Después de las primeras elecciones municipales separadas
La discusión de las futuras reglas de juego
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO:
Después de varias semanas durante las cuales la participación del politólogo Oscar A. Bottinelli En Perspectiva estuvo fuertemente dominada por las encuestas de intención de voto, retomamos la costumbre de los análisis políticos.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Volvemos a la modalidad inicial de 1992 y 1993, de un análisis largo los viernes, ahora más centrado en los análisis políticos, aunque dentro de esos análisis va a haber a veces encuestas con una modalidad diferente: presentar la encuesta no como el hecho en sí mismo sino como el soporte del análisis.

EC - De aquí en adelante no vamos a tener -por lo menos durante un tiempo, esto siempre es cambiante- espacios dedicados específicamente a encuestas. Ya fue suficiente.

OAB - Utilizaremos a la encuesta incluso como un insumo, como un elemento que soporta cosas. Por supuesto, a veces ese soporte es el elemento central. Por ejemplo, si el presidente de la República tiene un tope o un crack de popularidad, en sí mismo es un dato. Muchas veces lo que importa dentro de análisis es decir que el mismo se soporta en que la gente piensa de tal manera.

EC - De todos modos, en el análisis de hoy no tenemos encuesta, ni siquiera de esa manera que tú describías. Vamos a volver sobre el tema dominante de los últimos tiempos, las elecciones municipales, especialmente sobre el debate que se ha abierto después de esta primera experiencia de municipales separadas: la discusión a propósito de las futuras reglas de juego.

OAB - Lo primero tiene que ver con un comentario de carácter general. Esta reforma constitucional de 1996 es extremadamente desprolija técnicamente. Se puede tener las opiniones más diversas sobre su contenido y las soluciones, pero es una reforma técnicamente desprolija, donde claramente no hubo una ingeniería, una proyección, un análisis de efecto de las partes. Es desprolija hasta en las definiciones, en usar términos distintos aparentemente para las mismas cosas -son algunas obsesiones que corresponden a visiones muy aficionadas-; la redacción denota claramente un bajo conocimiento del Derecho Electoral y hasta tiene problemas de orden gramatical.

EC - Tú ya habías realizado hace tiempo este tipo de observaciones.

OAB - Desde antes que se aprobara. No es ocioso marcarlo, porque de alguna manera todo lo que tiene que ver con la elección municipal fue producto de injertos, no de una ingeniería bien pensada. Se fue metiendo distintas disposiciones y un buen día quedó armado un robot sin que quedara muy claro para qué fue puesta cada pieza.

Tenemos que hacer una primera advertencia, que es casi una rectificación de una constante afirmación nuestra: decíamos que éstas son las primeras elecciones municipales separadas y autónomas. Habría que hablar de las primeras elecciones municipales separadas y punto, casi autónomas. Estas elecciones están jurídicamente vinculadas a las elecciones del 25 de abril. Del 25 de abril hace un año y tres semanas.

EC - O sea que el cuarto escalón del proceso está atado al primero.

OAB - Está inexorablemente atado al primero. Precisamente por eso hemos hablado de un ciclo electoral de cuatro elecciones consecutivas, de 12 meses y medio. Hablamos siempre del ciclo 1999-2000, como ahora estamos pensando en el ciclo 2004-2005.

El primer tema que surge es el hecho de haber realizado cuatro elecciones consecutivas. Notoriamente hay dos o tres efectos. Primero, hay un desgaste de la opinión pública; si bien en determinados departamentos donde la elección fue más competitiva hubo más interés de la gente, el pico de desinterés fue en Montevideo, donde ningún partido tenía posibilidades de desplazar al Frente Amplio y el candidato del Frente Amplio era obvio, no había ninguna expectativa sobre quién podía ser. El otro extremo pueden ser varios departamentos; por ejemplo Maldonado, donde en enero o febrero cualquiera de los tres partidos podía ganar y dentro del Partido Nacional podía ganar cualquiera de los tres candidatos. Por eso teníamos cinco nombres: un frenteamplista, un colorado y tres blancos como posibles intendentes. Pese a eso, en las primeras encuestas se notaba -asunción de Batlle mediante- que la gente le prestaba más atención a qué pasaba con el agro, con el trabajo, con la reactivación productiva, con las fábricas, con el dólar, con los desaparecidos después, y esto estaba crujiendo en la instalación de un nuevo gobierno.

Luego tenemos el tema de los actores políticos, que vienen de un agotamiento físico personal y de la angustia que suponen sucesivas competencias. Pensemos en una persona que está en una carrera administrativa o profesional, en un docente de Secundaria o de la Universidad de la República, al que le dicen que debe concursar cada tres meses; el individuo se muere con un concurso cada tres meses. Y también tenemos un tema de financiamiento: la gente llegó con casi imposibilidad de recaudación a mayo.

EC - El senador Pablo Millor llegó a decir: "Estamos fundidos".

OAB - Lo notaron los medios de comunicación en materia de avisos, lo notamos los que hicimos consultorías para los partidos políticos y se notó en los esfuerzos fenomenales que tuvieron que hacer los candidatos a intendente para recaudar algo de fondos para una elección que notoriamente cuesta dinero, como ocurre en el mundo entero.

Veamos dos cosas: son elecciones separadas y desvinculadas. En Uruguay tuvimos varios sistemas. Un sistema fue el de la Constitución de 1952, que también se aplicó en las elecciones de 1938 y 1942: en una misma hoja de votación, una hoja sábana -sábana tamaño "king", además- iba: Poder Ejecutivo, Cámara de Senadores, Cámara de Representantes, gobierno departamental, Junta Departamental y Junta Electoral. En 1962 se incorporó la Junta Local Autónoma Electiva de Río Branco; fue la primera vez que se eligió una Junta Local Autónoma Electiva. En ese momento no sólo estaban vinculadas, sino que si yo elegía a Fernández Crespo para la Presidencia del Consejo Nacional de Gobierno tenía que votar a uno de -si tengo esa posibilidad- los candidatos al gobierno departamental que votaran a ese mismo candidato dentro del partido. En esa elección no había ninguna posibilidad para el elector.

Un grado menor se estableció en la Constitución de 1966, aplicada por primera vez en 1971, donde había dos hojas separadas -recordemos la elección de 1994-, una hoja en que iban presidente, senadores, diputados y Junta Electoral, y otra diferente para intendente y Junta Departamental. En ese caso había una limitación: si se quería votar las dos hojas, ambas debían ser del mismo lema. Lo que se podía hacer era no votar, por ejemplo, candidatos nacionales, y votar solamente al intendente. Eso pasó en Paysandú; hubo gente que votó sólo a Belvisi -seguramente lo hizo gente blanca-, que salió electo en esa elección. A la inversa pasó en Montevideo en 1989, donde la gente votó candidatos nacionales y no votó para la Intendencia. Fue muy claro en el Movimiento Nacional de Rocha, que no votó a la Intendencia, quizás como un medio voto a Tabaré Vázquez. Ese era el máximo juego que podía hacer el elector.

Luego están las elecciones desvinculadas en elecciones sincrónicas, simultáneas en el tiempo, en el mismo acto, pero como dos elecciones separadas. De este tipo de elecciones tuvimos en 1946 y 1950. Había dos hojas y el elector podía combinar lo que quisiera: podía votar al Partido Nacional para el gobierno nacional y al Partido Colorado para el gobierno departamental o viceversa, e incluso en esa oportunidad la Corte habilitó lemas departamentales: Unión Vecinal en Canelones o en Artigas, el Partido de Aparicio Saravia en Cerro Largo, un lema con el nombre del candidato Arrarte en San José, Concentración Blanca en Paysandú, etcétera. Acá la desvinculación fue doble: no sólo no tenía nada que ver con la elección nacional, sino que los lemas tampoco necesariamente tenían que ver. La diferencia con lo sincrónico es que, si bien la elección está desvinculada pero el contexto es el mismo, el clima que rodea, los elementos que motivan a un votante son los mismos. Y es muy difícil -esto es notorio después de la experiencia del 14 de mayo- que la campaña municipal tenga la misma sonoridad subsumida en una campaña presidencial.

El debate Enrique Antía-Darío Pérez-Benito Stern que tanto dio que hablar en Maldonado hubiera tenido muchos menos decibeles si en medio de eso estuvieran Batlle, Vázquez y Lacalle. Siempre la elección presidencial pesa más, por lo menos para la mayoría de la gente, que una elección municipal.

Tenemos varios temas. Hemos visto el de la desvinculación. Hubo consenso en el sistema político en cuanto a que la desvinculación es positiva, que no hay por qué atar el voto municipal al voto nacional y que debe votarse por separado desde el punto de vista de la opción del elector. Ahora viene la discusión sobre la separación en el tiempo.

La separación en el tiempo puede hacerse de tres maneras: inmediatamente antes, inmediatamente después o bien separadamente. Imaginemos que se hubiera hecho antes de las elecciones internas o al revés, después de éstas, antes de las nacionales. En ese caso hubiera sido una pre-elección presidencial, no se autonomizaba nada desde el punto de vista político, hubiera sido un ensayo general de la elección de octubre, se habría medido cómo salían los partidos en la elección municipal. Ahí sí que los colorados no votaban candidatos blancos en San José o en Tacuarembó; se hubiera jugado como fuere a ganar la elección o, al menos, a votar lo mejor posible en esos departamentos, porque hubiera estado en juego la Presidencia de la República. Ese tipo de elección hubiera tenido efectos como los que tuvo la última elección regional de Italia del 16 de abril o la española de 1932, que dio por concluida la monarquía. Después de esa elección municipal se hubiera dicho: "Esta elección demuestra que el futuro presidente de la República es Fulano".

La posibilidad de hacer las elecciones municipales inmediatamente después, como se hizo ahora, dejando de lado todos los otros elementos, sin duda fue lo que más separó mentalmente el tema. Para separarlo se tuvo que conjugar algo que de alguna manera estaba previsto: el gobierno jugó los tiempos sabiendo que estaba en tiempos electorales, con anuncios generales, algunos duros pero muy bien presentados, simpáticamente presentados, y buscando ejercer la acción efectiva de gobierno después del 14 de mayo. El gobierno no fue a la confrontación entre el 1º de marzo y el 14 de mayo, e incluso creó un clima en relación al Frente Amplio -Universidad, sindicatos, tema desaparecidos- que lo ayudó muchísimo a evitar cualquier posibilidad de que el 14 de mayo se dijera que se votaba a favor o en contra del gobierno. Tabaré Vázquez lo ensayó el último domingo previo, pero si hay luna de miel no hay posibilidad de voto en contra; de alguna manera el gobierno jugó a desarmar la posibilidad de una polemización. Para cualquier gobierno que tome posesión es muy fácil hacer esto: basta dilatar un poco los temas conflictivos, y mucho más cuando es un gobierno que ha manejado magistralmente la comunicación, como lo ha hecho el presidente de la República. (Con esto no quiero decir que uno esté a favor o en contra de lo que dice o hace, sino que técnicamente ha sido el que ha provocado los titulares de diarios, diría que seis de cada siete días a la semana desde que asumió la Presidencia de la República. El mejor operador de prensa que tiene Jorge Batlle se llama Jorge Batlle). Esto no es menor en una elección separada, pero sin duda -lo vimos acá, En Perspectiva, y lo vimos en las encuestas- en la elección municipal los protagonistas fueron Mariano Arana, Oscar Magurno, Ruperto Long, Enrique Antía, Ambrosio Rodríguez, Darío Pérez, Benito Stern, Ricardo Alcorta... Es decir, los candidatos a intendente. Y se discutía temas municipales o departamentales; se hablaba de Maldonado, de San José, de Paysandú, de Rocha, y no de Uruguay en general. Los que hemos seguido la última campaña electoral de las regionales en Italia vimos que allí hablaban los líderes nacionales -como si en Uruguay hubieran hablado Sanguinetti, algún líder de la 15, Tabaré Vázquez y Lacalle-, y que hablaban globalmente del país. Acá fueron elecciones municipales.

El problema de estas elecciones fue el otro aspecto que mencionábamos: el cansancio, el agotamiento, el mezclarse con el comienzo de un gobierno. La gente ya estaba deseando que se terminaran las elecciones.

La tercera posibilidad es hacer las elecciones municipales bien separadas de las nacionales, uno, dos o tres años después, lo que quiere decir uno, dos o tres años antes de las siguientes elecciones nacionales. Esto entra en la clasificación de las denominadas elecciones de medio período; o sea, a mitad de camino entre dos elecciones en que se define el gobierno pero en las que no se define el gobierno sino que son administrativas: comunales, provinciales, regionales, departamentales; renovaciones parciales del Parlamento, como las estadounidenses, en que se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, o las elecciones parciales argentinas que renovaban la mitad del Parlamento. Es muy difícil que una elección de medio período no devenga en un plebiscito sobre el gobierno, que lo que se esté votando en última instancia no sea quién va a administrar la Comuna, la Alcaldía, el Municipio o el departamento o la provincia tal, sino si estoy a favor o en contra del gobierno y mi voto municipal, comunal o provincial termine siendo un voto a favor o en contra del gobierno, con muchas probabilidades -si estamos realmente en la mitad del período- de que sea más en contra que a favor. Son excepcionales los gobiernos que están en el cenit de la popularidad a mitad del período. Generalmente es cuando acaban de tomar todas las medidas duras y están muy lejos de comenzar a obtener resultados. Esto es una norma para gobiernos de derecha, de izquierda, de centro; moderados, extremistas, revolucionarios o conservadores. Hay cronogramas en los tiempos de gobierno y una elección a mitad de período cae en esa situación. Ese es uno de los problemas que tiene la ubicación de la elección municipal a mitad del período. Esto se discutió en la reforma y ahora está nuevamente en el tapete.

EC - Después del domingo también se ha reabierto la discusión a propósito de cuántos candidatos por partido debe haber para las próximas elecciones municipales dentro de cinco años. Vamos a ubicar cómo fue esta instancia en materia de cantidad de candidatos.

OAB - Desde el punto de vista formal jurídico, podía haber hasta dos candidatos por partido. Realmente era un candidato oficial por partido y la posibilidad de un segundo candidato si éste tenía un apoyo no menor al 30% de la Convención. Eso fue lo que se aprobó en la reforma constitucional, lo que se le dijo al país, pero luego la Corte tuvo la originalísima y peculiar interpretación de que si empataban dos con el 30% exacto podía haber hasta tres candidatos, lo que dio lugar a juegos muy cómicos en Cerro Largo y Maldonado para producir esos empates y dar tres candidatos al Partido Nacional en ambos lados.

¿Cómo fue la competencia real? Digamos que hubo cuatro grandes escenarios -aunque en realidad hubo ocho categorías-:

1) competencias de candidatos únicos reales o virtuales: reales cuando había un solo candidato y virtuales cuando los segundos candidatos de cada partido aportaban cifras menores de votos, como en el caso de Soriano;

2) casos mixtos, donde había candidatos únicos o virtualmente únicos, versus otro partido que competía con pluralidad, como puede ser el caso de Maldonado con un candidato único real del Frente, un candidato único virtual del Partido Colorado y tres candidatos reales del Partido Nacional;

3) competencias plurales;

4) no era un problema si había muchos o pocos candidatos por partido, sino que había un único partido que ganaba la Intendencia, así se producía la competencia y lo otro era como una segunda elección marginal, como si uno tuviera que elegir entre votar para ediles en determinados partidos o votar la Intendencia.

Ahora tenemos el tema de la candidatura única.

EC - En rigor no hay nada establecido en la nueva Constitución en cuanto a que dentro de cinco años deba haber candidatos únicos.

OAB - La reforma estableció que puede haber un candidato único por partido, la ley sancionada por la mayoría estipulada podrá establecer que cada partido presente una candidatura única para la Intendencia Municipal. Luego hay un compromiso formal de los partidos en la Cámara de Senadores de dictar esta ley ahora. También había un compromiso formal ante toda la ciudadanía de que serían dos candidatos por partido y hubo tres, es decir que ya entra en la discusión del cumplimiento de los compromisos formales. Por eso se dio tan por obvio que esto no era mecánico, sino que era un compromiso que tenía que plasmarse en ley.

Cuando uno lee la Constitución de 1997 encuentra un esquema pensado sobre la base de cómo funcionaban los partidos hasta esa época: altas pertenencias, altas lealtades partidarias de parte de los votantes, partidos con fuerte disciplina interna -no hubo indisciplinas, acá se confundió mucho indisciplina con sectorización, que son dos fenómenos distintos-, límites rígidos entre los partidos. Ese es el esquema que teníamos en Uruguay hasta comienzos de 1999. De ahí surge un esquema con internas de los partidos, de donde a su vez surgen convenciones nacionales y departamentales. De estas últimas podía salir el candidato único a intendente y luego los partidos disputaban la Intendencia.

Entre el balotaje y mayo del 2000 se hizo pedazos esa imagen.

EC - ¿Por qué?

OAB - Porque si el Partido Colorado saca el 6% en San José -y nadie puede pensar que eso es todo lo colorado que quedó en San José- y saca una cifra que, aunque esmirriada, es un poco mejor en Tacuarembó -y nadie puede pensar que eso es todo el mapa colorado de ese departamento-, y están los acuerdos de blancos con colorados en Canelones contra la candidatura dominante del Partido Nacional que por naufragio de la otra quedó como candidatura única, quiere decir que ya no estamos en ese esquema de partidos con lealtades firmes, con fronteras rígidas. Por el contrario, las fronteras ya se parecen a las de la Unión Europea, que se pasan cada vez más distraídamente, sin que a nadie se le pida documentos. No es tan claro esto de que va a competir un candidato por partido.

Además, ¿qué pasa con estos departamentos donde la elección se transformó en una formidable competencia entre formidables caudillos que a su vez fueron intendentes, como las que vimos en San José, en Flores o en Tacuarembó?

EC - Tú te preguntas qué pasaría si en un escenario como el que se dio ahora rigiera la obligación de un candidato único por partido.

OAB - Se supone que en abril del 2004 se producirá una elección de la cual saldrá el candidato único blanco en San José y prácticamente se podrá decir que el mismo será el intendente que asumirá 16 meses después. Parece una especie de artificio. El tema queda en una discusión que tiene que ser mucho más amplia, entre otras cosas porque con cierta obsesión de términos, conceptual, dijeron que en la elección de intendentes los lemas deben ser lemas de partidos políticos. Los que escribieron esto creyeron que con eso decían que partidos políticos son sinónimo de partidos nacionales; puede haber partidos municipales, como los hay en muchas partes del mundo. Con esto no cerraron nada.

Hay muchas soluciones. Se puede ir al candidato único por partido y ver qué pasa; se puede ir al candidato único por partido, separar la elección de ese candidato único de la elección de abril y crear otra instancia de mil maneras. Se puede ir a un régimen libre de partidos municipales que no necesariamente coincidan con los nacionales y que cada sector se presente como un lema separado, o se puede mantener este esquema de la doble candidatura y en ese caso sería conveniente que la ley definiera si puede o no haber tres candidatos, que no quedara una interpretación tan peculiar y original como la de la Corte Electoral, que tiene tan poco sustento lógico.

Las preguntas que quedan son muy importantes.

EC - ¿Todas esas decisiones se pueden adoptar por ley?

OAB - Diría que sí. La decisión de mantener la pluralidad de candidaturas está habilitada en la ley, ya que la Constitución habla de cómo se acumula los votos, etcétera. L candidatura única está habilitada por ley y en ninguna parte de la Constitución se prohíbe la posibilidad de que se registre distintos partidos políticos para la competencia departamental y para la competencia nacional, sino que hay una idea de lo que debe ser un partido político, que es una de muchas concepciones que puede haber sobre cómo juegan los partidos políticos y los niveles de registro de partidos.

EC - En ese caso, para las internas de abril, que tienen un plano nacional y otro departamental, en el plano departamental tendría que crearse partidos distintos.

OAB - La elección de abril obligatoria para las municipales surge de una disposición transitoria de la Constitución que también puede modificarse por ley; no es una disposición constitucional imperativa que las candidaturas para la Intendencia surjan de la elección de abril del año anterior. Es más: esa disposición transitoria -a la que hemos llamado "cláusula antisecesión"- dice: "Quien se presentare como candidato a cualquier cargo en las elecciones internas sólo podrá hacerlo por un partido político y queda inhabilitado para presentarse como candidato a cualquier cargo en otro partido en las inmediatas elecciones nacionales y departamentales". En otras palabras: quien se presentó por el Partido Nacional en abril, en mayo del año siguiente sólo puede estar en el Partido Nacional o irse a la casa. Esta disposición transitoria también puede ser modificada por la ley por dos tercios de cada Cámara, por lo tanto puede establecerse que esto rija, por ejemplo, para la Presidencia y el Parlamento y no para las intendencias. Es muy amplio el campo que tiene el legislador para regular las elecciones municipales. Más aún: también la habilitación de dos candidatos por partido -o tres, según la interpretación "sui géneris" de la Corte- surge de una disposición transitoria que también se puede modificar. Es decir que hay mucha más libertad para regular la elección municipal que para regular la elección nacional, salvo en el tema de las fechas, que sí están establecidas y cuya modificación requeriría una reforma constitucional.

El artículo 77 numeral 9 dice que la elección de los intendentes, miembros de juntas departamentales y autoridades locales electivas se realizará el segundo domingo del mes de mayo del año siguiente al de las elecciones nacionales. Esto sí requiere reforma constitucional, sin ella no se puede cambiar el calendario de esta sucesión de elecciones. Pero el contenido, la vinculación de las elecciones, la cantidad de candidatos y qué quiere decir "lema de partido político" en las elecciones departamentales, todo eso está abierto a la ley reglamentaria habilitada por el artículo 271, que requiere dos tercios del total de miembros de cada una de las dos cámaras.

EC - Queda claro que la discusión que se puso sobre la mesa esta semana tiene más matices posibles que los que han aparecido en principio; incluso tiene más instrumentos a los cuales recurrir en el futuro.

OAB - Lo deseable es que esto se resuelva muy lejos del 2004.

EC - Eso es lo deseable, pero en Uruguay nunca pasa eso, siempre se termina resolviendo o intentando resolverlo sobre la fecha.

OAB - Sí, pero no por un problema de no hacer las cosas a último momento, sino para que se resuelva cuando se esté muy lejos de tener posibles resultados a la vista


DISPOSICIONES CONSTITUCIONALES CITADAS

Artículo 77 - 9°) La elección de los miembros de ambas Cámaras del Poder Legislativo y del Presidente y Vicepresidente de la República, así como la de cualquier órgano para cuya constitución o integración las leyes establezcan el procedimiento de la elección por el Cuerpo Electoral a excepción de los referidos en el inciso tercero de este numeral, se realizará el último domingo del mes de octubre cada cinco años, sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 148 y 151. Las listas de candidatos para ambas Cámaras y para el Presidente y Vicepresidente de la República deberán figurar en una hoja de votación individualizada con el lema de un partido político. La elección de los Intendentes, de los miembros de las Juntas Departamentales y de las demáas autoridades locales electivas, se realizará el segundo domingo del mes de mayo del año siguiente al de las elecciones nacionales. Las listas de candidatos para los cargos departamentales deberán figurar en una hoja de votación individualizada con el lema de un partido político

DISPOSICION TRANSITORIA W) Las elecciones internas para seleccionar la candidatura presidencial única para las Elecciones Nacionales a celebrase en 1999, así como las que tengan lugar, en lo sucesivo, y antes de que se dicte la Ley prevista en el numeral 12) del artículo 77, se realizarán de acuerdo con las siguientes bases:
a) Podrán votar todos los inscriptos en el Registro Cívico.
b) Se realizarán en forma simultánea el último domingo de abril del año en que deban celebrarse las elecciones nacionales por todos los partidos políticos que concurran a las últimas.
c) El sufragio será secreto y no obligatorio.
d) En un único acto y hoja de votación se expresará el voto.
1. por el ciudadano a nominar como candidato único del partido a la Presidencia de la República.
2. por las nóminas de convencionales nacionales y departamentales.
Para integrar ambas convenciones se aplicará la representación proporcional y los precandidatos no podrán acumular entre sí.
La referencia a convencionales comprende el colegio elector u órgano deliberativo con funciones electorales partidarias que determine la carta Orgánica o el estatuto equivalente de cada partido político.
e) El precandidato más votado será nominado directamente como candidato único a la Presidencia de la República siempre que hubiera obtenido la mayoría absoluta de los votos de su partido. También lo será aquel precandidato que hubiera superado el cuarenta por ciento de los votos válidos de su partido y que, además, hubiese aventajado al segundo precandidato por no menos del diez por ciento de los referidos votos.
f) De no darse ninguna de las circunstancias referidas en el literal anterior, el Colegio Elector Nacional, o el órgano deliberativo que haga sus veces, surgido de dicha elección interna, realizará la nominación del candidato a la Presidencia en votación nominal y pública, por mayoría absoluta de sus integrantes.
g) Quien se presentare como candidato a cualquier cargo en las elecciones internas, sólo podrá hacerlo por un partido político y queda inhabilitado para presentarse como candidato a cualquier cargo en otro partido en las inmediatas elecciones nacionales y departamentales.0 Dicha inhabilitación alcanza también a quienes se postulen como candidatos a cualquier cargo ante los órganos electores partidarios.
h) De sobrevenir la vacancia definitiva en una candidatura presidencial antes de la elección nacional, será ocupada automáticamente por el candidato a Vicepresidente, salvo resolución en contrario antes del registro de las listas, del colegio elector nacional u órgano deliberativo equivalente, convocado expresamente a tales efectos.
De producirse con relación al candidato a Vicepresidente, corresponderá al candidato presidencial designar sus sustituto, salvo resolución en contrario de acuerdo con lo estipulado en el inciso anterior.

DISPOSICION TRANSITORIA Z) Mientras no se dictare la Ley prevista en el artículo 271, los candidatos de cada Partido a la Intendencia Municipal serán nominados por su órgano deliberativo departamental o por el que, de acuerdo a sus respectivas Cartas Orgánicas o Estatutos haga las veces de Colegio Elector. Este órgano será electo en las elecciones internas a que se refiere la disposición transitoria letra W).
Será nominado candidato quién haya sido más votado por los integrantes del órgano elector.También lo podrá ser quien lo siguiere en número de votos siempre que superare el treinta por ciento de los sufragios emitidos. Cada convencional o integrante del órgano que haga las veces de Colegio Elector votará por un sólo candidato.
De sobrevenir la vacancia definitiva en una candidatura a la Intendencia Municipal antes de la elección departamental, será ocupada automáticamente por su primer suplente, salvo resolución en contrario antes del registro de las listas, del colegio elector departamental u órgano deliberativo equivalente, convocada expresamente a tales efectos.
De producirse con relación al primer suplente, corresponderá al colegio elector departamental u órgano deliberativo equivalente, la designación de su sustituto.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 19 - 2000