El Partido Nacional y el Nuevo Espacio después del 28
Y cómo se distribuyeron los votos blancos y nuevoespacistas
Oscar A.Bottinelli - diálogo con Emiliano Cotelo

EMILIANO COTELO
Nos acompaña el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, para analizar en qué situación salen de la última instancia electoral los partidos políticos y los sectores.

Pensábamos iniciar esta recorrida por el Partido Nacional, pero antes de eso quizá convendría responder a una pregunta insistente de la audiencia: cómo se distribuyó el voto de los nacionalistas y el de los nuevoespacistas al llegar al balotaje.

OSCAR A. BOTTINELLI
Recordemos que (redondeando cifras) el 31 de octubre Batlle obtuvo 32% de los votos, y el 28 de noviembre 52%, es decir que tuvo un agregado de 20 puntos. Y Vázquez pasó de 39% a 45%, es decir que tuvo un agregado de seis puntos. En octubre, el Partido Nacional había logrado el 21 y medio por ciento, y el Nuevo Espacio 4 y medio, mientras que sumados los votos a la Unión Cívica, en blanco y anulados fueron 3%. En noviembre, anulados y en blanco sumaron 3%.

Despejemos, entonces, el voto en blanco. Hay gente que en octubre votó a un partido y en noviembre en blanco y viceversa. Pero como no estamos haciendo el seguimiento individual de los dos millones 200.000 votantes sino manejando conjuntos, el conjunto "Otros" o el conjunto "Voto en blanco" no se movió. De modo que lo dejamos fuera del análisis.

Veamos ahora cómo se llega a los porcentajes de noviembre. Partamos también de un supuesto: que el 32% colorado de octubre votó a Batlle en noviembre, y que el 39% del Encuentro Progresista - Frente Amplio votó a Vázquez. Ninguna de las dos cosas es exactamente así: hay algunos colorados que no votaron a Batlle, y hay algunos encuentristas que no votaron a Vázquez. Hay que estudiarlo muy a fondo, pero a priori da la impresión de que son casos individuales, que no importan en las magnitudes de análisis. Por tanto, como base de análisis asumamos que Batlle y Vázquez obtuvieron 32 y 39% respectivamente de sus respectivos partidos.

¿Cómo agrega Batlle esos 20 puntos? 18 y medio del Partido Nacional, y uno y medio del Nuevo Espacio. ¿Cómo llega Vázquez al 45%? Con los 39 propios, más 3 del Partido Nacional y 3 del Nuevo Espacio.

EC - ¿De dónde surgen estas desagregaciones?

OAB - De tres elementos. Uno, la comparación global octubre - noviembre para empezar a trabajar. Pero más afinadamente de dos: uno, la serie de encuestas que nos permiten ver cómo se iban dando las tendencias, y el segundo las diferencias de votación en zonas electorales entre octubre y noviembre en los votos de Batlle y Vázquez. Obviamente, cuando vemos que Batlle creció en una zona, no podemos determinar claramente en su totalidad el porcentaje del Nuevo Espacio y del Partido Nacional, porque normalmente crecen los dos. Pero eso más la ayuda de las encuestas, que nos da una información bastante aproximada por departamento y bastante sólida por regiones, nos permite construir -con márgenes de error- este escenario.

EC - Si de los 21 puntos y medio que había tenido el Partido Nacional en octubre, 18 y medio acataron la decisión del Directorio de apoyar a Batlle, ¿qué indica esto en cuanto a obediencia?

OAB - Yo prefiero usar la palabra "seguimiento", como una actitud voluntaria (a veces hablamos de obediencia o de disciplinamiento). Entonces, si de 21 y medio fueron 18 y medio, es como decir groseramente (redondeando de a cinco) que, de cada 100, 85 siguieron la decisión del Directorio, y 15 no lo hicieron. ¿Qué quiere decir esta cifra?

EC - El doctor Luis Alberto Lacalle y otros dirigentes dijeron, a partir de ella, que el Directorio había salido muy fortalecido.

OAB - Y nosotros lo dijimos la misma noche del domingo, y en el análisis del lunes por la mañana aquí mismo.

EC - ¿Es decir que, efectivamente, ese 85% de acatamiento es una señal muy positiva para el Directorio?

OAB - Digamos, en principio. Porque al final es verdad, como dijo Juan Andrés Ramírez, que nadie puede estar dentro del cuarto secreto en la cabeza de cada uno de los dos millones 200.000 votantes. Pero con ese criterio no se puede analizar nunca nada, porque nunca nadie está en la cabeza de nadie: lo que analiza son conductas externas. Como conductas externas, lo que uno tiene es que hay un partido que da una orientación, y un electorado que vota en el mismo sentido que esa orientación. Si atribuimos a quien dirige capacidad de elección y medimos la capacidad de convocatoria en función del resultado obtenido (y estas son formas universales de análisis), el 85% es un resultado muy alto, en términos comparativos, sin entrar en peculiaridades uruguayas que hacen más difícil la cosa. Es decir, por ejemplo, sin entrar en que Uruguay no tiene tradición de balotaje; creo que en el 2004 una convocatoria va a ser más fácil que en 1999, porque el balotaje habrá dejado de ser un escenario teórico para ser una realidad. Sin entrar tampoco en que quienes están convocando nunca habían tenido alianzas electorales aunque hubieran tenido espacios comunes de gobierno o de gobernabilidad, lo que suponía saltar por encima de tradiciones, símbolos y oposiciones muy profundamente sentidas por los individuos. Sin entrar en que no era una elección donde alguien miraba, veía que "Acá hay un tal Batlle y allá un tal Vázquez", se ponía a leer su biografía y su programa y llegaba a la conclusión de que le gustaba más uno que otro: primero, eran gente muy conocida, con gran trayectoria, con gran representación histórica, y por lo tanto eran "un Batlle" y Jorge Batlle; y por otro "el Frente" y Tabaré Vázquez; cualquiera de las dos opciones muy fuertes en este país.

Así, no tengo duda de que el 85% es un alto fortalecimiento; lo mismo que en cualquier otro país. Por supuesto, esta conclusión no corresponde a los intereses políticos de algunos dirigentes, y es natural que ellos tengan una línea interpretativa sentida o de necesidad de expresión por la que tenga que relativizar este resultado. Pero las cifras son las cifras.

Para redondear cómo sale el Partido Nacional, yo dije el martes que lo que tenemos que analizar es "la elección de 1999"…

EC - … no sólo el balotaje.

OAB - …y no el episodio electoral del 28 de noviembre. Como hemos dicho, esta fue una elección en tres etapas, y si se analiza sólo el 28 de noviembre da una cosa, pero si se analiza todo el ciclo da otra.

El ciclo da, primero, que el Partido Nacional -cuyo Directorio sale fortalecido del 28 de noviembre- en el conjunto del proceso electoral sale un poco endeble. Porque salió tercero en octubre, pero además porque no supo administrar, en conjunto (no estamos hablando de quién administró bien y quién mal: el partido, de la manera en que manejó las cosas), las nuevas leyes del sistema electoral. Leyes que importaban que no puede haber una elección interna que no deje salida a la necesaria candidatura única. Esto no es nuevo ni lo analizamos ahora: lo dijimos en la Cámara de Representantes en 1991, cuando se empezó a discutir la Ley de Partidos: "Cuidado con las elecciones internas, hay que mirarlas muy bien, porque el que realiza una mala elección interna seguramente ya pierde la elección nacional". En Estados Unidos muchos analistas políticos dicen que hay una ley de hierro: en noviembre pierde el que tiene la peor interna. Y dijimos que entre las tantas cosas que llevaron al Partido Colorado a la derrota en 1989, una (quizá no la principal pero muy importante) fue la mala administración de la interna entre Batlle y Tarigo, que llevó a una importante fuga de votos. Pues bien: a principios de este año, el Partido Nacional tuvo una interna que impedía la recomposición; impedía que quienes votaron a un candidato votaran a otro con naturalidad. Dijimos en su momento que los dos extremos fueron el Partido Colorado y el Partido Nacional: la fórmula Batlle - Hierro surgió por naturalidad, surgió en un abrazo que no fue contra natura, lo que llevó la imagen de "Qué bien administran los colorados sus políticas", mientras que para el Partido Nacional fue "Los blancos siempre a los tiros".

Pero además hay una segunda situación: el Partido Nacional quedó extremadamente desnivelado en lo interno, lo que le hace muy mal a un partido. Los partidos uruguayos han demostrado su mayor vitalidad cuando tienen al menos dos alas, si no de similar importancia por lo menos de fuerte competitividad, en una relación de no más de dos a uno. Se podría decir que realmente el Partido Nacional quedó en una relación de dos a uno y es cierto: electoralmente sí. 480 mil votos de los cuales más o menos 320 mil del Herrerismo y 160 mil de la Alianza. Pero, por un lado, a la Alianza le jugó la trampa de nuestro sistema que es altísimamente proporcional entre los partidos, pero ferozmente desproporcional dentro de los partidos. Y sobre todo cuando se da una situación única en el país: que el sector que pierde lo hace en absolutamente todos los departamentos.

EC - Entonces, esa relación de dos a uno en el resultado electoral interno de octubre no se tradujo en la distribución interna de las bancas.

OAB - Claro: en Diputados quedó 10 a 1. Entre el Herrerismo y Acción Comunitaria obtuvieron 21 bancas, y la Alianza obtuvo dos. El único lugar en que la Alianza logró desplazar al Herrerismo y adjudicarse la única banca del interior fue en Rocha. Entonces quedó cinco a dos en el Senado y 21 a dos en Diputados.

Lo otro que pasó es que tampoco quedaron dos grandes liderazgos. Si hubiera seguido un envión de Lacalle y Ramírez (como fue el del Foro con la 15, Batlle y Sanguinetti), el Partido Nacional tendría dos grandes elementos convocantes. El problema es que la Alianza entró en un proceso interno que habría que analizar muy detenidamente más adelante, con señales muy fuertes de debilitamiento. Llega al 25 de abril con la figura de Ramírez, y 15 días después empieza con la figura de Larrañaga, en una campaña electoral totalmente centrada en una figura nueva. Ramírez estuvo totalmente ausente de la campaña, con la sola excepción de un spot publicitario en el final, en Montevideo y para la lista 903. Y luego, los hechos que estallan en la noche del 31 de octubre, llevan a esta situación de la Alianza que todavía no ha decantado del todo…

EC - La noche misma de las elecciones nacionales, cuando el doctor Ramírez reaparece y da la impresión de que va a intentar recuperar el papel de líder de toda Alianza Nacional, pero casi enseguida la reacción de Larrañaga y una especie de fractura.

OAB - Lo que podemos decir es que la Alianza, que en última instancia no terminó de fusionarse en un solo grupo sino que es una alianza de cuatro grupos, volvió a ser cuatro: Nueva Fuerza con Larrañaga, Desafío Nacional con Ramírez, Renovación y Victoria con Gonzalo Aguirre, y el Movimiento Nacional de Rocha con Carlos Julio Pereyra. Cuatro grupos que podrán tener más o menos coordinación o aproximación.

Entonces, si el Partido Nacional tiene al Herrerismo como una fuerza extraordinariamente predominante (21 diputados en 23, cinco senadores en siete), el liderazgo en la mayoría del Directorio, y del otro lado hay un conjunto de cuatro grupos de distinta dimensión, de escasa o nula representación en el Directorio y en el Parlamento, lo que queda es un partido con un grupo hegemónico y luego una pulverización.

De allí que, cuando hablamos de quién ganó y quién sale debilitado del proceso electoral, es muy claro que la elección del Partido Nacional, todo lo que estuvo fuera de la órbita de Luis Alberto Lacalle y Julia Pou, sale extraordinariamente debilitado. Y ese debilitamiento debilita también al Partido Nacional.

EC - Sigamos ahora por el Nuevo Espacio. Para empezar, cómo votaron en noviembre los nuevoespacistas del 31 de octubre.

OAB - A grosso modo, en una relación de dos a uno (66 y medio a 33 y medio) de apoyo a Vázquez.

EC - Ahora sí, el análisis sobre cómo salió de esta instancia.

OAB - En el caso del Nuevo Espacio, no analizamos la interna sino "la externa"; es decir, cómo sale el partido. Y sale debilitado de esta elección por dos motivos: uno en el que el propio Nuevo Espacio no tuvo arte ni parte, y otro que sí tiene que ver con las decisiones partidarias.

¿En qué no tuvo arte ni parte? En que, como lo he caracterizado, quedó mal estacionado en la geografía parlamentaria. En 1994, el Nuevo Espacio quedó en una de las mejores situaciones en materia de políticas de Estado, ya que los dos partidos tradicionales sumados, por primera vez en la historia, quedaron por debajo de los dos tercios: 63 diputados y no los 66 necesarios, y 21 senadores. Es decir que no llegaban a los dos tercios en la Cámara de Diputados ni en la Asamblea General. El Frente Amplio tampoco llegaba al tercio. Por lo tanto, ni los partidos tradicionales podían aprobar leyes por dos tercios ni designar órganos (Suprema Corte, Corte Electoral) ni el Frente por sí solo tenía capacidad de bloqueo. En esa situación, el Nuevo Espacio se transformó, en materia de políticas de Estado, en un partido con la misma capacidad que, a nivel de gobierno (que es otra cosa) tuvieron el Partido Liberal en Alemania, los partidos religiosos en Israel, los partidos de centro en la IV República francesa, los partidos laicos en la I República italiana, es decir la capacidad de dar o no las mayorías necesarias, permitir o no los bloqueos.

Hubo reforma de la seguridad social porque el Nuevo Espacio votó todas las disposiciones que requerían dos tercios. Hubo reforma constitucional por esta vía, porque el Nuevo Espacio dio sus votos como copartícipe o impulsor de la reforma. Y no hubo otras cosas porque el Nuevo Espacio decidió no apoyarlas, y el Encuentro Progresista - Frente Amplio también decidió bloquearlas. Es decir que, con un senador y cinco diputados, el Nuevo Espacio tuvo un papel extraordinariamente fuerte.

¿Qué ocurrió ahora? La votación fue prácticamente la misma, en torno a 100 mil votos. Porcentualmente bajó de 5 a 4,4: perdió un voto de cada 10 de los que debió haber tenido para mantener el mismo porcentaje, y eso le significó la pérdida de una banca en la Cámara de Diputados. Pero esto es irrelevante, ya que con un senador y cuatro diputados, en la misma geografía parlamentaria del período anterior, el Nuevo Espacio hubiera tenido el mismo protagonismo en esta legislatura. El tema es que ahora los partidos tradicionales por sí solos no llegan a los dos tercios, y tampoco asociados al Nuevo Espacio. Y el Encuentro Progresista tiene capacidad de bloqueo de esos dos tercios sin necesidad del Nuevo Espacio. Por lo tanto, sólo hay dos tercios si hay acuerdo -como mínimo- entre el Partido Colorado y el Encuentro Progresista - Frente Amplio; y por lo tanto el Nuevo Espacio ya no es un actor necesario y puede o no participar para que haya unanimidad, pero una vez que ya hubo un desbloqueo. Y esto cambia muy fuertemente su papel, en términos cualitativos. Por eso decía que esto no puede ser juzgado como aciertos o desaciertos de su dirección, porque no tiene nada que ver: resulta de cómo se dio el voto a los demás.

EC - Y se suma, decías, un factor propio.

OAB - Cuando digo propio no quiero decir que optaron por un mal camino, porque en política a veces se elige el camino posible, que no es el mejor. Habría que estudiar muy a fondo si el Nuevo Espacio tenía salidas distintas al camino recorrido. Cuidado, entonces, con el análisis: a uno le puede no ir muy bien porque caminó por donde no tenía más remedio que caminar.

Pero en un balotaje la libertad de acción se muestra como un camino debilitante. El partido sale de escena; deja de decidir en algo tan trascendente que es lo central en un partido político en el juego democrático liberal como son las elecciones. Y además, al dejar en libertad de acción, el partido tenía dos caminos: que alguien se pronunciara o que nadie lo hiciera. Optó por el pronunciamiento que uno llamaría testimonial: "Votamos a Vázquez", dijo la mayoría de los dirigentes, prácticamente no hubo pronunciamientos por Batlle (Heber Gatto es una figura de antigua trayectoria pero que hoy no ocupa cargos de dirección en el Nuevo Espacio). Y lo que no hubo fue una acción activa de la dirigencia: no hubo campaña como hizo el Partido Nacional con Batlle; ni publicidad, ni recorridas del país, ni mover a la dirigencia y a la militancia a favor del voto a Vázquez. Plena libertad para que cada cual actuara como quisiera, con la indicación del líder político diciendo "Sepan lo que yo hago".

Esto hizo que el Nuevo Espacio quedara completamente fuera del balotaje, sin ninguna participación. No fue un socio del Encuentro Progresista para trabajar junto con él, lo que implica que el EP no tiene ningún compromiso de preservarle espacios, decir por ejemplo "Señores colorados y blancos, para un acuerdo que necesite dos tercios van a tener que hablar siempre con nosotros y con el Nuevo Espacio, porque vamos a trabajar en yunta". No hubo yunta, no hubo un bloque alternativo Nuevo Espacio - EP al bloque Partido Colorado - Partido Nacional. Fue el Encuentro solo con adhesiones individuales que consiguió en distintos lados.

El que un partido dé libertad de acción, haga mutis en el sentido artístico, se retire de escena, es un factor muy fuerte de debilitamiento. Es un partido que deja de jugar una instancia política que es la final de la elección.

Estos dos problemas, el interno y el externo, le han rebajado el protagonismo que había logrado en el quinquenio que termina. Lo que necesita ahora es replantearse su papel, buscar elementos de identidad para crecer. Quizá uno de los errores de la campaña electoral… Yo escuchaba a Rafael Michelini en este programa el lunes, cuando decía que la mayoría de los spots no son los que recuerda la gente; pero el tema no es cuantitativo sino cualitativo. Quedó una imagen del Nuevo Espacio diferenciándose de los demás por la negativa, a contrapelo del discurso de los dirigentes, y en particular de Michelini, quien no sólo en la tribuna sino en todas sus intervenciones habló por la positiva. Esa contradicción, que le genera una imagen por lo que a esta altura parecería un grave error publicitario, lleva a que el Nuevo Espacio deba reconstruir su identidad (no porque no la tenga, sino su imagen en la sociedad) para poder abrirse un lugar, yo diría que empujando con los codos, en un escenario que lo está asfixiando: le dejó protagonismo parlamentario, dejó tripartidizado el sistema, y esto no tiene nada que ver con su magnitud (que es prácticamente la misma que en la elección) pero obliga a su dirección a trabajar con mucho más fuerza, con mucha fineza y mucha decisión para recuperar un espacio que existe objetivamente, porque hay un sector del electorado nacional que no quiere estar en los espacios de los otros tres partidos.

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 2 - 1999