la conducción y organización futuras del movimiento y la candidatura presidencial para el año 2004.

A propósito de ello el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone como análisis político para hoy "El debate interno en el Herrerismo".

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sin duda el resultado electoral del Partido Nacional llevó a que en algún momento se planteara la necesidad de hacer un balance.

El Partido Nacional tiene dos situaciones; hoy nos vamos a referir a una, que es el Herrerismo; la otra, que mencionamos sobre fines de año en un rápido análisis y requiere un análisis más detenido, es el no Herrerismo, que está en un proceso de reconstitución, muy plástico, donde hay muchos sectores, diversas figuras que podrían encabezar ese bloque no herrerista que surgió muy debilitado de las elecciones pasadas, ya que prácticamente quedó representando a la tercera parte del Partido Nacional.

El Herrerismo votó igual que en 1994, pero el Partido Nacional como tal salió tercero, muy distanciado del segundo, en una votación que nunca había obtenido un partido tradicional, apenas por encima del 20%. Esto llevó a que una vez pasados los ecos de las elecciones municipales empezaran a aparecer críticas desde dentro del Herrerismo. Sin duda, el crítico más fuerte públicamente, en los medios de comunicación, ha sido el senador y anteriormente diputado por Lavalleja Francisco Gallinal. También han surgido muchas versiones, claras en la reunión del lunes, de la gente de la Lista 71 de Montevideo, encabezada por Luis Alberto Heber, Gustavo Penadés, Jaime Trobo, que también integraba el diputado Gustavo Borsari. Por parte de Ignacio de Posadas, también han surgido críticas y se le atribuye una posición crítica a un hombre que no ha hecho ningún tipo de manifestación pública, que no habló en la reunión del lunes, que es el intendente de San José, Juan Chiruchi, una figura sin duda clave -fue el candidato vicepresidencial del Herrerismo en 1994-.

Se analiza las causas del resultado electoral; aparecen distintas causas, unos toman unas, otros otras y otros todas. Por un lado se toma el tema de la corrupción en el período del gobierno blanco, se considera que las denuncias afectaron al Partido Nacional y al Herrerismo. Esas denuncias tienen dos campos. Uno está referido a figuras de la administración blanca, como el asesor presidencial Daniel Cambón y el presidente del Banco de Seguros, Julio Grenno, que fueron procesados por la Justicia; por otra parte hubo una serie de acusaciones contra figuras del gobierno de Lacalle, surgidas desde fuera del Partido Nacional y en la campaña interna del propio partido, del sector de Ramírez, finalmente están las acusaciones que Ramírez realiza contra el propio ex presidente de la República. Muchos consideran que la imagen del gobierno blanco y de Lacalle fue muy afectada y que esa afectación fue la responsable del resultado electoral.

Otra tesis, que no es del todo incompatible con ésta y es la de los defensores más acérrimos de Lacalle, es que el resultado electoral es producto de un mal posicionamiento de los sectores no herreristas, de haber presentado al Partido Nacional en una situación caótica, de dura conflictividad y que en última instancia el achicamiento de esos sectores achicó al partido. Se dice que si el Herrerismo votó igual que en 1994 y los sectores no herreristas cayeron de una manera espectacular, toda esa caída es la que tuvo el Partido Nacional. Los no herreristas dicen que aunque ellos se hayan achicado esto sucedió porque el candidato presidencial tenía una imagen acotada, afectada o deteriorada.

Estas son las distintas posturas. De alguna manera, la confrontación ya quedó expuesta a partir de mayo, cuando en abril de 1999 el Partido Nacional obtuvo el 21,5% del total de votantes, y se dice que en mayo obtuvo el 27%. En mayo no obtuvo el 27%; se está hablando de los votantes pero no se toma en cuenta que en mayo votó menos gente que en octubre. En realidad el Partido Nacional no sacó el 27 sino el 25,5 por ciento. Aun así la votación estuvo 4 puntos por encima que en el mes de abril, de modo que tenemos que cuando Lacalle no es candidato el partido saca más votos. Este fue uno de los razonamientos.

A partir de aquí surgieron tres grandes posturas. Una es la postura oficialista que sostiene que Lacalle es el líder del Herrerismo, la figura más fuerte del Partido Nacional y el candidato natural para el 2004. Por otra parte tenemos la postura opuesta: esta situación lleva a que se requiera un cambio de liderazgo, postura que prácticamente no está planteada con esta claridad. Hay finalmente una tercera postura, que es la que está apareciendo como la dominante dentro de la oposición a Lacalle en el Herrerismo, que no cuestiona el liderazgo de Lacalle, no cuestiona que sea el líder del Herrerismo y del presidente del Partido Nacional, pero considera que debe dar un paso al costado y debe ser otro el candidato presidencial. En definitiva hay tres posturas, pero en principio el liderazgo de Lacalle no está formalmente cuestionado, aunque esté un poco larvado y el tema pueda aparecer en otra instancia de debate.

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JV - ¿Qué otros factores vale la pena mencionar en este análisis?

OAB - Habría que mencionar lo que viene de atrás. No olvidemos que un año antes de las elecciones de abril Lacalle aparecía perdiendo tercero con Volonté y Ramírez; ya en noviembre aparecía por encima de Volonté y en paridad con Ramírez, y en abril ganó claramente. Pero generalmente una estrategia electoral se diseña varios meses antes. En aquel momento surgió, según unos, como estrategia electoral y, según otros, como un movimiento que requería una canalización, lo que se ha llamado "el factor Julita", es decir el lanzamiento a la actividad política plena de María Julia Pou y la elaboración de la Lista 400.

La Lista 400 se elaboró con la idea de una lista girando en torno a la candidatura de Lacalle que tuviera un perfil no herrerista. En definitiva, el número 400 que eligieron estuvo tradicionalmente identificado con el diario El País, con el sector blanco independiente, no herrerista, después de la reconstrucción blanca. Primero tuvo un perfil de lista femenina en la medida en que las impulsoras iniciales eran María Julia Pou, Rosario Medero y Beatriz Argimón. Luego apareció como una cosa ya más omnicomprensiva, que incorporaba gente en principio no nítidamente herrerista, como por ejemplo la figura del actual subsecretario de Vivienda, Ricardo Gorosito, un hombre proveniente del Movimiento de Rocha.

Esta lista que se presenta en abril luego continúa hacia las elecciones de octubre. Del otro lado viene el cuestionamiento de que la línea del Herrerismo había sido: en abril libre juego, con el resultado de abril se confecciona las listas hacia octubre y hacia octubre el Herrerismo va con lista única, que es lo que pretendió y logró hacer en la mayoría de los departamentos. Pasada la elección de abril -donde tiene un gran éxito electoral, tanto en Montevideo como en Canelones- el grupo en torno a Julia Pou se expande rápidamente, sobre todo porque pasa a nuclear a buena parte del grupo que empieza a explotar, que es Propuesta Nacional, el grupo organizado en torno a Alvaro Ramos que había estado junto a Volonté hasta octubre de 1998, sigue con Ramos, tiene una votación muy magra en el mes de abril y explota inmediatamente. Entonces figuras de muchos departamentos, como el ex intendente Sergio Chiesa en Tacuarembó, Sergio Arbiza en Artigas y Julio Hualde en Maldonado pasan a nuclearse en torno al grupo de Julia Pou, Acción Comunitaria, y surge la idea de una lista al Senado. Esto crea una gran conmoción que termina en aquella transacción por la que Julia Pou no presenta lista al Senado y va cuarta al Senado en la lista común del Herrerismo, pero presenta lista propia en los lugares donde estaban esos caudillos departamentales, en Montevideo y en Canelones; en Montevideo consigue una banca y en Canelones tiene un éxito formidable.

Por otro lado se había formado en Montevideo la nueva 71, que unía las tres grandes listas que hasta 1994 habían acompañado al grupo de Lacalle: la Lista 71 propiamente dicha, liderada en ese momento por Luis Alberto Heber; la 31 de Jaime Trobo y el desprendimiento de la 97 o la 97 con Gustavo Borsari. Borsari era un hombre de Gonzalo Aguirre. Con Aguirre estaban Borsari y Beatriz Argimón; Borsari formó parte de la 71 y Beatriz Argimón de la formación de la 400. Apareció el riesgo de un sector que fuera dos sectores federados, el Herrerismo tradicional con Luis Alberto Heber, con gente del interior como Chiruchi o Garat, y el grupo Acción Comunitaria de Julita.

Esto estuvo en la discusión del lunes, si el Herrerismo era uno o era dos, si había dos grupos, uno de ellos encabezado por Julia Pou, o si había realmente un solo grupo. El ex senador Santoro mencionó explícitamente la figura de Ignacio de Posadas como posible relevo de la figura presidencial de Luis Alberto Lacalle. Se menciona un hecho que en su momento pasó inadvertido: la no figuración en la lista al Senado de Ignacio de Posadas -que había sido senador en la mitad del período anterior-, la que se atribuye a un veto de Lacalle.

Estos hechos están apareciendo como cosas larvadas que también fueron creando climas de malestar que estallan en este momento.

Finalmente en la Lista 71 se había logrado reunificar a todo el viejo Herrerismo de Montevideo. Se produce la separación de Gustavo Borsari, del grupo que había provenido de la Lista 97 que, aparte de problemas originarios en la elección de la departamental de Montevideo, a fines del año pasado, sitúa a Borsari como un muy firme defensor del liderazgo y la candidatura en relación de batalla a la Lista 71. Este grupo estaría apareciendo como el más orgánicamente cuestionador, sobre todo de la candidatura de Lacalle.

JV - ¿Cuál sería la situación del Partido Nacional ante la opinión pública en las actuales circunstancias?

OAB - Primero tenemos que hacer algunas prevenciones. La primera es que la opinión pública se mueve en función de los datos políticos existentes públicamente. Pongo un ejemplo: en 1993 figuras como Ramírez o Volonté tenían muy escasa llegada a la opinión pública, y un año después ambos sumados fueron más del 90% del electorado nacionalista. Entonces, lo que hacen los actores políticos intermedios, en el caso de Ramírez lo que hace el líder partidario como era en ese momento el presidente Lacalle, influye mucho sobre la opinión pública.

Hoy por hoy la situación es la siguiente. Lacalle es la figura por lejos de más peso en el Partido Nacional; la mitad de las personas que hoy están dispuestas a votar al Partido Nacional prefiere a Lacalle como candidato presidencial. Luego viene Larrañaga, no herrerista, que tiene más o menos la adhesión de la quinta parte del partido, y el resto se puede dividir en cuatro partes más o menos equilibradas: una cuarta parte que menciona a Volonté, una que menciona a Ramírez, una que menciona a una serie de figuras no herreristas -entre ellas el ministro de Industria, Sergio Abreu- y otra que menciona a una serie de figuras herreristas como Luis Alberto Heber, Julia Pou y, en menor grado, Francisco Gallinal. Curiosamente, no aparece con captación de opinión pública Ignacio de Posadas, la figura que el ex senador Santoro estaba pensando como relevo.

Estos números o estas posturas no son inmodificables. Tienen mucho que ver con lo que hagan los actores intermedios, los cuestionamientos a Lacalle recién empiezan. Pero cuando los actores intermedios actúan en general siempre caben dos posibilidades: que al ir desprendiéndose del liderazgo lo erosionen, o que se erosionen a sí mismos, que cuando se vayan la gente diga: "Mirá, yo estaba muy de acuerdo contigo pero en la medida en que estuvieras con Fulano; si te vas (del grupo) de Fulano no te acompaño más". Es decir que hasta que no se producen los hechos es muy difícil saber si actores intermedios que empiezan a discrepar con el liderazgo van a mellar o no ese liderazgo. Por ahora parecería que a nivel del Herrerismo, en materia de opinión pública, no aparecen figuras con fuerte posibilidad de recambio en relación a Lacalle. El Partido Nacional tiene necesidad de completar el diseño y formar un bloque importante de oposición al Herrerismo, entre otras cosas para tener dos alas fuertes. Cuando digo el Herrerismo me estoy refiriendo al Herrerismo nucleado en torno a Lacalle, porque entre los llamados no herreristas también aparecen figuras con peso, como Arturo Heber, a quien dejé para el final para explicar que es un herrerista, pero no del Herrerismo de Lacalle sino del anterior viejo Herrerismo de Luis Alberto de Herrera.

Hay otro tema interesante, que tiene que ver con la comparación de los resultados abril 1999-mayo 2000. El Partido Nacional crece en mayo en relación al año anterior, 25,5% o 27%, según cómo se mire los números, pero crece. Lo cierto es que hoy la intención de voto hacia el Partido Nacional está muy por debajo de lo que obtuvo en octubre. Está surgiendo la idea de que no hay una transferencia de votos municipales a votos nacionales, gente que votó candidatos a intendente blancos no necesariamente está pensando en votar al Partido Nacional en una elección nacional, más bien no está pensando en votar al Partido Nacional, está pensando en votar otra cosa. Los que están pensando en votar al Partido Nacional son los que votaron a un intendente blanco pero también votaron al Partido Nacional para la Presidencia, la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados el año anterior.

Este tema está resultando interesante, el partido Nacional no está logrando transferir los éxitos, porque acá no es que se diga que no transfiere porque tal figura lo obstaculiza. Estamos en un momento en que no hay figuras, no hay candidatos únicos ni varios, está todo el escenario abierto, se puede decir "yo quiero votar al Partido Nacional y quiero votar como candidato a presidente a este señor que voté de intendente", por ejemplo. Es un momento muy abierto, la gente menciona siempre una canasta de nombres bastante grande. No se está dando en este momento el fenómeno de que los intendentes estén apareciendo como fuertes presidenciables y que estén transfiriendo a una elección nacional el exitoso resultado que tuvieron en mayo, con lo cual de alguna manera, si bien el Partido Nacional votó mejor en mayo que en abril, ya no aparece con tanta claridad que el único factor sea el peso que tuvo su candidatura única presidencial, sino que está apareciendo que el Partido Nacional se mueve con propuestas distintas y con captaciones distintas, no olvidando que en ese 25,5 está influyendo el sobrepeso que tuvo el partido en algunos departamentos donde la elección de intendentes era una elección interna.

En San José se votaba a Chiruchi o a Cerdeña, ambos blancos; en Tacuarembó se votaba a Chiesa o a Heber da Rosa, ambos blancos. En Cerro Largo se sabía que el intendente estaba entre los tres candidatos blancos, lo que quería decir que votando al Frente Amplio o al Partido Colorado no se incidiría en la elección de intendente; incluso en Durazno prácticamente desde el comienzo de la campaña electoral se notó que la intendencia se iba a definir exclusivamente dentro del Partido Nacional; en Flores fue una elección interna entre Mazzullo y Echeverría, ambos también blancos. Esto lleva a una sobrerrepresentación que hay que tener en cuenta cuando se valora el crecimiento del Partido Nacional de octubre a mayo. Hay factores que no necesariamente son de tipo político trasladables al escenario nacional.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 26 - 2001