Los movimientos políticos del verano
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

JULIO VILLEGAS:
Normalmente en Uruguay los veranos son períodos tranquilos, tan mansos que se consideran tiempos de terror para los periodistas por la falta de titulares y noticias. Pero este primer verano del siglo es completamente diferente, en menos de tres semanas se han acumulado acontecimientos de diverso tipo y en diferentes áreas. A propósito de ello el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone como análisis político para hoy "Los movimientos políticos del verano".

OSCAR A. BOTTINELLI:
Después de los dos programas dedicados a balances y perspectivas entremos ahora en el análisis de coyuntura. El primer dato es el que acabamos de revelar, más allá de que los dos veranos anteriores no fueron propiamente veranos de siesta, en la medida en que el anterior fue de transición de gobierno -lo que siempre es agitado- y subyacentemente de campaña electoral municipal; al menos en enero se estaban calentando los motores hacia esa campaña mientras se producía la transición del gobierno de Sanguinetti al de Batlle. En el otro verano, el de 1999, se dio el arranque con virulencia de la campaña electoral hacia el estreno de las elecciones preliminares de abril. Este es, entonces, el tercer año en que Uruguay no duerme la siesta, lo que estaría contradiciendo la norma de la Organización Mundial de la Salud, que entiende que el descanso mínimo de dos a tres semanas es necesario para preservar la salud física y el equilibrio espiritual y mental.

JV - Con lo cual estamos totalmente de acuerdo.

OAB - Por algo en este país nos aferramos tanto a las licencias. En el mundo se ha ido extendiendo lo que se puede llamar descansos conjuntos. En Europa ya lo está: el "ferragosto" italiano; el agosto francés también es muy famoso. En Uruguay tenemos el caso del Poder Judicial; el hecho de que haya feria judicial implica el descanso de jueces, funcionarios y abogados. La ventaja es que se hace un parate que sólo se corta por cosas muy excepcionales.

Veamos los por qué de esta no siesta del verano -ya que en los anteriores años fue por motivos institucionales: una campaña electoral y una transición de gobierno-. 

Por un lado tiene que ver con la personalidad del propio presidente de la República, Jorge Batlle, que había dicho explícitamente que deseaba mucho llegar a presidente y no quería perder el tiempo en el cargo. Es una visión, pero cuidado si perpetúa el criterio de que descansar es perder el tiempo, porque hay muchos estudios acerca del sobreagotamiento de gobernantes por sobreejercicio del cargo.

Otro aspecto son los coletazos del Presupuesto nacional. El proceso de aprobación fue muy desprolijo, como manejo de Gobierno y de coalición, por lo tanto no ocurrió que la segunda cámara -que en los últimos tiempos viene siendo el Senado- lo cerrara y después viniera el trámite de aprobación y promulgación por parte del Poder Ejecutivo. Este juego de idas y vueltas con un Mensaje Complementario, luego un segundo y un tercero, fuera de plazo, a título de fe de erratas, originó que el Poder Ejecutivo se tomara todo el tiempo constitucionalmente posible para elaborar los vetos, los remitiera al Parlamento y éste tuviera que considerarlos. Esto tiene por un lado un ángulo presupuestal y por otro un ángulo político: buena parte del Partido Nacional, o todo éste, considera que algunos de los vetos están violentando el acuerdo bipartidario y la coalición. Es un hecho político en sí mismo que se iba a dar en este mes de enero por no haberse tratado el Presupuesto de una forma más ordenada, que hubiera llevado a cerrar a fin de año toda la instancia.

Después hay otro por qué de que la siesta no se haya dado, también de tipo institucional, y es que, la reforma constitucional, al haber corrido para mayo las elecciones municipales, pasó para julio la instalación de los gobiernos departamentales y, por lo tanto, los seis meses de que disponen los Ejecutivos Departamentales para enviar a las respectivas Juntas Departamentales los presupuestos, que antes se contaban a partir de febrero, pasan ahora a después de julio. Por lo tanto el envío del mensaje, que es un momento crucial para diseñar una administración y para todos los juegos de presión que se dan en torno a un presupuesto, tuvo lugar a mediados de enero. Ahora las Juntas Departamentales dan entrada a esos presupuestos y comienzan a correr los 20 días en que puede haber un mensaje complementario, donde vienen todas las fuerzas habidas y por haber: los que quieren aumento de ingresos, los que quieren aumento de gastos, los que quieren que les bajen los impuestos, que les bajen las tasas, que les aumenten precios; todo aquel que tiene algún interés para arriba o para abajo en un presupuesto va a estar jugando en estos días. De modo que éstas son las razones para que no hubiera siesta de verano. Luego vienen los imprevistos.

JV - ¿Cómo sitúas los imprevistos?

OAB - Tenemos dos tipos de imprevistos, algunos vinieron como consecuencia de los coletazos del Presupuesto, rechines por vetos y reticencias inesperadas. 

JV - Además los plazos corren, son 30 días.

OAB - Sí, los plazos están corriendo; al comenzar febrero vendrán las definiciones. Por otra parte tenemos, dentro de lo imprevisto -sin entrar a un tema más de fondo, que es la reforma del Estado-, este reciente asunto del Banco Hipotecario, que empieza en los primeros días de enero con un ataque al presidente de la institución por parte de la revista Posdata, luego tiene un desenlace parlamentario y culmina con la renuncia del presidente del directorio. El episodio tiene muchos ángulos de análisis: la existencia o no de transparencia, el conocimiento de la información, de las compatibilidades y las incompatibilidades... pero hay también otro tema que no ha sido tocado en estos días y que sería interesante analizar en otro momento: hace un mes que Noachas recibió la venia del Senado para un nuevo período. Luego es interpelado -no en el sentido jurídico de la palabra, sino en el idiomático- a raíz de hechos que ocurrieron hace uno o dos años, vale decir de hechos que ocurrieron mucho antes de que el Senado le diera nuevamente la venia. Esto da lugar a todo un análisis posterior sobre cómo se maneja la concesión de venias. Se supone que, al otorgar la venia, quienes lo votaron dieron por válida toda una gestión anterior; se está revalidando un cargo. El hecho de que no haya ocurrido así, y que el pedido de renuncia haya salido de algunos senadores y sectores políticos que votaron la venia, está hablando de un manejo demasiado automático de las venias, que lleva a que se realicen acuerdos políticos y sea prácticamente un trámite para computar votos y no un análisis caso por caso, situación por situación, como está ocurriendo con las venias que da el Senado de Estados Unidos a los miembros del Gabinete. En este momento estamos viendo la fenomenal controversia en torno a lo que equivaldría a un ministro de Justicia, el procurador general, que está sujeto a polémicas con manifestaciones en la calle.

JV - Además allá los convoca la Comisión del Senado, les hace un interrogatorio a fondo.

OAB - Incluso cada embajador designado pasa por el tamiz de la Comisión de Asuntos Exteriores y está sujeto a un examen bastante duro.

JV - En estos días no sólo hemos tenido el tema del Banco Hipotecario.

OAB - Tenemos otro pequeño asunto: el cambio en la Comandancia del Ejército, el acceso al máximo cargo de la jerarquía militar de tierra del general Carlos Daners, que sustituye al teniente general Juan Geymonat, que no llegó a cumplir un año al frente de la fuerza de tierra. Lo curioso de esto es que el grueso de la opinión pública se entera de que existe una discusión sobre la reestructura militar porque se produce esta minicrisis y cambia el titular del Ejército. Este es un tema que vale la pena remarcar en sí mismo.

Desde el fin de la Guerra Fría -1989-1991- se ha planteado en todos los países del mundo la función de las Fuerzas Armadas. Por supuesto que los países de distintas regiones y tamaños tienen diferentes planteos. Europa está, en este momento, en una discusión bastante incipiente, pero fuerte, sobre la necesidad de la subsistencia de la OTAN o si puede, por sí misma, constituir una alianza militar correlativa a la alianza política que está realizando, sin presencia en la misma de países ajenos al continente o a la Unión Europea. En los últimos años ha habido una transformación del servicio militar obligatorio: países que hacían reclutamiento del conjunto de la ciudadanía pasaron a servicios profesionales, como ha sido tradicional en Uruguay. Lo han hecho Estados Unidos, Italia y Argentina y lo está haciendo España.

Uruguay viene discutiendo el tema desde hace muchos años, hay distintas posturas; a veces éstas pasan por diferencias de sectores políticos, otras no necesariamente, y pueden atravesar los propios partidos o sectores. La discusión no se ha dado en el sistema político con la fuerza y la claridad necesarias, no se ha debatido sobre la reestructura de las Fuerzas Armadas. No se trata de reestructurar sólo desde el punto de vista presupuestal u organizativo, es una discusión referida a su rol, a la misión que deben cumplir, lo que en términos militares se llama normalmente la doctrina militar.

Cada tanto hay señales, generalmente cuando hay algún cambio en los comandos, por ejemplo, cuando sale el teniente general García de la Comandancia del Ejército al asumir el presidente Sanguinetti, lo que marcó claramente dos orientaciones en la materia. Esta reestructura del Ejército tiene algunos antecedentes en noticias de las últimas semanas; una de ellas, que dio lugar a algunas respuestas políticas laterales, fue un documento del Instituto Manuel Oribe presentado en presencia del presidente Lacalle donde se hacen algunas afirmaciones sobre cuál debe ser el rol de la organización delas Fuerzas Armadas, que claramente colinden con la visión del expresidente Sanguinetti y el Foro Batllista.

Hay que esperar un poco para hacer un análisis más detenido de esta situación, pero claramente la comandancia de Geymonat, y su relevo, tienen algo que ver con los puntos de vista divergentes en la materia entre el expresidente Sanguinetti y el presidente Batlle.


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JV - Entre los temas y las cuestiones que están impidiendo la siesta veraniega mencionabas también los vinculados a la reforma del Estado.

OAB - Lo dejé para el final para unir un tema. En realidad no podemos hablar de siesta, fue una dormida de año nuevo, ya que el 2 de enero se produce la entrevista entre el presidente de la República y el presidente del Encuentro Progresista-Frente Amplio que da vuelta el tablero de los dichos de las dos semanas previas. Se llega a fin de año con un escenario político y el 2 de enero, cundo uno se está despertando del año nuevo, encuentra que hay otro escenario. El presidente de la República da una señal muy fuerte: "para mí el 2001 es el año de la reforma del Estado". Explica que en el año 2000 no podía hacerla por ser el primer año. En general esta explicación no es muy valedera, porque es en los primeros meses del mandato cuando los presidentes impulsan los cambios. Es un hecho en muchos países, uno diría que es casi un acerto generalizado que un presidente tiene muchas dificultades para hacer lo que no hace en su primer año.

Lo que el presidente o el gobierno tienen a su favor, en cuanto a la postergación de este tema -que fue el caballito central de campaña, de discurso de Batlle de los últimos años-, es que fue un año muy difícil para estar centrado en esta reforma, se tenía un frente económico de gravedad, el déficit fiscal crecía y el producto bruto bajaba. El Gobierno tuvo que centrar todas las energías en qué hacer con ese problema. La línea elegida, si bien por un lado -sobre todo los recortes de los gastos del Estado- generó una gran expectativa favorable, también produjo un clima más difícil cuando comenzaron los efectos de ese recorte: empresas que dejaron de vender, contratos que desaparecieron y ayudaron a aumentar la desocupación.

Además el hecho de no haber encarado las reformas, o el haber ido realizando algunas en forma muy tenue, muy lenta, muy oculta, muy a través de medidas administrativas, creó algunos problemas dentro de la coalición, en el ángulo político y en gente cuyo pensamiento coincide con el del Gobierno, sobre todo con el del doctor Batlle, en la necesidad de fuertes reformas del Estado, que venía acusando al Gobierno de inmovilista en ese sentido. Yo diría que el punto más fuerte de crítica desde el ángulo político viene de parte del expresidente Lacalle, poco antes de Navidad, cuando anuncia que el 1º de marzo hará una especie de balance de lo hecho y de todo lo no hecho y dice que el Gobierno lo ha defraudado al no haber impulsado todas las reformas que desde su ángulo, o el del Partido Nacional, son consideradas necesarias para el despegue del país.

El presidente de la República responde con una gran ofensiva. Hacia fin de año, después de una línea muy contemplativa con el Gobierno, muy comprensiva, de mucho diálogo, el doctor Tabaré Vázquez inicia un movimiento de creciente dureza que se refleja en la frase de que el modelo sería enfrentado con una "lluvia de plebiscitos". Batlle sentía la necesidad de tratar de desactivar ese giro de la izquierda hacia una posición extremadamente dura y confrontacional. Esa necesidad lo lleva al primer contacto con Tabaré Vázquez, y luego a los siguientes con el presidente del Partido Nacional y el líder del Foro Batllista, el expresidente Sanguinetti. En ambos encuentra un amplio nivel de coincidencia, que en general era de esperar, estaba en la base de la coalición, sobre todo con el expresidente Lacalle.

Con respecto al Foro, más adelante haremos un análisis más profundo sobre los problemas de este sector para compatibilizar una visión de la reforma del Estado y del mercado que no es exactamente la misma del presidente de la República -se diría que el presidente del Foro tiende más a visiones socialdemócratas europeas y que el presidente Batlle tiende más a un liberalismo más puro-: cómo compatibiliza esas diferencias de visión con la necesidad de acompañar al gobierno de su partido y al presidente, que fue elegido con sus propios votos, no sólo en el balotaje; Batlle ya llega al balotaje con el aporte del propio Foro Batllista, como parte del partido y con ese sentido de partido que tiene el Partido Colorado cuando ejerce el Gobierno, de tratar de ejercerlo sin fisuras, con el mayor apoyo posible.

Los endurecimientos y luego los diálogos con el Frente Amplio han generado una serie de señales algo contrapuestas. No es la contradicción que surge entre sectores que piensan distinto dentro del Frente, eso por supuesto ocurre, hay sectores de una línea muy dura, muy radical, sectores intermedios y sectores que entienden que el Frente Amplio debe hacer una reflexión permanente para incorporar elementos del mercado, rediscutir el rol del Estado, incluso mantener un diálogo político permanente y fluido. Pero ocurre que la conducción como tal da señales que, en determinado momento, son mejor recibidas por una parte del Frente, en otro momento otras que son mejor recibidas por otra fracción del partido; señales muy rápidas para un lado u otro que pueden dejar algunas dudas y señales de confusión.

Esto ocurre particularmente en relación al prerreferéndum que se va a realizar en febrero, que no fue promovido por el Frente Amplio y el Encuentro Progresista, sino por sectores sociales con apoyo de sectores frenteamplistas. Hubo una actitud inicialmente reticente del Frente, luego una actitud de apoyatura. La convocatoria está y no queda muy claro el énfasis o la fuerza con que la conducción frenteamplista va a operar en relación al acto del 18 de febrero, que puede ser un termómetro -no necesariamente decisivo- sobre la capacidad de convocatoria, en el caso de que quiera recurrir al mecanismo plebiscitario.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 19 - 2001