La seducción de Batlle y sus nuevos frentes
Oscar A.Bottinelli

Tenemos un primer panorama de las dos primeras semanas de Presidencia del doctor Jorge Batlle. Empezamos por una reflexión respecto a la reforma constitucional: cuando se aprobó esta reforma, uno de los temas que llamó la atención fue el larguísimo ciclo electoral que de punta a punta llevaba casi trece meses, de abril del año anterior hasta el segundo domingo de mayo, después de asumido el nuevo presidente de la República. Nosotros mencionábamos que el tiempo útil de gobierno se reducía, acotado por ese largo período electoral. Pero lo que más preocupaba en aquel momento era la posibilidad de que el presidente de la República asumiera el 1º de marzo y prácticamente calentara el sillón durante dos meses y medio, porque nos preguntábamos qué gobierno se atrevería a tomar o anunciar siquiera medidas duras teniendo las elecciones municipales a la vista. Toda elección, aunque sea solamente municipal, ocurre incluso en el caso de un plebiscito o referéndum, es siempre una medición de los actores políticos y los gobiernos. Recordemos que de Gaulle renunció a la Presidencia de Francia porque le resultó negativo un plebiscito referido a un tema concreto.

Las elecciones al Parlamento Europeo, las elecciones para la renovación parcial de la Cámara de Diputados en Estados Unidos o en Argentina siempre son mediciones de los respectivos gobiernos. Entonces uno puede pensar que en mayo, sea como sea, los partidos políticos vuelven a poner en juego su "ranking". Y uno se pregunta cómo un presidente de la República puede empezar con medidas duras cuando hasta ahora prácticamente no ha habido gobierno que no comience el período con medidas difíciles: ley de emergencia con Gestido en el 66, fuerte devaluación con Bordaberry en el 71; después de la interrupción institucional y el retorno a la democracia un fuerte ajuste fiscal en el 89 con Lacalle, un segundo ajuste fiscal con Sanguinetti en el 94… ¿Qué iba a pasar con este gobierno?

Sin embargo, se observó algo bastante sorprendente: Batlle hace el anuncio de un ajuste fiscal pero distinto a los tradicionales, porque no va directamente a los impuestos -mucho menos los directamente relacionados con los salarios-, sino que se trata de una medida que inicialmente cuenta con una gran simpatía pública, que es la reducción de los gastos del Estado.

Es un ajuste en que se actúa por el lado de la reducción del gasto. Y por el lado de los impuestos no sólo no hay aumentos, sino que se baja algunos.

Se baja algunas contribuciones. Lo curioso es, primero, que todavía no hay medidas concretas sino anuncios. Es mucho más fácil medir el impacto de un aumento o disminución de impuestos que el de una reducción de gastos, quizás porque nunca se tiene fe absoluta en que los gobiernos puedan llevar adelante a rajatabla las reducciones que se propone. En definitiva, los impuestos salen de un decreto y una máquina acostumbrada a ejecutar las cobranzas, mientras que la reducción de gastos requiere un montón de agentes intermedios que muchas veces se las ingenian para eludir algunas restricciones. Recuerdo que Végh Villegas confesaba que después de un doble pasaje por la conducción económica del país siempre había fracasado en poder reducir gastos, que el abatimiento del gasto siempre se le escapaba por algún lado.

El tema es que las consecuencias de un abatimiento del gasto no son neutras desde el punto de vista económico. Hay proveedores del Estado que van a sufrir las pérdidas de compras y, sobre todo las empresas -ya sea en gastos corrientes o en inversiones- empleadoras de una cantidad importante de mano de obra, pueden sufrir desocupación si el Estado deja de comprar. Por lo tanto no se puede decir que este ajuste fiscal sea diferente de los otros, sea neutro.

También observamos que Batlle hizo anuncios respecto a temas muy controversiales en el país, como el de los monopolios. En definitiva, se dijo que se va a combatir los monopolios del Estado. Este tema ya estuvo planteado en la Ley de Empresas Públicas, que terminó en un referéndum con un resultado electoral muy fuerte: el 72% se pronuncia en favor del mantenimiento de esas empresas en manos del Estado en una función, si no monopólica, virtualmente monopólica o de un peso formidable.

El segundo tema es el referido al Mercosur. En una de las campañas electorales Batlle tuvo una actitud cuestionadora del Mercosur. Esas declaraciones le costaron bastante y ahora busca un camino indirecto consistente en ensalzar al Mercosur, luego hablar de que hay que abrirlo con un proyecto de apertura tan grande que termina abarcando de Alaska a Ushuaia. Por lo tanto se está hablando del ALCA, la Asociación de Libre Comercio de las Américas, lo que supone que Uruguay una su destino a una gran región económica, cuyo peso central, sin duda, va a ser Estados Unidos. Este tema que muchas veces se hacía dificilísimo de plantear, que generaba grandes controversias, es planteado por Batlle logrando desde grandes apoyos a -por lo menos- la neutralidad en materia de polémica. Incluso, en un país que tiene lazos tan fuertes con Europa, los formidables ataques a Europa que hace muy poco tiempo generaban polémica hoy no la generan.

Hemos visto que Batlle ha tenido un espacio importante de contar con tolerancias de opinión con respecto a temas que en otros momentos generaban polémica. En gran medida lo logró a través de un sinnúmero de gestos: los desaparecidos, la Universidad, la línea abierta con Tabaré Vázquez, la designación de Gonzalo González (sacar al decano de una facultad para llevarlo por su capacidad técnica como ministro sin que tuvieran nada que ver los elementos políticos). Y también, incluso, todas las señales y mensajes que ha dado a los productores.

El resultado se ve en la opinión pública. Lo medimos cuantitativamente, y por también la sensación térmica es clara: se percibe un apoyo formidable como rara vez ha tenido un presidente de la República en Uruguay al iniciar su mandato, por lo menos en los últimos tiempos.

Sobre todo, recordemos lo que era Batlle hace cinco años: era la segunda figura en cuanto a nivel de rechazo entre las figuras de nivel presidencial en Uruguay. Tuvo una votación de nivel similar a la de Millor, una figura de menor porte en el Partido Colorado. Millor obtuvo dos bancas en el senqado y Batlle una sola. Cinco años después aparece un Batlle revalorizado a un nivel de potencia que no ha tenido ningún otro presidente al iniciar su período, por lo menos desde la restauración democrática. Batlle utilizó eficazmente la transición para generar un formidable espacio y apoyatura política desde instituciones intermedias de poder, como pueden ser la Iglesia o la Universidad, y de la opinión pública. Con esto ha ganado un gran capital: el tiempo, para moverse en el poder. Y además ha ganado tolerancia para poder impulsar sus propias políticas, que son políticas fuertes, que suponen un giro o una acentuación importante en relación con el gobierno anterior y, en parte, con los dos gobiernos anteriores. Esto quizás sea el producto de una transición que, si bien pareció lenta, fue aprovechada para ganar estos capitales que le dan un gran espacio en el inicio de la Presidencia.

Con este capital de tiempo y tolerancia Batlle se ha lanzado a abrir un importante número de frentes de combate, algunos muy explícitos y otros solapados. Unos son políticos, otros sociales, unos masivos y otros referidos a sectores puntuales de intereses. Vamos a señalar algunos.

Por un lado está la relación de Batlle con el Foro Batllista, con el que tiene un juego interesante, doble, con señales muy fuertes hacia Julio María Sanguinetti (en la propia transmisión de mando en en el Edificio Independencia de Casa de Gobierno; en Chile, diciendo que no hay dos sin tres, que necesitamos a Sanguinetti y su obra) pero por otro lado ha habido fuertes ataques a figuras o lugares donde el Foro ha tenido una presencia importante. Por ejemplo, los ataques en materia de Salud Pública a través del nuevo ministro Fernández Ameglio, y los ataques en el área de Turismo con acusaciones de despilfarro y anuncios como que el nuevo ministro de Turismo revisará la calificación hotelera, que llamó la atención porque había sido anunciado por el propio ministro saliente antes de dejar el cargo. El mnistro saliente annció que se llammó a expertos de la Organización Mundial de Turismo para que verificara la calificación hotelera hecha por el Ministerio.

Todo esto ha aparecido como una serie de ataques a buena parte de la segunda línea del Foro, mientras se dan señales positivas hacia Julio María Sanguinetti. Estos juegos han provocado la necesidad de reuniones, de apaciguamientos, sobre todo entre el ministro de Salud Pública y operadores políticos importantes del Foro Batllista.

Por otro lado se viene dando un juego importante de fricciones que no sabemos si es con el Partido Nacional en su totalidad o más exactamente con el Herrerismo y con Lacalle. El último caso fue la irritación de Lacalle cuando el presidente anunció en el exterior que su sucesor sería el ex presidente Sanguinetti. Ya ha habido fricciones en muchas áreas, incluyendo las que parecerían algunas molestias de parte del Herrerismo al enterarse por la prensa de la postergación de determinadas cosas que aparecerían en el acuerdo del mes de noviembre, cuando se conformó el apoyo del Partido Nacional a Batlle.

También hay un combate a punto de desatarse en relación a la distribución del Fondo Nacional de Recursos, a las formas de pago de determinados actos médicos de alta especialización (caso de cirujanos y anestesistas) que revive el fantasma del conflicto de hace ocho años.

Por otro lado -en sentido absolutamente opuesto, ya que aquél se trataría de grandes partidas concentradas en pocas manos- está la posibilidad de un aumento cero para el funcionariado público en general a lo largo del año 2000 y para el funcionario de Salud Pública en particular. Pero además el aumento cero en la enseñanza, que se preveía que, junto con Policía y Fuerzas Armadas, fuera uno de los sectores que tuviesen alguna contemplación, como aparecía explícitamente en el acuerdo Partido Colorado-Partido Nacional.

Otro frente es el recorte de gastos del Estado, que sin ninguna duda tiene bastante nerviosos e inquietos a los proveedores del Estado, particularmente a los grandes proveedores, algunos de los cuales dependen casi íntegramente de las compras del Estado. Por otro lado, el recorte de inversiones genera preocupación en la medida en que éstas son muchas veces multiplicadoras de mano de obra y empleo.

Los frentes son muchos, difíciles y lo pueden desgastar; los puede encarar rápidamente en la medida en que tiene el gran capital que mencionábamos detrás. Habrá que ver cómo va administrando estos frentes, cómo gasta su capital, cuánto capital tiene para poder llevar adelante exitosamente los distintos combates.

Hay algunas dificultades agregadas: por ejemplo, no se ha completado el acuerdo político para la integración del Banco República, hay cierta lentitud en el trámite de la ley de urgencia, que se esperaba que ni bien asumiera el gobierno fuera enviada al Parlamento y todo indica que el mensaje será enviado recién a los veinte días de la asunción del presidente Batlle.

Finalmente, me quiero referir a dos temas: por un lado, a la relación entre Batlle y el Frente Amplio, que daría lugar a todo un análisis en sí mismo. Y, por otro, a un efecto de esa relación, que indudablemente es de un nivel de diálogo, de una "luna de miel", como sólo se había visto entre el Frente Amplio y el presidente de la República en el momento de la transición del régimen de facto al régimen institucional, en 1984-1985. Ni siquiera se había dado en el resto de la primera administración Sanguinetti.

En este momento nos interesa marcar el tema elecciones municipales. Este clima de no confrontación que ha logrado Batlle, este clima de diálogo, de que en el país hay muchísimas dificultades pero que política y socialmente todo se está administrando bien, sin ningún tipo de tensiones o crispaciones, está jugando en la definición -por lo menos por ahora- de un tema crucial en las elecciones municipales. Siempre queda la duda de cuánto las elecciones municipales van a jugar como elecciones nacionales, en el sentido de que todos los temas que dividen a los uruguayos, que simbolizan a los partidos, se terminan expresando en el voto a favor de un partido u otro. O cuánto se municipalizan, aquello de "yo voto a Fulano porque me parece que va a ser un buen intendente, ya hizo una buena Intendencia y lo quiero reelegir", o "voto a Fulano porque va a cambiar la Intendencia". Hasta ahora, con esta política, Batlle ha logrado una cosa interesante: la no confrontación. Este clima rosado que se vive en el panorama nacional ha logrado desnacionalizar, municipalizar o departamentalizar las elecciones municipales. Este es un dato importante.

El hecho de que las elecciones municipales se municipalicen, que estén centradas en temas departamentales, que se mire el voto a favor o en contra de candidatos exclusivamente departamentales, está favoreciendo en general en el interior a los partidos tradicionales que tienen figuras con más antecedentes en gobiernos departamentales en detrimento de un Frente Amplio con menos figuras -según la opinión pública- para la disputa de las intendencias. Por el mismo fenómeno de municipalización y desnacionalización, en Montevideo se da exactamente el efecto inverso: este hecho favorece claramente al Frente Amplio. En términos de captación de áreas de poder, de ganar o perder intendencias, este clima está ayudando sin duda a los partidos tradicionales; en algunos departamentos al Partido Colorado y en otros al Partido Nacional.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 17- 2000