Chile al borde del primer relevo democrático
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO: El domingo tuvo lugar en Chile la que parecía ser la última de las tres elecciones presidenciales del Cono Sur, o del Mercosur ampliado. Pero a diferencia de Argentina, y al igual que en Uruguay, contra los pronósticos efectuados en las semanas previas, terminó en un virtual empate entre el oficialista Ricardo Lagos y el opositor de derecha Joaquín Lavín que quedaron prácticamente en la misma posición, por encima del 47% de los sufragios, un empate que determina la realización de una segunda vuelta definitoria el 16 de enero y la posibilidad del primer relevo de partidos en el poder, de la era post-Pinochet.

Por eso, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone para su análisis político de hoy, "Chile al borde del primer relevo democrático". Y podemos empezar explicando en primer lugar el sistema electoral chileno.

OSCAR A BOTTINELLI: La elección de ayer, tercera presidencial de la era post-Pinochet, tuvo algunas características parecidas a la nuestra del 28 de noviembre: se eligió para Presidente de la República (ningún otro cargo), y se definía por mayoría absoluta de votos válidos. Esa es una diferencia con nuestra primera vuelta de octubre (porque el 31 de octubre en Uruguay se necesitaba tener más de la mitad de los votantes: en Chile, en cambio, los votos blancos y anulados no se tomaban en cuenta y por lo tanto era más fácil ganar en la primera vuelta). No lo logró ninguno, y habrá una segunda vuelta cinco semanas después (en Uruguay son cuatro), el 16 de enero, entre los dos candidatos más votados.

Otra diferencia desde el punto de vista político es que se trató de una elección polarizada entre dos grandes candidatos (tú decías que ambos pasaron el 47% de los votos; por lo tanto, no era tan complicado ganar en la primera vuelta), y luego candidatos "alternativos", como les llaman en Chile, que en conjunto sumaron sólo el 4,5%. Por lo tanto, el escenario político es claramente diferente al uruguayo.

Algo que llamó la atención el domingo, para quienes vieron la transmisión directa de la Televisión Nacional de Chile…

EC - …por ejemplo, la ausencia de encuestas en boca de urna.

OAB - Tenemos la percepción (en realidad no hemos confirmado la información) de que una ley 18.000 y algo limita todo tipo de información durante el escrutinio a la que brinda el Ministerio del Interior. No hay siquiera pantallas, periodistas mirando los cómputos que van llegando, como ocurre acá, sino que en tres oportunidades, a lo largo de la noche, el subsecretario del Interior emite una aburridísima conferencia donde lee los datos de cada una de las 13 regiones de Chile y luego a nivel nacional, diciendo exactamente lo mismo, como una fórmula sacramental. Y fuera de eso no manejan ningún otro dato: sólo comparativos con la elección anterior, región por región, y otros más pequeños sobre comunas. La televisión sí transmite la apertura de los votos en las mesas. Pero no sólo no hubo encuestas a boca de urna ni otra información extraoficial de ningún tipo, sino tampoco proyección de escrutinios: pasadas varias horas de la elección estábamos como en el Uruguay de los años 60: los comandos de los dos candidatos atribuyéndose el triunfo, unos diciendo "Esperen que vengan los votos de las zonas rurales"; "Esperen que vengan los barrios pobres de Santiago, porque los que han dado hasta ahora son los de los barrios ricos"… Me llamó la atención que no sólo no hubo una proyección de escrutinios de las televisoras o de las radios (lo que posiblemente esté prohibido), sino que los partidos tampoco hacían ese trabajo, lo que les hubiera ahorrado anunciar victorias que no se dieron, por ejemplo, como los hicieron Andrés Zaldívar de la Democracia Cristiana y el jefe del comando de Lavín.

EC - Se limitaban a esperar la información oficial.

OAB - Tenían cómputos propios, pero eran la simple suma de escrutinios, sin hacer una proyección que les permitiera saber, poco después de cerradas las urnas, cuál sería el resultado de la elección. En Uruguay, a la hora 20.30 con los datos de Factum y de Luis Eduardo González, el país entero tuvo el resultado de Batlle 52% - Vázquez 45%, que se mantuvo hasta el final; Vázquez reconoció el triunfo de Batlle, Batlle habló al público, todo eso antes de que estuviera el resultado del Ministerio del Interior. En Chile, ello ocurrió cuando el Ministerio del Interior ya había escrutado el 55% de los votos y las tendencias parecían irreversibles; pero sin una base científica que permitiera adelantarlo con tiempo. Llamó la atención ese manejo tan atrasado en materia de ciencias sociales aplicadas.

Debo agregar algo: no olvidemos que Chile todavía está realizando un proceso de transición, y estas normas restrictivas en materia de información electoral deben interpretarse a la luz de un marco de normas de rango constitucional que emerge del período de Pinochet.

EC - Y ya que hablas de encuestas, ¿cuáles es tu evaluación a propósito del trabajo que efectuaron en lo previo las empresas de opinión pública?

OAB - Hay una gran polémica en Chile, sobre todo desde el comando de Joaquín Lavín, ya que algunas encuestas daban un nítido triunfo de Ricardo Lagos, por más de seis puntos. Y la polémica no es sobre si las encuestas estuvieron bien o mal hechas, si se desempeñaron correcta o incorrectamente. Sin ninguna duda, el nivel de precisión que exhiben las encuestas en Uruguay es muy superior al de otros países, pero el centro de la polémica en Chile es que las encuestas favorecen a una u otra candidatura porque, a diferencia de Uruguay, en general las empresas de opinión pública son bastante afines, baste involucradas con una candidatura; no existe en general este nivel tan fuerte de neutralidad que por lo menos las empresas de primera línea tratamos de mantener. El cuestionamiento entonces ya no es a la calidad de las encuestas sino de carácter ético: al uso que se hace de ellas.

EC - ¿Qué otros elementos destacas de esta elección chilena?

OAB - Como curiosidad, que las mujeres y los hombres voten en mesas separadas: se inscriben por separado y se instala mesas separadas.

Pero desde el punto de vista político podemos señalar que Chile vive un dualismo entre la Concertación y la derecha. La Concertación se formó en 1988 como Concertación por el No, tratando de impedir en un plebiscito la continuidad de Pinochet en la Presidencia de la República, producto de la Constitución plebiscitada en 1980.

La Concertación triunfó entonces, por poco más del 55% contra poco menos de 45% del Sí a Pinochet. Esa Concertación por el No se transformó en Concertación por la Democracia, con la integración de la Democracia Cristiana, distintos grupos socialdemócratas como el Partido Popular Democrático de Lagos, el Partido Radical Socialista, el Partido Socialista, y llevó a la Presidencia primero a Aylwin hace 10 años, a Eduardo Frei hijo hace cinco, y definió hace poco la candidatura para esta elección entre el democristiano Andrés Zaldívar y el socialdemócrata Ricardo Lagos. oportunidad

La derecha, por su parte, salió del pinochetismo dividida en dos grandes bloques: Unión Democrática Independiente, que primero tuvo líder al economista Hernán Büchi, autor del gran plan de reforma de Pinochet, y Renovación Nacional, más bien un grupo de viejos políticos de derecha, en una línea más intermedia entre la derecha clásica y la pinochetista pura, liderada por el veterano dirigente Onofre Jarpa. La derecha, después de 10 años, finalmente se unifica en una candidatura presidencial joven, de una nueva era, con características populistas, Joaquín Lavín, un alcalde exitoso de la comuna más elitista de Santiago como es Las Condes, y se formó la Alianza por la Libertad. Después de varias elecciones en que la Concertación estaba encima del 50% y elegía al presidente en la primera vuelta, la derecha dio un salto muy fuerte al lograr este empate.

EC - Vamos ahora a los números del domingo.

OAB - Como ya sabemos, la Concertación Democrática con la candidatura de Lagos obtuvo -en cifras redondas- el 48%, y la Alianza por la Libertad encabezada por Lavín el 47 y medio. El Partido Comunista obtuvo un 3%, y 1 y medio lograron entre los otros tres candidatos alternativos, uno más afín a la izquierda (una izquierda ecologista, humanista), otro más afín a la derecha, el de Arturo Frei.

Una diferencia muy fuerte que tenemos entre el balotaje uruguayo y el chileno es que, mientras en Uruguay hay un tercer partido fuerte y un cuarto partido que tuvo la misma presencia que todos los partidos chicos chilenos sumados, y por lo tanto en Uruguay fue importante el juego de partidos (fue importante la alianza Partido Colorado - Partido Nacional, fue importante el pronunciamiento de Michelini a favor de Vázquez), en Chile los partidos casi no tienen juego.

Veamos primero cómo vienen los partidos. La Concertación viene de lograr dos presidentes en la primera vuelta; Frei obtuvo el 55%, cayó al 50% en la última renovación parlamentaria, y obtuvo el 48% el domingo, es decir que viene en un franco declive en los últimos cinco años. La derecha no había llegado nunca al 40% (había obtenido casi el 45% en el Sí a Pinochet pero no había repetido nunca ese techo histórico), y ahora con la figura de Lavín figura el techo del 40%, supera el techo histórico del 45% en el Sí a Pinochet, y con un discurso desideologizado, moderno, planteado en términos de renovación generacional, reclamando superar las divisiones de los años duros, "no hablemos de pinochetistas y antipinochetistas sino de un nuevo Chile", de alta ejecutividad, con ciertos tintes populistas, logra este casi empate.

Pero este resultado también se sustenta en un hecho: el que la Concertación haya definido en una elección primaria entre el socialdemócrata Lagos derrotando al democristiano Zaldívar determinó que por primera vez en la izquierda que siempre con un candidato democristiano. Y sin duda hubo fugas de votos democristianos hacia Lavín, y es el gran riesgo de la segunda vuelta. Votos conservadores de la Democracia Cristiana que, al no tener un referente propio en el candidato presidencial, con cierta desconfianza hacia un candidato un poco más de izquierda, más socialdemócrata como Lagos, pueden fugarse hacia Lavín. Ya hay datos muy claros de que hubo por lo menos de dos a tres puntos de votos democristianos que fugaron hacia Lavín, y existe el riesgo de que aumente.

EC - Ese análisis que llegó a hacerse primariamente, de que a partir de este empate Lagos tenía casi asegurada la segunda vuelta, en la medida en que con el apoyo del Partido Comunista podía superar a Lavín, es una proyección que está llena de problemas. Por un lado no está claro que el Partido Comunista apoye a Lagos, y por otra parte está este otro factor que mencionabas: qué terminarán haciendo los democristianos que aún votaron a Lagos en la primera vuelta y quizá puedan no hacerlo en la segunda.

OAB - Sí: el Partido Comunista tiene una línea muy dura y muy lejana a la Concertación, y quiere llevarla a negociar con él para imponerle una serie de condiciones que podríamos llamar duras.

Lo que el comando de la Concertación valora es que, si negocia con el Partido Comunista, …

EC - …pierde a los democristianos.

OAB - …puede provocar una fuga de votos democristianos hacia Lavín. Es decir que eventualmente los tres puntos que podría darle el Partido pueden neutralizarse con la fuga que provoque un acuerdo con el Partido Comunista.

Por lo tanto, en este momento, tanto Lagos como Lavín se han ubicado en otro escenario. Buscar abiertamente captar votos de ese 4,5% de electores que sufragaron por primera vez a los candidatos "alternativos". Y jugar el partido en los 800 mil chilenos (alrededor del 10% de los inscriptos, de los habilitados para votar en la terminología uruguaya) que el domingo pasado no fueron a votar. Tanto Lagos como Lavín jugar a captar entre los que votaron en blanco, los que votaron nulo, algo de los que votaron a los candidatos marginales y estos 800 mil que no votaron.

Si cada uno consiguiera exactamente la misma cantidad de votos ganaría Lagos, porque la Presidencia se gana con un solo voto de diferencia, y Lagos tiene 30.000 votos de ventaja. Pero 30.000 votos en ocho millones es absolutamente nada. Y la Concertación está en una situación difícil, porque 10 años de gobierno desgastan y Chile, como toda la región, está en un momento extremadamente complicado desde el punto de vista económico, como surge de algunos indicadores sociales tales como la desocupación.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 14 - 1999