El Frente Amplio en la etapa que se inicia
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO
La semana pasada, a lo largo de cuatro emisiones especiales de análisis político, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, se detuvo en los resultados del 28 de noviembre y el posicionamiento del Partido Nacional y del Nuevo Espacio. Hoy, como continuación de esa línea de análisis, corresponde hacer un primer análisis global sobre el Encuentro Progresista - Frente Amplio. En el análisis siguiente al comicio llegaste a apuntar al tema de si el resultado del EP - FA fue una derrota o una victoria.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Cuando uno va a analizar un resultado, parece esencial catalogarlo o definirlo. Obviamente, Tabaré Vázquez perdió la Presidencia de la República, por una cifra bastante holgada de más de siete puntos porcentuales, pero la pregunta es si la Presidencia era alcanzable para el Frente. En principio, habíamos llegado a la conclusión de que el Frente no sufrió una derrota sino que normalmente no estaba en condiciones de obtener la Presidencia en el balotaje.

Antes que nada quiero definir términos. Se está complicando bastante esto de mencionar a una fuerza política por sus dos nombres y dos apellidos: Encuentro Progresista - Frente Amplio. Para simplificar, optamos por "Frente Amplio" por lo que fue un hecho sociológico evidente en noviembre: Montevideo estuvo embanderada de rojo azul y blanco, y fue excepcional que alguien viera una bandera del Encuentro Progresista. Es decir que la fuerza política con la que la gente se identifica sigue siendo evidentemente el Frente Amplio, y Encuentro Progresista aparece como una denominación más bien de carácter intelectual.

EC - ¿Qué necesitaba Tabaré Vázquez para ganar la Presidencia?

OAB - Diría que necesitaba que algunas cosas no hubieran ocurrido. La primera, la más importante, que no hubiera existido un acuerdo formal y total entre el Partido Colorado y el Partido Nacional. O que, de haberse dado ese acuerdo, que la decisión blanca n o hubiera sido unánime y hubiera dejado fisuras. O que, con o sin acuerdo unánime, el Partido Nacional hubiera dado un apoyo formal a Batlle pero sin trabajar a pleno por su candidatura, con campaña publicitaria, recorrida del país, permanentes llamadas a los dirigentes, es decir con un protagonismo de primera línea.

Y además que Batlle o el Partido Colorado hubieran cometido errores significativos, cosa que en esta oportunidad no ocurrió. Hubo todo un equipo, Batlle tuvo una relativa ausencia en la primera línea de la campaña electoral, pero además los casi 21 días de campaña (desde el seis de noviembre hasta el comienzo de la veda) fueron un juego a la ofensiva.

Pero además se hubiera necesitado que el propio Vázquez y el Frente Amplio tampoco hubieran cometido errores.

EC - ¿Y sí se los cometió del lado del Encuentro Progresista - Frente Amplio?

OAB - Mi impresión es que sí, y que jugaron no tanto para volcar el resultado sino para que la diferencia fuera menos abultada. No cometer errores le hubiera servido para ganar si, además, del otro lado sí se los hubiera cometido.

Del lado de Tabaré Vázquez y del Frente marcamos tres. Primero, en los últimos 15 días hubo señales de debilidad dadas por el propio Vázquez en cuanto a lo que podríamos llamar las destrezas como gobernante. La forma en que opera todo en el tema del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, los mensajes que da, lo muestran como mucho más vacilante que la figura habitualmente segura y que otorga confianza.

El segundo, las señales de debilidad para formar un equipo coherente y compacto. Más bien la imagen fue la de un equipo muy incoherente, en el que hubo que privilegiar roles y parte del equipo salir de escena, y que también hubo debilidades del propio Vázquez en el liderazgo de un equipo.

En tercer lugar, que la propuesta fuerte del Frente, que quedó simbolizada en el Impuesto a la Renta, tuvo menor estructuración que lo aparente. El Frente aparecía como con propuestas muy sólidas y estudiadas, y cuando se centró la discusión en el Impuesto a la Renta (que quizá fuera la única débil y las demás estuvieran fuertes) mostró permanentes contradicciones y, como pasa cuando no se sabe salir de un tema, se da la sensación de que ese tema elegido representa a todos, y que esa debilidad corresponde al conjunto del programa.

EC - Eso respecto al comportamiento en la etapa cerrada en el balotaje. ¿Y en el futuro?

OAB - El futuro inmediato, el posicionamiento en relación a los próximos cinco años de gobierno. Ahí observamos dos grandes desafíos: la elaboración de una conducción y su relación con el sistema político.

Sobre lo último, lo importante es responder a algunas preguntas: ¿el Frente quiere insertarse en el sistema político o jugar de outsider?

EC - ¿Qué significa esto?

OAB - En 1985 al 90, el Frente fue insertándose en el sistema en ese juego que significa ser oposición pero tener una permanente participación en el análisis y búsqueda de políticas de Estado, y buscar eventuales coincidencias en algunas políticas de gobierno. Esto se tradujo materialmente en la participación en los directorios de los entes autónomos, en la presencia de dirigentes de primera línea en todas las misiones al exterior acompañando al presidente de la República o delegaciones del país.

Esta presencia en el sistema desaparece a partir de 1990, con un primer paso dado desde el gobierno: el presidente Lacalle lleva a un juego de exclusión a partir del 90, tanto de la administración como de la política exterior, ya que Lacalle les da el carácter no de políticas de Estado sino de gobierno: quienes no participen de las políticas del gobierno quedan fuera de la administración, con un sentido distinto al que se había jugado en la administración Sanguinetti. Pero luego también se nota un cambio político en el Frente, que tiene mucho que ver con los cambios internos, que lo hace sentirse mucho más cómodo cortando lazos con el sistema político y jugando un papel más fuertemente contestatario, opositor.

Entonces esa es la pregunta: si al Frente le interesa seguir con esa política que desarrolló en estos cinco años que terminan, una línea virtualmente contestataria, con poca incidencia en la toma de decisiones, o si busca un relacionamiento distinto con los partidos tradicionales. Son preguntas que por un lado deberá contestar el Frente, y por otro lado deberán contestar los partidos tradicionales, porque tampoco es clara cuál es la voluntad del Partido Colorado y el Partido Nacional para buscar un mejor relacionamiento con el Frente y una mayor inserción del Frente en el sistema.

EC - Se puede agregar otro capítulo, que es el de la conducción del Frente.

OAB - Claro, porque en estos cinco años vimos que hay prácticamente cinco etapas en la conducción. En 1995 lo tenemos con la presidencia de Seregni y un funcionamiento orgánico bastante fluido, que venía de la etapa anterior, y por otro lado el debut de Vázquez en la presidencia del Encuentro Progresista, en ese juego de doble autoridad. Entre febrero y mayo viene la renuncia de Seregni a la presidencia del Frente Amplio y el alejamiento de Vázquez de la presidencia del Encuentro Progresista, lo que genera un interregno, una especie de vacío de poder a lo largo del año, que finaliza con la reaparición de Vázquez hacia octubre, para conducir la campaña hacia el plebiscito de reforma constitucional, asumir la presidencia del Frente Amplio y reasumir la del Encuentro Progresista.

A partir de entonces hay una conducción fuerte, unificada, centralizada en Vázquez, desde diciembre del 96 hasta fines de agosto o principios de setiembre del 97.

Luego se produce otro interregno hasta fines del 98, y nuevamente la reasunción de la doble presidencia de Vázquez, pero ya en campaña electoral y no conduciendo una fuerza política en el gobierno.

Otro aspecto es que la falta de una presidencia individual y fuerte fue sustituida por un equipo compacto. En sus viejos períodos, el Frente siempre tuvo una conducción colectiva; no hablo sólo de sus órganos formales sino que un grupo de cuatro dirigentes -Arismendi o Jaime Pérez, Hugo Batalla, Héctor Lescano, José Pedro Cardoso y después Reinaldo Gargano- constituían una conducción con el general Seregni. Y sin Seregni había una conducción colectiva de cuatro miembros que funcionaba. Aquí no hay un sustituto a la conducción individual, y la conducción individual fue intermitente.

El período que se inicia trae un doble desafío sobre esto. Por un lado, el Frente debe constituir una conducción colectiva real (que no es un órgano de 20, 30 o 40 miembros, ni siquiera un secretariado de 12, sino tres, cuatro o cinco figuras políticas que son referentes como conducción dentro y fuera del Frente). Pero el papel de Vázquez ya es otro, además. Ahora Vázquez no puede hacer ese juego de entrada y salida, entre otras cosas porque no comenzó el período a la cabeza del Frente, sino que el período comenzó con Seregni y termina con él. Ahora el período empieza con él como único referente, la figura política de Vázquez de 1999 es distinta a las anteriores. Ahora llegó al máximo de su poder, al máximo como referente interno; es el líder absoluto del Frente Amplio y del Encuentro Progresista, líder en la conducción de aparatos, estructuras y dirigencias, líder en captación de opinión pública.

Y esto tiene un correlato de obligación. El problema es que Vázquez ya no tiene la posibilidad de no conducir a la fuerza política, a riesgo de un desgaste propio. Un Frente cuyo dirigente tenga entradas y salidas, o que no tenga una línea de coherencia en el juego gobierno - oposición, o fuertes divisiones internas como exhibió en este período anterior es un Frente que se va a debilitar. Cuando se llega a la magnitud del Frente, a ser la primera fuerza política del país, la conducción tiene que ser muy rígida, muy clara, muy nítida, y este es el nuevo desafío.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 7 - 1999