Entre una coalición y un juego de tres
Entrevista con el politólogo Oscar A. Bottinelli. 
  

EMILIANO COTELO:
Esta semana se vio sacudida por los riesgos de la nueva aprobación del Presupuesto. En ese contexto, se produjo un fuerte desencuentro entre el presidente de la República y el Partido Nacional, y también el sorpresivo encuentro entre los presidentes del Partido Nacional y del Frente Amplio. A propósito de este panorama, de esta coyuntura tan delicada que se ha vivido en el tablero político durante estos días, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone: "Entre una coalición y un juego de a tres". 

Empecemos hablando de las coaliciones.

OSCAR A. BOTTINELLI:
La introducción que tú hiciste da lugar a dos ángulos de análisis. Lo que podemos llamar el ángulo de la operativa dentro del formato político, que es lo que vamos a hablar hoy, y otro -que probablemente tratemos el viernes-, que ya es muy de fondo, desde el punto de vista de presupuestos, impuestos, visiones del Estado, y las coincidencias y rechines que se están produciendo en la coalición y en todo el sistema político. Veamos hoy la primera parte; no vamos a hablar, entonces, ni de los impuestos ni de los mensajes. 

El tema de las coaliciones lo hemos analizado muchísimo desde diciembre a la fecha; rápidamente, vamos a diferenciar algunas cosas. Primero, no entrar a discutir juegos de palabras: si esto es coalición, si no lo es, si se rompió o no de acuerdo al tipo de coalición... Digamos que una cosa fue la gobernabilidad con Sanguinetti, caracterizada por un gobierno colorado, una oposición blanca que le dejaba hacer, y eso lo simbolizaba con la presencia de figuras técnicas o no partidarias en el gabinete. 

EC - Te refieres al primer gobierno de Sanguinetti. 

OAB - Sí, al primero. Luego, con Lacalle, era una coalición que podríamos llamar débil, no porque se fueran yendo de a poquito los aliados, sino porque no implicó un gobierno propiamente bipartidario, sino del Partido Nacional en base a un esquema de gobierno compartido por sus socios fuertes, que fueron el Batllismo Lista 15 y la Unión Colorada y Batllista de Pacheco Areco. El Foro estuvo en la coalición brevemente y se retiró; no se le llamó coalición, sino Coincidencia Nacional. En el segundo gobierno de Sanguinetti, tuvimos una coalición fuerte, a la europea, un cogobierno, que se expresó, incluso, en que muchas veces se hablaba de Volonté como el copresidente, como un vocero gubernamental. Recuerdo que sorprendió a mucha gente, cuando se discutió la ley que establecía normas para la competitividad -tenía un nombre muy largo- que los diputados del Partido Nacional fueron los grandes voceros de la ley y los defensores de la misma. 

Primero tuvimos un cambio constitucional. Ese cambio supuso que el presidente de la República podía ir al juego libre o a hacer una coalición electoral. Batlle podía haber apostado diciendo "creo que los blancos no va a estar dispuestos a que haya un gobierno de izquierda, así que, con su partido o sin su partido, me van a votar igual".

EC - Una de las opciones que tenía después del resultado de las elecciones de octubre.

OAB - Sí, pensando en el balotaje. De alguna manera se le cruzó Vázquez porque, entre otras cosas, no tuvo otro camino. Pero más allá de que él siempre había manifestado la intención de no buscar acuerdos, de convocar a los votantes; de hecho se movió muy tarde en la búsqueda de acuerdos. ¿Qué hacen el Partido Colorado y Batlle? Busca un acuerdo con el Partido Nacional, hacen una coalición electoral que prefigura una coalición de gobierno documentada en un acuerdo que termina siendo ratificado por el Directorio del Partido Nacional el 11 de noviembre de 1999. 

EC - Y entonces, Jorge Batlle, uno de los dos participantes de la segunda vuelta, comparece en esa elección con el respaldo de un partido entero que lo hace suyo, el Partido Nacional. 

OAB - Además, esto se vio robustecido porque los líderes blancos, independientemente del razonar del Directorio, especialmente Ramírez, que estaba en una línea muy afuera del Directorio, uno por uno dieron su apoyo a la candidatura de Batlle. Entonces se esperaba un cogobierno, igual que el anterior; pero el anterior era más fuerte. Este cogobierno fue el que ganó como tal la elecciones; esta coalición ganó las elecciones para cogobernar. Ocurrió una cosa muy diferente: por un lado el Partido Colorado dio rápidamente señales de sentirse en un gobierno colorado que pactaba con el Partido Nacional de la misma forma que había ocurrido en los períodos anteriores, en los que el presidente resultaba elegido porque su partido ganaba por sí solo en la primera vuelta. Aquí hubo un juego que, independientemente de las intenciones, objetivamente fue una no adaptación a un nuevo esquema; puede haber sido deliberado, incluso, no es que haya sido por anacronismo o por el no percibirse que había cambiado el sistema, pero claramente no se ató a la lógica que suponía que tenía que funcionar el balotaje. También, desde el ángulo del Partido Nacional, y particularmente de Lacalle, hubo mucha intención de cogobernar. Las primeras manifestaciones de él, por las que obtuvo respuestas un poco tajantes de parte del Partido Colorado, eran sentirse copropietarios del gobierno. Estamos hablando de los primeros días de diciembre. 

EC - Sí, entre otras cosas destacando como el caudal electoral del Partido Nacional, evidenciado en octubre, había sido decisivo para que Batlle terminara finalmente triunfando en noviembre. 

OAB - Claro. Pero yo me refería, además de eso, de ese empezar a hablar del gobierno como un gobierno propio. Después aparecen otras manifestaciones de Lacalle en un sentido un poco diferente, jugando a marcar algunas distancias, a evitar lo que, desde la óptica de alguna gente, fue un error de Volonté: atribuir la caída de Volonté a haber tenido una colaboración muy fuerte con el gobierno colorado. Y eso también pesó en que en el Partido Nacional hubo un juego dual de reclamar el cogobierno y a veces de querer guardar distancias. Pero, además, el presidente Batlle inaugura su gobierno posicionándose, no con la claridad que lo hizo Sanguinetti. Cuando estoy hablando de claridad no estoy diciendo que el de uno sea virtud y el del otro defecto, sino que son dos formas de posicionarse. Una de ellas es nítida en cuanto a que hay un bloque de gobierno y un oposición, y hay una frontera. Además Sanguinetti marcó mucho la frontera, porque no sólo trazó una línea de diferenciación entre gobierno y oposición, sino que confrontó duramente con la oposición, particularmente con el líder, Tabaré Vázquez. Batlle, en cambio, planteó un juego en el que no se notan mucho las fronteras, en el que hay un degradé político, y en el que además marcó una relación personal en los primeros tres meses con Tabaré Vazquez y con Rafael Guarga; es decir, con el líder político del Frente y con el rector de la Universidad, como otro símbolo de lo que puede ser el pensamiento de izquierda. Creó la imagen de que él podía tener una relación equidistante con el Frente Amplio o con el Partido Nacional. Más allá de que, paralelamente, operaba el acuerdo, dio paso a la ley de urgencia número uno, que finalmente terminó aprobándose unas cuantas semanas después de las elecciones municipales, pero el acuerdo se gesta en esos primeros meses. 

EC - Y dentro del Partido Colorado, ¿cómo funcionaba esa coalición, por lo menos en el arranque? 

OAB - Podemos marcar dos grandes períodos con una transición, como pasa siempre. Un primer período en el que el Foro Batllista queda muy crispado. Si es crispado porque no se había acostumbrado a que el poder lo tuviera el sector que había sido bastante minoritario dentro del partido, o porque se consideró víctima de ataques -simbolizando esos ataques prácticamente en el arranque de la gestión del ministro de Turismo y del de Salud Pública, y en algunas decisiones presidenciales en relación a algunos cargos de comisiones honorarias y otras funciones cercanas o en el propio ámbito de la Presidencia de la República-... Pero además, en el Foro aparece con mucha nitidez -se vio en la discusión de la ley de urgencia- la diferenciación ideológica, o la diferenciación de grandes visiones de modelos: uno liberal, que representa Jorge Batlle, y uno socialdemócrata, de Sanguinetti y el Foro, una visión un poco más estatista del Foro, y otra, no sólo mercadista sino antiestatista, de Batlle. Eso apareció en la ley de urgencia. 

Sin embargo, lo que se observa después -de, por un lado, una serie de movimientos que aquietan las aguas y, por otro, de rechines-, es un cambio en la relación del Foro. Este cambio puede verse en lo siguiente: en primer lugar, un llamado a silencio de Sanguinetti, una salida de escena, no porque no esté actuando; está actuando y mucho, pero no está apareciendo públicamente en la controversia política. Aparece como un actor ausente, como apareció al comienzo del gobierno de Lacalle también. Pero no había estado así en los primeros meses de este gobierno, entre otras cosas porque estaba en campaña electoral apoyando a los candidatos del Foro a las intendencias municipales; esa es una explicación. Pero también es posible que otra explicación sea este giro en el Foro. Un giro que es producto de que dentro del propio Foro han convergido dos acciones: la de los propios ministros, que llevaron adelante una línea de buscar que encastraran más fluidamente los engranajes del Foro y de la 15, y el papel de dos diputados, que son Ruben Díaz y Ronald Pais, que, por el lugar que además les tocó en la Comisión de Presupuesto, aparecieron como diputados del gobierno y no de un Foro asociado al gobierno. Esto se vio en las negociaciones del Presupuesto entre el Partido Colorado y el Partido Nacional en la Cámara de Diputados, en la discusión de la ley, marcando un nuevo posicionamiento del Foro desde ese punto de vista. 

EC - Un posicionamiento totalmente alineado con el gobierno. 

OAB - Claro, un posicionamiento de un Foro Batllista como parte de un Partido Colorado que está gobernando, ya no un gobierno de Batlle o la 15, sino un gobierno del Partido Colorado reflejado en Jorge Batlle. Hablamos de ese juego de Batlle, que es lo que yo llamo el juego de a tres, el "menage a trois", en que el presidente además se ubica en el vértice principal del triángulo, que más que un triángulo es un punto del que salen dos líneas, una que va hacia el Partido Nacional y otra distinta hacia el Frente Amplio, y el presidente es el articulador. Este fue el juego -en el sentido de movimiento político, de acción de las piezas en el tablero político- que ocurre en los primeros meses del año. Repito que, jugado en dos planos, el plano más público es con la izquierda y el de la negociación parlamentaria con el Partido Nacional. 

Estos juegos tienen un riesgo, y es que, cuando se tensa demasiado la relación con ambos, existe la posibilidad de que esos dos se junten. Algo de esto pasó en la primera administración Sanguinetti. Sanguinetti también hizo un juego de a tres con la línea fluida con el Frente Amplio y el Partido Nacional, aprovechando una situación muy tensa entre Wilson Ferreira Aldunate y Líber Seregni. Hasta el momento que se juntan Ferreira Aldunate y Líber Seregni, a fines de 1986, y hay un acuerdo en ese momento Partido Nacional-Frente Amplio, que destraba una situación y obliga al Partido Colorado, y al gobierno de Sanguinetti, a una acción distinta que la que pretendía emprender. Estos juegos de que se junten los distantes para reequilibrar fuerzas, uno diría que son un efecto natural de los juegos de a tres, porque, en definitiva, es tratar de contrarrestar ese gran poder que está adquiriendo ese que se siente vértice, árbitro o articulador de la situación, ya que dice "yo tengo el gobierno, con éste tengo mayoría, con éste también, con uno logro cosas y con el otro también las logro", hasta el momento que se juntan los dos. Con una gran diferencia con la primera administración Sanguinetti. En aquel momento el Partido Colorado tenía los dos quintos del Parlamento, tenía 41 diputados, y, por lo tanto, si los dos se pudieron juntar, uno podría decir "en sentido negativo", pudieron frenar cosas. Hoy el Partido Nacional y el Frente tienen dificultades de lograr entendimientos -porque en el Partido Nacional, y sobre todo en el Herrerismo, y en el Frente Amplio hay visiones de país muy diferentes-, pero una vez que los generen tienen la capacidad de imponer cosas en el Parlamento, aprobar normas, artículos, leyes, sobre las cuales, una vez aprobadas, el presidente de la República no tiene capacidad de veto. O sea que las puede vetar, pero, si el acuerdo se mantiene, el Partido Nacional más el Frente Amplio tienen los votos necesarios para levantar los vetos presidenciales. Desde ese punto de vista la reunión Vázquez-Lacalle generó una amenaza muy grande de pérdida de poder del gobierno, o del presidente de la República, porque se reveló la fragilidad del respaldo parlamentario que supone el Partido Colorado solo. 

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EC - Hablemos ahora de cómo se negocia, de las técnicas de negociación.

OAB - Toda negociación que se realice es complicada, y en general uno diría que hay dos grandes esquemas: la negociación global, que en una sola vez se termina y se cierra, o la negociación paso a paso. Cada panorama, cada escenario, tiene su atractivo para un lado y para el otro. Henry Kissinger fue un enamorado, y bastante exitoso en general, de las negociaciones paso a paso, de buscar un único paso, lograr consolidarlo y recién después plantear el segundo. Este tipo de negociaciones, en general, caminan mejor cuando son muy pocos los actores que tienen que discutir, porque tiene la fragilidad de que, cuando se llegó al paso número tres, se provoque un desarme y se vuelva todo para atrás, que se caiga como un castillo de naipes. La negociación global tiene el problema de que hay que atar demasiadas cosas, todas juntas, y a veces no se logra entendimientos totales. Por eso, en general, la negociación paso a paso, con un intermediario que la vaya guiando, asegura bastantes éxitos. 

El Presupuesto no implica una, sino varias negociaciones. No estoy hablando desde el punto de vista temático -porque negociar el Presupuesto es negociar el país, no hay tema que queda afuera, porque la costumbre, entre otras cosas, ha llevado a que cualquier tema vaya al Presupuesto-... 

EC - Y este Presupuesto es un buen ejemplo en ese sentido.

OAB - Es el ejemplo acabado de que en un Presupuesto se puede hacer cualquier cosa. 

EC - Y, si no, que lo diga el mensaje complementario, que terminó casi siendo un presupuesto en sí mismo. 

OAB - Un presupuesto y varios códigos... 

Primero hay una negociación política que, si uno es muy afinado, diría que es dentro del partido de gobierno. Hay una negociación primero en el gobierno, porque cada ministro, independientemente del partido al que pertenezca, es un jefe de un departamento de Estado: hay un departamento de Estado que tiene un ministro que quiere recursos y normas para su ministerio. Allí hay una primera negociación de gobierno en la cual son partes opuestas los compañeros de ruta del mismo grupo político -ya no del mismo partido- pero uno es ministro de "A", el otro de "B", y cada cual quiere un pedazo del Presupuesto para su gestión. Luego hay una negociación dentro del partido de gobierno, que, a veces es negociación y otras mero convencimiento: "Este es el presupuesto que necesitamos, apóyenlo". Pero en el caso del Partido Colorado, con dos sectores muy equilibrados en fuerza, es una negociación. 

Luego está la negociación con la coalición, con el cogobierno, con la necesidad de mayorías parlamentarias. Se puede hacer con un partido, con varios sectores de un partido, o con los legisladores uno por uno, pero hay que juntar 50 diputados y 16 votos en la Cámara de Senadores. El tema es que esa es una negociación política, después está la otra, hay grupos de presión de los más variados, de grupo de sindicatos, que representan a sectores del funcionariado y otros grupos de presión que han surgido a raíz de propuestas impositivas, como lo que podemos llamar el lobby de los profesionales, que, sin duda, demostró en este oportunidad ser uno de los grupos de presión más fuertes y más intocables del país. Cualquier cosa que se ha pretendido modificar en este país que afectara a profesionales universitarios, en general no ha cuajado. Véase, por ejemplo, la reforma de la seguridad social o ahora este impuesto a la renta parcial, llamado Impuesto a las Retribuciones Personales, que gravaba ingresos por encima de 29 salarios mínimos, o sea, 30.000 y pocos pesos. 

EC - Y había habido un primer intento en la primera etapa del trámite del Presupuesto, en Diputados. Fueron dos embestidas en torno al mismo sector, y las dos, por ahora, han naufragado. 

OAB - Se puede hacer una lista muy larga del último año y medio. Entre otros, del conflicto por la versión del Impuesto a las Retribuciones Personales sobre el ficto que tributan los profesionales, y que la Caja de Profesionales lo reivindicó para sí. Por supuesto, negociación con empresarios, con exportadores, con importadores; no todos los sectores son coincidentes entre sí. Entonces la negociación salarial es muy complicada. El gobierno optó -no estoy diciendo que haya sido una decisión, creo que no lo fue, por la forma en que se produjo- por una negociación paso a paso. Quizás no fue la intención, pero en los hechos terminó así. Desde el punto de vista político, además, creó dos tiempos de negociación, yo diría tres. Uno muy escaso, que es cuando, normalmente, se hacían las negociaciones políticas, antes del envío del mensaje. En el período anterior el Partido Nacional y el Partido Colorado prácticamente sellaban el grueso del Presupuesto en el envío del mensaje, que dejaba abierta a una única negociación en la primera Cámara. Aquí se hizo toda una escasa negociación en la etapa previa, más bien fue una negociación al interior del gobierno, y algunos puntos, más bien conversados, a nivel político. Hay una gran negociación en la instancia de la Cámara de Diputados, negociación desprolija, en la que quedan muchas cosas sueltas, a ver, y que, por tanto, deja abierta a una nueva negociación en la Cámara de Senadores. Cada etapa que se negocia en el ámbito político abre instancias a múltiples negociaciones en el plano social, y juegos de grupos de presión, de intereses, que intervienen una vez más en cada instancia en que se abren las negociaciones. Ese es un tema. Lo otro es que estas negociaciones, además, no sólo carecieron de una línea inequívoca y clara, como en general vino a ser la acción del ministro de Economía y el director de Planeamiento en los dos gobiernos anteriores, que eran muy claros y decían "vamos por acá". 

Con las flexibilidades, mayores o menores, que un gobierno está dispuesto a dar o tiene capacidad de tener, no cambiaba demasiado la línea. Acá en un momento se llegó a la impresión de que no era muy claro para dónde iba el gobierno, que fue muy contradictorio todo lo que aceptaba, lo que contraproponía, lo que volvía a aceptar o lo que rechazaba y, de repente, aceptaba algo que estaba en contradicción con lo que en el minuto antes estaba rechazando. Hubo un cúmulo de desprolijidades muy grandes en el manejo de la negociación que no sorprende. Habría que ver con mucha profundidad cómo fue desde el gobierno la negociación, cuando es algo normalmente jugado de a par, entre el ministro de Economía, que maneja las finanzas, y el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto; por eso el nombre. El director de Planeamiento y Presupuesto tiene sobre sí 10 años de negociación; éste es el undécimo en ese cargo. 

EC - Sin embargo, en esta instancia se lo ve muy al margen o, mejor dicho, no se lo ve.

OAB - No se lo ha visto, y esto es lo curioso. Al hombre, con experiencia, y, a su vez, una de cuyas dos grandes materias es el presupuesto, no se lo vio en esta instancia. Todo está muy centrado en el ministro de Economía, un hombre que debuta en la función política y que notoriamente no demostró una gran experiencia en el manejo de las negociaciones. Pero en particular es importante, -y lo tomo como ejemplo de muchas otras cosas, de las cuales ésta fue la más gruesa- el tema de la Universidad. El presidente de la República da señales muy fuertes de que va a haber un gran apoyo a toda la Universidad en toda la sucesión de reuniones que tuvo con el rector en el primer trimestre de su gestión. Hubo reuniones que eran casi semanales. Y de esas reuniones se transmitía siempre a la opinión pública la imagen de un gobierno que quería incentivar la investigación científica -sobre todo el área de la investigación tecnológica y en ciencias duras, investigación de base, ciencias básicas y tecnológicas-, y que ahí iba a haber recursos; esa es la sensación que quedó. Con esto no quiero decir que Batlle lo haya dicho, quizás nunca lo dijo, pero el interés que iba demostrando la generó. Cuando se trata de un Presupuesto común, en el que la Universidad no recibe ninguna partida extra significativa, hay una gran desazón, sobre todo en esos sectores que habían visto todo un nuevo modo de relacionamiento. 

EC - Pero ojo, recibe una partida extra efectivamente en el Presupuesto que va a la Cámara de Representantes; lo curioso es que después nos enteraríamos de que fue un error. 

OAB - Primero, la partida era muy menor a las expectativas. La expectativa era que había un muy fuerte apoyo. Lo otro es que el gobierno anuncia, en un momento, que no hay ninguna partida para la Universidad. Luego la partida está en el mensaje; si esa partida está en el mensaje, legalmente existe, y la Cámara la vota. Además empieza una discusión si se vota en nueve o 13 millones.

EC - Pero lo cierto es que, para buena parte de los actores políticos, estaba claro que había existido ese refuerzo. Al punto que, en la negociación que se dio hace dos semanas entre senadores blancos y colorados sobre cuál iba a ser el contenido del mensaje complementario, lo que se busca es agregar, a aquella partida que ya estaba en Diputados, otros 10 millones de dólares, creo que eran 13 millones, bueno, agregarle 10 más. Y, cuando termina viniendo el mensaje complementario, lo que los blancos creían que era un acuerdo que se había logrado para agregar a aquel primer refuerzo un segundo, lo único que hay es una aclaración, en la exposición de motivos del mensaje complementario, de que para la Universidad ya había existido un refuerzo en Diputados y se lo confirmaba.

OAB - Sí. Esto merece dos o tres comentarios. El primero es que, en el plano jurídico, el mensaje es un acto necesario del Poder Ejecutivo, y que se valida en función de lo que contiene, no de lo que fue la intención. Que se haya dicho "fue por error"... Uno no puede decir "esta ley no se aplica más porque hubo un error al aprobarla"; si la ley se aprobó, rige hasta que alguien la derogue. No hay fe de erratas a las leyes; hay leyes que pueden corregir o derogar leyes, pero no puede haber alguien que diga, "fe de erratas: yo como diputado me equivoqué al votar, que la Suprema Corte diga que no se aplique". Eso no se puede hacer. Y el mensaje fue algo parecido a eso: "Mire que yo no lo envié". No: lo envió. Que en un mensaje diga "se reafirma la partida"... No, no se reafirma nada, porque ya fue el mensaje; lo que puede hacer es enviar nuevas cosas o decir que no envía más; reafirmar lo ya enviado no tiene ningún valor jurídico.

EC - De todos modos, implícitamente, lo que estaba diciendo es que para la Universidad era aquello que estaba en el mensaje original y no mas, para peor diciéndolo con una cifra equivocada que a su vez dio lugar a estas cosas. 

OAB - Un análisis independiente que puedo hacer es el de la Universidad, del movimiento estudiantil, de los funcionarios, de los docentes, de las corrientes políticas o ideológicas que haya de un lado o del otro, y las divergencias que hay también a nivel de la Universidad. Pero también puede hacer un análisis sobre que hubo una sucesión de hechos que fueron crispando el tema en relación a la Universidad, por sucesivos mensajes de opinión, imágenes que se transmiten a la opinión pública y a la Universidad que van creando la expectativa de cosas que luego no se concretan o son muy inferiores a lo esperado. Y esto también tiene que ver con la negociación, el generar expectativas, porque las frustraciones a expectativas generadas logran reacciones mucho más duras, más fuertes que cuando esas expectativas no se generan. 

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EC - Pasemos a las conclusiones.

OAB - Dejamos el tema del Presupuesto en sí y todo su contexto para el viernes que viene. Pero, desde le punto de vista político, lo importante son varias cosas. Primero, que Uruguay se abrió, tímidamente -porque se cerró enseguida-, pero quedó abierta la posibilidad de juegos políticos de tres, y no meramente de dos bloques o de un gobierno que articula con un aliado, por un lado, y con un interlocutor, por otro. Segundo, que se corrió el riesgo de una paralización del Presupuesto, lo cual, si bien el gobierno puede leerlo como que no le afecta en su política, aunque no le afecte su política, si no se prueba el Presupuesto, le afecta su imagen, dentro del país y fuera de él mucho más. Creo que el gobierno no midió el riesgo de imagen, que lo midió en términos exclusivamente contables, financieros, y de ejecución de política económica.

EC - Sí, porque hubo voceros colorados que dijeron que, quizás, entre tener un Presupuesto que aumente el desequilibrio de las cuentas públicas y no tenerlo, y tenerse que manejar entonces con el Presupuesto anterior, quizás las segunda opción sea la mejor. 

OAB - Pero un gobierno que diga "Mensaje de Presupuesto: ´continúa el anterior´, artículo único" es un gobierno que da una señal muy firme. 

EC - Pero esa debería haber sido, dices tú, la señal al comienzo.

OAB - Sí, estoy hablando al mes de agosto, que a este mes el mensaje de Presupuesto que se espere sea un artículo. Eso es un gobierno con una posición muy firme. ¿Buena o mala? Esa es otra discusión. Por supuesto que habrá un montón a favor y otro montón en contra. Pero un gobierno que envía un mensaje, se aprueba, se envía un segundo mensaje, y no tiene un Presupuesto, está debilitado en su negociación hacia el exterior. Y eso me parece que, por lo menos en el análisis público del tema, no se traslució de esa manera y se manejó demasiado políticamente. 

Tercero, de este proceso el ministro de Economía sale malherido. Esto no quiere decir que caiga; ya salieron algunas versiones, aunque lo más curioso es que no salió ninguna versión de renuncia sino versiones que desmienten la renuncia, es decir, se desmiente lo que no había aparecido. Pero el tema no es si un ministro se va o no se va, lo que importa es cuánto puede afectarlo. Y es un ministro que para continuar la gestión, una vez que terminara la instancia presupuestal, va a tener que reacomodarse, reposicionarse para lograr reconquistar peso, porque sale malherido, fuerte, sobre todo en la capacidad de ser interlocutor del gobierno en la negociación de temas. 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 24 - 2000