Presidente Batlle: el fin del principio
Análisis del politólogo Oscar A. Bottinelli.

EMILIANO COTELO:
El domingo pasado fue un día particularmente duro para el gobierno. El presidente de la Asociación Rural formuló un fuerte discurso en relación a la política del Poder Ejecutivo y las expectativas del agro, y el ministro de Ganadería vio interrumpido su discurso en el cierre de la Expo Prado por una actitud agresiva de algunos militantes rurales presentes entre el público. Por otro lado, con motivo del envío del presupuesto al Parlamento se ha incrementado la conflictividad laboral en el ámbito público y, al mismo tiempo, aparecen complicaciones en el escenario político.

Estos son algunos datos, algunas señales que caracterizan la forma en que el doctor Jorge Batlle llega a los 200 días de su mandato. Tomando como base esta coyuntura, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone para su análisis de hoy este título: "Presidente Batlle: el fin del principio".

Oscar, tú estabas sacando la cuenta: andamos en el día 200.

OSCAR A. BOTTINELLI:

Andamos en el bicentésimo día de la administración Batlle, por eso decimos "el fin del principio" o del prólogo. Es un fin cronológico, porque ya son 200 días, porque pasó el semestre, porque ya se envió el presupuesto, se terminaron todos los aprontes. Pero es también el fin de un estado de ánimo, o de espíritu, en relación al presidente, a su gestión o a su gobierno. Tendríamos que ver que algunos problemas se dan a veces en relación a su gestión y otras en relación a su estilo.

EC - ¿Por qué no ubicamos cómo empezó este gobierno de Batlle en materia de expectativas, por ejemplo?

OAB - Fue el gobierno que empezó con mayor expectativa de los últimos años, desde la restauración institucional hasta ahora. Obviamente, el primer gobierno de Sanguinetti tenía toda una expectativa por la restauración institucional, más que por el gobierno, por el país.

Esta expectativa es producto de dos cosas. Por un lado, el cambio en el sistema político ayuda a un presidente. Me refiero al hecho de que éste haya sido elegido por más de la mitad del país, aunque haya sido de un modo forzado, ya que había que elegir entre dos. De todos modos fue votado directamente; esto le da un piso mayor. En última instancia, más de la mitad del país, el 52%, entre Batlle y Vázquez eligió a Batlle; otro tanto había hecho en octubre y abril. Es decir que llega con un piso, con distinta fuerza y distinta intensidad, de más de la mitad del país, nada menor en un país donde los presidentes llegaban elegidos por el 30 y pico por ciento en el mejor de los casos, cuando no por el 20 y algo, como voto directo.

Además, en el verano Batlle comenzó a dar una serie de señales que culminaron en el discurso del 1º de marzo, que sedujo a muy buena parte del país. Sedujo en primer lugar a la izquierda. Con el planteo del tema desaparecidos, con la relación con Tabaré Vázquez, con la relación con la Universidad de la República, la izquierda hizo esta lectura: "Ahora hay un presidente distinto con nosotros, hay otro aire, otro oxígeno y otra intencionalidad". Esa intencionalidad prevaleció, pese a que todo el resto del discurso del 1º de marzo iba a contrapelo de lo que podía pensar la izquierda y era coherente con lo que pensaba y había sido el discurso medular de Batlle, por lo menos de las últimas décadas.

En cuanto a esta seducción, en el análisis de los 100 días marcábamos cómo Batlle lograba un nivel de expectativa y seducción, pese a que lo que decía no daba para eso. Creo que por aquí vienen algunos de los problemas del domingo, de días más y días menos. Hay dos formas de comunicación: la comunicación verbal -las palabras que uno dice- y todos los gestos y señales que uno hace o que el otro interpreta, o las dos cosas. Uno tiene la percepción de que esto es lo que ha pasado con Batlle.

Lo más simbólico es la entrevista con la Federación Rural. No había prometido algo demasiado diferente a lo que ha ocurrido. La Federación Rural dijo: "No hemos tenido respuestas concretas, pero lo que ha cambiado es la intención; ahora hay buenas intenciones". Se genera una expectativa en las intenciones, no en las propuestas.

Dejemos de lado los conflictos políticos. En otros conflictos que estamos viendo, con actores sociales, con fuerzas vivas, uno ve que el gobierno, el presidente, está haciendo más o menos lo mismo que dice que va a hacer. Sí hay algunas diferencias con respecto a algunas cosas dichas en la campaña electoral; en ésta hubo anuncios que podían interpretarse como de aplicación inmediata, que están lejos de ser concretados. Pero en relación a lo que Batlle ha dicho en estos meses no hay mucha diferencia. Sin embargo, la forma en que decía estas cosas, la forma en que recibía, la sensación de entendimiento que se generaba con sus interlocutores, hacía que salieran con un optimismo diferente al de las palabras, sintiendo que iba a haber algo, pese a lo que se estaba diciendo.

Me parece que por aquí vienen algunos de los cracks, porque esas buenas intenciones eran eso, buenas intenciones. Batlle no había dicho que iba a aplicar ninguna otra medida y, efectivamente, las medidas que está proponiendo para el agro, para la industria o para determinados servicios, o las señales que da sobre el futuro inmediato del país, pueden diferir en un semestre más o menos, pero no demasiado en relación a lo que proponía.

No se puede decir que toda esta gente se haya engañado. Batlle jugó mucho a la seducción, quizás fue prisionero de ese efecto que estaba logrando con la gente, de querer mantener y conquistar esos niveles de apoyo, de expectativa, a riesgo de que al doblar la esquina esas expectativas se quebraran. Sobre todo cuando, en los planteos que hacen estos sectores, en algunos casos hay problemas coyunturales que pueden tener que ver con algunos elementos de la situación regional, con la devaluación de Brasil -que, dicho sea de paso, está por cumplir dos años y hoy están ocurriendo los efectos; si los efectos se siguen sintiendo ya no es un problema coyuntural de la devaluación, hay algo más profundo-… Hay otros problemas estratégicos, el agro tiene problemas que van más allá de las medidas que tome un gobierno.

EC - El doctor Batlle siempre habló, durante la campaña previa al balotaje, y cuando ya era presidente electo, de su respaldo al agro, de su confianza en el agro, de la importancia que le asignaba en la actividad nacional en el futuro del país, y esto cayó bien en las gremiales agropecuarias. Pero habría que revisar sus palabras. Seguramente no estaba hablando de que eso se fuera a traducir en medidas de corto plazo urgentes, como las que sin duda estaban en la cabeza de los dirigentes que se reunían con él. Quizás haya un desfasaje entre lo urgente y el proyecto, el futuro.

OAB - Sí. Un dirigente me comentaba esta imagen: si yo voy al banco a pedir un préstamo y el gerente me dice que no ve suficiente la garantía, que el crédito que pido está un poco alto, pero que me va a ayudar, que cuente con él, yo creo que cuento con el crédito. Pero él me dice: su garantía no es suficiente, está excedido en el crédito. Lo que le digo es que tengo un gran espíritu de ayudarlo, pero no le voy a dar el crédito. Ahí viene el desfasaje: Batlle estaba planteando otra cosa, una visión diferente a la de otras personas que sostienen un discurso tan liberal como el suyo, un énfasis en el papel del agro, en la estrategia final de Uruguay, frente a quienes veían un país de servicios, donde el agro era una cosa que ya que la tierra estaba ahí podía seguir, no se iba a vender ni a tirar al mar. Batlle, en cambio, se siente consustanciado con el agro. Pero dicho en la campaña electoral y en medio de demandas hay otro tipo de lectura.

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EC - Arrancamos viendo las expectativas iniciales con respecto al gobierno que se instaló en marzo. ¿Cómo seguimos en esta evolución?

OAB - En un momento determinado se quiebran las expectativas, cuando aparece lo que varios han llamado el "bajón". Fue muy de golpe, lo estaríamos ubicando en la segunda quincena de julio, un mes y medio atrás. Sin duda se venía acumulando una serie de elementos, de sensaciones. Creo que en fue en torno a la difusión del índice de desempleo, que en el trimestre había trepado por encima del 14% -lo que hacía prever que en ese mes ya estaría en el 15%-, que coincidía con el shock que produjo el gobierno con el corte drástico de los gastos del Estado, entre los cuales había gastos reproductores del empleo, como por ejemplo las obras públicas.

EC - Por esos días también se comenzó a prestar atención al comentario generalizado -sin números muy contundentes que lo avalaran de manera fehaciente- sobre la ola emigratoria.

OAB - Claro, ahí apareció este fenómeno bastante insólito. Se empezó a hablar de una ola emigratoria, sin cifras, con un manejo muy en el aire de éstas, con cierto alarmismo, sobre todo porque hablaban del año 1999. La realidad es que todavía no tenemos estudios que avalen que se podría estar dando una sensación térmica en la gente de empezar a pensar en emigrar -en términos significativos, siempre hay gente que está pensando en emigrar-, que se esté generando en función de ciertos quiebres de confianza en algunos segmentos con respecto al futuro del país.

EC - Es un tema que se ha instalado en la conversación de la gente.

OAB - Se ha instalado en la conversación, pero no hay demasiados datos. Aumentó la cola para sacar pasaporte...

EC - Aumentó la cantidad de pasaportes expedidos. El año pasado fue un récord y, según decían las autoridades del Ministerio del Interior que escuchábamos ayer, este año se podría incluso sobrepasar las cifras del año pasado.

OAB - Hay que ver si eso tiene que ver con la emigración, no es algo directo.

EC - Pero lo cierto es que uno encuentra todo el tiempo gente que se larga a hablar del tema de la emigración, y muchos manifiestan su propia disposición a irse o las ganas que tendrían de hacerlo, pero que no se van por esto, aquello o lo de más allá.

OAB - El tema no es que estén manifestando su disposición a irse; están manifestando un deseo, que no es exactamente lo mismo. A los efectos del análisis, lo importante es ver si el deseo se traduce en un propósito, en un proyecto seriamente concebido. "Seriamente concebido" no quiere decir bien planificado; es simplemente decir "mañana me voy". Tres décadas atrás se dio en Uruguay un fenómeno migratorio medido; aparecen en el censo algunos agujeros producto de migraciones masivas. Hoy no hay señales claras, pero se ha instalado como problema.

Por supuesto, también está el tema al que durante años eufemísticamente se llamó "atraso cambiario"; ahora, desde el ángulo rural están pidiendo devaluación.

EC - Se pasó todas las barreras, los pruritos, los frenos, las contenciones, y el presidente de la Asociación Rural pide directamente devaluación o devaluación competitiva, que es una forma un poco más elegante de decirlo, o aceleración del ritmo devaluatorio.

OAB - El teniente general García, en su calidad de militante rural, fue explícito: hay que devaluar, y fuertemente. Esto está hablando de demandas en tonos que no se habían visto en este tiempo.

Otra cosa que ocurre con este gobierno es que están chocando las expectativas sobre Batlle, distintos diagnósticos de país y distintas recetas esperadas. En el presidente Batlle se habían puesto las expectativas más opuestas. Yo señalaría tres de ellas:

- Una entre quienes consideraban que venía un modelo neoliberal y que Batlle iba a terminar con él porque habló de los desaparecidos. En muchos sectores de izquierda se había asociado la actitud de Batlle de diálogo con el Frente y con la Universidad y de plantear un tema sensible en torno a los desaparecidos con un cambio para el otro lado, un cambio en cuanto a que iba a entender más los problemas desde el ángulo de la izquierda. Esto estuvo en algunas de las expectativas generadas. Aquí el propio Batlle no tiene nada que ver.

- Del otro lado hubo expectativas en cuanto a que ahora sí venía un gobierno que iba a liberalizar, que se terminaría con el gradualismo de Sanguinetti y todos los resabios estatistas de la dirigencia política colorada y blanca, que venía un gran envión de reformas.

- Hay un tercer nivel de expectativas, ya no sobre el presidente Batlle sino expectativas que venían de antes y se continúan sobre él. Las podría resumir en una frase muy reiterada por Jorge Batlle el año anterior: "El gobierno Mosca hizo todos los deberes; por eso Uruguay resistió la devaluación de Brasil". Gente con ese nivel de credibilidad sobre eso de golpe se encuentra con que esa devaluación nos obliga a un ajuste fiscal muy grande, a un shock, a un recorte fenomenal de las compras del Estado, que provoca un dispare del desempleo, y se queda pensando en cuáles eran esos deberes que nos dijeron que estaban bien hechos. Esa gente no discrepa con el modelo, no está diciendo que hay que frenar o que hay que acelerar, sino que estaba muy confiada en lo que venía y de golpe se encuentra con que las medidas tomadas no correspondían a las expectativas de una continuidad. Había continuidad de un mismo partido; asumió un presidente cuya coincidencia mayor con el gobierno anterior era en la política económica y en el ministro de Economía, y cuando esperaba que todo fluyera el país recibe un cimbronazo fenomenal avalado, fundamentalmente, por un hecho que había ocurrido un año atrás y que se suponía que había sido controlado por esa política económica. Este es un tercer segmento de quiebre de expectativas.

Como se ve, no eran compatibles las expectativas que desde distintos ángulos se estaban poniendo en el gobierno porque, si se cumplían unas, las otras obviamente no.

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OAB - El presidente Batlle está ante diversos frentes. Uno de ellos es el sistema político, que da lugar para todo un análisis en sí mismo, ante las expectativas que habían generado la reforma y el manejo de la coalición del gobierno anterior en cuanto a nuevas formas de operativa política y cómo está operando la relación, particularmente con los socios del Partido Colorado y extrapartido, del Partido Nacional, donde las relaciones son todas poco fluidas, con mucha rispidez.

Siguiendo este análisis, que más bien se dirige a la sociedad civil, tenemos dos tipos de problemas: los que veníamos viendo, que tienen que ver con la opinión pública o la ciudadanía, y los de sectores sociales o dirigencias no políticas.

Con respecto a la ciudadanía, básicamente las expectativas quedan centradas en dos grandes temas: empleo y salario. Todos los demás pueden ser temas derivados de estos. Particularmente el empleo, el nivel de desocupación, es un tema que va a golpear muy fuertemente, en la medida en que el porcentaje de 14% o 15% ya tiene un nivel de extensión y profundidad que a la gente le hace temer por el empleo propio. En otro momento, por ejemplo el año pasado, la desocupación no crecía pero sí lo hacía la sensación de desocupación; ahora creció la desocupación real, entonces se multiplica el temor a la desocupación en los que están ocupados. Es un fenómeno que va más allá del mero número de desocupados.

Luego está el tema salarios. En general, cuando hay niveles de desocupación tan altos no son muy fuertes las demandas de la gente, porque primero está conservar el empleo. Pero en sectores estables como puede ser a nivel de funcionarios públicos, en algunos de ellos donde venía muy explícitamente manejado el aumento -como es el caso de los docentes, que formó parte del acuerdo Partido Colorado-Partido Nacional y de la campaña electoral hacia el balotaje-, el no aumento o aumento mínimo genera niveles de insatisfacción altos y fuertes.

EC - Sumados al hecho de que en algunos sectores de actividad o empresas a los efectos de mantener el empleo se ha realizado acuerdos de reducción de salarios. Ahí hay otra variante más del problema salarial.

OAB - Sí, yo me estaba manejando más bien en términos de demanda. La demanda del tema salarial en términos importantes aparece en aquellos lugares donde no está planteado el tema del empleo. En otros lugares aparece un problema de reducción de salarios, por lo tanto de consumo y por lo tanto de insatisfacción, pero no insatisfacción traducida en actitud de protesta activa, como en los sectores donde había expectativa de un aumento salarial que no hay.

En materia de dirigencias de sectores económicos o sociales, son muchos los frentes. Hay problemas de relación del gobierno con el agro, hay una relación conflictiva con el comercio. Digo "conflictiva" porque hay distintas posturas a nivel de comercio, pero sin duda hay una en la que en general la Cámara de Comercio coincide mucho, que es el tema del contrabando, que está aflorando como un tema en sí mismo.

Se habla del ajuste fiscal, del recorte de gastos; la DGI y el BPS salen a incrementar inspecciones para ver si se paga más, y en Uruguay se compra donde se quiere lo que se quiere de contrabando, algunas mercaderías que sólo se puede traer en semirremolques. ¿Cuánto es lo que no entra ahí en recaudación de Aduana, Imesi, IVA e IRIC, a causa de ese contrabando, mientras que el sector formal sigue siendo el apretado? Ahí hay un nivel creciente de insatisfacción y se ve al gobierno en inacción.

En la industria hay niveles muy altos y fuertes de preocupación. Recién hablábamos de los asalariados, pero todo el sector informal crece a medida que crece el desempleo y aparece ahora el sector de los profesionales, que es muy activo, muy dinámico y con mucho peso, que hasta ahora ha sido uno de los más exitosos en cuanto a impedir cualquier tipo de reformas que pudiera afectarlo. Por ejemplo, quedó excluido de la reforma de la seguridad social y ahora está librando una batalla para tener un esquema tributario en base a fictos y no a recaudaciones reales como tiene, por ejemplo, el comercio.

EC - De hecho, lo ha tenido hasta ahora; le cabe la posibilidad de un cambio y se ha lanzado a enfrentarlo.

OAB - Claro, ha logrado resistir todo cambio que lo afectase.

Ahora está apareciendo un nuevo tema en la agenda, en realidad un tema viejo que recién introdujo el director de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux, que es el tema del costo del dinero. Incluso nos llamó la atención que en las protestas de las gremiales rurales no apareciera con la fuerza con que podía hacerlo en función de la estructura de costos del agro y de la industria. Uruguay tiene un costo del dinero, un nivel de intereses, ya sea en el consumo como a nivel empresario, muy difícil de pagar con la rentabilidad de una actividad productiva que fuera competitiva en la exportación.

EC - El debate había aparecido a propósito de los créditos al consumo y las tarjetas de crédito. A partir de declaraciones de esta semana del director de Planeamiento, la discusión parece extenderse a las tasas de interés en general.

OAB - Esto va a generar una discusión muy fuerte, porque se van a mezclar intereses aparentemente distintos. Está el nivel de rentabilidad de los bancos, que es de las pocas actividades que en este momento están siendo rentables, y el nivel de beneficios de los trabajadores bancarios, que tienen niveles de ingreso promedialmente muy altos, por ejemplo comparando banca oficial versus empresas del Estado. Hay muchos juegos contrapuestos que hacían que de este tema en general no se hablara. Se estaba hablando de los intereses al consumo en la medida en que estos estaban afectando más a las empresas periféricas del sistema financiero que al corazón del mismo. El planteo que empieza a hacerse y que Davrieux pone con todas las letras va a conmover mucho a sectores más importantes, tanto desde el punto de vista económico como social, político y sindical. Va a ser un nuevo shock en el manejo político del país.

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OAB - Los 200 días del presidente Batlle se cumplen en un clima diferente al de los 100 primeros días. Aún así, el nivel de expectativas sobre el gobierno sigue siendo alto, por lo menos comparativamente más alto que sobre otros presidentes anteriores. Todavía tiene margen para recuperar el timón si hay un giro en comunicaciones, relaciones y sobre todo en algo en que coinciden mucho los actores sociales y políticos, quienes piensan que falta claridad de propuestas, sobre todo de corto plazo, y no ven definiciones inequívocas de proyecto. Quizás por aquí es donde al gobierno le está faltando redondear algo muy claro: el corto plazo podrá ser esto o no, pero vamos hacia aquí, y el "timing" y las expectativas de logros son éstas.

En ese sentido, quizás uno de los grandes capitales del gobierno anterior haya sido la forma de manejo comunicacional que tuvo el ministro de Economía, Mosca, que en los momentos difíciles estaba marcando expectativas concretas y en general realizables, o por lo menos que la gente creía que se cumplían. Parecería que éste es el desafío del presidente Batlle. Veremos cuando se cumplan los 300 días.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 15 - 2000