Los desafíos del nuevo siglo uruguayo
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 

JULIO VILLEGAS:
Más allá de los hechos cotidianos, de los conflictos políticos y sociales, Uruguay afronta un conjunto de desafíos importantes o, dicho de otro modo, un gran desafío: el diseño de su futuro, la sucesión de opciones en que se construye el futuro en un momento de cambios fuertes en el país y en el mundo. "Los desafíos del nuevo siglo uruguayo" es el tema que nos propone para hoy el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Estas semanas estuvo todo el mundo con el Presupuesto, el contrabando, la aftosa. Es una forma de ver al país, lo que está ocurriendo, lo que golpea día a día. El verano es un momento propicio para ver más allá de la crónica cotidiana.

Este territorio comienza a funcionar institucionalmente, con historia conocida, en el siglo XVIII, básicamente a partir de la fundación de Montevideo, cuando empieza a construirse el funcionamiento de una estructura administrativa. En el siglo XIX el territorio tiene el breve período de Artigas y luego accede a la independencia en el período entre 1825 y 1828. En el siglo pasado, el siglo XX, ya construye todo el Estado moderno y la sociedad de bienestar y ahora, en el siglo XXI, afronta los desafíos de varias dimensiones que plantea lo que viene a ser el cuarto siglo calendario en la historia oriental.

Tenemos por un lado el desafío del destino geopolítico, que fue el centro del análisis del viernes pasado: dónde se ubica Uruguay, el tema del Mercosur, el tema de América o el Mercosur aliado con la Unión Europea, cómo se inserta o juega el país en medio de la nueva reconfiguración del mapa mundial.

Pero luego tiene dos desafíos más autónomos, que dependen menos del impacto de los juegos y las decisiones de los otros países. Uno es el desafío del modelo de sociedad y de Estado; otro es el desafío de modelo productivo.

¿Qué quiero decir con desafío de modelo de sociedad y de Estado? En primer lugar, es un tema de contexto político. En Uruguay tenemos una oposición entre dos grandes bloques políticos. Por un lado está el que podemos llamar bloque tradicional, en tanto está formado por los partidos tradicionales, que en líneas generales apuntan a un modelo de fuerte apertura de la economía, de fuerte desregulación del Estado, de cambio del papel tradicional que tuvo el Estado uruguayo a lo largo de casi todo el siglo XX, un papel muy intervencionista, paternalista y benefactor, de abrir con más fuerza el libre juego del mercado. Por otro lado está el bloque de izquierda, que refleja una visión de una mayor protección desde el punto de vista de la apertura de la economía. En general hay una discusión sobre los niveles de apertura que tiene que tener la economía dentro de la izquierda, pero partiendo de la base de que tiene que haber niveles importantes de protección. La izquierda está rediscutiendo el papel del mercado, pero a partir de un fuerte papel del Estado, y sobre todo de un Estado que no renuncia a ese rol paternal, asistencial o, visto al revés, un Estado al cual los ciudadanos exigen que los defienda y proteja.

Este es el contexto político nacional de la gran ecuación de discusión del modelo de sociedad y Estado que va a ser uno de los temas clave de la discusión política de toda esta década. En el caso uruguayo observamos diferencias de contexto político más fuertes que las que puede haber en otros países. Por ejemplo, en las elecciones de Estados Unidos, que, decisión de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos mediante, terminaron con el acceso a la Casa Blanca de George Bush el próximo 20. En definitiva, más allá de lo importante que fuera para uno y otro partido, para una y otra persona ganar o perder la Casa Blanca, no había confrontaciones de modelo, Estados Unidos no dejaba dudas, no presentaba ninguna perplejidad qué iba a pasar si ganaba Bush o Gore, hacia dónde iría la economía, cuál sería el modelo de Estado, cuál sería la intervención del Estado y cuál el nivel de protección o apertura de la economía de ese país. Van a ser gobiernos diferentes, el de Gore hubiera sido una cosa, el de Bush será otra, pero en matices, en formas de aplicación de un mismo modelo.

En Europa misma, donde las diferencias son más marcadas, sobre todo en esta confrontación entre partidos o bloques liberales y bloques socialdemócratas, como se está dando en España, como se ha dado en Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña o los países escandinavos, lo que se nota es que si bien unos son partidos de origen conservador o democratacristiano con una fuerte impronta económicamente liberal, los otros son partidos socialdemócratas o socialistas que vienen de una concepción de un Estado benefactor importante, de un Estado intervencionista, se han aproximado mucho. No se está hablando de situaciones extremas: éste quiere desregular todo y dejar el Estado en el viejo papel de juez y gendarme, y éste quiere el Estado que predominó a mediados del siglo XX, con una fuerte intervención, altas barreras arancelarias. La discusión está en quiénes, dentro de un esquema de fuerte juego del mercado, consideran que debe haber un Estado que intervenga, que ponga límites al mercado y, sobre todo, que apunte a corregir desigualdades sociales y preste asistencia social en determinadas situaciones.

JV - La parte de redistribución.

OAB - La parte de redistribución y sobre todo la de defender situaciones extremas y de fuerte desnivel social. Mientras que los partidos liberales apuntan a que eso se da por el propio juego del mercado, pero también con medidas asistenciales. Ni el gobierno de Aznar deja de hacer políticas sociales ni el de Jospin en Francia o el de Amato en Italia están manteniendo fuerte el Estado; estos están privatizando empresas, recortando el presupuesto, reformando la seguridad social. Aparecen en términos más opuestos que en Estados Unidos, hay una mayor opción de caminos que en Estados Unidos, pero no en términos de visualizarse caminos distintos; uno diría que son veredas dentro de un mismo camino.

En el caso uruguayo esto va a ser interesante en todos estos años que vienen, sobre todo en los años 2001, 2002, 2003, que van a ser muy importantes para el rediseño de los proyectos de los partidos políticos. Lo que hoy se está viendo no es que a uno le digan que tiene una calle y puede elegir entre la vereda de la derecha y la de la izquierda, sino que tiene que elegir entre dos calles. En el contexto político de Uruguay es mucho más fuerte la opción por modelos de sociedad y Estado que en Europa y ni qué hablar que en Estados Unidos. Por supuesto que la opción por modelos no es solamente de pensamiento, de ideas, sino que tiene costos. Hay evaluaciones económicas, una ecuación económica de cómo se perfilan uno y otro modelo y qué costos tienen. Los costos son económicos, de oportunidades hacia afuera y adentro del país y siempre son sociales; los beneficios también son económicos y sociales, en cualquier modelo. Cada uno confronta con el suyo.

Este es uno de los tres grandes desafíos que tiene el país: el desafío del modelo de sociedad y de Estado.

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JV - Entramos ahora al otro desafío que mencionábamos, el de modelo productivo.

OAB - Hablamos de desafío de modelo productivo; no se debe confundir con el uso que se le da a la palabra "productivo" desde ciertas ideas políticas, de confundir lo productivo con lo financiero o lo de servicios. Cuando hablo de productivo me refiero a qué produce un país en el uso más amplio de la palabra. Es decir, producción primaria, agropecuaria, minera, pesquera; producción industrial, producción de servicios, y dentro de estos también existe una producción financiera. Hablamos del conjunto de la producción. En Uruguay hay una óptica política que lo denomina "modelo productivo", en un uso restringido de la palabra "productivo" -también es correcto, no hay una más correcta que la otra, son dos acepciones de la misma palabra-, más ligado a la transformación o creación de bienes y por lo tanto muy asociado a la producción primaria -sobre todo a la agropecuaria, creación de riqueza ganadera o agrícola- o a la transformación de esos bienes, y por lo tanto a la industria. Se confronta ese modelo productivo con modelos que no serían productivos, que son los que sobre todo prestan servicios. Esa es una visión.

El tema es qué va a producir Uruguay y para dónde. El "para dónde" está muy asociado al primer tema que tratamos el viernes pasado: las zonas de libre comercio, las uniones aduaneras, las uniones económicas y las uniones políticas condicionan y determinan hacia dónde va a vender. Obviamente uno va a vender primero dentro del marco del proyecto político en el que se inserte, en segundo lugar en las zonas donde ese proyecto político tenga mayores facilidades comerciales y en tercer término en el resto del mundo. Eso no va a ser unilateralmente decidido por Uruguay.

El qué va a producir muchas veces también tiene mucho que ver con el dónde. Generalmente, el qué tiene que ver con las condiciones que uno tiene para hacer y con dónde uno tiene condiciones para vender, para colocar. Si a uno se le ocurre que tenemos buenas condiciones para la carne y todo nuestro mercado es vegetariano va a tener un problema medio complicado: cambia de mercado o cambia de producción.

¿Cuál es el papel del agro en Uruguay? Esa es una de las grandes ecuaciones. Uruguay nace como Estado volcado a Europa, después de la colonización española, o después de Hernandarias si se quiere, como un país básicamente agroproductor y originalmente como un país pecuario, ganadero; los cultivos vienen muchísimo después. Uruguay tuvo la carne, la lana, los cueros; primero fueron los cueros y los sebos, después vino la lana y con la industria saladeril la carne en tasajo; después vino la incorporación de los lácteos, del arroz. ¿Qué papel va a cumplir todo esto en la economía uruguaya? El papel del agro fue dominante en lo económico y hasta en lo político en buena parte del siglo XX. Pero en el último cuarto del siglo XX se vio tanto el papel económico como el político del agro en caída muy fuerte. Hoy se ve a las asociaciones gremiales del agro como un grupo de presión más; hace medio siglo una protesta de una organización gremial del agro hacía temblar el sistema político. La pregunta es cuál va a ser el papel del agro y si Uruguay va a ser un país agroexportador de productos primarios o de baja industrialización, como los cortes comunes de carne, o si tiene cabida la posibilidad de procesos más fuertes de industrialización de esos productos primarios.

Por otro lado, ¿cuáles son los otros caminos que tiene Uruguay? La alta tecnología, el software. ¿Cómo es la capacidad educativa? ¿Es alta, baja? ¿La visión que tenemos nosotros se corresponde con la visión externa? ¿Tenemos un país culto, formado, con personas capaces de producir altas tecnologías, o de repente hay un desfasaje en eso? ¿Cuál es el papel de la educación desde el punto de vista de la orientación, de la formación en la educación y de cómo se vuelca, qué cantidad de recursos tiene, cuál es el papel de la educación pública? Todo esto también tiene que ver con el desafío y la discusión del modelo productivo.

En general, lo que se nota en el país es que no aparece -como sí aparece en el modelo de sociedad y Estado- una discusión tan clara. Aparecen impulsos. Algunos de los planteos son claros, sobre todo los más fuertemente liberales, que dicen: señores, esto no es tema de discusión, el mercado y los agentes privados haciendo sus inversiones mediante el fatal sistema de prueba y error van a ir regulando todo. Hay otras visiones con una concepción más planificadora que plantean la necesidad del debate. El debate es que el Estado no sólo deja actuar al mercado sino que influye mucho con políticas crediticias, impulsando acuerdos comerciales o de cooperación técnica, incluso explorando en un país pequeño cuáles son los nichos de mercado que ese país puede tener.

Quizás éste sea uno de los desafíos y las discusiones que el país ha encarado menos en forma sistemática. Más bien es una discusión que surge desde el ángulo de los reclamos de los grupos de presión, de los grupos involucrados; se discute lo que esos grupos plantean pero nunca termina siendo una discusión omnicomprensiva, una discusión global.

Uruguay comienza este siglo XXI con tres grandes desafíos; en algunos, como siempre, tiene alguna mayor propiedad de su destino y una menor propiedad de ese destino en otros. No siempre se puede decidir, no siempre vale la pena discutir con la idea de que una vez que uno discute el camino es el que uno se trazó, el que uno quiere; el camino es más el que se puede, que muchas veces se ve determinado por el contexto mundial, continental y regional.

Uruguay tiene un desafío geopolítico; lo tuvo toda la vida. Nació como país independiente como producto de las tensiones geopolíticas de la zona, y lo tiene ahora, en medio de un rediseño del mapa mundial. Tiene un desafío del modelo de sociedad y Estado, discusión que envuelve al globo entero, particularmente después de la caída del Muro de Berlín. Y tiene un desafío que viene planteado desde mediados de los años 50 con mucha claridad, aunque también hubo discusiones muy fuertes en los años 30 y, por supuesto, en la segunda mitad del siglo pasado: qué va a producir Uruguay, para dónde va a producir y para qué, por lo tanto, se van
a capacitar los uruguayos.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 12 - 2001