El balance político del año en los países del Mercosur
Argentina, Brasil, Chile, Paraguay
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

 OSCAR A. BOTTINELLI
La semana que viene vamos a hacer un análisis del Uruguay, del año y de este último lustro del siglo, del gobierno que prácticamente concluye ahora, aunque concluye formalmente el 28 de febrero.

Ahora centrémonos en el Mercosur. Si lo extendemos unos meses más y lo llevamos a octubre del 98, fue un año electoral o políticamente muy agitado, porque algunas agitaciones no pasaron por las urnas.

EMILIANO COTELO
Hubo elecciones en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, y en Paraguay hubo cambio de gobierno, aunque sin elecciones.Empecemos por Brasil.

BRASIL

OAB - Aunque el cambio fue hace 15 meses, los efectos los tuvimos al comenzar este año. El año 99 se inaugura con Fernando Henrique Cardoso estrenando su reelección con una devaluación del real que sacudió a Brasil, al Mercosur y a Uruguay.

EC - Lo que muchos temían que ocurriera, que una vez triunfante en las elecciones, una vez instalado en la reelección, se tomara esas medidas económicas que estaban pendientes y eran casi obligadas.

OAB - Hubo un falso optimismo, porque Fernando Henrique Cardoso aguantó prácticamente dos meses. Se esperaba casi que al asumir con una mano jurara y con la otra devaluara. Cuando fueron pasando los días se creó un optimismo que duró hasta mediados de enero, cuando se produjo finalmente una devaluación fuerte del real.

Yendo al análisis político, lo importante es que Brasil inaugura una reelección: no tenía reelección presidencial, se hizo una reforma constitucional exactamente como en Argentina desde el punto de vista de los pasos políticos, validando la reelección de quien en ese momento ocupaba la titularidad de la Presidencia de la República, en este momento el habitante del Palacio de Alborada, con la diferencia de que no contó con una oposición muy bien organizada. (Luiz Inácio Da Silva) "Lula" fue a su tercer intento. Un dato no menor es que "Lula" casi gana la Presidencia de la República, quedó ahí en la elección con (Fernando) Color de Mello, 52-48, incluso creo que tomando los decimales la diferencia fue de menos de cuatro puntos. Con la primera de Fernando Henrique Cardoso está apenas por encima del 40% y, con la reelección de Fernando Henrique Cardoso, "Lula" apenas está por encima del 30%. Esto determinó que el estar en las puertas del gobierno no asegurara ganar en las siguientes; se puede ganar o perder, y "Lula" quedó cada vez más lejos.

Pero se abrió un nuevo frente opositor del ex presidente Itamar Franco, el que llevó al Ministerio de Economía a Fernando Henrique Cardoso, que empezó a armar un entretejido de centro a centro-izquierda opositor a Fernando Henrique Cardoso, que no cuajó a lo largo del año. Se esperaba que el año 99 diera a luz un nuevo proyecto político armado en Brasil. Y si bien ha habido pasos en este sentido, todavía sigue sin haber una buena articulación de una oposición fuerte que termine siendo una clara alternativa a Fernando Henrique Cardoso. Por otro lado, Cardoso ya está anunciando el continuismo en su política, prácticamente termina el año con el anuncio de que él va a marcar el sucesor y a jugar todo el peso político suyo y del gobierno para lograr la continuidad de su política.

Importa que Cardoso por un lado se inscribe en las líneas de reforma que más o menos ha hecho Uruguay, quizás un poco más tímidamente. Brasil es el país que ha hecho menos reformas del Estado, bastante diferentes de Argentina y Chile, que además las hicieron cada uno en épocas distintas. Se inscribe en la socialdemocracia internacional. Fernando Henrique Cardoso participa en la última Internacional Socialista, a la que van Fernando de la Rúa, Ricardo Lagos, Reinaldo Gargano, pero participa además en una minicumbre en Roma a la que asisten los máximos exponentes de la socialdemocracia, donde están Gerard Schröder, Tony Blair, Lionel Jospin, de Alemania, Reino Unido y Francia respectivamente, Massimo d'Alema, el anfitrión, el renunciante y redesignado presidente del Consejo de Italia, y Fernando Henrique Cardoso como el máximo exponente de la socialdemocracia latinoamericana.

Brasil quizás no produce grandes cambios, salvo que está viviendo una situación interna muy dura -otro análisis sería todo el tema del Mercosur, político y económico-, pero que aparte de vivir todo el tema de la reforma del Estado está viviendo un sistema político no fácilmente soluble y no del todo resuelto entre un gobierno federal que necesita poderes importantes para poder conducir globalmente al país y el juego de poderes feudales de los gobernadores estaduales. Brasil mantuvo el federalismo siempre muy fuerte, aún bajo regímenes militares. Este federalismo crea tensiones políticas muy fuertes. Itamar Franco está creándole permanentemente problemas desde la gobernación de Minas Gerais, junto con otras gobernaciones que normalmente forman coaliciones y alianzas que desestabilizan la labor del gobierno central.

EC - Recordemos que la devaluación del real tiene entre sus causas principales la decisión del gobierno de Minas Gerais de no pagar su deuda. Una decisión en principio limitada a un Estado termina repercutiendo de manera fortísima en el conjunto de la imagen de Brasil desde el punto de vista económico y financiero.

OAB - Exactamente. Acompañado inmediatamente por una serie de estados fuertes. Una cosa es la deuda del Estado federal brasileño y otra son las deudas de los estados de Brasil, cada uno de los cuales tiene su sistema impositivo, su endeudamiento, sus poderes. Esto es una de las tensiones políticas más difíciles de resolver en el gobierno brasileño, acompañado de otros temas. Brasil sigue sin construir un sólido sistema de partidos.

EC - ¿Lo construirá alguna vez?

OAB - Lo tuvo. A fines de los años 40 y hasta el golpe de Estado del 31 de marzo del 64 esa trilogía, dos de los cuales eran herederos de Getulio Vargas, el Partido Socialista Democrático Brasileiro y el Partido Trabalhista, junto con el opositor UDN, habían constituido un sistema relativamente sólido, que estuvo casi dos décadas en el país. Después prácticamente no ha habido nuevos sistemas sólidos. El PMDB, que fue un partido importante durante largo tiempo y fue el que condujo la transición brasileña, prácticamente ha desaparecido. El PT aparece como el único partido realmente estructurado a escala nacional, con situaciones altamente conflictivas. Las bancadas parlamentarias hay que contarlas todos los meses, porque el período de pases es mucho más fluido que el de la Asociación Uruguaya de Fútbol.

EC - Por eso te preguntaba si esto ya no está quedando como una característica consolidada de la política brasileña.

OAB - Es muy difícil pensar en un país que se modernice, se consolide, resuelva problemas de federalismo y gobierno de Estados federales y del Estado central sin un sistema de partidos más o menos sólido que pueda respaldar y planear por encima de esto. Puede decirse que Estados Unidos no tiene un sistema de partidos sólido, lo cual también es verdad. No son partidos con estructuraciones sólidas, son más bien partidos "light", confederaciones de poderes estaduales, distritales, de candidaturas. El sistema electoral y la praxis política llevan a que los congresistas norteamericanos se den cada uno a los intereses distritales y regionales más que a los intereses partidarios. Quizás Estados Unidos está a mitad de camino entre un sistema como el de Brasil y sistemas como el europeo o el uruguayo, argentino o chileno, que son sistemas de partidos fuertes y estables.

ARGENTINA

EC - Vamos ahora a la Argentina.

OAB - La elección argentina fue muy importante desde varios puntos de vista. Primero, porque era la primera vez que existía la posibilidad de bajo un gobierno peronista una elección en que el peronismo fuera derrotado en las urnas y triunfara una opción radical. Esto nunca había ocurrido en la historia argentina en elecciones competitivas, sin proscripciones. Nunca había ocurrido porque fueron pocas las elecciones con estas características, pero ocurrió.

La segunda es que habilitó la primera transferencia normal del poder desde 1928, porque la anterior había sido cuando (Raúl) Alfonsín le transmitió el mando a (Carlos) Menem. Fue la primera normal, porque recordemos que Alfonsín le transmitió el mando a Menem seis meses antes, (Menem estuvo diez años y medio -dos períodos y seis meses- en la Presidencia), hubo una especie de colapso institucional.

EC - Después estuvo el traspaso de Menem a sí mismo.

OAB - Estamos hablando de traspaso de poder, no de cambiarse la banda de un hombro al otro. Con Menem hubo una reasunción del mando producto de la reelección, producto a su vez de la reforma constitucional, del pacto Menem-Alfonsín.

Fue el fin de una "era Menem", pero con algunas características muy singulares. La primera es que el Radicalismo triunfa, pero no por sí solo: triunfa en una alianza, en una coalición electoral con todo un bloque de centro-izquierda que es el Frepaso, el Frente País Solidario, que llevó a la Vicepresidencia a Carlos "Chacho" Alvarez. Y que había llevado como precandidata presidencial en la disputa con Fernando de la Rúa en la interna de la Alianza a Graciela Fernández Meijide, a quien postuló sin éxito a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires.

Lo importante es que el Radicalismo gana, pero no solo. Hasta ahora nunca por sí sola la Unión Cívica Radical logró desbancar al Peronismo del gobierno. Logró ganarle una elección -la de Alfonsín a Italo Argentino Lúder- en 1983, cuando ambos estaban fuera del gobierno, ya que había un gobierno militar.

En segundo lugar, no estuvo en cuestionamiento el centro de la política económica simbolizada en la Ley de Convertibilidad -un peso un dólar-, con lo que esto suponía: estabilidad fiscal, estabilidad cambiaria, la ley que establece un límite al déficit fiscal por ley en relación al Producto Bruto Interno. Eso no estuvo en cuestionamiento, por lo tanto la discusión es desde el punto de vista del despilfarro del gobierno, las acusaciones de despilfarro, de falta de ética de Menem o su equipo, todo lo que se simbolizó en aquella expresión de "pizza con champagne" y la frase de De la Rúa en la campaña: "Acá hay una gran fiesta a la cual no han sido invitados los argentinos".

Por otro lado, en cuanto a las políticas sociales y los efectos sociales de la política económica, la Alianza se presentaba como una fuerza capaz de llevar adelante políticas sociales que corrigieran los efectos de la reforma del Estado. Era la misma línea de campaña que hizo el sucesor de Menem, Eduardo Duhalde, pero quizás lo único que acá se jugó fue la credibilidad de quién podía llevar adelante una política social y quién no. No es que hubiera una contraposición del modelo; ambos apuntaron a lo mismo. Quizás hubo una contraposición más de credibilidades o de fortalezas en cuanto a las candidaturas.

Seguramente, lo que hubo en Argentina fue una especie de hartazgo de ese estilo brillante, chisporroteante, del período Menem, de esa pizza con champagne. Esto, ligado a una serie de problemas sociales fuertes, estaba generando una muy fuerte crispación en la sociedad argentina.

Otro dato significativo es que el Peronismo sigue siendo una fuerza política de un poder impresionante en la República Argentina, porque desgastado por 10 años de gobierno en que se hizo las más profundas transformaciones del Estado argentino y de la economía argentina, con acusaciones muy fuertes desde el punto de vista ético contra todo el elenco de gobierno, conserva las principales provincias y gana algunas que no tenía, como la de Córdoba, que estaba en manos del Radicalismo.

En medio de la caída del Justicialismo y la pérdida del gobierno nacional, siendo el candidato presidencial el gobernador de la Provincia de Buenos Aires y perdiendo -como han perdido toda la vida las presidencias los gobernadores de la Provincia de Buenos Aires-, el candidato de Duhalde, el vicepresidente Menem gana a Graciela Fernández Meijide la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires. Gana unos meses antes Carlos Reutemann en Santa Fe; gana De la Sota la Gobernación de la provincia de Córdoba, uno de los enclaves históricamente más fuertes del Radicalismo, que se la arrebata al Justicialismo. De Córdoba salió el presidente Arturo Humberto Illia, que gobernó desde 1963 hasta el golpe de Estado de Onganía y fue la base de una de las grandes líneas históricas del Radicalismo, que es la línea del sabattinismo, con base en Córdoba. Las principales provincias argentinas están en manos del Justicialismo. Cuantitativamente, casi todas, más de los dos tercios de las provincias, están en manos justicialistas. Por lo tanto, es una derrota del Peronismo en un equilibrio político donde hay diferencias de políticas a aplicar de ahora en adelante, pero Argentina no tiene cuestionado en términos de dirigencias políticas el modelo económico que aplicó hasta ahora. Este es un dato muy fuerte de la realidad. Es una situación parecida a la de Chile, diferente a la de Uruguay, donde en la campaña electoral estuvo en cuestionamiento el modelo económico, y diferente a Brasil, porque en Brasil estuvo en cuestionamiento también un modelo económico, más allá de que es muy discutible cuál es el modelo económico brasileño.

No olvidemos que Argentina es un país federal, la Cámara de Diputados se elige según una representación proporcional imperfecta porque la proporcionalidad es provincia por provincia, pero que más o menos recoge en parte las proporcionalidades a nivel nacional. Por lo tanto hay mayoría de la Alianza en la Cámara de Diputados, en el sentido de que es la fuerza con mayor cantidad de diputados. Pero como en el Senado Federal hay tres senadores por provincia, el Justicialismo tiene mayoría en cuanto a los que gobiernan en la mayor cantidad de provincias.

Por lo tanto, es un gobierno que requiere un doble juego de negociación. Uno con los gobernadores justicialistas por el juego gobierno nacional-gobiernos provinciales, y un juego de negociación nacional y provincial Alianza-Justicialismo por la mayoría justicialista en el Senado, senadores que también responden a los gobernadores provinciales en la medida en que son senadores por provincia. Y con un Justicialismo con un juego muy complicado, porque viene ahora la post-presidencia de Menem, el post-menemismo.

Menem está en la Presidencia del Partido Justicialista, buscando restablecer todo su poder -sin duda Menem es de los más brillantes jugadores de poder, que sabe manejar los resortes del poder-, con la línea de Duhalde anclada en la provincia más fuerte argentina como la línea cuestionadora del poder interno de Menem. Y está la tercera vía, que encabeza Carlos Reutemann, en Santa Fe, con un grupo de gobernadores que tiene una línea de diálogo más fluida con la Alianza y de menor enfrentamiento, que pretende provocar una renovación fuerte en el Justicialismo que se podría expresar en el slogan "ni Menem ni Duhalde". Es decir, ni ese estilo de conducción de Menem ni tampoco el estilo político de Duhalde, que corresponde más a los viejos aparatos peronistas.

Reutemann es más bien un "outsider": todos sabemos que fue vicecampeón mundial de Fórmula 1, un hombre exitoso en las carreras automovilísticas y que tiene esa actitud de "outsider" de entrada y salida de la política y de una visión muy crítica de los actores políticos.

EC - Vamos a la intensidad de este año político.

OAB - Cuando Fernando Henrique Cardoso estaba siendo reelecto, en Uruguay estábamos en el envión de la campaña electoral para abril, y cuando Chile se apronta para el balotaje estamos en el envión de las elecciones municipales, sin haber parado nunca de tener elecciones o campañas electorales. En el Mercosur, Uruguay va de punta a punta en todo el cronograma electoral.

EC - Uruguay es el telón de fondo de todas las campañas electorales de los países de la región, y vamos a terminar mucho después.

CHILE

OAB - Vamos a terminar cuatro meses después que Chile.

EC - Vamos a dejar el caso de Uruguay para la semana próxima, en un comentario especial. Complementemos Chile y Paraguay.

OAB - Chile, igual que Argentina, plantea la primera situación de cambio fuerte desde la restauración institucional. Las historias argentina y chilena han sido muy distintas. Chile es un país con algunas situaciones de cierto "crick" institucional en su historia. Por ejemplo, el gobierno de González Videla a fines de los 40, otra situación institucional a comienzos de los 30 como la que tuvo Uruguay en los 30 o 40, en general una línea política bastante ininterrumpida de elecciones, de respeto a los resultados electorales, de funcionamiento político, de acatamiento de las Fuerzas Armadas al poder civil, hasta 1973. En ese sentido, también es bastante paralelo a Uruguay, más allá de que eran muy distintos los gobiernos en el momento del golpe de Estado. En Uruguay se promovió la interrupción institucional desde el Poder Ejecutivo, mientras que en Chile fue derrocando al Poder Ejecutivo, al presidente constitucional.

No olvidemos que Chile todavía está en transición. A diferencia del resto de la región Chile no culminó la transición. El andamiaje constitucional es producto de la Constitución de 1980 bajo el régimen de (Augusto) Pinochet, que fue aprobada en un plebiscito y que establece muchos condicionamientos al poder civil y al poder político. Entre otros, la existencia de senadores vitalicios, que sumados a senadores electivos le dan a la derecha una mayoría en el Senado que no corresponde al pronunciamiento electoral.

EC - Entre los senadores vitalicios está nada menos que el general Augusto Pinochet, pese a que ahora está detenido en Londres. En definitiva, es el titular de esa banca, y vaya si causó impacto el momento en el que pasó a retiro y efectivamente ingresó al Senado.

OAB - Creó un conflicto dentro de la Cámara de Senadores.
Chile está todavía en transición. También hay limitantes del Poder Ejecutivo, del poder civil en la designación de los mandos militares. No tiene el juego libre, normal, que tiene un presidente constitucional en otras partes del mundo.

La Concertación es un bloque político que gobierna Chile y comandó la oposición a Pinochet. Quizás acá conviene hacer un paralelo con Uruguay para ver las diferencias. Recuerdo que una vez un politólogo chileno, comparando las transiciones, decía que en Uruguay la oposición se dividió y que en Chile se mantuvo unida. Nosotros le hicimos la salvedad de que en Uruguay la oposición era todo el sistema político, por lo tanto concluido el período militar el sistema político pasó a funcionar con la normalidad de un sistema político donde uno está en el gobierno, otros en la oposición y otros en el medio. En cambio, en Chile la oposición era algo más del 50%, como tope el 60% del país, y el pinochetismo, o la derecha, o el apoyo al régimen militar, oscilaba en torno al 40%. Eso se mantiene hasta hoy, entonces la oposición -y ahora gobierno- es uno de los bloques políticos, no la totalidad del sistema político.

Este bloque político es la Concertación por la Democracia, que tiene como fuerzas centrales a la Democracia Cristiana por un lado y a las fuerzas socialistas reagrupadas, sobre todo el Partido Popular Democrático, el Partido Socialista Chileno y el Partido Radical Socialista Democrático. Esta Concertación por la Democracia, inicialmente se llamó Concertación por el No, y se formó por oponerse a la reelección de Pinochet mediante el plebiscito.

La Concertación ha llevado adelante una línea política que consistió en: primero, hacer encaminar la transición política en Chile del régimen militar a un régimen constitucional pleno, régimen democrático clásico. Segundo, mantener el modelo económico chileno. (En esto se parece a este cambio argentino. Chile había hecho una profunda reforma económica y del Estado, había potenciado la economía de mercado y desarticulado al Estado como agente económico de la manera más fuerte que se hizo en la región, quizás parangonable al cambio de Gran Bretaña). La Concertación toma eso y trata de evitar que desaparezcan los efectos positivos para la economía que había generado esta reforma, pero a su vez se encuentra con el déficit social generado por estas reformas y trata de articular el mantenimiento de un modelo económico con un Estado que intervenga más activamente en la búsqueda de soluciones sociales. Esto ha sido el triple desafío de la Concertación. A su vez ha tenido un desafío interno: el de articular la alianza de partidos políticos que estuvieron enfrentados previo al año 73, como fueron la Democracia Cristiana, sobre todo el cerno de la Democracia Cristiana, que presidía en aquel entonces Patricio Ailwyn, con los grupos socialistas que habían integrado la Unidad Popular y habían llevado a Allende, del Partido Socialista, a la Presidencia de la República.

EC - Los dos presidentes que tuvo Chile desde el final de la dictadura, los dos pertenecientes a la Concertación, fueron democristianos.

OAB - El primero fue Patricio Ailwyn, presidente de la Democracia Cristiana en la época del golpe de Estado. El segundo fue Eduardo Frei, hijo del líder de la Democracia Cristiana en el momento del golpe de Estado, el ex presidente Eduardo Frei Montalba.

EC - La gran novedad de esta elección 1999 es que luego de un comicio interno en esa Concertación el candidato presidencial fue un socialista.

OAB - Exacto, un socialista muy moderado, que no integra el propio Partido Socialista sino el Partido Popular Democrático, integrante de la Internacional Socialista junto con el Partido Radical que dirige Anselmo Sulle, un ciudadano uruguayo; en el año 85 la Asamblea General le otorgó la distinción de considerarlo ciudadano uruguayo. Ambos integran la Internacional Socialista, Anselmo Sulle y el partido de Lagos.

La Concertación va a elecciones internas, Lagos le gana a Andrés Saldívar, el candidato de la Democracia Cristiana, y de alguna manera se pone en riesgo la situación de la Concertación. No porque haya habido dudas de lealtad política; sin ninguna duda la Democracia Cristiana jugó todo el peso a favor de la candidatura de Lagos porque lo que está en juego no es la candidatura de Lagos, sino el gobierno de la Concertación, la Democracia Cristiana juega sus propias posibilidades de poder. Pero en el votante común y suelto de la Democracia Cristiana hay mucha disconformidad con el gobierno; éste ha sido un año muy duro en Chile, como lo ha sido en general en toda la región. Hay cierto desgaste de la Concertación, producto de expectativas que generó la llegada al gobierno y los logros que obtuvo. Acá hay juicios muy diversos, pero en general se puede decir que hay coincidencia en que los logros son menores que las expectativas. Hay quien lo justifica y quien se siente defraudado. Problema de logros y problema de desgaste y de un votante democratacristiano moderado, más bien conservador, que se encuentra con un socialista de candidato. La palabra socialista para muchos elementos de la sociedad chilena es recuerdo de fantasmas del pasado, puede estar pedaleando el tema de la Unidad Popular y del gobierno de Allende. Esto es la potencialidad de fuga hacia la derecha.

Por otro lado está la derecha, que si bien fue muy fuerte se ha ido debilitando. En primer lugar, porque nunca logró presentarse unida después de la candidatura de Hernán Büchi, Renovación Nacional, que es un grupo de vieja tradición política y la UDI, la Unión Democrática Independiente, que es más una mezcla de pinochetismo hueco, post-pinochetismo con tecnocracia, con una concepción política diferente. No lograron articularse mucho hasta este momento en que se juntan con un personaje muy singular como es Joaquín Lavín, un hombre joven, un técnico valorado, de gran captación popular, que fue un gran alcalde, gobernador comunal de Lasconde, la comuna más rica de todo Chile. Pero además con un lenguaje y un discurso que me hizo acordar mucho a (José) Aznar cuando decía: "Somos la generación que no tuvo nada que ver con el Franquismo y la lucha contra el Franquismo, somos la nueva España que supera el pasado".

Lavín se ha presentado como diciendo "señores, ese problema es de ustedes, los de la generación anterior", más allá de que Lavín tuvo una colaboración muy marginal por edad en el gobierno de Pinochet, sobre todo bastante cerca de Hernán Büchi, pero se presenta como la nueva generación, el nuevo chile. Pinochet, la Concertación, todo eso es el pasado. Un discurso apostando al siglo XXI, por edad tratando de desvincularse. En Chile el electorado joven -es una diferencia muy fuerte con Uruguay-, incluso el sector joven a nivel empresario es muy fuerte, el electorado joven es fuerte cuantitativamente, el empresariado joven de 30 y pocos años es muy fuerte cualitativamente, por lo tanto un candidato joven que apueste a la juventud está apostando a sectores cuantitativamente importantes y dinámicos de la sociedad chilena.

EC - La elección termina en un empate.

OAB - Termina en un virtual empate que significó la mejor votación que tuvo la derecha chilena, incluyendo el plebiscito de Pinochet, que había sido la más fuerte que había tenido, y termina además con la peor votación de la Concertación desde entonces. La inauguración del balotaje estaba prevista constitucionalmente; deja muy fuertes incertidumbres sobre su resultado. Se va a hacer el 16 de enero. Se ha interrumpido una cantidad de viajes turísticos, Chile tiene una continuidad de su actividad normal económica, política y empresaria hasta el 16 de enero. Ahí está en juego una elección muy importante desde quienes consideran que esto puede ser un cambio muy fuerte a quienes consideran que en definitiva va a ser una renovación de hombres. Así como la Concertación no cambió mucho el modelo económico, Lavín tampoco va a cambiar mucho las políticas sociales que está llevando adelante la Concertación. Hay quienes dicen que están en juego dos modelos radicalmente distintos, que viene un nuevo impulso de la economía de mercado, del poder económico, va a haber otra vez problemas para sectores sociales, no va a haber la reforma laboral que Concertación estaba impulsando. Por aquí viene la gran incógnita de la última elección presidencial de la región.

EC - Parecería que el protagonismo lo van a tener los votantes democristianos.

OAB - Es una mezcla de votantes democristianos, de partidos menores y gente inscripta que no votó, que fue alrededor del 10%, 800.000 votantes que se inscribieron para esta elección y no votaron. Estuvieron muy cerca de votar -por algo se inscribieron-, pero no votaron. Ahí puede estar la clave de la elección, entre los democristianos, los partidos menores y, sobre todo, estas 800.000 personas que se abstuvieron el 13 de diciembre.

PARAGUAY

EC - Cerramos con Paraguay.

OAB - El análisis de Paraguay correspondería a otro ángulo, por lo tanto no a un análisis político-electoral. Y esto porque se produce un cambio de gobierno producto de una situación de un país que está haciendo una transición a la democracia y está muy lejos de ella. Producto de elecciones con proscripciones, mediante juicios militares, por otro lado asesinatos políticos, por otro destitución del presidente por el Congreso, tenemos una serie de cambios políticos que en general no corresponden a las reglas clásicas políticas y que en las últimas definiciones no han pasado por los terrenos electorales. Hay cambios fuertes que son el producto de un país que está en tensiones de transición hacia la democracia.

EC - Si uno mira hacia delante, el futuro sigue cargado de incertidumbre. El "fantasma" de Lino César Oviedo sigue sobrevolando, escondido no se sabe dónde

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 23 - 1999