La transición de gobierno en medio de un fuerte cambio de sistema político
Oscar A.Bottinelli

La transición de gobierno, la formación del nuevo gobierno que presidirá el doctor Jorge Batlle, presenta complejidades sustancialmente mayores a la formación de los tres gobiernos anteriores, los dos de Sanguinetti y el de Luis Alberto Lacalle. Complejidades que han llevado a que todavía, a un mes de la asunción del nuevo presidente, no esté clara la conformación política del gabinete, ni tampoco netamente definido el rol del partido perdedor en el balotaje, el Frente Amplio; al menos en cuanto al grado de oposición.

El tema es muy complejo y seguramente amerita una serie de análisis. Tenemos por un lado la posición y la situación interna del coloradismo, la posición del Partido Nacional y -vinculada con ello- su situación interna, la del Frente Amplio y su situación interna, las relaciones entre colorados y blancos y entre colorados y frenteamplistas, y globalmente la adaptación a un nuevo sistema político.

El cambio en el sistema político tiene dos aspectos. Uno es el cambio institucional: el balotaje, la nueva forma de elección del Presidente, que da todo un tinte distinto a la formación del gobierno. Y el segundo es el cambio en el posicionamiento de los actores políticos, que ha sido el tripartidismo por un lado, y por otro el desplazamiento de los dos partidos tradicionales del primer lugar, lo que da una nueva geografía política muy original en la historia del Uruguay.

Comencemos por el cambio institucional. Lo primero que hay que ver es que en 1984 ganó el Partido Colorado, y el presidente electo fue Julio María Sanguinetti, con las solas fuerzas del Partido Colorado, derrotando al Partido Nacional con la candidatura principal de Alberto Zumarán. En 1989 gana el Partido Nacional, obteniendo la Presidencia para Luis Alberto Lacalle, y queda segundo el Partido Colorado. En 1994 vuelve a ganar el Partido Colorado con Julio María Sanguinetti. La diferencia con la elección de 1999 es muy fuerte: en este último comicio no ganó el Partido Colorado ni el Partido Nacional, sino que en octubre ganó el Encuentro Progresista - Frente Amplio, y salió primero a una distancia bastante considerable de obtener la Presidencia de la República con las nuevas reglas, que requieren superar la mitad de los votos. Por lo tanto se pasa al balotaje, que en el Uruguay es una creación jurídica de la reforma constitucional plebiscitada en diciembre de 1996, y se aplica por primera vez en noviembre pasado. La definición de la Presidencia, entonces, se hace en este balotaje en que compiten Jorge Batlle y Tabaré Vázquez. El Partido Colorado y el Partido Nacional celebran un acuerdo en la segunda semana de noviembre, tras el cual (con el apoyo del Partido Colorado y el Partido Nacional, sustancialmente; también de la Unión Cívica) Batlle derrota a Vázquez.

Pero estamos en una situación muy diferente. En 1984, 1989 y 1994, el presidente electo busca conformar una coalición para lograr mayorías parlamentarias. Sobre todo en 1984, más que nada para obtener gobernabilidad: en 1989 y 1994 fue claramente para tener mayorías parlamentarias sólidas, para conformar distintas modalidades de coaliciones de gobierno. En cambio, en 1999, el acuerdo fue primero para ganar, y ahora viene una segunda fase para gobernar. Una segunda fase que ya tuvo una primera, y la existencia de esa primera fase está introduciendo un cambio muy fuerte.

Hemos visto en la discusión política de estas semanas, desde la elección a hoy, que se habla mucho de que en el gobierno anterior o en el otro "tal partido le dio", o "tal reclamó", o "no dio", comparando situaciones que son sustancialmente diferentes. Estamos viendo que por un lado hay un nuevo sistema político desde este ángulo, el institucional, con un cambio muy fuerte en las reglas de juego, y por otro los actores políticos actúan mezclando la lógica del viejo sistema con la lógica del nuevo. Por un lado reclaman el cumplimiento de acuerdos, y por otro lado se posicionan -a veces unos, otras veces otros, después veremos cuándo unos y cuándo otros- razonando de acuerdo a la lógica del viejo sistema.

Este es uno de los primeros temas que empieza a buscar explicaciones a esta transición tan compleja hacia la Presidencia que va a asumir Batlle exactamente dentro de un mes.

Importa ver, entonces, que no hubo un solo cambio, el institucional, el balotaje, sino un cambio producto de los comportamientos electorales. Un cambio que se fue haciendo muy lentamente pero, como pasa siempre, en un momento decanta y uno se encuentra con que la realidad es completamente diferente.

Hace treinta años, los partidos tradicionales sumados representaban el 90 por ciento del electorado, cifra que mantuvieron invariable prácticamente a lo largo del siglo. Pero en 1984 fueron el 75 por ciento; en 1989 sumaron casi el 70 por ciento, y en 1994 el 63 por ciento. Aún así, después de la reinstitucionalización democrática, la suma de los dos partidos tradicionales iba de las tres cuartas partes a casi los dos tercios. Hoy suman el 55 por ciento de la representación ciudadana y parlamentaria, lo que implica muy poco más de la mitad, y que por lo tanto queda fuera de esa suma muy cerca de la mitad de la ciudadanía. Ese es un primer cambio en la geografía política, no menor.

El segundo es que, luego que se fue avanzando hacia un sistema de tres partidos (a veces se hablaba de dos partidos y medio, de dos grandes y uno más chico), en 1994 se llega a la tripartidización perfecta, tres partidos con casi exactamente el mismo porcentaje de votos y de parlamentarios, pero lo que se mantenía invariable como a lo largo de todo el siglo era que el primero y el segundo lugar eran ocupados por el Partido Colorado y el Partido Nacional (normalmente, el primer lugar para los colorados y el segundo para los blancos). Pero también aquí hay un cambio radical en la geografía política: ya en las internas de abril el Partido Nacional sale tercero y el Encuentro Progresista - Frente Amplio segundo. Y en octubre se produce el cambio formidable cuando el Encuentro Progresista - Frente Amplio resulta primero y el Partido Colorado queda segundo.

Tenemos entonces que los dos partidos tradicionales sumados son muy poquito más de la mayoría, ya no son esos dos tercios que los hacían representantes de una muy buena parte del país, sino que sumados representan muy poco más que la mitad, y además que son el segundo y el tercer partido unidos, ya no el primero más el segundo, lo cual cambia muy fuertemente la forma de concebir todo el juego político. Por eso también hay que tener mucho cuidado cuando se establece parangones con los gobiernos anteriores, porque en los gobiernos anteriores la Presidencia de la República la tenía el primer partido y el que negociaba era el segundo. El resultado del acuerdo les daba un piso que estaba muy cerca de los dos tercios o lo superaba, o como en 1984 llegaba a los tres cuartos de la representación parlamentaria. Hoy, repito, el acuerdo del segundo y el tercero apenas da una escasa mayoría parlamentaria.

Toda esta nueva geografía crea una situación en la que ha cambiado sustancialmente el papel del tercer partido, o el segundo partido tradicional. Mientras en 1984 o aún en 1994 para el Partido Nacional, o en 1989 para el Partido Colorado, el segundo partido tradicional era a la vez el segundo partido del país, y estaba siempre delante del Frente Amplio. Por lo tanto, en tren de quién era gobierno y quién era oposición, ese segundo partido podía ubicarse con relativa comodidad en cualquiera de las dos posiciones. En cambio hoy el Encuentro Progresista - Frente Amplio ha quedado muy fuertemente (mucho más en su calidad de primer partido) como el partido de oposición. Es el partido que representa al 40 país del país, y que está enfrente de Batlle; además, el balotaje marcó la oposición Batlle - Vázquez.

El segundo partido tradicional, entonces (ahora hablamos del Partido Nacional, pero el esquema puede verse en abstracto), tiene una situación muy difícil porque cogobernar le supone un costo grande, y el partido tiene una visión muy crítica sobre los costos que pagó durante el gobierno anterior. Y por otro lado, no participar del gobierno también le crea el dilema sobre si realmente obtendrá réditos, o si al no quedar fuertemente comprometido con él está obstaculizando al gobierno del Partido Colorado y dejándole el campo libre al Encuentro Progresista - Frente Amplio.

Para el Partido Nacional no es fácil ninguna de las situaciones. No es fácil estar fuera del gobierno, no es fácil estar en la oposición; no le es fácil estar fuera del gobierno pero colaborando, no le es fácil estar dentro del gobierno.

Resumiendo, estamos en presencia de un cambio político formidable: del papel de los partidos -producto de los comportamientos del electorado- y del papel de los partidos en la forma de elegir al Presidente de la República, y por lo tanto del papel de la representación política que tiene el Presidente. Este cambio formidable es lo que puede explicar que la transición de un sistema a otro sea muy compleja, y no es fácil a los dirigentes políticos adaptarse de las conductas de un sistema -con los partidos en lugares determinados y con el Presidente electo de una forma determinada- a uno completamente distinto.

En sucesivos análisis tomaremos cada punto por separado.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
f ebrero 1°- 2000